sábado, 12 de abril de 2014

Fan fic: Un nuevo comienzo (Capítulos 3 y 4)


Continuamos con el nuevo fic que podrás leer en el blog cada fin de semana. Si te perdiste los dos primeros capítulos, los puedes leer aquí.

Capítulo 3 – Algo más que cuentos.
Henry estaba en su habitación, tumbado en la cama. Hacía ya un rato que le había montado el numerito al amigo de su madre, Killian, y la verdad era que se sentía fatal. Acababa de mandar a la porra las intenciones de ese hombre, y daba igual que fueran buenas o malas. Se había quedado chafado, se le veía en la cara, pero no podía ir allí y disculparse sin más, porque tendría que admitir delante de su madre que había roto su promesa. “Bueno, todavía no he empezado a leer el libro que me regaló” pensó “Si me ve leyéndolo y ve que me gusta, eso vale por disculpa”. Así que decidió empezar a leerlo. Fue a la estantería, cogió el libro, se acomodó en la cama y se puso a hojear las páginas. Se llevó un chasco. Sólo eran cuentos de hadas. Pero, aún así, siguió leyendo. Entonces, llegó a la última página. Allí vio una imagen de un bebé, una niña, envuelta en una manta de lana. En la manta estaba escrito el nombre de su madre. “Un momento” pensó “Yo he visto esta manta antes. Es la manta de bebé de mi madre”. Pero eso no era posible. Miró en otra página. Sí, ahí estaba. “Capitán Killian Jones”. Demasiadas casualidades. En la imagen, aparecía un pirata que tenía un garfio en vez de mano. Hook. Cómo no. Ahora que lo pensaba, sí que era cierto que al Killian al que le acababa de gritar le faltaba una mano. Debía asegurarse de que era él, porque eso significaría que su madre era la hija de Snow White y Charming. Además, teniendo en cuenta todo lo que ella le había contado y lo que había leído, las piezas encajaban. Así que se levantó y fue a la habitación de invitados. Llamó a la puerta.
  • Hola, ¿puedo pasar? - preguntó.
  • Claro, pasa. ¿qué ocurre, Henry?
  • Verás, es que… Es por el libro que me trajiste. Pensarás que estoy loco pero me ha parecido que en esos cuentos salís tú y mi madre – dijo de golpe.
  • Espera, ¿qué? - dijo mientras se acercaba a él.
  • Pues eso, lo que he dicho.
  • Bien, quisiera saber una cosa - dijo Killian. - ¿Quién crees que soy en esos cuentos? - estaba claro que le había llamado la atención.
  • Pueees… Hook - dijo, mientras a Killian le cambiaba la expresión. Había dado en el clavo.
  • Vaya, chico, después del sermón de antes pensé que tardarías más en darte cuenta…
  • ¡De verdad! ¡Entonces es cierto! - dijo Henry.
  • Sí, Henry, yo soy Hook y tu madre es la hija de Snow y Charming.
  • ¿Y por qué has venido? - preguntó Henry. Casi no se lo podía creer.
  • Verás, Henry, he venido para llevaros a los dos a FairyTale.
  • Genial.
  • Pero tenemos un problema.
  • Eso no es tan genial - dijo Henry mientras Hook sonreía.
  • Verás, chico, todo lo que te he dicho, se lo dije a tu madre, pero no me creyó.
  • Entonces, ¿cómo es que estás aquí?
  • Pues porque en FairyTale está tu padre, y eso sí que llamó su atención, por mucha rabia que me dé.
  • ¿Mi padre? ¿En FairyTale?
  • Sí. El problema es que para poder llevaros conmigo, primero tengo que hacer que crea.
  • Vaya. Eso sí que es un problema - dijo Henry.
  • Para eso necesito tu ayuda, chico. – dijo Hook. – A ti puede que te haga más caso que a mí.
  • No creas, Hook. Da igual quien se lo diga. No va a creer en nada que no pueda ver ni tocar.
  • Ya. Pero vale la pena intentarlo ¿no?
  • Sí, lo intentaré.
  • Gracias, chico.
  • Oye una cosa - dijo Henry. - ¿Cómo lograste escapar de la maldición?
  • Pueeees… Bueno… Es una larga historia. Lo que debes saber es que tu madre la rompió, pero los dos perdisteis la memoria.
  • Vaya… Bueno, me voy ya.
  • Adiós, chico.
  • Por cierto, Hook – dijo Henry.
  • ¿Qué pasa?
  • Siento haberte gritado antes.
  • No importa - dijo Hook.
  • Adiós - dijo mientras salía de la habitación.



Era increíble que Henry se hubiera dado cuenta de la verdad. Cuando había empezado a gritarle, habría jurado que se le había pegado el escepticismo de su madre. Pero, una vez empezó a leer el libro, fue tal y como dijo Regina que pasaría. Incluso había añadido con magia las páginas que faltaban. Bueno, había descubierto la verdad, pero por desgracia, no había recuperado la memoria. Al menos ahora entre los dos podrían hacer que Swan creyera. Si al menos pudiera devolverles la memoria…



Emma abrió la puerta de casa mientras sujetaba las bolsas de la compra. Esperaba que Henry no le hubiera montado el numerito a Killian, porque después de eso no habría manera de que se llevara bien con él. Según entraba, Henry fue a recibirla. No parecía molesto, sino todo lo contrario. Era un alivio.
  • Hola, Henry.
  • Hola, mamá.
  • ¿Dónde está Killian?
  • En la ducha. ¿Te ayudo con eso?
  • De acuerdo. ¿No tienes deberes? - le preguntó.
  • No, hoy no nos han puesto nada.
  • Qué raro, los viernes siempre os ponen deberes.
  • Sí, pero hoy no.
  • Ah, vale. ¿Qué ocurre? Te veo muy contento.
  • Sí, es por el libro que me regaló Killian. Es una pasada. Además, tengo que enseñarte una cosa.
  • ¿El qué? - preguntó Emma mientras guardaba la comida.
  • Ahora lo verás - dijo Henry mientras iba a su habitación a por el libro.
Desde luego, le había gustado el libro. Y parecía que no tendría problemas con Killian, lo que era un alivio. Entonces volvió Henry.
  • Mira, esto es lo que te quería enseñar - le dijo mientras abría el libro por la última página.
  • ¿Qué pasa?
  • ¿No lo ves? En el dibujo sale un bebé con una manta como la tuya. ¡Es muy curioso!
  • Sí, es curioso… Bueno, será una casualidad.
  • No, mamá, no es una casualidad, la del dibujo eres tú - dijo Henry.
  • ¡Qué estás diciendo! ¡Eso es imposible! ¡Son solo cuentos! - a veces le abrumaba la imaginación de Henry.
  • No, te lo juro, esto son algo más que cuentos. ¡Todas las piezas encajan! ¡Léelo! - insistió Henry.
  • ¡No quiero oír más, Henry! ¡Tienes que tener los pies en la tierra, es imposible que yo provenga de un cuento! - le gritó.
  • Está bien - dijo Henry, de mala gana. – Lo olvidaré.
  • Bien - dijo Emma.
Entonces Henry se fue corriendo a su habitación, dando un portazo al cerrar. Al mismo tiempo, Killian salió del baño.
  • Hola, Emma. ¿Ha ocurrido algo? - le preguntó.
  • Verás, Henry cree que los cuentos del libro que le regalaste son reales.
  • La verdad, no me extraña - dijo él. – Esos cuentos están escritos de una manera que parece que hayan ocurrido realmente… Bueno, yo le di el libro, así que esto lo arreglaré yo. No pasa nada.
Emma empezaba a preocuparse. Primero, ese hombre le decía que conocía a Neal, y ahora Henry empezaba otra vez a inventarse historias. Eso no era bueno, pero no había manera de remediarlo. Con el tiempo, Henry olvidaría todas esas tonterías y dejaría de estar en las nubes.
Pero lo que más le preocupaba era que después de haberle contado todas esas historias, Killian había dejado de parecer un loco. Era casi como si intentara no parecerlo para que ella se fiara de él.



Henry se tiró en la cama y empezó a pegarle a la almohada. ¿Cómo era posible que pensara que sería tan fácil? Era increíble que no le hubiera castigado. Bueno, al menos lo había intentado. Era mejor que nada. Alguien llamó a la puerta. Era Hook.
  • ¿Qué pasa? - preguntó.
  • Henry, tu madre me ha contado lo que ha pasado.
  • Entonces sabrás que no ha servido de nada lo que le dije.
  • Sí, pero no debemos rendirnos. En algún momento tu madre cederá.
  • Sí, claro. Como si fuera tan fácil.
  • Bueno, pues no me ayudes. Nunca podré convencer a Emma de la verdad y nunca podrás ver FairyTale ni conocer a tu familia.
En eso Hook tenía razón.
  • Bueno, ¿qué propones?
  • Tengo una idea. Puede que no podamos hacer que tu madre crea, pero sí que nos siga la corriente hasta que empiece a creer.
  • Es verdad - dijo Henry. – Podemos hacerle creer que se me ha metido la idea en la cabeza y que la única manera de que me dé cuenta de la verdad es siguiéndome la corriente hasta que me canse.
  • Caray, chico, me has leído el pensamiento - dijo Hook.
  • Bueno, pues eso haremos, pero ¿cómo hacemos para que nos crea? Mi madre es capaz de saber siempre cuándo alguien le miente.
  • Eso déjamelo a mí.
  • Vale. Mira, el lunes mi madre tiene que ir a hablar con mi maestra, así que podrías ir con ella y dejar caer el tema.
  • Gran idea – dijo Hook. - El único problema que le veo es que tu madre piensa que estoy medio loco, por todo lo que le dije esta mañana. Seguramente no confiará en mí.
  • Bueno, eso se arregla con una buena excusa. Mira - dijo Henry mientras sacaba un mapamundi – nosotros estamos aquí – dijo señalando Nueva York – puedes decir que has venido desde Inglaterra – señaló las Islas Británicas – y que el viaje te ha desorientado.
  • Sí, pero es imposible que un viaje tan largo me desoriente. Soy un pirata, estoy acostumbrado a los viajes largos por mar – dijo él.
  • Ah, sí, lo olvidaba – dijo Henry. - Es que en este mundo tenemos aviones.
  • ¿Aviones?
  • Sí, aviones - dijo. Entonces le enseñó una imagen. – Esto es un avión. Los aviones se desplazan por el aire a gran velocidad, así que en doce horas puedes viajar de Inglaterra a Nueva York.
  • Vaya, desde luego, esto sustituye totalmente a la magia - dijo Hook. – No me extraña que a la gente de aquí le cueste tanto creer.
  • No todos son así. Fíjate en mí, por ejemplo.
  • Cierto, chico – dijo Hook.
  • Hala, pues ya tenemos todo el plan. Ahora hay que ponerle un nombre - dijo Henry.
  • ¿Un nombre?
  • Sí, un nombre. Algo tipo operación cobra o escorpión.
  • No. Tengo uno mejor. – dijo Hook. - “Operación Swan”.
  • Genial. Aunque no suena muy guay…
  • Lo es si piensas en tu madre.
  • Tienes razón. A partir de este momento comienza la Operación Swan.



Hook sonrió. Que Henry supiera la verdad, aunque no hubiera recuperado la memoria, le iba a ser de mucha ayuda.












Capítulo 4 – Verónica.
Hacía una semana que había llegado a Nueva York y no tenía ni idea de lo que debía hacer. Sin embargo, Verónica estaba convencida de que debía estar allí. Tenía una corazonada. Había dejado su casa en Nueva Jersey por esa corazonada, así que esperaba no equivocarse.
Entonces los vio. Eran un hombre y una mujer. Iban juntos por la calle como si nada, pero se notaba que ella era poli. Parecían una pareja normal y corriente, pero algo le decía que en realidad no era así. Decidió acercarse más.
  • Bueno, Killian, lo que le pasa a Henry es que siempre está en las nubes, es su excusa, pero tú ¿por qué andabas hablando de FairyTale y de todo eso?- dijo la mujer.
Ahí estaba. FairyTale. El sitio al que debía ir. Su intuición no le había fallado. Siguió escuchando.
  • Pues, verás, Emma, yo siempre he sido como Henry, de pequeño tenía mucha imaginación, luego se me pasó. Pero es que para venir a verte tuve que coger un vuelo desde Inglaterra y el cambio horario me dejó aturdido.
  • Ah, vale, si es eso… Bueno ¿qué querías decirme de Henry?
  • Sí, mira ¿te acuerdas de lo que te dijo el viernes, eso de que eras la hija de Snow White y Charming? - dijo el hombre. Verónica entrecerró los ojos. Eso sí que era extraño.
  • Sí, me acuerdo. Hacía años que no se obsesionaba así.
  • Pues resulta que a mí me pasaba lo mismo a su edad. Y sé cómo hacer que se le pase.
  • ¿Ah, sí?
  • Pues sí. Lo que le pasa es que está deseando vivir una aventura, como las de los libros que lee, y ha llegado a creerse algunas de esas historias. Lo que hay que hacer es seguirle la corriente, y se dará cuenta él sólo de la realidad. Nada más.
  • ¿De verdad es tan fácil?
  • Sí, así de fácil.
Vaya. Fuera quien fuera ese Henry, tenía que ser muy especial para creer tan fácilmente. Lo que estaba claro era que esa tal Emma no estaba dispuesta a creer, pero los otros dos sí, y eso era importante. Pese a lo que decía Killian, se notaba mucho que pensaba lo contrario.
Entonces se metieron en un callejón. “Seguramente estarán tomando algún atajo” pensó. Dudó un momento pero al final entró también en el callejón.
Estaba oscuro, pero en seguida se dio cuenta de que se habían escondido. Entonces, la mujer apareció detrás de ella y la golpeó. Verónica, siguiendo un reflejo, la agarró por detrás y dio una vuelta, haciendo que Emma cayera al suelo, pero ella se levantó y le retorció la mano para inmovilizarla. Entonces empezó a hablar:
  • ¿Quién eres? ¿Por qué nos seguías? ¿Acaso intentabas robarnos? - dijo mientras la tiraba al suelo.
  • Puedes estar tranquila - dijo Verónica, mientras se levantaba. – Se nota a la legua que eres poli. Nadie se atrevería a robaros.
  • Aún no has respondido a mis otras preguntas - le contestó Emma, amenazante.
Verónica miró a los ojos al hombre, que se había situado detrás de ella sin meterse en la pelea. “Tranquila, Emma” pensó.
  • Tranquila, Emma - dijo él.
No hay de qué preocuparse. Es una amiga mía”.
  • No hay de qué preocuparse. Es una amiga mía.
Emma miró a Killian.
  • ¿Ah, sí?
Sí, la conozco de Boston. Hace algunos años de eso”.
  • Sí, la conozco de Boston. Hace algunos años de eso.
Emma miró a Verónica, luego a Killian, y otra vez a Verónica.
  • Bueno, si os conocéis… Pero ¿por qué nos seguías? - le preguntó a la chica.
  • Verás, es que hace mucho que no veo a Killian y no estaba segura de que fuera él.
  • De acuerdo. ¿Cómo te llamas?
  • Verónica.
  • ¿Cuántos años tienes?
  • Dieciocho.
  • Y ¿por qué has venido a Nueva York?
  • Bueno, estoy buscando a mi familia.



Hook estaba hecho un lío. Henry le había explicado todo lo que debía decirle a Emma para que le creyera, pero era demasiada información. Cuando por fin dejó caer el tema, lo soltó todo de golpe, sin saber lo que le decía. Entonces, así sin más, le había conducido a un callejón oscuro y se habían escondido en un portal. Unos segundos después, descubrió la razón. Alguien los seguía. Era una chica, de unos dieciocho años. Tenía el pelo negro y liso, peinado de manera que le tapaba casi toda la cara. Vestía un vestido muy corto granate, una cazadora de cuero negro, pantalones también de cuero negro y botas negras. Bajo la manga de la cazadora se podía ver parte de un tatuaje. Llevaba a la espalda una mochila negra con parches de colores. Ya desde lejos daba una sensación rara, como si intentara aparentar algo para confundir. En cuanto la chica se adentró lo suficiente, Emma la golpeó desde atrás. Tras un forcejeo, Emma consiguió inmovilizarla y la empezó a interrogar. Entonces, ocurrió algo muy extraño. Ella le miró a los ojos, y según se miraban, sintió como si alguien se apropiara de su mente y la controlara. Entonces empezó a hablar. Esa chica le obligó a decirle a Emma que la conocía y que no había problema. Desde luego, la niña sabía apañarse solita. Emma, ya más tranquila, empezó a interrogarla otra vez, y ella les dijo su nombre y su edad. Se llamaba Verónica. Y, al parecer, estaba buscando a su familia. Lo que estaba claro era que con esa respuesta se había ganado a Emma, porque no dudó en invitarla a casa. Así que se fue con ellos.
Una vez entraron en casa, Verónica le dijo a Hook que quería hablar con él a solas. Al verla más de cerca, se fijó en que tenía los labios y los párpados pintados de negro. Con esas pintas, parecía más muerta que viva, excepto por sus ojos, uno marrón y el otro azul.
Una vez solos, él empezó a hablar.
  • Bueno, Verónica, necesito saberlo. ¡¿Cómo demonios te has metido en mi mente?!
  • Verás, Killian - dijo ella con toda tranquilidad. - Tengo ciertas… Habilidades. Mis habilidades me permiten hacer cosas así.
  • Y ¿por qué tantas molestias por seguirnos?
  • Bueno, resulta que… Yo vengo de FairyTale.
Eso a Hook le sorprendió. Una chica que decía venir de FairyTale… Podía ser mentira, tenía que asegurarse.
  • Bien, Verónica. Eso es interesante, pero comprenderás que necesito una prueba.
Verónica, sin cambiar su expresión, le dijo:
  • Claro, claro, lo entiendo - rebuscó en su mochila. - Aquí tienes tu prueba. Esta es la razón por la que estoy aquí y no en FairyTale – dijo dándole una hoja doblada.
Hook empezó a desdoblarla, preguntándose qué sería. Cuando vio lo que había en la hoja, se quedó helado. Era un retrato de Regina. No podía saber si decía la verdad, pero si provenía de FairyTale, era mejor tenerla de su parte. Podría ayudarle.
  • Vale, te escucho - dijo, todavía sorprendido.
  • Bien, lo primero, me gustaría saber quién eres realmente – dijo ella.
  • Bueno, eso es fácil. Mi nombre es Killian Jones, aunque todos me llaman por mi mote, Hook.
  • Hook… Caray, nadie lo diría - no cambió su expresión. - Bueno, Hook, lo siguiente es algo más difícil y entenderé que te niegues.
A ver qué pasaba ahora. Esa chica no le estaba cayendo muy bien que se dijera…
  • Verás, Hook, lo único que sé de FairyTale es que nací allí, y como comprenderás, eso es muy poco…
Él intuía lo que Verónica iba a pedirle. Y no era poca cosa.
  • Bueno, pues, necesito que me dejes ver tus recuerdos de FairyTale y de todo lo que pueda ser relevante.
Tenía razón. Verónica necesitaba informarse y él era el único que podía ayudarla con eso. Al menos había preguntado antes.
  • A ver, ¿lo que me estás diciendo es que quieres hurgar en mis recuerdos?
  • No, no, no tiene por qué ser así. Yo me introduciré en tu mente, y tú decidirás lo que me quieres enseñar - dijo ella. Se notaba que no era la primera vez que lo hacía, pero aún así era algo demasiado personal.
  • Bien, Verónica, ¿cómo puedo yo hacer eso?
  • Bueno, basta con que pienses en esos recuerdos que quieres que mire. No me gusta meterme en donde no me llaman así que evitaré cualquier recuerdo que tú consideres personal.
  • Por mucho que me lo expliques, seguirá sin gustarme la idea- dijo Hook.
Verónica se quedó callada.
  • Bueno, Hook, te lo explicaré de otra manera - dijo ella, amenazante. - Necesitas mi ayuda para poder hacer que Emma y Henry recuperen la memoria y para volver a FairyTale. Y yo necesito ir allí. Así que podemos colaborar y conseguir lo que queremos o puedo irme y no volverás a tener la oportunidad de ayudarles.
Vaya con la chiquilla. Y lo peor era que tenía razón. Tendría que ceder.
  • Bien, Verónica, eso cambia las cosas, así que, ¿qué propones?
  • Mira, te propongo un trato: yo haré que Emma y Henry recuperen la memoria y os ayudaré a volver a FairyTale, a cambio, iré con vosotros y tenéis que ayudarme a encontrar a mi familia. ¿Te parece justo? - dijo ella.
  • Bueno, sí, me parece justo. Pero no puedes meterte en mi mente. Lo que quieras saber, te lo diré yo.
  • Está bien.
  • De acuerdo. ¿Qué es lo primero que quieres saber? - preguntó Hook.
  • Quiero saber quién es la mujer del dibujo que te enseñé antes.
  • Espera, ¿qué?
  • Lo que te digo.
  • Pensé que la conocías - dijo Hook.
  • Es largo de contar. Lo único que sé de ella es que se llama Regina.
  • Bien, bueno, te lo contaré.
Durante la siguiente media hora Hook le contó a Verónica toda la historia de la Maldición, de Regina, de Cora, de Baelfire, de Rumpel, de Neverland y por último, de cómo al volver a FairyTale se habían enterado de que la Wicked Witch había ocupado el castillo de Regina e iba conquistando poco a poco todo el reino y que era demasiado poderosa incluso para Regina.
Cuando terminó, Verónica estaba perpleja.
  • Vaya, esto sí que es nuevo. Pero creo que podría romper el hechizo que les hizo perder la memoria. Bueno, yo me voy a tener que ir ya, así que ya nos veremos.
  • Adiós, Verónica - Hook estaba deseando que se fuera.
  • Deja de llamarme así - dijo ella. – Puedes llamarme Veca.
  • Adiós entonces.
  • Adiós.
Al fin se había ido. Bueno, Veca le había dejado claro que todo lo que hacía era para su propio fin, pero seguía sin gustarle un pelo. Había algo en ella que le era familiar, una especie de halo oscuro que la envolvía y que ya había visto en otra persona… Ojalá pudiera acordarse.






Henry había fingido estar enfermo para poder quedarse en casa leyendo el libro y planeando el siguiente paso de la Operación Swan.
Sabía que antes de mediodía su madre tenía que irse, y además, tenía la reunión con su maestra, así que tenía tiempo de sobra. Cuando oyó la puerta abrirse, le pilló por sorpresa, la reunión había durado menos de lo que pensaba. Desde la cama pudo ver que una chica a la que no conocía había entrado con ellos. “Vaya” pensó “Han contratado a una niñera”. Ahora no iba a poder hacer nada. Henry vio cómo la chica entraba con Hook en la habitación de invitados y cómo su madre iba hacia él. Seguramente no le había gustado lo que le había dicho la profesora. Se hizo el dormido.
  • ¿Henry?
  • Mmmm - contestó, fingiendo que se despertaba.
  • Quiero hablarte de lo que me ha dicho tu profesora.
  • ¿Qué pasa?
  • Dice que estás siempre en las nubes, que te dedicas a dibujar en clase y que no atiendes.
  • Eso no es verdad - dijo Henry. - Escucho lo que dicen los profesores, pero a la vez pienso en otras cosas.
  • También dice que eso afecta a tus notas, y que deberías ir a un psicólogo.
  • ¿Qué? ¡No pienso ir a un psicólogo!
  • Pues tienes que ir. Por cierto, esa chica que ha venido se va a quedar contigo mientras yo estoy fuera. Tu maestra me ha dado las tareas que son para mañana, así que ella se asegurará de que las hagas cuando te encuentres mejor.
  • Oh, está bien – dijo con desgana.
  • Bueno, tengo que prepararme para ir a hacer mi turno. Volveré a las siete.
  • Adiós.
  • Adiós.
Emma cerró la puerta. Henry se tapó con las sábanas. El día no le iba a salir tan bien como esperaba.






Emma abrió su armario, en busca de su uniforme. Seguía dándole vueltas a lo de Verónica. Más sucesos extraños. A Henry eso le encantaría, pero para ella era preferible la rutina. Sabía perfectamente lo que iba a pasar. Iría al trabajo, le tocaría hacer ronda, volvería a las siete y Henry ya estaría mejor y habría hecho los deberes.
Una vez estuvo lista, vio salir a Verónica de la habitación de invitados. Llevaba un buen rato hablando con Killian. Se preguntaba de qué se conocerían. Bueno, tenía que decirle lo de Henry.
  • Verónica - la llamó. Ella ya estaba casi en la puerta.
  • ¿Qué ocurre?
  • Mira, necesito que alguien cuide de Henry y se asegure de que hace los deberes mientras yo estoy fuera. Y no sé si fiarme de Killian.
  • Bueno, yo ya me iba - dijo Verónica. Seguramente lo de hacer de niñera no entraba en sus planes. - Pero, de todas formas, no tengo otra cosa que hacer.
  • Genial. Por cierto, ¿de qué conoces a Killian? - le preguntó.
  • Antes era amigo de mi madre adoptiva.
  • Ah, es verdad, antes me dijiste que no conocías a tus padres. ¿Por qué crees que estarán aquí?
  • Verás, resulta que tengo un colgante que se supone que es de mi madre, y al parecer lo compraron en una tienda cerca de Central Park.
  • Vaya, ¿puedo verlo?
  • Claro - dijo ella.
Verónica se quitó el colgante y se lo dio. Era un ojo inscrito en un triángulo. Era de plata, y el iris del ojo era un zafiro. Parecía bastante sencillo, seguramente de una tienda de artículos ocultistas. Cuando se lo devolvió, Verónica se quedó mirándola a los ojos. Tras unos segundos, bajó la mirada y se puso el colgante.


  • Es muy bonito, Verónica.
  • Veca.
  • ¿Perdón?
  • Mis amigos me llaman Veca - dijo ella - o eso harían si los tuviera.
  • Lo tendré en cuenta. Ah, una cosa más.
  • ¿Qué?
  • Si no tienes un sitio donde pasar la noche, puedes quedarte aquí unos días.
  • Bueno, gracias - dijo Veca. - Es un detalle por tu parte.
  • Vale, me voy. Este es mi número, ¿te importaría darme el tuyo?
  • Ah, es que yo no tengo móvil.
  • ¿Cómo?
  • No tengo móvil, ni portátil, ni ningún aparato electrónico excepto mi MP3.
  • Ah, bueno, pues... Adiós.
  • Adiós, Emma.
Según salía por la puerta, Emma se preguntaba si habría hecho bien al dejar que se quedara. En pocos días había invitado a dos completos desconocidos a su casa, aunque con ella era distinto. No entendía por qué, la verdad. Era la clase de chica de la que la gente se aparta en el metro. Con toda la cara maquillada y el flequillo tapándole los ojos, era imposible saber quién era. Y su comportamiento era tan extraño, transmitía una extraña sensación de tranquilidad, como si intentara que los demás no supieran sus intenciones. En definitiva, que ninguna persona normal le dejaría entrar en su casa. Sin embargo, había algo en ella que le recordaba a sí misma a su edad. Solo que Veca no había dejado de buscar a su familia.


Una vez Emma se fue, Verónica se dio la vuelta y cerró los puños con rabia. Devolverle la memoria a una persona era, hasta cierto punto, sencillo. Pero Emma era distinta. Y eso no era bueno.


*No lo olvides, cada sábado, ¡dos nuevos capítulos!

6 comentarios:

  1. La casa de Emma parece la Pensión Loli xD. Y me huelo que Veca (ay mi beca, a ver si me la pagan ya!!!!) es hija de ¿Regina? No no creo, me tiene intrigado quien será.
    Cuando he leído que Hook estaba en la ducha no he podido evitar acordarme de la escena de "Encantada" en la que Giselle está duchándose y entra el otro chico xD.

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  4. Peter, he de decir que ni se me había ocurrido lo de Giselle. En cuento a lo del apodo este que le puse a la chica, es que a todas las chicas que conozco que se llaman Verónica, las llaman Vera, y no me apetecía ponerle Vera porque quería destacarla un poco, que este personaje es muy importante y no me apetecía que fuera tan "del montón".
    La verdad es que estaba un poco en ascuas con todo esto de inventarme un personaje nuevo, porque no sabía que les parecería a los que siguen mi fic, pero bueno, después de que te inventaras a Rufio en el tuyo ya iba un poco más tranquila.
    Pues nada, que espero que los siguientes también te gusten.

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