Capítulo 7 – Un mundo extraño.
Ya había pasado una semana de que llegara Hook. Su
madre trabajaba toda la tarde y parte de la noche, y a él le había
dado por explorar por su cuenta. Henry había querido ir, pero Emma
no le había dejado. Decía que aún era pequeño para andar buscando
aventuras por la ciudad, y, por supuesto, Hook no contaba como
niñera. Así que le había tocado quedarse en casa, y claro, alguien
tenía que quedarse con él, así que le había tocado a Veca. Desde
luego no le gustaba la idea, pero ambos tendrían que aguantarse.
Se sentaron los
dos en el sofá.
Estuvieron así unos segundos. De repente, Henry sintió
una voz en su mente. Se concentró para entenderla.
“Así es como se habla mentalmente”. Era la voz de
Verónica.
“Mola” pensó.
“Sí que mola. Y es muy útil” le contestó.
“Espera, ¿cómo puedes saber lo que estaba pensando?
¿No se supone que sólo tú puedes hacer eso?”
“En realidad, para que dos personas se comuniquen
mentalmente sólo hace falta una que sepa cómo hacerlo. Si formulas
tus pensamientos con suficiente fuerza, podré captarlos”.
“Qué guay. Oye, ¿qué más sabes hacer?” le
preguntó.
“Veo que te ha gustado esto de comunicarse con la
mente, ¿eh? Bueno, pues también puedo leer la mente, y controlar a
los demás, pero para todo eso necesito mirarlos a los ojos. Eso es
lo más fácil de hacer. Luego hay otras cosas más complicadas
como…”
Se abrió la
puerta. Era Hook.
“Henry, ¿te apetece que te haga una demostración?
Esto se parece un poco a uno de los poderes de los Jedi”.
“¡Vale!” contestó él, entusiasmado.
Hook se acercó a ellos.
Acto seguido, miró a Hook a los ojos. Estuvieron así
unos segundos. Entonces, Hook habló:
Henry y ella estallaron en carcajadas. Hook los miraba,
con cara de “no tiene gracia”.
Se quedaron
callados y le miraron los dos a la vez.
Tanto Verónica como él se habían olvidado de Hook. El
pirata se había puesto de pie, y parecía que quisiera tirarse por
la ventana. Debía de estar hecho un lío.
Claro. El pobre no tenía ni idea de lo que estaban
hablando, normal que estuviera tan nervioso. Pero a ver cómo le
explicaban qué era el cine.
Lo tenía muy claro. Fue al montón de películas y la
cogió.
Veca metió el
disco en el reproductor y encendió la tele.
Hook había intentado buscar él solo, pero no había
conseguido nada. Al poco rato de salir de casa, se había rendido.
Estaba en un mundo totalmente distinto al suyo, y aunque no era la
primera visita que hacía a Nueva York, sí que era la primera que se
había fijado en su entorno. Lo que más raro le parecían eran los
coches, o como se llamaran esos carros que se movían solos. Le
habrían parecido cosa de magia si no fuera porque en ese mundo no
había. Al parecer estaban hechos de un montón de tubos y planchas
de metal, y había que echarles una especie de agua negra que olía
fatal y que hacía que se pudieran mover.
Cuando volvió a casa, se encontró a Veca y a Henry
juntos, en silencio. Al parecer, Henry tenía curiosidad sobre los
poderes de Verónica. Y claro, a él le había tocado hacer de cobaya
de experimentos. Al parecer, había un tipo de personas, llamadas
Jedi, que eran capaces de obligar a la gente a hacer cosas. Cuando
había preguntado qué eran los Jedi, le habían mirado mal, como si
acabara de decir una blasfemia. Después, empezaron a decir que
tenían que enseñarle ciertas cosas sobre ese mundo. Empezaron por
algo que llamaban el cine.
Así que allí estaba, viendo en una especie de tabla
negra algo que llamaban película, que resultó ser como una obra de
comediantes, solo que parecía que ocurriera realmente. Se llamaba
Star Wars. No quería admitirlo, pero le estaba gustando. Se sentía
bastante identificado con Han Solo, de hecho creía que, estando en
su lugar, habría hecho exactamente lo mismo que él. De la misma
manera, parecía como si pudiera identificar a cada personaje de la
historia con habitantes de FairyTale: Luke era Baelfire, Leia era
Emma, Snow y Charming eran los padres de Leia, Chewbacca era Smee…
Y, de alguna manera, Darth Vader le recordaba a Rumpelstiltskin.
Cuando acabaron la primera, pusieron la siguiente, y
luego la siguiente. Según avanzaba la historia, se hacía cada vez
más complicada. Cuando llegó a la escena en la que Darth Vader le
decía a Luke que era su padre, casi lo había visto venir. Era
extraño que lo hubiera sabido identificando a gente que conocía con
personajes que no existían.
Era casi, como si alguien conociera toda la historia y
la hubiera plasmado en las películas, para que otras personas
pudieran interpretarlo. Por supuesto, eran conjeturas. Lo único que
no encajaba era que Leia fuera hermana de Luke. Pero, como ya le
habían dicho, nada de todo eso era real, seguramente lo demás eran
casualidades.
Habría sido interesante conocer al genio que había
creado todo eso. Más tarde, Veca le dijo que el creador de esas
películas se había hecho tan famoso por ellas que era casi
imposible poder llegar a conocerle. Era una lástima.
Después, habían estado hablando de las películas. Al
parecer, había tres más, pero cada una era tan larga que no podían
verlas todas en un día, lo cual era un fastidio, porque según le
contaron, hablaban de todo lo que había pasado antes del Imperio.
Siguieron hablando, de unas cosas y otras, le estuvieron
explicando cosas de ese mundo, que llamaban “cultura general”,
hasta que cayó el tema Disney. Al parecer, había sido un famoso
dibujante que había creado películas de “dibujos animados”, y
que era quien había hecho que la gente tuviera la imagen que tenía
de los cuentos de hadas. Habían empezado a enseñarle imágenes de
cómo Disney había “creado”, a todas las personas a las que
conocía. Vio imágenes de una Snow vestida de colores, un Charming
afeminado, una Regina bastante grotesca, unos enanitos pequeños y
muy cómicos… Realmente, los dibujos más parecidos a los
habitantes de FairyTale eran el de Belle, tal y como la había visto
la última vez, una tal Cenicienta, a la que conocía sólo de vista,
y Mulán, siempre con su armadura. Entonces le habían enseñado un
dibujo de un pirata. Vestía de rojo, tenía la nariz aguileña, el
pelo largo y rizado y unos bigotitos muy finos. La imagen en sí era
ridícula. Cuando les había preguntado quién era, se habían reído
y Henry le había señalado su mano izquierda, y luego la del pirata
del dibujo. Cuando lo vio, no se lo podía creer. ¡Era él! Si ese
tal Disney no estuviera muerto, él mismo habría ido a encargarse de
él. Luego había visto cómo había imaginado que sería Peter Pan.
Claro, cómo no. El señor dibujante había creado a Pan como un niño
que no quería crecer, no como era realmente. Y, por supuesto, él
era el villano y Pan el héroe.
Después de eso, no quiso volver a oír nada del tema.
Por un día había tenido suficiente.
Verónica decía ser una negada para la cocina, así que
pidió algo de comida por una especie de aparato que llamaba teléfono
y un rato después llegó un hombre con unos paquetes. Le dijeron que
era comida china, pero prefirió no cenar.
Este era un mundo demasiado distinto del suyo. Ojalá
hubiera podido ir Baelfire en su lugar, pero no había podido, así
que le había tocado a él.
Capítulo 8 – Fantasmas del pasado
Emma y Verónica habían ido de compras. La idea había
sido de Emma, que había obligado a Veca a acompañarla.
Así que allí estaba, en la tienda de ropa más
cercana, intentando convencer a una Verónica muy cabezota de que el
color rosa no era tan horrible. Como muy pronto descubrió, Veca
odiaba ir de compras.
Finalmente, consiguieron encontrar un par de blusas y un
vestido ancho que le gustaron, y pudieron acabar de una vez.
Ahora estaban paseando tranquilamente, intentando pasar
el rato. Poco a poco, consiguió que Veca se relajara y le mostrara
cómo era realmente. Cada vez le recordaba más a ella de joven, pero
temía que fuera exactamente igual, pues ella había hecho cosas de
las que se arrepentía, y que nunca podría olvidar. Intentó
preguntarle por su pasado:
Veca se paró y
la miró fijamente.
Tal y como ella predijo, Verónica intentaba volver a
enmascararse. Tenía que cortar por lo sano.
Emma se había quedado de piedra. Al principio no se
había creído que Veca se fuera a abrir tan fácilmente, después de
las molestias que se tomaba para que los demás no supieran nada de
ella, pero había descubierto que se equivocaba. Y, ahora que la
conocía un poco mejor, entendía su postura. Por cómo la había
descrito, su madre era la clásica cotilla de pueblo, toda imagen,
que manipulaba a todo el mundo para conseguir lo que quisiera. No,
Verónica no era como ella. Emma se había criado yendo de un
orfanato a otro, soportando a niños que se creían mejor que ella
sólo porque no los habían abandonado. Veca, en cambio, había
tenido como madre a una mujer que no la quería realmente, sino que
la veía como un objeto que mostrar a los demás para presumir, y que
nunca estaba contenta con ella, sino que le exigía más. Desde
luego, que tus padres no te quisieran era como no saber si te querían
o no tus verdaderos padres, saber sólo que te habían abandonado.
Verónica no entendía qué era lo que le había pasado.
En condiciones normales, nunca le habría contado a nadie todo lo que
le había dicho a Emma, pero una vez empezó, no pudo parar, casi por
un momento le pareció volver a ser esa niña miedosa que espiaba a
las madres de sus compañeras de clase y luego le contaba a su madre
adoptiva todo lo que veía para que ella no le gritara. Pero, después
de tanto tiempo (toda una vida, de hecho) ocultando sus sentimientos,
estos no quisieron seguir más tiempo ocultos. Sólo había una cosa
que no le había contado. Cuando Emma le había preguntado cómo
había descubierto que era adoptada, le había dicho la verdad, pero
era una verdad a medias. Prefería no pensar en ello.
Veca caminaba junto a Emma, perdida en sus pensamientos,
cuando oyó una voz a sus espaldas.
Se dio la vuelta. La que hablaba era una joven, de unos
dieciocho años, vestida de colores. Tenía los ojos grandes y
castaños, la piel muy blanca y mechas californianas. La reconoció
al momento. “Maldita sea” pensó “¿Por qué tenía que ser
ella precisamente?”.
Y se fue. Emma
se giró hacia ella, interrogante.
Una vez llegaron a casa, vieron que no había nadie.
Hook había puesto una nota en la que decía que se había ido a
investigar solo. Mejor. Así habría una persona menos. Se fue a su
habitación (desde que Hook se la había cedido), se tumbó en la
cama y cerró los ojos. Intentó expandir su mente, de manera que
pudiera encontrar a la persona que buscaba. No tardó en encontrarla.
Entonces, estableció contacto con ella. “Siento lo de antes, Zoe,
pero no podía correr riesgos. Tenemos que hablar. Nos vemos donde
hace un rato, esta tarde, a las siete. No faltes”. Aparentemente,
ella no le contestó, pero Verónica sabía que sí, y que estaría
allí.
Desde luego tenían mucho que hablar. Zoe había sido su
única amiga de verdad, quien le había introducido en el mundo real
y le había descubierto todo su mundo. Ella era quien la había
convencido de que podía aspirar a algo más, que no merecía la vida
que tenía. Era la única que sabía toda la verdad. Y, en una de las
ciudades más grandes del mundo, había aparecido detrás de ella,
como un fantasma, recordándole que tenía más secretos de los que
creía y que eso no iba a durar mucho. Tarde o temprano esos secretos
se volverían contra ella y la ahogarían, aunque ahora se había
librado de uno de los peores.
Estaría bien que en la serie le enseñasen a hook como le ven en la vida real jajajaja
ResponderEliminarSi por eso lo he puesto. Ademas que a Hook le hacia falta una puesta a punto en lo que se refiere a nuestro mundo XD me gustaria verle la cara jajajaja
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