Continuamos con el nuevo fic que podrás leer en el blog cada fin de semana. Si te perdiste los dos primeros capítulos, los puedes leer aquí.
Capítulo 3 – Algo más que cuentos.
Henry estaba en su habitación, tumbado en la cama.
Hacía ya un rato que le había montado el numerito al amigo de su
madre, Killian, y la verdad era que se sentía fatal. Acababa de
mandar a la porra las intenciones de ese hombre, y daba igual que
fueran buenas o malas. Se había quedado chafado, se le veía en la
cara, pero no podía ir allí y disculparse sin más, porque tendría
que admitir delante de su madre que había roto su promesa. “Bueno,
todavía no he empezado a leer el libro que me regaló” pensó “Si
me ve leyéndolo y ve que me gusta, eso vale por disculpa”. Así
que decidió empezar a leerlo. Fue a la estantería, cogió el libro,
se acomodó en la cama y se puso a hojear las páginas. Se llevó un
chasco. Sólo eran cuentos de hadas. Pero, aún así, siguió
leyendo. Entonces, llegó a la última página. Allí vio una imagen
de un bebé, una niña, envuelta en una manta de lana. En la manta
estaba escrito el nombre de su madre. “Un momento” pensó “Yo
he visto esta manta antes. Es la manta de bebé de mi madre”. Pero
eso no era posible. Miró en otra página. Sí, ahí estaba. “Capitán
Killian Jones”. Demasiadas casualidades. En la imagen, aparecía un
pirata que tenía un garfio en vez de mano. Hook. Cómo no. Ahora que
lo pensaba, sí que era cierto que al Killian al que le acababa de
gritar le faltaba una mano. Debía asegurarse de que era él, porque
eso significaría que su madre era la hija de Snow White y Charming.
Además, teniendo en cuenta todo lo que ella le había contado y lo
que había leído, las piezas encajaban. Así que se levantó y fue a
la habitación de invitados. Llamó a la puerta.
Era increíble que Henry se hubiera dado cuenta de la
verdad. Cuando había empezado a gritarle, habría jurado que se le
había pegado el escepticismo de su madre. Pero, una vez empezó a
leer el libro, fue tal y como dijo Regina que pasaría. Incluso había
añadido con magia las páginas que faltaban. Bueno, había
descubierto la verdad, pero por desgracia, no había recuperado la
memoria. Al menos ahora entre los dos podrían hacer que Swan
creyera. Si al menos pudiera devolverles la memoria…
Emma abrió la puerta de casa mientras sujetaba las
bolsas de la compra. Esperaba que Henry no le hubiera montado el
numerito a Killian, porque después de eso no habría manera de que
se llevara bien con él. Según entraba, Henry fue a recibirla. No
parecía molesto, sino todo lo contrario. Era un alivio.
Desde luego, le había gustado el libro. Y parecía que
no tendría problemas con Killian, lo que era un alivio. Entonces
volvió Henry.
Entonces Henry se fue corriendo a su habitación, dando
un portazo al cerrar. Al mismo tiempo, Killian salió del baño.
Emma empezaba a preocuparse. Primero, ese hombre le
decía que conocía a Neal, y ahora Henry empezaba otra vez a
inventarse historias. Eso no era bueno, pero no había manera de
remediarlo. Con el tiempo, Henry olvidaría todas esas tonterías y
dejaría de estar en las nubes.
Pero lo que más le preocupaba era que después de
haberle contado todas esas historias, Killian había dejado de
parecer un loco. Era casi como si intentara no parecerlo para que
ella se fiara de él.
Henry se tiró en la cama y empezó a pegarle a la
almohada. ¿Cómo era posible que pensara que sería tan fácil? Era
increíble que no le hubiera castigado. Bueno, al menos lo había
intentado. Era mejor que nada. Alguien llamó a la puerta. Era Hook.
En eso Hook
tenía razón.
Hook sonrió. Que Henry supiera la verdad, aunque no
hubiera recuperado la memoria, le iba a ser de mucha ayuda.
Capítulo 4 – Verónica.
Hacía una semana que había llegado a Nueva York y no
tenía ni idea de lo que debía hacer. Sin embargo, Verónica estaba
convencida de que debía estar allí. Tenía una corazonada. Había
dejado su casa en Nueva Jersey por esa corazonada, así que esperaba
no equivocarse.
Entonces los vio. Eran un hombre y una mujer. Iban
juntos por la calle como si nada, pero se notaba que ella era poli.
Parecían una pareja normal y corriente, pero algo le decía que en
realidad no era así. Decidió acercarse más.
Ahí estaba. FairyTale. El sitio al que debía ir. Su
intuición no le había fallado. Siguió escuchando.
Vaya. Fuera quien fuera ese Henry, tenía que ser muy
especial para creer tan fácilmente. Lo que estaba claro era que esa
tal Emma no estaba dispuesta a creer, pero los otros dos sí, y eso
era importante. Pese a lo que decía Killian, se notaba mucho que
pensaba lo contrario.
Entonces se metieron en un callejón. “Seguramente
estarán tomando algún atajo” pensó. Dudó un momento pero al
final entró también en el callejón.
Estaba oscuro, pero en seguida se dio cuenta de que se
habían escondido. Entonces, la mujer apareció detrás de ella y la
golpeó. Verónica, siguiendo un reflejo, la agarró por detrás y
dio una vuelta, haciendo que Emma cayera al suelo, pero ella se
levantó y le retorció la mano para inmovilizarla. Entonces empezó
a hablar:
Verónica miró a los ojos al hombre, que se había
situado detrás de ella sin meterse en la pelea. “Tranquila, Emma”
pensó.
“No hay de
qué preocuparse. Es una amiga mía”.
Emma miró a
Killian.
“Sí, la
conozco de Boston. Hace algunos años de eso”.
Emma miró a
Verónica, luego a Killian, y otra vez a Verónica.
Hook estaba hecho un lío. Henry le había explicado
todo lo que debía decirle a Emma para que le creyera, pero era
demasiada información. Cuando por fin dejó caer el tema, lo soltó
todo de golpe, sin saber lo que le decía. Entonces, así sin más,
le había conducido a un callejón oscuro y se habían escondido en
un portal. Unos segundos después, descubrió la razón. Alguien los
seguía. Era una chica, de unos dieciocho años. Tenía el pelo negro
y liso, peinado de manera que le tapaba casi toda la cara. Vestía un
vestido muy corto granate, una cazadora de cuero negro, pantalones
también de cuero negro y botas negras. Bajo la manga de la cazadora
se podía ver parte de un tatuaje. Llevaba a la espalda una mochila
negra con parches de colores. Ya desde lejos daba una sensación
rara, como si intentara aparentar algo para confundir. En cuanto la
chica se adentró lo suficiente, Emma la golpeó desde atrás. Tras
un forcejeo, Emma consiguió inmovilizarla y la empezó a interrogar.
Entonces, ocurrió algo muy extraño. Ella le miró a los ojos, y
según se miraban, sintió como si alguien se apropiara de su mente y
la controlara. Entonces empezó a hablar. Esa chica le obligó a
decirle a Emma que la conocía y que no había problema. Desde luego,
la niña sabía apañarse solita. Emma, ya más tranquila, empezó a
interrogarla otra vez, y ella les dijo su nombre y su edad. Se
llamaba Verónica. Y, al parecer, estaba buscando a su familia. Lo
que estaba claro era que con esa respuesta se había ganado a Emma,
porque no dudó en invitarla a casa. Así que se fue con ellos.
Una vez entraron en casa, Verónica le dijo a Hook que
quería hablar con él a solas. Al verla más de cerca, se fijó en
que tenía los labios y los párpados pintados de negro. Con esas
pintas, parecía más muerta que viva, excepto por sus ojos, uno
marrón y el otro azul.
Una vez solos, él empezó a hablar.
Eso a Hook le sorprendió. Una chica que decía venir de
FairyTale… Podía ser mentira, tenía que asegurarse.
Verónica, sin
cambiar su expresión, le dijo:
Hook empezó a desdoblarla, preguntándose qué sería.
Cuando vio lo que había en la hoja, se quedó helado. Era un retrato
de Regina. No podía saber si decía la verdad, pero si provenía de
FairyTale, era mejor tenerla de su parte. Podría ayudarle.
A ver qué
pasaba ahora. Esa chica no le estaba cayendo muy bien que se dijera…
Él intuía lo
que Verónica iba a pedirle. Y no era poca cosa.
Tenía razón. Verónica necesitaba informarse y él era
el único que podía ayudarla con eso. Al menos había preguntado
antes.
Verónica se quedó callada.
Vaya con la
chiquilla. Y lo peor era que tenía razón. Tendría que ceder.
Durante la siguiente media hora Hook le contó a
Verónica toda la historia de la Maldición, de Regina, de Cora, de
Baelfire, de Rumpel, de Neverland y por último, de cómo al volver a
FairyTale se habían enterado de que la Wicked Witch había ocupado
el castillo de Regina e iba conquistando poco a poco todo el reino y
que era demasiado poderosa incluso para Regina.
Cuando terminó, Verónica estaba perpleja.
Al fin se había ido. Bueno, Veca le había dejado claro
que todo lo que hacía era para su propio fin, pero seguía sin
gustarle un pelo. Había algo en ella que le era familiar, una
especie de halo oscuro que la envolvía y que ya había visto en otra
persona… Ojalá pudiera acordarse.
Henry había fingido estar enfermo para poder quedarse
en casa leyendo el libro y planeando el siguiente paso de la
Operación Swan.
Sabía que antes de mediodía su madre tenía que irse,
y además, tenía la reunión con su maestra, así que tenía tiempo
de sobra. Cuando oyó la puerta abrirse, le pilló por sorpresa, la
reunión había durado menos de lo que pensaba. Desde la cama pudo
ver que una chica a la que no conocía había entrado con ellos.
“Vaya” pensó “Han contratado a una niñera”. Ahora no iba a
poder hacer nada. Henry vio cómo la chica entraba con Hook en la
habitación de invitados y cómo su madre iba hacia él. Seguramente
no le había gustado lo que le había dicho la profesora. Se hizo el
dormido.
Emma cerró la puerta. Henry se tapó con las sábanas.
El día no le iba a salir tan bien como esperaba.
Emma abrió su armario, en busca de su uniforme. Seguía
dándole vueltas a lo de Verónica. Más sucesos extraños. A Henry
eso le encantaría, pero para ella era preferible la rutina. Sabía
perfectamente lo que iba a pasar. Iría al trabajo, le tocaría hacer
ronda, volvería a las siete y Henry ya estaría mejor y habría
hecho los deberes.
Una vez estuvo lista, vio salir a Verónica de la
habitación de invitados. Llevaba un buen rato hablando con Killian.
Se preguntaba de qué se conocerían. Bueno, tenía que decirle lo de
Henry.
Verónica se quitó el colgante y se lo dio. Era un ojo
inscrito en un triángulo. Era de plata, y el iris del ojo era un
zafiro. Parecía bastante sencillo, seguramente de una tienda de
artículos ocultistas. Cuando se lo devolvió, Verónica se quedó
mirándola a los ojos. Tras unos segundos, bajó la mirada y se puso
el colgante.
Según salía por la puerta, Emma se preguntaba si
habría hecho bien al dejar que se quedara. En pocos días había
invitado a dos completos desconocidos a su casa, aunque con ella era
distinto. No entendía por qué, la verdad. Era la clase de chica de
la que la gente se aparta en el metro. Con toda la cara maquillada y
el flequillo tapándole los ojos, era imposible saber quién era. Y
su comportamiento era tan extraño, transmitía una extraña
sensación de tranquilidad, como si intentara que los demás no
supieran sus intenciones. En definitiva, que ninguna persona normal
le dejaría entrar en su casa. Sin embargo, había algo en ella que
le recordaba a sí misma a su edad. Solo que Veca no había dejado de
buscar a su familia.
Una vez Emma se fue, Verónica se dio la vuelta y cerró
los puños con rabia. Devolverle la memoria a una persona era, hasta
cierto punto, sencillo. Pero Emma era distinta. Y eso no era bueno.
*No lo olvides, cada sábado, ¡dos nuevos capítulos!
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La casa de Emma parece la Pensión Loli xD. Y me huelo que Veca (ay mi beca, a ver si me la pagan ya!!!!) es hija de ¿Regina? No no creo, me tiene intrigado quien será.
ResponderEliminarCuando he leído que Hook estaba en la ducha no he podido evitar acordarme de la escena de "Encantada" en la que Giselle está duchándose y entra el otro chico xD.
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ResponderEliminarPeter, he de decir que ni se me había ocurrido lo de Giselle. En cuento a lo del apodo este que le puse a la chica, es que a todas las chicas que conozco que se llaman Verónica, las llaman Vera, y no me apetecía ponerle Vera porque quería destacarla un poco, que este personaje es muy importante y no me apetecía que fuera tan "del montón".
ResponderEliminarLa verdad es que estaba un poco en ascuas con todo esto de inventarme un personaje nuevo, porque no sabía que les parecería a los que siguen mi fic, pero bueno, después de que te inventaras a Rufio en el tuyo ya iba un poco más tranquila.
Pues nada, que espero que los siguientes también te gusten.
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