Aquí llegan dos nuevos capítulos de "Un nuevo comienzo", el quinto titulado "Recuerdos Reprimidos" y el sexto, "Operación Swan en marcha". ¡Disfrutadlos!
Capítulo 5 – Recuerdos reprimidos
Verónica fue a hablar con Hook. Tenía malas noticias.
Mientras hablaba con Emma, había sondeado un poco su
mente, sólo para saber cómo era la maldición. Y lo que había
sentido no era bueno.
Al parecer, Henry no
estaba tan enfermo.
Verónica
sonrió. Henry lo tenía muy claro.
Se
pusieron uno enfrente del otro y se miraron a los ojos. Entonces Veca
se introdujo en la mente de Henry.
En
condiciones normales, a Veca se le habría cortado la respiración.
La mente del chico estaba abierta a cualquier tipo de idea o
pensamiento, y eso hacía que fuera increíblemente rica en ideas,
recuerdos… Era impresionante.
Enseguida
localizó la barrera mágica que ocultaba los recuerdos de Henry
sobre Storybrook. El hechizo era poderoso, pero no parecía difícil
deshacerlo. Era como una jaula con una enorme cerradura, llena de
candados y mecanismos que impedían que se abriera. No tardó mucho
en empezar a abrir esos “candados”. Pensaba que sería más
complicado, pero apenas había empezado, la barrera empezó a
derrumbarse. Había tantos recuerdos ocultos por ese hechizo que
luchaban para escapar de esa “jaula”, que un simple movimiento
por su parte había bastado para que esos recuerdos pudieran escapar
por sí solos. Sonriendo para sus adentros, Verónica se retiró de
su mente.
Cuando
por fin su mente volvió a su cuerpo, vio que Henry se había
desmayado. No era la primera vez que le devolvía a alguien la
memoria, pero sí la primera que rompía un hechizo tan poderoso.
Esperaba que se despertara enseguida.
Cuando
Henry aceptó que Veca se introdujera en su cabeza, no esperaba una
sensación tan extraña. Había sentido su conciencia dentro de su
mente, cómo avanzaba entre sus recuerdos, cómo evaluaba cada rincón
de su mente. Entonces, había parado. Poco después de que parara,
había sentido cómo, uno a uno, empezaban a volver sus recuerdos,
hasta que su mente se convirtió en un barullo de imágenes. Lo
siguiente era que había perdido el conocimiento.
Ahora
se encontraba tumbado en su cama, al parecer lo habían acostado. La
puerta estaba cerrada, pero aún así, podía oír la conversación
que estaba teniendo lugar en el salón.
Hala.
Ya estaban otra vez.
Henry
se dio por vencido y se fue a su habitación. Cuando se cansaran de
discutir se encargaría de que no empezaran otra vez. Mientras tanto,
él iba a planificar la siguiente fase de la Operación Swan.
Capítulo
6 – Operación Swan en marcha
Emma miró su reloj. Las siete en punto. Ya podía irse
a casa. “Uff, qué alivio” pensó. Como suponía, le había
tocado hacer ronda, pero lo que no esperaba era que le tocara con el
imbécil de turno. Nunca había deseado tanto acabar su ronda. Así
que aparcó el coche patrulla, y sin esperar a que su compañero se
despidiera, se metió en su escarabajo y tomó rumbo a su casa.
Nada más entrar en casa, vio a Henry leyendo en la mesa
del comedor. Era el libro de Killian. Por lo visto, estaba mucho
mejor.
Se acercó a Henry.
Henry pegó un brinco y la miró. Seguramente ni se
había enterado de su llegada.
Emma estaba segura de que todo ocurriría tal y como le
había dicho Killian. En el fondo, sentía que le estaba mintiendo,
pero lo que decía tenía tanta lógica que se obligó a sí misma a
creérselo, aunque no terminaba de confiar en él. Todavía no había
olvidado lo del beso, ni todo lo que le había contado sobre
FairyTale, ni todas sus rarezas. Seguía pensando que estaba medio
loco, aunque no todo el tiempo.
Hook no sabía cuánto tiempo había pasado, seguramente
una hora o dos. Ya le daba igual. Estaba sentado en la cama, con la
luz apagada. Seguía pensando en lo que le había dicho Verónica.
Habían estado horas discutiendo, hasta tal punto que ya no
recordaban por qué habían empezado. Entonces ella lo había dicho.
“Da igual que ella te amara” le había gritado “Puede que nunca
recupere la memoria, y para ella tú eres solamente un loco que se
presentó en su casa delirando sobre FairyTale que dice conocer al
padre de su hijo. Nunca te amará. Nunca”. Eso le había dolido y
ella lo sabía. Había visto en sus ojos cómo disfrutaba con su
reacción, cómo se deleitaba al ver su victoria. Esa chiquilla era
una psicópata.
Oyó que alguien llamaba a la puerta. Miró la hora. Las
siete y cuarto. “Cómo no” pensó “Ya ha vuelto Emma”.
Pero, en vez de Emma, fue Henry quien entró, a la vez
que encendía la luz. No llegaba a comprender eso que Henry llamaba
“electricidad”.
Henry se dio la
vuelta para salir, pero se giró al llegar a la puerta.
Unos minutos después, Emma dijo que ya estaba lista y
salieron de casa. Se montaron en el coche y fueron a Central Park,
donde se suponía que estaba Verónica. La señorita había decidido
ir a visitar algo que llamaban la Estatua de la Libertad. Le daba
igual. No se creía capaz de estar con ella mucho tiempo, pero iba a
tener que aguantarse.
Tardaron un buen rato en encontrarla. Emma ya se iba a
dar por vencida cuando la vieron sentada en un banco. Estaba
pintando. Ni siquiera se había dado cuenta de su presencia. Emma se
adelantó:
A saber qué le quería decir ahora. Debería haberse
quedado en casa.
Una vez se
alejaron, Veca se volvió a dirigir a él.
Veca suspiró.
Verónica soltó una carcajada. Varias personas se
giraron para mirarlos. Hook no se rió. No entendía la gracia. Al
verlo, Veca se serenó y se lo explicó.
Silencio incómodo.
A Henry le parecía haber vuelto a Storybrook, dos años
antes, cuando intentaba que Emma rompiera la maldición. Entonces no
se había dado cuenta de que ella no creía nada de lo que le decía.
Cenaban juntos, mientras él le contaba alguna de las historias de su
libro. Ella tenía todo el tiempo la misma expresión. Y ahora, dos
años después, habiendo perdido la memoria, volvía a tenerla.
Quitando ese y otros detalles, hacía mucho que no se lo pasaba tan
bien. Habían ido a su pizzería preferida, habían pedido dos
pizzas, y casi se atraganta de la risa al ver a Hook intentando coger
un trozo. Al parecer, Veca le había explicado de qué iba la cosa,
pero seguía sin entender cómo se comía la pizza. Y no ayudaba
mucho que le faltara una mano. Entre él y Verónica le habían
explicado cómo debía cogerla aprovechando que Emma se había ido al
baño. La escena había sido ridícula.
Le había contado a su madre todo lo que le parecía
importante y que debía saber. Ella le había escuchado en todo
momento, y cuando había terminado le había dicho:
Sabía que no lo decía en serio, que era todo mentira,
pero, aún así, se sintió mejor que nunca.
Al día siguiente, empezaron a planificar la búsqueda.
Suponían que habría alguien en la ciudad que tuviera una habichuela
mágica.
*No lo olvides, cada sábado, ¡dos nuevos capítulos!
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