sábado, 10 de mayo de 2014

Fan fin: Un nuevo comienzo (Capítulos 11 y 12)


El fan fic continúa con los capítulos 11 "Problemas" y 12 "Una sola noche". ¡Disfrutadlos!

Capítulo 11 – Problemas

Hook y Veca habían estado otra vez toda la mañana investigando sin resultados. Ahora iban camino de la escuela de Henry, donde lo recogerían y esperarían a Emma para volver a casa. Mientras tanto, hablaban de la búsqueda.
  • Creo que Emma nos ha engañado – dijo Verónica. – Dijo que buscaría a contrabandistas que estuvieran fichados, pero no nos ha vuelto a decir nada. Creo que ni se ha molestado.
  • Seguramente sea por lo que le dije yo. Piensa que todo esto es un plan para bajar a Henry de su nube y que deje de creer – dijo él. – No cree en nada de esto, por eso no cree que haga falta buscar de verdad. Y es un problema, porque era nuestra mejor baza.
  • Respecto a eso, no hay problema. Hace unas semanas que estoy en contacto con una amiga mía que entiende de estas cosas. Le pedí que investigara un poco, y ahora tengo una lista de sospechosos. Sólo tenemos que ir descartando.
  • Pues perfecto entonces.
La verdad es que era un alivio saber eso. Estaban un poco más cerca de encontrar una manera de volver a FairyTale. Lo que le recordaba a Hook que Emma todavía no había recuperado la memoria.
  • Por cierto, Veca. Dijiste que no tenías poder suficiente para devolverle la memoria a Emma, pero no dijiste cómo piensas obtener ese poder que necesitas.
  • Respecto a eso, Hook, debo decirte que no se trata de obtener poder. En realidad, creo que de eso voy sobrada.
  • ¿Y a qué esperas?
  • Te repito, tengo poder para devolverle la memoria a Emma, pero no sé controlarlo. Con Henry fue sencillo, no tuve que hacer mucho para romper el hechizo, pero con Emma requerirá un gran esfuerzo por mi parte, y es posible que acabe haciéndole daño a Emma por pasarme. Podría dejarla en coma a algo peor.
  • Ah, ¿y cómo piensas hacer eso?
  • Ese es el problema, que no lo sé.
Pues estaban apañados. Si Veca no sabía cómo hacer para devolverle la memoria a Emma sin correr riesgos, no podían hacer mucho más. Tendría que confiar en que Verónica encotraría la manera.
Cuando llegaron al colegio de Henry, vieron que justo estaban saliendo todos. Se acercaron a la puerta. Entonces, vieron como unos chicos de unos dieciséis o diecisiete años se llevaban a rastras a Henry hacia un callejón. Hook no lo pensó dos veces y corrió tras ellos, con Veca a su lado. Cuando llegaron al callejón, vieron como todos los mayores le estaban dando una paliza a Henry.
Para cuando se quiso dar cuenta, Veca ya se había adelantado y había tumbado al primero. Vio que otro chico intentaba golpearla desde atrás y se apresuró a inmovilizarlo como pudo. No tardaron en ahuyentarlos. Entonces, Henry se levantó, a duras penas. Tenía la cara y los brazos llenos de moratones, el labio partido y le sangraba la nariz. Hook vio cómo se fijaba en algo detrás de él. Se giró. Era Emma, y al parecer estaba muy cabreada.
  • Al coche – dijo. – Todos.
Durante el trayecto ninguno dijo nada, y tampoco al llegar a casa. Una vez allí, Emma sacó un botiquín y se puso a curarle las heridas a Henry. Mientras, Hook y Verónica se fueron a la habitacion y se pusieron a hojear la lista de sospechosos que ella había conseguido. Hook le señaló uno a Veca. Lo mejor sería empezar por él. Justo entonces, Emma entró en la habitación. Realmente estaba muy enfadada.
  • Los dos, decidme, ¡¿qué demonios le ha pasado a Henry?!
  • Emma, te juro que no hemos tenido nada que ver – dijo Hook, apresuradamente.
  • Es cierto, nosotros no le hemos hecho eso – añadió Veca.
  • Entonces, ¿quién ha sido?
  • Han sido unos matones. De unos dieciséis años, más o menos. Vimos cómo le llevaban a rastras hasta el callejón para pegarle.
  • Y entonces fuisteis vosotros a defenderle, ¿no?
  • Sí.
  • ¡¿Es que habéis perdido la cabeza?! ¡Os podrían denunciar por eso!
  • Respecto a eso, Emma – dijo Verónica. – Te aseguro que esos matones no dirán nada.
  • ¿Cómo estás tan segura?
  • Pues porque nunca se atreverían a admitir que les zumbaron a todos ellos una chica y un tullido. No te ofendas, Killian.
  • No me ofendo.
  • ¡Me da igual eso! Henry me ha dicho que le estaban pegando porque se había metido donde no debía en el colegio, ¡por investigar sobre cómo viajar hasta FairyTale!
Hook casi vio venir lo siguiente.
  • Killian, me da igual lo bueno que sea tu plan para que Henry deje de estar en las nubes, sólo lo has empeorado. A partir de ahora se acabó.
Ya está. Todas sus posibilidades de convencer a Emma se habían extinguido. Quizás habría sido mejor que nunca se hubiera molestado en viajar hasta allí. Entonces, Veca empezó a hablar.
  • Emma, puede que todavía haya una posibilidad de que el plan funcione.
  • ¿Ah, sí? ¿Cuál? – dijo Emma con desconfianza.
  • Verás, esta mañana Killian y yo encontramos varias pistas sobre alguien que podría ser uno de esos timadores.
  • ¿Y qué?
  • Descubrimos que frecuenta un club nocturno cercano, así que podríamos ir Killian y yo a investigar allí esta noche. Lo capturamos, tú lo encierras, y una vez esté entre rejas, le muestras a Henry que ese tío es un timador o un loco y que nada de lo que dice es real.
Emma pareció meditarlo un momento.
  • Está bien, es vuestra última oportunidad. Si no conseguís nada esta noche, se acabó el tema. Y, os iréis de aquí.

Capítulo 12 – Una sola noche
Hook, se sentó en el sofá. Después de unos segundos se levantó y empezó a dar vueltas por el salón. Debía de llevar como media hora así, esperando a que Verónica estuviera lista. Al parecer, tenía que “arreglarse”, pero no esperaba que fuera a tardar tanto. Lo que sí sabía es que nunca sería capaz de entender a las mujeres.
Después de lo que le pareció una eternidad, por fin se abrió la puerta del baño. La primera en salir fue Emma. Detrás de ella, estaba Verónica. Hook se sorprendió. Si no fuera porque la había visto entrar ahí, habría pensado que habían abierto un portal y habían traído a una chica de otro mundo, Veca estaba irreconocible. Llevaba el mismo vestido granate que cuando se conocieron, solo que esta vez no llevaba nada debajo. Llevaba una especie de zapatos con plataformas que hacían que fuera unos diez o quince centímetros más alta, por lo que estaban a la misma altura. Además, se había quitado la “pintura” blanca y negra de la cara y la había sustituido por otra más suave y que la hacía parecer más humana y menos un cadáver. Vista así, era bastante atractiva.
Hook se sorprendió a sí mismo observando su escote y sus piernas, y deseó que no volviera a estar como antes. Entonces se dio cuenta de que le estaban hablando:
  • Killian, KILLIAN.
  • ¿Eh, qué?
  • Deja de mirarme así – le dijo Veca mientras se reía. – Das un poco de miedo.
  • Eh, vale – eso iba ser difícil. – Voy a por tu chaqueta.


Veca se sentó en el sofá. No llevaba ni cinco minutos con esos tacones y ya la estaban matando. No sabía cómo iba a aguantar toda la noche.
Entonces se acordó de una cosa.
  • Henry, ¿puedes venir un momento? – dijo mientras hurgaba en su mochila.
  • ¿Qué pasa, Veca?
  • Mira, Henry, quiero que sepas que es muy probable que esto salga mal y nunca vayamos a FairyTale. Y, por eso, quiero que tengas esto – sacó un libro de la mochila y se lo dio.
  • Vaya, La Historia Interminable. No lo he leído.
  • De pequeña era uno de mis libros preferidos. Y lo sigue siendo.
  • ¿Y por qué me lo das?
  • Porque tú te pareces mucho a Bastian, y este libro te recordará que nunca debes dejar de creer, diga lo que diga tu madre.
  • Caray, esto, gracias. Bueno, espero que todo salga bien y mi madre recupere la memoria – dijo mientras se iba a su habitación.
Verónica observó cómo la puerta se cerraba.
  • Sí, yo también lo espero.


Hook y Veca estaban en un callejón que habría sido bastante oscuro si no fuera por las luces que salían de uno de los locales. Era el club donde se suponía que encontrarían a ese tipo. Verónica esperaba tener suerte.
  • Bueno, Hook, ante todo debes saber tres cosas sobre estos sitios.
  • ¿Ah, sí? ¿Cuáles? – dijo, girándose hacia ella.
  • Primera, la música es muy fuerte.
  • ¿Cómo de fuerte?
  • Imagina el sonido más fuerte que hayas oído nunca. Ahora, imagina algo mucho más fuerte.
  • Ah.
  • Segundo, las chicas llevan muy poca ropa.
  • ¿Cómo tú? – le preguntó. Veca sonrió.
  • Menos. Y además son muy descaradas.
  • Pues no sé cómo te las vas a apañar, tú que eres tan seria para eso.
  • Ya verás cómo sí que puedo – dijo, mientras intentaba hacer una pose sexy.
  • Vale, te creo – le contestó Hook, entre risas. - ¿Cuál es la tercera?
  • Los hombres no se cortan nada. Algunos son capaces de ligar con tres o cuatro chicas a la vez.
  • Bueno, eso yo lo he visto ya en alguna taberna. Creo que encajaré bien ahí dentro.
  • Puede, una vez te acostumbres a la música y las luces.
  • Bueno, ¿entramos?
  • De acuerdo.
  • Oye, ¿cómo piensas encontrar a ese hombre?
  • Es muy sencillo, Hook: usando mis encantos.
  • ¿Qué encantos?
Verónica puso cara de pocos amigos.
  • Ja ja. Muy gracioso. Para tu información, una donde me crié si no sabes hacer ciertas cosas no eres nadie. Aprendí sin más. Yo soy el cebo. Le sacaré información y luego tú le seguirás, ¿vale?
  • Vale, vale, lo que tú digas.
Verónica se encaminó a la puerta del local. Entonces se dio cuenta de que Hook no la seguía. Se giró.
  • ¿Quieres dejar de mirarme el culo?
  • Ya quisieras tú que te mirara.
Una vez dentro, se separaron. Hook enseguida conoció a un par de chicas muy ligeras de ropa que le gustaron, mientras que Veca se sentó en la barra. No quería reconocerlo, pero estaba nerviosa. Era la primera vez que hacía algo así. No se lo había dicho a Hook, pero en realidad lo que sabía era de observar a las chicas que entraban y salían de los bares. Estuvo un rato así, sumida en sus pensamientos. Poco después, se le acercó uno de los camareros.
  • Hola, guapa, creo que es la primera vez que vienes, ¿necesitas ayuda?
Veca esbozó la mejor de sus sonrisas.
  • Bueno, sí, hace poco que estoy en la ciudad y, la verdad, no conozco a nadie por aquí. Esto, tengo un amigo, que ha venido conmigo, pero está un poco ocupado – señaló hacia uno de los sofás, donde estaban Killian y otras dos chicas. – Así que, ¿qué me recomiendas? – se inclinó hacia delante para que se le viera mejor el escote. Detestaba hacer esas cosas, pero era lo que tocaba.
  • Eh, sí, pues resulta que esos tíos de ahí te invitan a una copa – señaló a unos hombres en torno a una mesa. Todos ellos la miraban. - ¿Qué dices?
Verónica ya sabía que el alcohol tendría que caer. Si no quedaba más remedio tendría que beber, aunque nunca antes lo había hecho. Volvió a sonreír.
  • Adelante esa copa.
El camarero le sirvió un chupito. Veca cogió el vaso y se fue con los desconocidos. Después de esa copa, vino otra, y luego otra, y otra más. Verónica se sentía exultante. Se acercaba a unos hombres y a otros, hombres a los que no había visto en su vida la invitaban a más copas y ella hacía lo posible por compensarles. Gritaba y reía y se movía y volvía a gritar. Ya casi había olvidado por qué estaba allí. Entonces lo vio. Un hombre de unos treinta años, alto y delgado, con la cara alargada. Tenía una cicatriz bastante antigua que le pasaba por la mejilla izquierda y en su pelo, de color oscuro, se veían algunas canas. De pronto recordó su misión. Ese era el hombre al que buscaba. Todavía con la última copa en la mano, se dispuso a dar todo lo posible para conquistarlo. Al principio se mostró un poco tímido, pero luego empezó a soltarse y empezó a tocarla. Si hubiera estado en completo uso de razón, Veca le habría abofeteado. Sin embargo, tal y como estaba, simplemente pensó que era un poco vulgar. Estuvieron un rato hablando, en el que hicieron intercambio de números y poco más. Después, se fueron a la pista de baile.


Hacía rato ya que Hook había dejado aparte a sus dos “amigas”. Al principio le habían gustado, eran atractivas, simpáticas y habían demostrado ser muy descaradas. Demasiado para su gusto. En FairyTale había conocido a prostitutas más recatadas. Después de eso se dedicó a dar vueltas. Las chicas se le acercaban con ganas de marcha, pero después de dedicarles algún piropo se alejaba de ellas y volvía a vagar sin rumbo. Después del impacto inicial, descubrió que ese local se parecía mucho a los pubs que solía frecuentar en FairyTale, antes de irse a Neverland.
Unas horas después, se dio cuenta de que no había visto a Verónica en toda la noche. Cada uno se había ido por su cuenta y ni siquiera se había molestado en buscarla. Entonces la vio. Al parecer, había encontrado al hombre que buscaban. Aunque, más que interrogarlo, parecía que él estuviera interrogándola a ella, pero con las manos. Entonces oyó unos gritos.
  • ¡EH TÚ, ALÉJATE DE MI NOVIO!
La que había dicho eso era una mujer de unos veintitantos años, vestida toda de plateado y algo que imitaba a los brillantes. Si le había parecido que las chicas de ese sitio llevaban poca ropa, esta era la que menos. Y parecía estar muy enfadada.
  • Ah, ¿es tu novio? – le contestó Veca. – Porrque hace un momento no lo parecía.
  • ¡ME DA IGUAL, APARTATE DE ÉL, ZORRA!
  • Vale, vale – Verónica se apartó un poco de él. Hizo un gesto con la mano al hombre. – Llámame.
  • ¡QUE TE VAYAS! – le volvió a gritar la mujer.
Después del incidente, la gente volvió a lo suyo, como si no hubiera pasado nada. Hook vio cómo Veca se acercaba a un grupo de chicos jóvenes, que la recibían encantados. Decidió que ya era suficiente. Se acercó a ellos.
  • Veca – la chica se giró. – Nos vamos – dijo, agarrándola del brazo.
  • ¡No! ¿Por qué tenemos que irnos? ¡Esto es muy divertido!
  • Me da igual, nos vamos.
Una vez fuera, a Veca se le subió el resto del alcohol que todavía no le había hecho efecto. Empezó a tambalearse y se tuvo que apoyar en él para andar.
  • Oye, Hook, ¿sssabes qué?
  • ¿Qué?
Verónica se puso enfrente de él.
  • Al prrrrincipio pensssaba que eras un mmmmal tío, pero mme equivocaba – señaló su pecho. – Enn el fondo, enn essse corazonn tuyyo, eress unnn tío lllegall. Y un collega.
  • Vaya, gracias.
Veca sonrió un momento. Después, su cara se volvió de un tono verdoso y le vomitó encima.
  • No te sienta bien el alcohol, ¿eh?
  • Nno – Veca empezó a reírse.
El trayecto a casa se le hizo eterno. A Verónica le daba todo el rato por bailar, o por cantar a toda voz, o por irse corriendo a cualquier sitio. Por fin, entraron a casa. Hook guió a Verónica hasta la habitación y la ayudó a meterse en su cama. Justo cuando salía, oyó una voz a sus espaldas.
  • Hook.
  • ¿Qué pasa?
  • Tengo que contarte una cosa.
  • Ah, ¿sí?
  • Sí.
  • ¿Y qué es?
Verónica pareció pensárselo un momento.
  • Nno tengo dieciocho añosss. Tengo dieciséis.
Vaya, eso era nuevo. Hook salió de la habitación y cerró la puerta. Luego, se sentó en el sofá mirando al vacío. Necesitaba pensar.


Emma entró en la comisaría, como todos los sábados. Estaba bastante preocupada por lo que había pasado el día anterior, pero estaba segura de que la cosa había acabado bien esa noche. En realidad, no quería que se fueran ni Killian ni Veca, ya casi eran parte de la familia, aunque apenas los conocía.
Entonces, vio a un montón de agentes congregados en torno al corcho donde ponían las fotos de los fugitivos. Se acercó a uno de sus compañeros.
  • ¿Qué es lo que ocurre? ¿Por qué hay tanto revuelo? – le preguntó. El hombre se giró hacia ella.
  • ¿Es que no te has enterado? Anoche unos testigos vieron en un club a una chica que se ha fugado de su casa.
  • ¿Anoche? ¿En un club?
  • Sí, ¿por qué?
  • Nada, nada.
Emma se acercó al cartel para verlo mejor. Tenía un mal presentimiento.
Cuando pudo verlo de cerca, vio confirmadas sus sospechas. Sin dudarlo un momento, se dio la vuelta y salió de la comisaría. Tenía que arrestar a una fugitiva.

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