sábado, 17 de agosto de 2013

Fan fic: "Una mirada atrás" (Capítulo 7)

Hace bastante tiempo que publicamos el sexto capítulo de este fic de AhrielShanna, pero por fin ha llegado la hora de dar paso al séptimo capítulo. ¡No te pierdas cómo continúa esta fascinante historia!
7.- She stole my heart, parte 1

-¡Regina! – La voz de Madre me sobresalta incluso oyéndola desde el otro lado del prado - ¡Ven a casa! ¡Tienes un vestido nuevo que probarte!

Sin más palabras se marcha de regreso al interior de la casa. Nunca le gustó el frío, pero a mi me encantaba. Sentir como las mejillas se me encendían, pasear a solas por las colinas aún verdes incluso durante el invierno salvo durante alguna nevada esporádica. Lanzar bolas de nieve a Padre y huir de las suyas entre risas. Eso me encantaba.
Mas no esta vez.
Esa vez paseaba guiando a mi caballo de las bridas de regreso a los establos precedida por las nubecillas blancas de nuestros alientos que el frío condensaba con cada respiración. El joven palafrenero que era tan solo unos años mayor que yo vino a ayudarme a meter dentro del establo a mi caballo y prácticamente me ordenó que me pusiera su capa para que entrase en calor.
- Hace demasiado frío para que salgáis sola a cabalgar –dijo con una dura mirada.
- Siempre he salido sola a cabalgar y hasta ahora no he tenido problema alguno Daniel. – dije yo en respuesta con el mismo tono de reproche.
- Es diferente esta vez, señorita.
Esa ceja levantada me producía escalofríos, y cuando sonreía de lado hacía que me temblasen las rodillas.

- Basta –dije, tal vez con demasiada efusividad, pues me estaba mirando justo así.
No dijo nada más, pero podía ver que hacia esfuerzos por no reírse.
- Eres incorregible para ser un palafrenero. Debería decirle a mi padre lo malo que eres conmigo, y así tal vez te despida y no tenga que volver a verte. -dije a la ligera, mientras cogía un cepillo y empezaba a frotar el lomo de Rocinante, sin pensar en ningún momento en hacerlo realmente.
- Pero no lo haréis. –respondió él, tal vez algo desafiante.
- ¿Por qué no iba a hacerlo? Estoy en todo mi derecho.
Rodeó al caballo para llegar a mi lado, me quitó el cepillo de las manos y acarició mi mejilla con el dorso de sus dedos. Se acercó tanto a mí que podía ver mi reflejo en sus hermosos ojos claros. Sentí como se aceleraba mi corazón, mi respiración se entrecortaba, mis rodillas temblaban cada vez más.
- Por que… me amas, Regina. Casi tanto como yo a ti. – su beso fue dulce, lento, gentil… Perfecto. – y porque no dejarías sin padre a nuestro bebé.
Una oportuna patada en mi vientre, justo donde Daniel tenia puesta su mano, le dio la razón.
Ambos la notamos y nos reímos a la vez.
- ¡No te pongas de su parte! –dije mirando mi vientre, que mi apretada chaqueta de montar casi no conseguía ocultar ya.
Puse mi mano sobre la suya, un gesto de amor y complicidad por ser los únicos que conocíamos mi secreto.

- Sabes que se va a dar cuenta. –dije sombría. No necesité decir a quién me refería, pues viví con el temor de que ella se enterase de mi estado desde el momento en el que yo misma me dí cuenta de que estaba embarazada, tantos meses atrás. – No podré ocultarlo mucho tiempo más.
- Estaré a tu lado. – decía Daniel muy seguro, pero yo sabía que en cuanto madre se enterase de que estaba embarazada se pondría furiosa. Mataría al padre de mi hijo, tal vez a mi misma. Jamás le diría de quien era el bebé que esperaba, solo así podría protegerlo.
- No Daniel. Si se entera de que es tuyo, te matará. No permitiré que eso pase. –cogí su cara entre mis manos y le besé largamente. – Ahora será mejor que entre en casa o ella vendrá a buscarme.
Suspiré tristemente y salí del establo, abrigándome bien con la capa que Daniel me había prestado. Le pedí a un sirviente que se la devolviese cuando estuve a salvo en mi habitación.

No pude evitar acercarme al enrome espejo de cuerpo entero para ver como había crecido mi vientre en los últimos meses. Realmente era notable. Estaba sorprendida de mi misma por haber conseguido ocultarlo tan perfectamente durante tanto tiempo.

Pero no lo conseguiría indefinidamente, pues madre no hacía más que regalarme nuevos vestidos y decirme que estaba engordando últimamente. "Si ella supiera…" pensé amargamente, más con una suave sonrisa en los labios. 

Me puse uno de los últimos vestidos que había confeccionado para mi, un hermoso vestido de seda azul cielo brillante y con el corsé lleno de cristales cosidos a mano.
- No tengas prisa en llegar, pequeño mío. Te amo tanto como a tu padre, pero en casa aún no están preparados para saber…
- ¿Saber que, corazón? – Cora entró sin llamar en mi habitación, tal como hacía siempre, seguida de una criada que cargaba varios tejidos en sus brazos, listos para ser cortados para mis nuevos vestidos.- Regina, quítate ese vestido y acércate para que podamos tomarte las medidas para tu ropa nueva.
- Madre, no deseo ropa nueva – dije en un intento desesperado de evitar desnudarme, pero Cora no era alguien que aceptase un "no" por respuesta.
- Pero yo si. Además la necesitas, cada día estás más gorda. Casi pareces embarazada. – dijo a la ligera, incluso soltó una pequeña risita, pero dejó de reir cuando vio como me temblaban las manos y que yo había enmudecido.
Despidió a la criada con brusquedad y me obligó a acercarme a ella agarrándome del cabello para que no me escapara. De cerca pudo ver bien que mi vientre era lo único de mi cuerpo que había crecido de más durante ese tiempo.
Colocó una mano sobre él y la retiró al sentir una patada.

- Como te atreves… -fue un susurro bajo que me erizó la piel de terror. Si hubiera gritado tal vez hubiera podido correr, huir, gritar pidiendo auxilio, pero no tras ese susurro suyo. Le fallaba la voz, me miraba de una forma tan impersonal, como si no me reconociera, que me aterrorizó. ¿Iba a matarme? Casi pensé que de verdad lo haría. – Regina, me has decepcionado.
- Madre, yo… Lo siento mucho. No sabía como deciroslo. Tenia miedo de defraudaros. – me tragué un sollozo y bajé la cabeza a la espera de mi sentencia, pero nunca llegó.
Cora acunó mi cara entre sus manos y me hizo mirarla.
Su mirada era tierna y su sonrisa, dulce.
- Estas asustada, ¿verdad?
Asentí.
- Mucho madre.

- ¿De cuanto…?
- Unos siete meses – me ruboricé al decir.

- Bueno, entonces será mejor que nadie más sepa de esto, ¿entendido? Yo me ocuparé de cuidarte hasta el nacimiento y después ya veremos que le decimos a tu padre.
Su sonrisa fue cegadora. Parecía feliz al saber la noticia de que iba a ser abuela próximamente.

Ese tiempo que pasamos juntas sorprendentemente nos unió mucho.
Descubrimos que nos parecíamos en muchas cosas, una de ellas era que ninguna podía soportar el olor de algunas comidas durante el embarazo. Otra, era que ambas disfrutabamos de nuestra mutua compañía.

Durante mi último mes, Cora decidió compartir habitación conmigo. Quería estar preparada para ayudarme fuese la hora que fuese.

Era principios de primavera.
Los árboles empezaban a florecer, el perfume de los almendros llenaba cada rincón de mi habitación y la luz de las estrellas iluminaba el cielo nocturno.

De repente, un dolor atroz acuchilló mi vientre como un hierro al rojo vivo mientras dormía.
Intenté no gritar, pues a esas horas de la madrugada hubiera despertado a todo el castillo, asique ahogué mis jadeos con una almohada.
Cuando pasó el dolor y pude volver a respirar intenté despertar a mi madre.

- Madre, madre despertad por favor. – gemí en voz baja, zarandeándole el hombro, pues dormía a mi lado en mi misma cama. – Madre es… es…
Cora se despertó cuando apreté su hombro con los dedos al sobrevenirme una nueva contracción.
- ¿Qué? Regina, ¿Sabes que hora es? –dijo algo somnolienta.
- Es la… es la hora, madre –dije como pude con los dientes apretados.
- ¿la hora…? ¡¿La hora!? – eso pareció despertarla del todo. - tranquilízate Regina. Respira despacio, como te enseñé.
Vaya, parecía estar ella más asustada que yo en ese momento.

7.- She stole my heart, segunda parte

Sabía que la noche sería larga y difícil, pero no creí que lo fuera tanto.
Madre en todo momento estaba ahí dándome ánimos, cogiéndome la mano y permitiendo que se la triturase cada vez que una nueva contracción me torturaba, limpiándome el sudor de la cara o arrullándome entre sus brazos hasta que pasase el dolor.
Esa noche comprendí lo difícil que tuvo que ser para ella el traerme a mí al mundo sin la ayuda y el amor de su propia madre. El dolor era terrible, pero tener allí a mi madre cuidándome me reconfortaba.

Cora me obligaba a andar de un lado a otro de la habitación para ayudar a que el niño se colocase correctamente, me sujetaba con fuerza cada vez que mis rodillas amenazaban con derrumbarme, me daba agua para calmar el dolor de mi garganta, pues ya la tenia tan irritada de gritar que apenas conseguía hablar. Así mismo tragar se me hacia casi imposible.

El sol volvía a esconderse por el horizonte cuando Cora metió la mano entre mis piernas y me dijo con expresión angustiada:
- Regina, si no dilatas un poco más, puede que el bebé no pueda salir.
Lo dijo con una expresión tal que mi corazón pareció saltarse un latido.
- ¿Qué significa eso, madre?
- Significa que debe nacer ya, o podéis morir ambos.

Aunque las contracciones eran tan seguidas que apenas podía respirar entre cada una de ellas, parecía que el bebé no quería venir al mundo.
Yo cada vez tenía menos fuerza para empujar y mi madre cada vez tenía los nervios más de punta.

A pesar de estar tan agotada que apenas conseguía mantener los ojos abiertos, Cora no me permitía descansar. Tal vez temiera que si los cerraba no volviese a abrirlos, cosa que en parte yo también temía.

Cora palpaba mi vientre a cada momento, intentando colocar al bebé y
empujando hacia abajo para obligarlo a salir, pero sin resultados.
- Madre, no puedo más. Por favor, si solo podéis salvar a uno, salvad a mi hijo – decía con lágrimas en los ojos. Estaba tan agotada físicamente que el alivio de la inconsciencia sería bien recibido, pero Cora tampoco me lo permitía.
- No seas estúpida. No voy a dejar que os pase nada a ninguno. – lo dijo tan seria que la creí sin dudar, ignorando el temblor de sus manos.
Ella no quería preocuparme, pero notaba que estaba peligrosamente débil.
– Al cuerno – dijo enfadada. Subió mi camisón por encima de mis rodillas y se colocó entre mis piernas, sujetó una de mis rodillas en su mano y palpó la parte baja de mi vientre con la otra. –parece que el niño está atascado. Está mal colocado y por eso no consigues expulsarlo. Intentaré colocarlo, ¿de acuerdo?
Asentí asustada ¿Qué pensaba hacer? Cora se subió las mangas de su camisón por encima de los codos y separó mis piernas para poder moverse con comodidad. Yo aferraba las sábanas con tanta fuerza que ya las había desgarrado con las uñas en varias zonas.
- Daos prisa madre, os lo suplico –gemí, apretando los dientes y con los ojos fuertemente cerrados.

Sentir su mano entrar lentamente en mi cuerpo para colocar la cabeza de mi hijo fue doloroso, pero no me importó demasiado, porque en cuanto ella retiró la mano el bebé salió prácticamente solo.
Yo me derrumbé contra las almohadas que tenía apiladas en la espalda y que me habían sujetado durante gran parte de la noche. Cora rió por fin, aliviada de que todo hubiera acabado, mas aún faltaba algo. Cortó el cordón umbilical que unía al bebé a mí y se lo llevó.
- ¿Madre?
Me daba la espalda y observaba fijamente al bebé sin decir nada.
- Madre, que ocurre.
Hasta que me dí cuenta. Mi hijo no lloraba.
- ¡Madre!
- Shhh… lo se, tranquila… -se giró para mostrarme lo que hacía. Cogió aire profundamente, aguantó unos segundos y exhaló hacia la carita del bebé. Su aliento formó una nubecilla morada que se iba colando por la naricilla del pequeño. Cuando desapareció del todo, esperamos ansiosas. Segundos después, un fuerte berrido nos hizo sonreír de alivio.- Felicidades corazón. Tienes una hija con unos pulmones fuertes.
Me entregó a mi hija con una sonrisa de adoración en los labios.
- Una niña. – acerqué a la niña a mi pecho para que escuchase mi corazón y se calmara.
Ciertamente tenía buenos pulmones, aunque tardó poco en calmarse cuando la acuné contra mi pecho.
Cora me miraba llena de orgullo, aunque el agotamiento era bien visible.
- Lo has hecho bien, hija. Pero no tengas prisa por volver a hacerme pasar por esto. –se sentó a mi lado en la cama y retiró un mechón de mi cabello que se había quedado pegado a mi frente.
Aunque estaba agotada y bañada en sudor igual que yo, la sonrisa con que la miré hizo brillar sus ojos.
- ¿No es perfecta? – dije, mostrándole a la niña. Era pequeñita, rosada y frágil. Era un tesoro.

- Me recuerda a ti. Eras igual cuando naciste, aunque no te hiciste esperar tanto. –Acarició su pequeña mejilla con los nudillos de sus largos dedos – Será mejor que me la lleve para lavarla y que tú descanses un poco. Después te ayudaré a ti, ¿si?
Tampoco me dejó elección. Tomó a la niña de mis brazos y se la llevó a la habitación contigua a la mía, donde tenía la bañera, el espejo, los cepillos…
Allí lavó a la niña lentamente. Pude verla en todo momento, pue dejó la puerta abierta.
La niña se removía inquieta, gemía quedamente pues estaba pasando un poco de frío y no era de extrañar. Habían pasado casi veinticuatro horas desde que rompí aguas y de nuevo era noche cerrada.
Madre había insonorizado mi habitación con magia para que los criados no supieran que había dado a luz durante la noche con la sola ayuda de ella.
Aunque la niña era amada, su existencia debía ser un secreto celosamente guardado.

Cora volvió conmigo llevando a la niña envuelta en una manta blanca en sus brazos. La colocó en una hermosa cuna que conjuró con su magia y la dejó ahí mientras se ocupaba de mí.
Me impidió levantarme y me lavó allí mismo, en la cama, con un paño humedecido en agua tibia. Se deshizo de las sábanas y colocó unas limpias. Me recostó de nuevo y me tendió a la niña, quien ya reclamaba su primer alimento.
- Decididamente, es igualita que su madre. Tú también eras una glotona. – Cora nos observaba sentada junto a mí, acariciándonos a la niña y a mí. – ¿Has decidido como vas a llamarla?
- Había pensado en… Rapunzel. – Miré a mi madre - ¿Qué os parece?
- Princesa Rapunzel. Me gusta. –la niña gimoteó – y parece que a ella también.

- Regina, duerme un poco. Necesitas recuperarte pronto. –Cora paseaba a la niña en brazos por mi habitación. Rapunzel se había dormido plácidamente instantes después de alimentarla por primera vez y yo se la había entregado para que la dejase en la cuna, cosa que no había hecho. Aún estaba observando a su nieta. Podía ver rasgos suyos en su pequeña carita tanto como los míos. Me preguntaba si buscaba los rasgos de su padre.

- Como queráis madre. Despertadme si la niña me necesita. – me tapé con las sábanas hasta arriba y en cuanto cerré los ojos me quedé dormida.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Desperté al oir su llanto. Lo oía como si estuviera muy lejos. ¿Dónde estaba mi bebé?¿Porqué nadie más lo oía?¿Donde estaba madre? Por fin pude abrir los ojos y enfocar la habitación. Era de nuevo de noche, aunque las primeras luces del alba. Sentía el cuerpo como si un ogro lo hubiera masticado y luego escupido.

Un gemido escapó de mis labios cuando me levanté de la cama, pero Cora ya se acercaba hacia mí con pasos rápidos.
- ¡¿Qué haces levantada, niña?
- He oido llorar a Rapunzel. ¿Dónde…? ¿Donde está?
- Está bien. Estaba a punto de traertela cuando he visto que te levantabas. – Cora me tapaba de nuevo con las sábanas.- Yo te la traeré.
Vi como se alejaba hacia la cuna para traer a la niña, se quedaba parada ante ella y como se inclinaba para cogerla, pero algo no iba bien.
- Madre, ¿Ya no llora? Hace un momento la he oido llorar. ¿Madre?
- Regina yo… ella…
- ¡¿Madre?!
Cuando Cora se giró hacia mi y me mostró un cuerpecito envuelto en una mantita blanca pensé que me moría. El aire pesaba en mis pulmones como plomo, la sangre huyó de mi rostro y solo alcanzaba a tartamudear “No, no, no, no, no…” una y otra vez. Cora no se había movido del sitio, solo me miraba impotente.
- Madre, decidme que no está… que ella no… -las lágrimas corrían ardientes por mis mejillas. – Madre, por favor.
- Regina, corazón, no puedo. – por primera vez ví llorar a mi madre. – Lo siento mucho cariño.

- Pero si la acabo de oir llorar… Madre por el amor de Dios… 

Dejó su cuerpecito en mis brazos. A través de mis lágrimas pude ver unos ojitos cerrados, una carita que antes fue de un adorable color rosado y que ahora era terriblemente pálida. No respiraba. No se movía. Se había ido. 
Levanté la vista al rostro de mi madre. Se había sentado a mi lado y me abrazaba fuerte.
- Lo siento mucho mi amor. 
Lloré amargamente en su regazo sin soltar a mi niñita. 
¡Era injusto! Solo habia podido abrazarla una sola vez y la había perdido. ¡Solo era un bebé! ¿Cómo había ocurrido?
- Madre, ¿no podeis hacer nada?
- No, mi vida. Incluso la magia tiene sus limitaciones.
Parecía tan triste y vulnerable como me sentía yo.
No podía creerlo. ¿Cómo había podido pasar?
Madre se ocupó de todo. Juntas enterramos el cuerpecito en el jardín y plantamos un joven manzano justo al lado de la tumba.
- Adiós, mi vida. – dije con una mano sobre la tierra húmeda y removida, y la otra sobre mi corazón.
Madre hizo florecer el árbol con un roce de sus dedos.
- Vamos tesoro. Volvamos adentro. Aún no estas recuperada del todo.

//Cora//


Ver así a mi hija me partía el corazón, aunque este no estuviera exactamente latiendo en mi pecho.

Pero debía hacerlo por su bien y por el mio.

Rapunzel debía morir, solo así todos estariamos a salvo de ella.


Descubrir a Maléfica ante la cuna de la niña consiguió ponerme la piel de gallina.

Estaba orgullosa de cómo mi hija había manejado un parto tan difícil. Hubo momentos en los que realmente creí que la iba a perder y que todos mis planes se irian al infierno. Fruncí el ceño al pensar en ello. ¿realmente tenía en tan poca estima a mi hija que daba más importancia a mis planes que a su vida? “No, por supuesto que no” me decía a mi misma. Amaba a mi hija y todo lo que hacía lo hacía por ella, no por mi. Ella sería reina y haría pagar a todos aquellos que una vez me… ¡Nos! A todos aquellos que alguna vez nos humillaron. 
Sabía que no debía, pero no podia dejar de acercarme a la habitación de la niña. 
Había conjurado una habitación contigua a la de Regina y la había ocultado con mi propia magia, de modo que nadie que no supiera de su existencia podría entrar en ella.
La noche era fria, terriblemente fria para ser primavera. Incluso estaba nevando como si estuvieramos en lo más crudo del invierno. Un pequeño bultito de mantas berreaba quejandose del abandono y del frio al que se veía expuesto.
Una y otra vez me decía que esto era lo que debía hacer por el bien de mi hija.

Una y otra vez volvía de regreso a la habitación dispuesta a cerrar la ventana y acurrucar el cuerpecito de mi nieta contra mi pecho para que volviese a entrar en calor.


Estaba claramente en conflicto conmigo misma.
Ella debía morir para que mis planes de casar a Regina con el rey se cumpliesen. ¡Pero era mi nieta! 
Nadie debía saber que alguna vez ella había existido- ¡Pero Regina se culparía a si misma! Sabía como era mi hija, y tal vez nunca lo superase.
Me tendría a mi a su lado para cuidar de ella. Tal vez no quiera estar contigo. Tal vez te culpe por no despertarla durante la noche para cuidar ella misma de su hija.
Ella hará lo que yo le ordene. ¿Estás segura?

Una ondulación en la pared hechizada que hacía las veces de puerta comunicando ambas habitaciones me distrajo. Había alguien dentro con la niña, y ya no hacía tanto frio.

Entré como un huracán, dispuesta a lanzar por la ventana al intruso con un simple giro de muñeca, pero no estaba preparada para ver lo que veía. 
Malefica sostenia en brazos a Rapunzel y compartía con ella el calor de su cuerpo. 
- Suelta a la niña de inmediato Maléfica. ¿Qué haces aquí? –dije con una serenidad que estaba lejos de sentir. 
- Por lo visto, salvarle la vida a esta criatura ruidosa. Pensé que cuidabas mejor a la sangre de tu sangre querida Cora. Aun recuerdo el trato que hiciste con nuestro maestro para salvar la vida de tu hija. Pensé que la vida de tu nieta te importaría lo mismo que la de su madre. 
No pude responder a eso, no cuando yo estaba en total desacuerdo conmigo misma por la misma razón. 
- ¿Qué haces en mi castillo, bruja? 
- Solo pasaba por aquí y decidí venir a felicitarte “abuelita” – su risa me erizó la piel. Puso morritos y se acercó más a la cuna. Dejó en ella a la niña aunque no dejó de tocarla en ningún momento.- Adoro las ironías. Salvaste a tu hija de aquella terrible epidemia para que te pagase dejándose preñar antes de tiempo. Y no del hombre que planeaste para ella. Creí que cuidarías de tu nieta tan bien como hiciste con su madre. ¿Qué diría la pobre Regina si llegase a enterarse de lo que estabas planeando hacerle a lo que más ama en la vida? 
- ¿Qué sabes tú del amor? 
- Bastante, la verdad. Lo suficiente para saber que armas usar contra ti y contra el Ser Oscuro. –miró a Rapunzel de una forma tan posesiva que me provocó escalofrios – Esta niña será tu perdición. Ella será mía, será la pieza final de mi venganza contra Rumpelstiltskin y contra ti. –su voz, convertida en un bajo susurro, evocaba imágenes de dolor y agonía- Pensé que sería Regina la que me entregaría tu corazón, pero será ella. 
En sus ojos brillaba la certeza de que un día tendría lo que quería. 
- Sal de mi casa antes de que olvide mis modales. – le advertí con los dientes apretados. 
- ¿Modales? ¿Qué modales querida? La hija de un molinero siempre será la hija de un molinero. 
Volqué mi rabia en la magia que zumbaba por mis venas y la proyecté hacia ella, lanzandola a través de la ventana. 
Oí su risa a través del viento y el furioso batir de alas de un cuervo al alejarse volando de la mansión. 

Miré a la niña, dormida en su cuna con un pulgar metido en su boquita rosada. 
Había recuperado el color aunque había pasado media noche expuesta a la nieve y a vientos helados. 
Esa fur… esa bruja decía que sería mi nieta quien le entregaría su venganza contra Rumpel y contra mi. 
Nuestros corazones. 
Aún sentía mi corazón estremecerse ante su recuerdo aunque este estuviera oculto y a salvo en un lugar seguro. No. No permitiría tal cosa y solo había una forma de impedirlo. 
Rapunzel era un secreto celosamente guardado. 
Nadíe sabía de su existencia. Nadie sabría jamás lo que le había ocurrido. 

Regina lo superaría con el tiempo y con mi ayuda. 
La niña debía morir. <<

21 comentarios:

  1. Que malota que es Maléfica *-* como siempre genial shanna-Mils! esperando el que le sigue.

    ResponderEliminar
  2. Y el premio a la abuela del año es para ...... Cora !!! , ahí que ver que este mujer mas mala no puede ser , como iba a matar al nieta , por dios , y Regina debía tener tremenda faja , porque ocultar un embarazo por 7 meses ? , eso si esta difícil , sigue así que esta genial el fic :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡¡Tse, Tseee... Que Yo Sé De Chicas Que Han Estado a Punto de Parir y Sus Padres No Se Han Enterado Hasta Un Mes Antes...Alucina...:O:O:O!! ;D

      Eliminar
    2. Jajajajajajaja lo mismo digo xD

      Precisamente queria darle ese toque de adolescente aterrada por lo que pueda hacerle su madre

      Eliminar
  3. Gracias cariño mio!
    Muahahaha Male es mala, como si eso fuera algo nuevo

    ResponderEliminar
  4. Que bien me han quedado los montajes de Regi embarazada y con el bebé *-*

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La verdad que si te han quedado bien, sobretodo el de Regina embarazada, que si no fuera porque he visto la serie pensaria que esa foto es de la serie de verdas :)

      Eliminar
    2. Jejejejeje
      Literalmente, estoy enamorada de esos montajes

      Eliminar
    3. Realmente Te Han Quedado Geniales, y a Mí Como a Vero, El Que Más me Ha Gustado es el de Regina Embarzada, Está Muy bien Hecho, Dearie...;D;D;D

      Eliminar
    4. El de regina con Rapunzel de bebé es tan ... *--------*
      A veces me amo cuando hago montajes tan cucos

      Eliminar
  5. ¡¡¡Me C--- en la Leche...¿Qué No Me Han Dado Hasta Contracciones a Mí...? Esto NO se Hace Criminal, Que Yo Ya Pasé Lo Mío en Mis Partos, Y Aquí Estaba Empujando Y Todo...:P:P:P!!!

    Muy Bueno y Muy Interesante El Giro que le Estás Dando a La Historia, Lo Que me Extraña es Que Cora No haya Hecho Por Averiguar Quién Era El Padre Desde Que Se Enteró...:O ;D

    En Cuanto a Maléfica-Mala, Pues Sí, Pero Le Salvó La Vida al Bebé, Cosa Que Cora No Quiere Hacer, y Encima Dejarla Morir de Frío ¡Toma Ya, Ahí Bien Cruel...:O:O:O! Y Sino La Otra, Que Mucha Venganza Pero Luego va y Se Enrolla Con Regina...¡No, Si Ya Te Digo Yooooooo...:P!

    Muy Bueno el Significado Del Manzano Para Regina, Me Está Gustando Más Este Fic Que Como Están Desarrollando La Serie, Sigue Dearie, Que Está Muy Interesante...;D;D;D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajajajajaja Gracias Ali :3

      Jejejeje Cora tambien tiene su corazoncito.
      En una caja escondida Dios sabe donde, pero lo tiene xD
      Ya, ya averiguará quien desfloró a su pequeña, lo importante es desaparecer a la niña

      Ya, precisamente queria darle ese toque dulce con lo del manzano, por eso de que Regi dijo que era un recuerdo de su niñez. Creo que la "muerte" de su hija hizo madurar en cierta forma a Regina, mostrandole la cara cruel de la vida...

      En cuanto a la aparición de Male.... Jejejeje ese revolcón aun no esta previsto que ocurra. De momento odia tanto a Regina como a Cora y a Rumpel. Simplemente ve que Rapunzel es el medio que le hará conseguir su venganza y no desea que Cora la mate.... No aun al menos.. Eso se desarrollará entre este fic y el de Shadow_ken, asique tendreis que leerlos los dos para saber que ocurre

      Eliminar
  6. Ojala alguien pueda resolver mi duda, alguien sabe Cómo se llama la mujer del rey Jorge? el padrastro de David??

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. hola me encanta lo que escribes, cuando segiras con el capitulo 8. gracias y saludos

      Eliminar
  7. Shanna me gusta mucho como estas siguiendo esta historia, como ya te dije en otra ocasión la historia de tu fan fic me atrapo desde el primer capitulo, pero ya es que me mata la intriga por saber como sigue. Que mala Cora de verdad pense que ayudaba a su hija de corazón porque la quiere, no porque queria matar a la niña, y ese momento en que Regina da a luz muy bien descrito me ha gustado mucho :)
    Otra cosa al igual que Ali a mi también me parecio raro que Cora no tratase de averiguar quien era el padre de la niña.
    Lo dicho con muchas ganas de seguir leyendo tu fic y el de Shadow_Ken, haber como sigue la historia y como unis las tramas de amos fic
    Besitos :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya, que Cora se preocupase por su hija no quita que no quisiera estrangular al que la embarazó con sus propias tripas....
      Madre, que imagen...

      Este capitulo me costó lo mio escribirlo porque no me gusta hacer sufrir a Regina,.
      Pese a que veia esas escenas en mi cabeza me temblaban las manos al escribirlas. Que mal rato pasé

      Eliminar
    2. Estoy segura que tu sufres mas al escribirlas que nosotras al leerlas, pero es que te quedan tan bien las escenas que yo es que las vivo como si estuviera hay,que emoción, una vez más te digo ¡Buen trabajo! :):):)

      Eliminar
    3. Jajajajaja gracias!

      Ahora lo que pasa es que estoy atascada.
      No se que poner en el capitulo 8, que es cuando Refina decide ir a hablar con Archie...

      Eliminar
    4. No te preocupes que seguro que alguna idea t va a venir :)

      Eliminar
  8. Ya no hay mas capítulos??!! :(

    Apenas vi el fan fic y me a gustado mucho pero ya no encontré mas capítulos :( ojala lo continúes...

    ResponderEliminar

Queremos saber tu opinión, ¡deja tu comentario!
Notas y normas:
1. Debes tener CUENTA DE GOOGLE para poder comentar.
2. Respeta la netiqueta.
3.Puedes opinar lo que quieras (a favor o en contra de los episodios, personajes, guionistas, etc.) pero SIEMPRE respetando a los demás comentaristas.
4. Está PROHIBIDO PONER ENLACES en los comentarios.
5. Siempre que quieras comentar un spoiler en alguna entrada donde el tema no sea de Spoiler (por ej. en Curiosidades) indica SPOILER al comienzo de tu comentario.
Gracias.