martes, 17 de abril de 2018

Fan Fic: Cinderella's Untold Story


Nuestro seguidor Peter Pan continúa con su serie de fics canónicos, esta vez podremos descubrir la historia no contada de la Cenicienta a la que dio vida Jessy Schram.

ANTERIORMENTE, EN ÉRASE UNA VEZ...
EMMA
¿... que una reina malvada envió aquí a personajes de cuentos de hadas?
HENRY
No recuerdan quiénes son.
LA REINA MALVADA
Todo cuanto amáis, cuanto todos vosotros amáis, os será arrebatado.
EMMA
Henry, tenías razón en lo del maleficio; debí creerte.
BESA A HENRY.
LA NUBE DE MAGIA INUNDA STORYBROOKE.
GOLD
Baelfire es un hombre... Sólo tenía un anhelo; aguardar a que se rompiera el hechizo, para poder partir en su busca.
BELLA
Pero en lugar de ir en su busca, tú trajiste la magia.
GOLD
Ahora sé que jamás podré irme de aquí.
BELLA
Porque quienes se van olvidan a sus seres amados…
GOLD
La magia comporta un precio.
RITA DA LA LLAVE A FRANCES.
FRANCES
No le importo a nadie y, cuando para a esta criatura, importaré aún menos.
ASH
Yo hace mucho que no tengo que hablar con nadie… Nunca me doy cuenta de cómo lo echo de menos hasta que alguien me habla…
RITA SE PONE DE PARTO
LADY IRIA
Ya conoces el problema de mi hija.
LAURA
Sí, señora.
GEORGE
Recibí un anónimo… léelo tú mismo.
LA CARTA QUEDA EN EL SUELO.
LADY IRIA TIENDE EL BEBÉ A ASH ANTE UN IRACUNDO GEORGE.
LADY IRIA
Aquí tienes a tu hija, querido. Una hembra.
ASH
Ella.
RITA MUERE EN EL BOSQUE, BAJO LA LLUVIA, CON EL OTRO BEBÉ EN BRAZOS.

 Different Seasons

Sobre las aguas del cielo, en el baño de estrellas, sonreía complacida el hada Negra.
          En sus manos, una niña. Su única niña. Su nueva ella.
          Arrancada de su hermana, ya no oiría los mugidos de la dehesa,
          olería la despensa ni jugaría con las teteras.
          No hablaría a los ratones pardos, ladrones de avena.
          La niña cambiada, de sino truncado, crecía con un hada de la mano, bajo la noche eterna con la pena en las venas.
          Fiona empezó a encoger cuando recorrió el parque abandonado y su fulgor violáceo alertó a las barracudas del lago, que no saltaron a por ella. Allí, en el corazón de las tinieblas, en una isla defendida por olmos, se hendían las minas del hada Negra.
19 Años Después
―¡LA MALDICIÓN YA ESTÁ AQUÍ!
          Gruñón y sus hermanos hicieron tañer las seis campanas de Elsinor. ¿Dónde estaba Sabio? Si ya sabía él que se iba a torcer el día, si ya lo sabía él…
          Echó mano de la petaca y se la terminó.
          ―¡Venga, reina malvada, ven a por nosotros! ―gritó, sin nada que perder, a la nube maldita que los abrazaba.
Al otro lado del Bosque Encantado, en los dominios de la princesa Ella, la fatal penitencia de Regina seguía sin llegar, pero era cuestión de minutos.
          La muchacha había querido descansar, tener un poco de sol, pero el astro rey no alumbraba ese día. El Hechizo Oscuro no le dejaba. Ella, pese a ello, quiso quedarse sentada en el balcón de su torre, bien arropada, con los ojos cerrados, pero la nariz y el ceño arrugados. Algo la molestaba, le olía a chamusquina. Luego se relajaba, pero sus comisuras caían tristes.
          No era la misma desde lo de Thomas. Iba de la rabia a la impotencia y la tristeza. Muchos decían que era la viva imagen de su padre y ella empezaba a creerlo también; estaba ojeriza, cenicienta y siempre en guardia, siempre nerviosa.
          Menos ese día.
          ―¿Podemos hablar un momento?
          Su suegro siempre quería hablar.
          Ella, sin mediar palabra, se levantó. Cuando la manta cayó, revelando su preñez, la recogió.
          ―Deja que te ayude.
          Igual que se prendió del brazo que le ofreció Micheal, se soltó. No le daban las fuerzas para ser cumplida. Su mirada cansada al dejarse caer en el diván invitaba también al rey a ser breve.
          ―Llevas un vestido muy bonito ―le dijo él, sonriendo y asintiendo―. Tienes mejor gusto que muchas de las nobles de la corte.
          Ella ni se inmutó. El vestido era uno de tantos; un traje sastre abotonado y fucsia con solapas de encaje blanco.
          ―¿Alguna vez habéis sido desleal a alguien? ―O hablaba ella o eso no acabaría. Su voz fue poco más que un susurro.
          ―Depende de a quién preguntes ―contestó el rey, perdiendo la sonrisa exagerada que tenía ante una tímida, íntima―. Un rey debe oír a todas las partes y regir con justicia.
          ―¿Con la del corazón?
          El rey bajó la cabeza.
          ―Cuando conocí a tu madre, hace ya mucho, se me plantearon estas preguntas.
          Ella asintió.
          ―Cuando ella adulaba en la Atalaya del rey Hubert.
          ―Se parecía mucho a ti ―dijo el rey, volviendo a su armadura de sonrisa―. Mas, sí, me planteé todo eso… Eran otro tiempos, yo un príncipe. No había guerras ni reinas malvadas que nos buscasen la ruina.
          ―¿Y qué hicisteis que fuera desleal allí?
          ―No lo fui… no lo creo. ―Se encogió de hombros. Los ojos se le habían abierto mucho y eran muy redondos; dos ventanucos al pasado―. Me encapriché de una muchacha, mas fue poca cosa, y luego tuve mis diferencias con Hubert. Gracias a la epidemia esa de la que te contarían, volví aquí.
          ―El mal de los ojos ―musitó Ella, evocando a su padre, que conocía todas las dolencias―. Vos sois un buen hombre, Majestad.
          ―Siempre me lo dices y siempre es por lo mismo ―le dijo él, tomándola de las manos―. Te repito que no tienes la culpa de lo que ha pasado con Thomas.
          ―Sí la tengo. Tengo la culpa de todo lo que ha pasado; yo acepté el trato del Ser Oscuro como una estúpida; recurrí a la magia dos veces y por dos veces estoy maldita.
          ―No lo estamos ―susurró él también―. Tenemos algo que el Oscuro no tiene.
          ―¿Esperanza? ―Y Ella rio sin saber por qué. Tenía que escribir a Blanca, pues no se atrevía a viajar estando ya cumplida. La niña no llegaba… cosa de familia, quizás.
          Micheal la miró con una mueca de congoja que a la joven no gustaba nada.
          ―Después de mis errores de juventud, yo también recurrí a la magia. En la guerra, recurrí a la magia. Durante mucho tiempo, estuve cegado por la venganza…
          ―Conozco vuestra vida, Majestad… ―Ella miró a otro lado. No podía ocultar cuánto recelaba de muchas de las cuitas de ese hombre.
          ―Ahora vosotros y lo que venga sois lo más importante.
          Hizo que un criado le acercase una cajita que guardaba una joya de plata, un broche; dos hadas que sujetaban una estrella.
          Ella se sorbió la nariz. Estaba al borde de sí.
          ―¿Qué es eso?
          ―Esto… esto simboliza la magia luminosa que nuestros enemigos no tienen… la he hecho para ti, por ti.
          ―Con mi marca de nacimiento.
          Dejó que el buen hombre se la pusiera en el pecho, pero la princesa no era capaz de sonreír.
          Y menos que lo sería tras ver por el ventanal que la maldición se les caía encima.
«No importa dónde estés ni en qué reino te halles. Te garantizo que me llevaré a tu bebé».
Micheal corrió a cerrar la ventana, como si eso fuera a servir de algo…
Ella se aferró al broche y pensó en Thomas.
Thomas, que seguía gritando en la cámara del sueño del castillo de Rumpelstiltskin, desgañitándose junto al joven muerto de ojos abiertos y pecho palpitante, Roxas.
Pero eso nadie lo sabía.
«Estoy preparada para recibir tu maldición», pensó Ella. «La recibiré como lo que siempre he sido y, como lo que siempre he sido, la derrotaré».
Los cristales y la torre entera estallaron, pero no sintió nada. La nube maldita la nubló toda… llevándose hasta la más ínfima de su cadena de memorias…
Storybrooke
1983
Y al abrir los ojos estaba en una cama que chirriaba a cada movimiento, en un cuarto la mar de sucio que olía a cerrado, con ropa tirada aquí y allí y tan enano que parecía un nicho.
          Ashley Boyd, algo distraída, se levantó, costándole por el barrigón que traía, y se fue a duchar… Estaba intentando hacer memoria, porque no conseguía recordar algo importante…
          ¡EL DESAYUNO!
          ¡Si tenía que preparar toda la mesa antes de que Kerry, Lila y Mary se levantasen!
          Salió de la placa de ducha a medio lavar… Su madrastra (o su jefa, como quería que la tomase) siempre madrugaba y aparecía para el desayuno ya arreglada para ir a la fábrica.
          Si su padre levantase la cabeza… No. Ashley cabeceó. Si su padre estuviera allí, ella misma lo habría matado con todo lo que había hecho. Era un desastre y una vergüenza…
          Mesa: mantel, cubiertos… ¿dónde iba la cuchara? ¿Con el cuchillo o con el tenedor? ¿Y la servilleta?
          Fue todo lo rápido que pudo a la panadería de la esquina a por croissants de chocolate, puso el café y sirvió zumos y tostadas. Cuánta ceremonia para un desayuno, pero ella veía, oía y callaba.
          ―Y que nada cambie… ―dijo la señora, suspirando de cansancio y pasándole el vaso de zumo de dieta y muchas tonterías más―. ¿Cómo se sirven las bebidas, Ashley?
          ―Frías, señora. ―Apretó el vaso―. Perdón. Han sido las prisas…
          ―Y que no sé en qué piensas… ―Y lanzó la mujer una mirada de interés al vientre―. Boyd tenías que ser… Qué cielo me estoy ganando con vosotros… Habiéndote acogido después de aquello en mi casa, ya podrías estar más viva.
          ―Le estoy muy agradecida.
          ―Para colmo no ibas a estarlo.
          ―Espero que lleguen pronto las contracciones… ―Ashley quiso así despertar algo de cariño, aunque fuera compasivo, en su madrastra. Pero a la vejez, viruelas.
          ―Con lo que era tu familia… pero no te alteres en tu estado, eh, niña. Porque sigues embarazada, ¿no?
          ―¿Perdón? ―Ashley no entendía.
          ―Tú llevas toda la vida pidiendo perdón… ―rio Kerry―. Por el pueblo se habla de que el embarazo se te ha malogrado y lo normal es que una abuela se preocupe por su nieto.
          ―Y-yo creo que mi hijo está bien.
          ―Pero cualquier preñada de nueve meses está más viva que tú… o quizás se me ha olvidado… Pero, sea como sea… ―Y ahora, Kerry sonrió―… la naturaleza es sabia y cuando muere una criatura por algo será. Siempre sería mejor que lo llevases muerto, que es lo que parece, a que paras un niño deforme o retrasado.
          ―¿Perdón? ―Ashley iba a tragar.
          ―Puede que no, claro… ―dijo la señora, haciéndose la pensadora―. Pero no vas a cargar ahora con algo que no tiene sitio en este mundo del Señor. Bueno, ya veremos, lo que sea, será; quizás tu talento es cuidar disminuidos… pues sí que estamos apañados.
          ―Voy a por más zumo, señora.
          Ella le contestó con una risita. Le divirtió también verla salir a escape, para que no la viesen llorar. Cuando se cruzó con Lila, esta ni la saludó. Era su turno de carantoñas con su madre…
          ―Ay, mamá, ¿qué te hace tanta gracia ahora? ―Pero ella rio también―. ¿Qué ha hecho Ashley?
          ―Cosas simples.
          ―¿Como yo?
          Se sentó a su lado y cogió un par de croissants.
          ―Tú eres más lista que el hambre. Nada de simpleza.
          ―Porque he salido a ti.
          Y con la boca toda dulzona, dio un beso en la mejilla a su madre.
          ―¿El peloteo es porque quieres dinero?
          ―Sí, para cuando salga al cerrar la tienda.
          ―Hoy tenemos fiesta.
          ―Y cómo te va a caer el vestido nuevo, mamá ―le dijo, sonriéndole―. Eso sí, creo que viene el pesado de Barbara, ¿no?
          ―A propósito de Barbara… ¿dónde está tu hermana?
          Con el croissant pendiente, Lila se quedó en babia pensando en ello… ¿Dónde estaba Mary?
Mary corría y paseaba veloz… y a ratos y, a ratos también, con muchos resoplidos, se preguntaba cómo se había metido ahí.
          Tenía que llegar antes que Jack a la pensión o…
          ―¿Mary, qué haces aquí? ¿Vienes a ver a Jill?
          Demasiado tarde. Y justo cuando tenía «La Abuelita» delante.
          ―No… no… es que…
          ―Si eso no es una cara de sorpresa, Mary, que venga Dios y lo vea ―rio Jack… el patán.
          Justo entonces, la abuelita salió a barrer la entrada. No parecía de humor, pero Jack fue a preguntarle y Mary vio su oportunidad.
          Con tacones, falda y abrigo e intentando que el cardado no enloqueciera, la hermanastra malvada hizo el canguro a la manzana, entró a la pensión por la cafetería, tiró el cartel de la entrada al tropezar, pasó de la alcaldesa e ignoró las miradas y las preguntas de Ruby…
          En una de las habitaciones, la que daba al bosque, Jill y el cerdo del capataz se refregaban, claro… Después de una discusión conyugal siempre venía bien un poco de amor en fuga.
          Y Mary corría escaleras arriba mientras Jack miraba tan tranquilo el libro de registros…
          ―¡Abrid ya! ―La puerta era un tambor para Mary.
          Al abrirle Cecil, Mary se precipitó sobre él y lo arrastró hasta la cama.
          ―¡¿Pero qué pasa?! ―dijo Jill, cubriéndose.
          ―¡Corre, coge tus cosas!
          ―¿Qué pasa? ―quiso saber Cecil también.
          ―¡Lo peor!
          Mary empezó a coger la ropa de Cecil.
          ―¡Mary, habla!
          Mary cogió a Cecil, primero del pelo, luego de la oreja y luego del brazo.
          ―¡Que está aquí Jack!
          Y eso al capataz le bastó para correr en calzoncillos sucios tras la secretaria, que llevaba su ropa…
          Justo al tiempo en el que Jack subía para arreglar las cosas con su mujer tras la discusión de anoche.
          Qué cansados eran todos los días de Mary Bloch…
          ―Secretaria, secretaria, la que escucha, escribe y calla.
Siempre que Elijah Mae volvía de la escuela, su abuela lo esperaba en la puerta de casa para echarle en cara lo sucio que estaba.
          ―Fui a jugar… f-fui a jugar a la entrada de la mina…
          Miraba a Luke en busca de ayuda, pero este se quedaba callado.
          ―Desnúdate ―decía su abuela, subida en el escalón de la doble altura, mirándolo con una dureza que parecía gozar ante la impotencia de los demás.
          Y el pequeño Elijah siempre se quedaba mudo y sin moverse.
          ―¡Que te desnudes! ―Y le tiraba de la oreja.
          Y él se iba quitando todo el uniforme pieza por pieza, polo incluido, hasta quedar en calzoncillos y camiseta interior.
          Allí lo dejaba, con las manos sobre sus vergüenzas, esperando a que su padre llegase.
Los niños Mae no eran los únicos que lo pasaban mal.
          Cada día, Kathryn y Argus tenían el mismo encontronazo en la cafetería.
          Primero, ella le preguntaba si recordaba algo de la última vez que vio a David antes de dejarla. Él le decía que no, que nada fuera de lo normal.
          ―Todo el que se junta contigo termina por desaparecer ―decía Kathryn con el corazón destrozado―. David y, antes, tu hermano…
          Se tapaba la boca para no decir ninguna barbaridad…
          ―Mi hermano era la única persona que jamás hablaba mal de nadie ―le echaba Christie en cara a Kathryn―. Si eres como eres es porque te mata la culpa y quieres que lo haga conmigo también, por David, por él. Siempre me he preguntado por qué justo él… cuando podrías haber muerto tú. Pero, claro, el mundo no es justo y lo gracioso es que… ―Argus siempre reía aquí―… que, si no hubiera sido por ti, nada habría pasado. ¿O quieres que le preguntemos a Ruby?
          ―Éramos jóvenes y cometimos errores.
          ―¡Y nunca me pedisteis perdón! ―susurraba el profesor fuera de sí.
          ―¿Y eso es lo que te importa? ¿El perdón? ―Kathryn no lo podía creer―. ¿Así te ves? ¿El pobre e inocente Argus? Eres tan falso que me dan ganas de vomitar...
Toda historia tenía su fin en la gran historia que sólo acababa con la muerte.
          La reina malvada sólo podía triunfar si no había historia alguna, protagonistas, héroes ni malvados.
          Sólo una constante que se repetía: la función de Storybrooke.
          ¿Qué empujó a una poderosa ganadera de caballos a liderar la campaña de acoso contra la textil de Kerry Boyd?
          ¿A qué acuerdos llegó con los otros concejales del ayuntamiento? ¿Qué pasaba en esas reuniones bajo la mesa?
          ¿Qué tenía que ver en todo eso el capataz de la fábrica? ¿Qué escondía en los terrenos bajo las órdenes del concejal DuChamp?
          ¿Por qué Fisher no podía hacer nada contra ellos y Regina nunca contestaba sus llamadas? ¿Sería por esos secretos que Fisher hijo odiaba a su padre? ¿Tenía la conservera de DuChamp algo que ver? ¿Esa pescadera que sólo encontraba consuelo en los brazos del hechizado Smee, sabía algo y por eso la sumisión a su jefe?
          ¿A dónde iba todo el dinero que se movía en esa red de sobornos, compadreos, desfalcos y fraudes? ¿A las manos de oro del director del Midas Bank? ¿A la repleta caja fuerte de los Bloch?
          ¿Por qué a Ashley nunca le llegaban las contracciones?
          ¿Por qué Sean seguía sin perdonarle su engaño?
          ¿Por qué Ruby no se enderezaba?
          ¿Por qué Alva Crane no conseguía ahorrar para la universidad?
          ¿Por qué el John Doe no mejoraba?
          ¿Por qué, pese a todo, Regina Mills seguía siendo alcaldesa y se paseaba por el pueblo como el ama y señora de todo?
          Bienvenidos a Storybrooke.
Los hermanos Zimmer, que estaban pescando cerca del Puente de los Troles, no miraron hacia arriba cuando la avioneta pasó por encima de ellos, pero Sean Herman sí lo hizo. Estaba una manzana más abajo, en la calle principal, y vio la avioneta y agachó la cabeza enseguida: la reluciente luz del sol que se filtraba entre los árboles le atravesó los ojos con un relámpago de agonía. Otro dolor de cabeza. Los padecía muy a menudo. A veces la medicación podía con ellos. Otras, sobre todo en los últimos tres o cuatro meses, no lo conseguía. Migrañas, decía el doctor Whale. Lo único que sabía Sean era que le dolía como si se acabara el mundo y que la luz intensa lo empeoraba, sobre todo cuando la migraña estaba incubándose. A veces pensaba en las hormigas que Peter y él habían achicharrado cuando eran niños. Cogían una lupa y enfocaban los rayos de sol sobre ellas mientras entraban y salían del hormiguero. El resultado era un estofado de hormigas. La diferencia era que ahora, cuando empezaba a incubar uno de sus dolores de cabeza, su cerebro era el hormiguero y sus ojos se convertían en dos lupas.
          ―¡Alva, eh, Alva!
          Crane se sobresaltó. No guardaba buenos recuerdos del instituto y cuando oía que lo llamaban se temía una paliza, como aquel día, en octavo, que le rompieron el brazo en la cancha de baloncesto…
          ―Hola, Sean. ―Pero con Sean era distinto. Sean era su Dios.
          En el instituto, Sean Herman era la apoteosis, casi hasta el ridículo. Era capitán de los equipos de rugby y béisbol, presidente del curso júnior y del consejo estudiantil durante el año anterior… por no hablar de su metro ochenta y ocho, sus noventa kilos bien provistos de músculos y su rostro libre de acné con un buen par de lucientes ojos verdes. Y lo mejor de todo era que nada de eso se le había subido a la cabeza. Sean era un buen chico y siempre se portó bien con Crane. Eran una adaptación vulgar del príncipe y el mendigo.
          ―¿Qué llevas en ese maletín? ―preguntó el príncipe al mendigo.
          ―Papeles del ayuntamiento ―sonrió el mendigo al príncipe―. Te aburrirías hablando de ellos. Cosas de los concejales…
          Alva se dio cuenta de que estaban parados frente a la tienda de Lila Bloch.
          ―¿Quieres ver a Ashley?
          Sean se encogió de hombros.
          ―No puedo creer que me engañara como lo hizo.
          ―Ashley iba a por tu dinero. Se quedó embarazada para cazarte.
          Sean asintió, suspiró y se sentó en el poyete del escaparate.
          ―Si quieres… esta noche he quedado con un amigo… ―Y queriendo hacer una confidencia, para ver si lo animaba, Alva se acercó a Sean―. Espero que la alcaldesa no se entere, que siempre se mete en mis cosas… Pero, por si te quieres pasar… Iremos a lo del conejo.
          ―¿Te siguen pidiendo el carnet al entrar? ―rio Sean, aún triste.
          Quedaron en verse para ver si se relajaban, que parecía que el secretario cargaba lo suyo también. Lo que Sean no sabía era que Ashley iba también a su casa para suplicarle, un día más, que volviera con ella. La siempre arrastrada Ashley, que creía que podía manipular a todos con sus lágrimas… Si hubiera escuchado a su padre antes…
          ―Por favor, vete.
          Desde que la dejó, siempre iba como alma en pena, victimista, con los ojos como platos cada vez que lo veía.
          ―¿Estás enferma?
          Ella, por toda respuesta, se aferró al vientre.
          ―¿Quieres hablar?
          ―¡Sé que no seré una buena madre! ―le dijo de pronto, con la voz rota y la cara hinchada―. Sé que no lo seré.
          ―Piénsalo bien…
          ―Ya lo he pensado… ―Y se dio la espalda, toda dramática―. Yo no sé qué es el amor de madre; no podré darle.
          ―Y a veces creo que mi padre tiene razón y no sabes nada de amor. Yo sí te quería, Ashley, no tenías que cazarme.
          Ella se volvió. Lloraba.
          ―Te tenía a ti. Nada me faltaba…
          ―Lo único que quieres es hacernos desgraciados a los demás.
          Esas palabras eran la condenación y el castigo de Ashley Boyd. Esas palabras, pronunciadas por su amor verdadero, eran el retorcido castigo del Hechizo Oscuro, que recordaban a Cenicienta cuánta desgracia había causado en el Bosque Encantado.
          ―Hay mentiras, Ashley, que no se pueden perdonar.
El Bosque Encantado
19 Años Atrás
Laura desabrochó los lazos del camisón de lady Frances, descubriendo a los presentes un seno pálido, aunque, como bien apuntó el rey George…
          ―¿Cómo va a tener esa seca una mísera gota de leche?
          Ash, aún embobado con su pequeña, cuyos lloros ya estaban calmados, dio el bebé a su esposa.
          ―Sanas ambas ―dijo lady Iria, que no pudo evitar un escalofrío al sonar de los truenos―. Los Tremaine siempre hemos gozado de buena salud.
          ―Sí ―dijo George, deseoso de borrarle esa sonrisa de la cara―. Está tal cual, como si no hubiese dado a luz. Y la niña no se agarra bien.
          Ella rechazaba el pecho de la madre, pues, como decía el rey, estaba más seco que el león de Nemea.
          ―Habrá que llamar a un ama de cría, como si no nos faltasen ya para el hospicio…
          George estaba por reconocer que la mujer era una actriz formidable cuando James saltó.
          ―¿Puedo coger a Ella? ―Tenía una vocecilla ampulosa que su padre tanto adoraba como odiaba―. ¿Puedo?
          George asintió, pues todos, y su hijo primero, lo miraron buscando aprobación. Pasada la formalidad, el niño tendió ambos brazos a Frances, que en ellos dejó al bebé. Le llamó la atención la bonita marca que la criatura tenía en el bajo vientre, una estrella.
          ―Hola ―dijo James con una sonrisa―. Hola… Di «puchero».
          Todos rieron ante tal ocurrencia.
          ―Venga, hijo, vámonos ―dijo George. Estaba harto de la farsa.
          ―¿Recuerdas cuando tú cogías a James así, primo? ―Ash lo miró, dentro de lo que podía mirar, con cariño sincero. Al rey le dio pena, pero siguió en sus trece.
          ―Eran otros tiempos.
          ―No tenéis que iros ―dijo Frances, recuperando al bebé―. Podéis quedaros.
          ―Ya tenéis de invitados a la de Lis y al hijo de Hubert. Además, me he presentado sin avisar para descubrir este sainete que tenéis armado… mas sea, si así sois felices…
          ―Esta niña es mía ―se defendió Frances, mirando con pavor a todos.
          ―Todos los niños son de alguien ―dijo George con una sonrisa cargada de malicia, poniendo punto final al asunto.
          Un silencio pesado cayó sobre todos, hasta que Ash decidió que lady Iria acompañase a George y James a la salida y Laura presentase a Ella a los huérfanos.
          ―Eres muy poco convincente en tus defensas ―dijo a su esposa en un deje de reproche―. Sé que Ella es hija de Rita.
          Frances no reaccionó. No la habían preparado para eso. Y Ash, que tenía la lengua suelta, por fin, iba a hablar.
          ―Está claro que tú no has sido madre. Me has engañado.
          Frances se levantó, temblando, pero ya no era teatro.
          ―Ash, cálmate. Tenemos una hija; es todo lo que importa.
          ―Yo confío en ti y tú me tratas de idiota ―dijo, cegado en un delirio―. ¿Por qué no me dijiste nada?
          ―Ash, estoy maldita, bien lo sabes… ¿o lo has querido olvidar todo este tiempo? ―A los temblores se unieron unos llantos. Lágrimas de cocodrilo―. ¿Qué puedo decir para que me perdones?
          ―¿Por qué? ¿Por qué has hecho esto?
          Silencio. Llanto.
          ―Si te falta valor para decirme la verdad… ha de ser horrible.
          A Frances se la llevaron los demonios.
          ―Eres un cínico.
          ―Esa niña va a ser sólo mía.
          ―No es de tu sangre… ―La mujer no sabía cómo encajar el golpe―. La vas a querer pese a todo… y yo también.
          ―Pero tú siempre has sabido que no era nada nuestro. Yo siempre he querido a Ella como si fuera mi verdadera hija y pienso seguir haciéndolo.
          ―¡Tú siempre has querido la fantasía de algo que viviese por ti! ―Y Frances rompió a llorar, destrozada―. ¡¿Y qué hay de mí?! Soy una mujer con la que han mercadeado en las cortes hasta acabar casándome contigo. ¡He tenido que prestarme a esto…!
          ―¡Debiste haberme dicho la verdad!
          ―¡¿Y cómo estar segura de que ibas a soportarla?! Porque ibas a suicidarte, ¿verdad? Esa niña es lo único que te ha mantenido cabal.
          ―¿Me querías a mí o al título, eh? ¿Eso es lo que querías, verdad? Ser la marquesa de Dustin.
          Ash, aunque destrozado también, tenía una dignidad fría mezclada con aires de Dios que estaban matando aún más a Frances.
          ―Cuando te quisiste matar fui yo la que lo impidió. ¡Me quedé a tu lado y te he ayudado a conseguir lo que tienes ahora!
          ―Lo que tengo ahora es una niña a la que pienso criar en el honor, la verdad y el respeto. Cosas que tú dudo que le puedas enseñar… mañana mismo te irás de aquí.
          Frances cabeceó nerviosa. No, no y no. No iba a irse de allí.
          ―He querido amarte… te he cuidado, he velado por ti…
          ―Todo por mi dinero. Todo porque eran órdenes de tu madre… ―Y la voz de Ash también se rompió. Estaba a punto de darle una de sus crisis.
          ―Llevo toda la vida sacrificándome… ―Frances fue hacia la ventana. La abrió y miró al patio de armas. Ni le valían los consejos de Rita, ni de Laura ni creía en sueño alguno más allá de las historias que prefería no contar―. No vas a repudiarme ahora y a dejarme en la calle.
          ―¡FRANCES, NO!
          Pero Frances saltó.
El Reino De La Oscuridad
1 Año Después
Fiona alzó una ennegrecida lámpara de aceite con tufo a veneno. Su sombra de pesadilla, con el pelo enredado en ramas, se adelantaba siempre a vigilar a los niños.
          ―¡DIJE QUE PUSIERAIS LA MÚSICA!
          Pese al grito histérico, mantuvo su paso firme y penitente, balanceándose y balanceando la luz. Aquella parte de la gruta estaba llena de jofainas oxidadas y mantas de más, para cuando hacían falta.
          ―Seguro que has sido tú, mi niñita, la única desobediente.
          Y se agachó. Su sombra era ahora como una araña, como la del broche que subía y bajaba en su pecho, que parecía a punto de explotar.
          ―¡VEN AQUÍ AHORA MISMO, CARIÑO!
          La celda de su niñita era la única con cortinas y cabecero de cama. La única con gramola, además.
          ―Sólo quiero verte, querida ―dijo Fiona, poniéndose dulce y dejando la lámpara―. No estoy enfadada, bonita. Te lo prometo.
          Y medio sonriendo; medio acongojada… Su niñita, una mujer hecha y derecha con alguna que otra pata de gallo, asomó tras la cortina.
          ―¡Ahí estás! ―Fiona se abrazó a sí misma―. Ven aquí, cariño.
          La mujer ladeó la cabeza hacia un hombro y sonrió al hada Negra, juntando sus manos como si pidiera perdón.
          ―Ven aquí conmigo… ―Fiona no se impacientaba, más que nada porque no se daba cuenta de nada. Estaba loca de atar, pero a las hadas no se las podía atar, claro…―. Anda, ven.
          Y la niñita-mujercita fue.
          Fiona le acarició la mejilla antes de darle un pellizco.
          ―¡¿CUÁNTAS VECES TE TENGO QUE DECIR QUE LA MÚSICA ESTÁ BONITA?! ¡¿QUIERES ESCAPAR ACASO?!
          Los reproches de la pretendida madre no tenían fin y la mujer empezó a llorar. Era una mujer, sí, pero también una niña. Todo lo que había conocido era esa cueva y sus alrededores y la única persona a su lado era Fiona. Su madre. Así que al ver que la había enfadado, lloró. Sin más. Y Fiona le siguió gritando porque lloraba y ella lloró más porque más le gritaba.
          Y para acallar todo, Fiona hizo que la gramola tocase la ópera de Dido y Eneas.
La Época Del Hechizo Oscuro
Cuando todos yacían, dejaban de creer en los problemas. En los sueños, huían de sus maldiciones. Los sueños perdonaban sus destinos, olvidaban que en el pecho de otro recordarían. Pero los sueños también eran la trampa de Regina. Los sueños los dejaban a todos abandonados, a merced de un nuevo día, de un nuevo castigo.
          Todos los días, Alicia intentaba cortarse las venas.
          Todas las noches, las heridas se cerraban y la bombilla volvía a estar intacta para que al día siguiente la pudiera romper y, con el cristal, intentar poner fin a su historia.
          Siempre la salvaban. Pero su condena aumentaba para cuando el Hechizo se rompiera.
          Todos los días, Zelena se amargaba en la eterna espera para vengarse de su hermana. Pero eso, llegada la noche, a nadie le importaba. Ella era odiada y vilipendiada, pero ya se había hecho a eso… Si supiera que su madre pensaba en ella cada noche… Sí.
          Todas las noches, tras ver cómo Lancelot intentaba poner orden en la miseria que quedaba del Bosque Encantado, Cora y Garfio volvían a su refugio, el castillo de Maléfica. Antes de dormir, la bruja pensaba en cuánto había rasgado en el pozo de azufre que era la vida, en lo empantanada que había estado siempre intentando prosperar, que prosperase Regina… Ya era hora de que las aguas volviesen a su cauce. De que su hija se debiese a ella, como debía ser. Y de que la luz de Eva se apagase como se apagó ella… ¿Envidia? No. Cora no iba a volverse verde porque no quería cambiar lo que era, sólo lo que debía ser. Zelena se había demostrado débil porque poseía el mismo corazón mendicante que Regina. Pero Regina era princesa. Zelena no lo era. Eso marcaba la diferencia.
          Y Garfio pensaba en Milah… Sólo tenía a Milah para distraerse. Cora se lo diría cada día durante veintiocho años: no te queda nada más allá de la venganza. Cuando te vengues, morirás…
          Pero él era un pirata y un superviviente. Ya encontraría nuevos puertos para atracar cuando acabase con Rumpelstiltskin.
          Porque las lunas y los soles se sucedían, pero la quietud de todos los astros era eterna. Felipe y Mulan seguían cabalgando y acampando sin llegar a ninguna parte. Arturo y Ginebra seguían intentando tener un hijo sin que la simiente germinase de manera alguna. Anastasia seguía buscando a Will de forma estéril y Jafar seguía esperando a Alicia hasta morir de desidia.
          Los mundos yacían cautivos de Regina y los destinos de Emma, August y Owen se truncaban.
          Pero todo, al final de todo, se perdonaría.
Storybrooke
Octubre, 2011
Sara Angelique, la dueña de Sara’s Old Fashioned Ice Cream, no dudó en sentarse con su único cliente, Henry. Lo invitó a una tarrina de su helado preferido: limón con pasas.
          ―No es que tenga muy buena pinta ―medio sonrió el niño.
          ―Tu libro en cambio me fascina ―dijo ella, echándole una ojeada―. ¿Son cuentos?
          ―Sí. Todos.
          ―¿Todos, todos?
          ―Muchos.
          A Henry le gustaba esa mujer. Si le gustaba el libro, a él le gustaba también.
          ―¿Y qué cuento estás leyendo?
          ―El de Cenicienta.
          Justo entonces, Ashley entró en la heladería, andando con dificultad por su barrigón. Pidió permiso a Sara para usar el baño… Y mientras hablaban de cosas que Henry no llegaba a oír, el muchacho se dio cuenta de lo diferentes que eran: Sara era espigada como un ganso, parecida a su madre en… ¿dignidad? Estaba muy guapa y sonreía que daba gusto. La otra chica, en cambio, iba encorvada, despeinada y parecía no poder ni con su alma. A Henry le dio pena.
          ―¿Y te gusta el cuento? ―preguntó la mujer cuando Ashley se marchó.
          ―No está mal.
          ―Es mi preferido, la verdad. ¿Y sabes por qué?
          Henry se encogió de hombros.
          ―¿Por la magia que tiene? Aunque, en este cuento, Cenicienta aprende que la magia tiene un precio y no se debe jugar con ella.
          ―No es por la magia… ―Sara pareció pensarse algo, ¿cómo hablarle a Henry del tema?―. ¿Tú sabes a qué me dedico, además de a la heladería?
          La heladería era herencia de sus padres y ella la había mantenido sin hacer un sólo cambio. Sara no lo sabía, pero cuando se rompiera la maldición, la decoración de los 60, funcional, elegante y acogedora, con un extraño fetiche en las sillas, convertiría su heladería en el lugar más hipster de Storybrooke… y el más evitado hasta entonces, porque en unos eternos años 80, ser activista política y directora del Centro de la Mujer no estaba muy bien visto en Maine. Sara Angelique era el tipo de mujer que hablaba muy deprisa y siempre volvía loco a todo el mundo, sobre todo a los provida, que habían intentado volar su oficina el año anterior. Storybrooke no era el colmo del liberalismo…
          ―Ya te contará tu madre a qué me dedico ―le dijo a Henry, guiñándole un ojo―. Pero, supongo, puedo contarte por qué me gusta Cenicienta… Verás… ―Apuró el helado del chico, que no lo había tocado―. Con Cenicienta, la gente hace algo que hacemos todos, hasta yo, y que sólo se evita pensando antes de hablar: culpan a la víctima.
          ―¿La culpan?
          ―Todo el mundo piensa igual de Cenicienta: que si era una inútil incapaz de poner su vida en orden, que si necesitó a un príncipe que la sacase de pobre para ello, que si sólo sabía limpiar… Tonterías. ―Y dio un golpe en la mesa, sin querer, poniéndose colorada entonces―. Todo eso es culpar a la víctima.
          ―Porque Cenicienta es una víctima de su madrastra y sus hermanastras, ¿no? ―razonó Henry―. Lo dice aquí, mira: lady Tremaine, Clorinda y Tisbe…
          ―… Arrebataron a Cenicienta todo cuanto hubiera podido tener ―lo cortó Sara―. Así es.
          Fue a por dos vasos de agua para bajar el helado. Henry tenía cuidado de que el libro no se manchara.
          ―Cenicienta es una víctima ―se repitió el niño.
          ―Y una muy fuerte que sufrió el maltrato de parte de su propia familia ―se lamentó Sara―. Piensa en lo duro que debe ser eso y luego piensa en que ella nunca perdió la endereza ni la dignidad y siempre tuvo una palabra para todo el mundo. Y cuando fue al baile, fue porque quiso divertirse, no buscando a ningún príncipe. Fue porque le dio la gana, desobedeciendo a aquella que más miedo le daba, su madrastra, a la que luego no dudó en enfrentarse.
          ―Ya veo… ―Henry no lo había llegado a ver así. Cenicienta le era bastante indiferente.
          ―Aunque, para coraje, Blancanieves ―rio Sara.
          ―¿Por qué? ―Henry no pudo evitar pensar en Mary Margaret.
          ―Porque, ¿qué le dice a los enanitos cuando la dejan quedarse con ellos? Que a cambio les limpiará y cocinará… y eso muchos también lo ven mal, pero, ¿sabes qué veo yo?
          ―Yo veo que tus ojos son de diferente color ―dijo Henry, haciéndose el distraído y sacando una carcajada a la mujer.
          ―Lo que yo veo es que, pese a ser princesa, Blancanieves no deja que le regalen nada y prefiere ganarse el derecho a quedarse con los enanitos con el sudor de su frente.
          ―Ya veo que ahora sólo hablas de cuentos, eh, Henry.
          Archie llegaba de pasear a Pongo. Era hora de su sesión.
          ―¿Podrías dejarme el libro este rato? ―le pidió la heladera.
          Y el cuento de Cenicienta decía así:
          Érase una vez, en una tierra muy lejana, un pequeño reino, pacífico, castizo y rico en romances y tradiciones. Aquí, en una vetusta mansión, vivía un joven viudo con su hijita Cenicienta. El hombre era un padre cariñoso que daba a su hija todos los lujos y comodidades, pues ella era todo su mundo. Pero creía que su niña necesitaba más, todo lo posible, así que volvió a casarse. Su segunda esposa era una dama de buena familia que tenía dos hijas algo mayores que Cenicienta: Clorinda y Tisbe. La familia vivió en armonía un tiempo; sin embargo, tras la repentina muerte del caballero, la madrastra reveló su verdadero carácter, frío y cruel, además de la envidia que sentía por el encanto y la belleza de Cenicienta. Estaba decidida a poner los intereses de sus dos hijas por delante de los de ella. Y así, la hacienda empezó a deteriorarse, pues la madrastra dilapidó la fortuna familiar en sus vanidosas y egoístas hijas, que abusaban y humillaban a Cenicienta, que se vio convertida en la criada de su familia. Pero, a pesar de todo, Cenicienta seguía siendo buena y amable, pues, con cada amanecer, llegaba la esperanza de que algún día la felicidad de sus sueños se hiciera realidad y ella iba a trabajar con más tesón que nadie para ello.
El Bosque Encantado
Hace 45 Años
La cruel enfermedad convirtió las amorosas manos de Frances en garras inútiles, retorciéndole el espinazo tras la caída y condenándola a una cama para los restos. El hogar para expósitos cerró; todo debía ser para Frances. A Ash poco le importó. Él sólo tenía ojos para Ella, cuyos dos años salvaban de la aparición que frecuentó Vado Culebra por aquel tiempo, una criada (por muchos aires que se diera) que se jactaba de haber conocido a lady Frances de niña, una mujer que se destacaba en el mar de caras por sus pómulos salientes y ojos hundidos, que daban a su rostro, blanco como la nieve, el aspecto de una calavera. Y como era alta y muy flaca y siempre vestía de negro, Ash se reía de ella y la llamaba Canina, porque, según le había oído a Laura, era capaz también de morder al verse amenazada, por muy educada y servicial que pareciese.
          Pero, no pocas veces, la señora Danvers, que así se llamaba aquella criada venida de la Atalaya del rey Hubert, se las ingenió para hacerse cargo de la pequeña y susurrarle, con voz queda, en la oscuridad, los padecimientos de su madre, sus agonías y gritos, asegurándole que tormentos similares les sobrevendrían a ella y su padre si jugaban con la magia, igual que su madre. Quizás estos episodios fueron el origen del posterior miedo infantil de Ella a la oscuridad, a la noche, que la lucieron con dos hermosas ojeras negras como las de su madre.
          No pocas noches, ante estos terrores, la niña corrió al hediondo lecho de su madre, a dormitar bajo el aroma de los remedios y la voz cansada de la muchacha, que siempre le contaba los mismos cuentos sobre la misma llave: la llave del destino; la llave del tiempo, que todo lo para; la llave del amor… Estos fueron los primeros recuerdos (y menos mal que fueron agradables…) de Ella.
          Frances terminó por morir, agotada, y la señora Danvers desapareció para siempre, igual que Laura.
          Ash y Ella se quedaron solos… y en la ruina.
El día del entierro de Frances, lady Iria habló claro a su yerno. Gélida e impasible, le sabía en sus manos, maleable como la cera tibia:
          ―Sigue jugando a las casitas con la niña y déjame hacer a mí. Me necesitas. Si me quieres echar, que sé que es tu deseo, olvídate de esta casa y tus negocios, que son los míos. Vete a vivir en la miseria con Ella y asiste cada día al hambre que la roerá por dentro.
          Ash se retiró, asqueado, pero dispuesto a cumplir. Como un hadita estaba revelando a la otra hija de Rita en otro orbe, lo importante era que la niña estaba a salvo.
          Su Ella estaba a salvo.
Años Después
En el palacio estival del rey Frederic y la reina Arianna, El Capricho, se preparaba todo para el cumpleaños del príncipe Frerot. Como era común, los campesinos y criados vivían en las pobres casas terreras, propiedad de sus amos, que disfrutaban de los bosques al oeste del pantano y las tierras segadas con el sudor de sus míseras manos. Pero, pese a todo, el pueblo llano celebraba también el aniversario; era motivo de más faena, mas también de dispendios, como alguna perra gorda para beber a la salud del heredero o las sobras del banquete. El ajetreo en el lugar era de órdago y el trajín de modistas, joyeros, músicos y cocheros era continuo. Frerot, soberbio y engreído, quería que su fiesta se comentase en todos los reinos y, para ello, invitó a la realeza de todos ellos. Así que en ese alborotado escenario hicieron acto de presencia los venidos del ardiente Sotoinfierno: con todos los honores, el príncipe Thomas y su inseparable amigo, el hijo del Gran Duque. En una humilde calesa, Ash y Ella.
          Los pasos de la chiquilla que velaba insomne y del chiquillo que soñaba despierto se iban a cruzar por el inexorable destino.
Al chirriar de violines, los reyes y su hijita Rapunzel atendían a sus invitados, una multitud pomposa de todos los colores. Ese día, los copos de nieve a la orilla del pantano parecían luces de haditas.
          Y paseando por allí, embarrando sus capas blancas, estaban la reina Regina y su hijastra Blanca, que se había empeñado en ver la estatua de la hidra, un dorado regalo del rey Midas a sus vecinos del sur.
          ―Blanca, querida, date prisa, que es hora de merendar… ―Regina estaba harta de aguantar los caprichos de la niña―. No entiendo cómo te puede gustar un arte tan… grotesco… ―Para eso era mejor quedarse a ver los retratos de familia del Nido de Aceros…
          Blancanieves asintió, se despidió de la estatua, que para ella era como despedirse de su amigo Hércules, y se prendió del brazo de Regina, sólo para soltarse de un tirón.
          ―¡AY, NO!
          ―Blanca, que me arrancas el brazo, ¿qué pasa ahora?
          ―¡Mi limosnera, que no la tengo! ―Buscaba por todos los pliegues de su visón, pero la limosnera de cuentas no estaba.
          ―A lo mejor no te la ha dado Johanna ―quiso meter cizaña Regina, disfrutando de la cara de su hijastra―. Esa criada tuya está hecha una compasión.
          ―No, no. La llevaba de seguro al salir de casa.
          Regina sonrió y arqueó una ceja, pero también abrazó a Blanca; para no parecer cínica, más que nada.
          ―Vences a unos malhechores empecinados en descalabrar aldeas y pierdes la limosnera… Más que nunca, en casa del herrero, cuchara de palo.
          ―Madrastra, por favor… ―Blanca, cabizbaja, se avergonzó. Justo lo que Regina quería―. Veréis cómo se va a poner padre…
          La reina se encogió de hombros.
          ―Para lo que para ante nosotras ni se va a enterar.
          ―Ya, el pobre siempre pico y pala.
          ―Picos pardos querrás decir… ―La mujer miró en derredor y cabeceó―. En fin, desandemos lo andado; quizás la encontramos, quizás no.
          Blanca volvió a prenderse del brazo de su madrastra y le agradeció que la acompañara. Regina le restó importancia al asunto y con la mano que le quedaba libre tanteó bien que las dos limosneras siguieran en el forro de su capa.
          Regina Mills, reina de reyes por la gracia del matrimonio y madrastra de la encantadora, dulce y ladina Blancanieves. Regina, a la que ya nadie llamaba así. Era madrastra, esposa o Su Majestad. Y en su interior se libraba la batalla entre vanagloriarse de ello, de haber conseguido lo que su madre quería y más, y lamentarse, pues se veía condenada a un personaje que nunca quiso ser. Hacía y deshacía a su antojo, incluso con el beneplácito de Leopold a veces, y llevaba siempre los más caros y nuevos vestidos y las más ansiadas de las joyas, además de viajar por todos los confines del lugar. Mas debía ser el ejemplo de Blanca, la madre de Blanca, el consuelo de Blanca, el apoyo de Blanca… Y Regina la odiaba. Odiaba ese papel que tenía que representar. Y por dentro se pudría más y más, porque, al fin y al cabo, aunque fuese la reina de los juegos cortesanos y probado quedase ya a Rumpel y Maléfica, ella había querido otra cosa… pero no se lo merecía.
          ―¿Pensando en todo?
          Regina era una niña de trapo al lado de la urraca de lady Eleanor Tremaine, viuda que le sacaba algunos años y tenía fama de ser la más acaudalada de ese lado del pantano, aunque las malas lenguas y su luto prolongado clamaban que la fortuna de su difunto era ya más polvo que el susodicho.
          ―Aguardo a mi hijastra, que ha perdido su limosnera… ―Y forzó una sonrisa―. Quizás algún caco se la ha afanado.
          ―Si es que vuestra hija… y perdonadme por decirlo, es algo pavisosa ―saltó madame Lumiere, que andaba cerca y siempre con la oreja en guardia.
          ―¿Cómo es que no os acompaña vuestro esposo, madame? ―dijo lady Tremaine, sabedora de cómo aquel hombre gustaba de perseguir y esconderse bajo faldas―. ¿Lo habéis perdido de vista?
          Madame Lumiere hizo oídos sordos y siguió con el asunto de la limosnera.
          ―Con suerte, Majestad, pillarán al malhechor y le caerá una buena solfa…
          Pasearon las tres juntas por el empedrado, saludando a unos y otros que se encontraban y que preferían hacer el pasmarote bajo los farolillos.
          ―No sé quién toca el violín, pero sería magnífico para torturar a los presos ―rio madame Lumiere.
          ―Es la hija de lady Colette, creo que estaba con la reina Arianna… ―Lady Tremaine se apoyó en su bastón para otear bien el jardín―. No, no las veo.
          Regina puso los ojos en blanco. Madame Lumiere era una señora, sí, pero tenía dejes de pueblo llano y era una alcahueta. Lady Tremaine no tenía nada que ver, pero de estirada que era, repetía, y luego en casa bien que olvidaba las formas, que todos sabían que el bastón lo llevaba por una gota mal curada.
          ―La sangre azul va a la debacle ―se lamentó Eleanor―. Nuestras proles no nos llegan a la suela del zapato…
          ―Señoras mías, cuánto bueno por aquí…
          La recién llegada, una mujer, la más alta de todas, así como la más bella, hizo que Regina se encogiera en su capa. Odiaba coincidir con su tía Agatha, la mano de hierro con guante de seda del Bosque Encantado. De la mano llevaba a su hijito de Eric de pocos años y no dejaba de hacerle carantoñas. Todas lo desaprobaban, pero Regina, además, lo envidiaba. Mas si no era de Daniel, nunca tendría ningún hijo.
          ―Lady Agatha, querida, no nos hagáis tanta fiesta que nos vemos más que muchos matrimonios ―saltó lady Tremaine.
          ―Por frecuente no vais a dejar de complacerme, señora. ―Y la reina ensanchó su sonrisa, aferrándose más a su hijo.
          ―Qué cumplida sois vos ―sonrió también Eleanor―. ¿No os cansáis de tanto almíbar?
          ―Con lo que me gustan los dulces… ―dijo esto con voz grave, haciéndose la sorprendida para divertimento de Eric―. Necia sería. ¿O acaso a vos os amarga un dulce?
          ―Detestaría resultar empalagosa.
          ―No os preocupéis, Eleanor, eso jamás os pasará a vos.
          Se despidieron y siguieron camino.
          ―Lady Agatha… valiente resentida… ―dijo la Tremaine.
          ―A mí no me lo parece ―dijo la Lumiere.
          ―Porque vuestra propia amargura os impide ver la de los demás ―dijo la reina.
          Las tres asintieron y resolvieron buscar un lugar en la pradera donde reposar.
Al sol, sobre una piedra, el príncipe James afilaba su florete sin prestar atención a nada más. Se había remangado la camisola y empezaba a sudar de lo entregado que estaba a la tarea.
          Le iba a dar una lección a Thomas, ese mariquita, niño de papá, que siempre se reía de él… Lo había retado a combate singular y lo iba a matar.
          Y sin saber por qué, pensó en Horacio.
          Thomas, que era un niño, mientras que James era un hombre, venía con su inseparable duquesito, el hijo del Gran Duque. En las corralas ya se reían de ellos con una canción:

          ¿Dónde vas, Thomasito?
¿Dónde vas, triste de ti?
          ¿Vas en busca de tu duque,
          el de los labios carmesí?
          Tu duque ya se ha ido,
          ya se ha ido que lo vi,
          iba con una duquesita
          al puerto de Grimsby.

          ―Además de andrajoso, cobarde ―rio James al verlos, pero mirando a Thomas, que vestía como un porquero.
          ―No me da miedo batirme contigo ―dijo Thomas, cabal. Llevaba también un florete―. Él será mi padrino.
          ―Ya te gustaría que fuera otra cosa ―se chanceó su primo. El duquesito era mayor que Thomas, tendría unos catorce años, pero la cara de ánima y lo poco que se movía no lo hacían la mejor de las compañías.
          Se dispusieron frente al lago.
          Los nueve años de Thomas temblaban.
          James hizo una carambola con el florete.
          ―Prepárate a morir.
          La canción de las espadas dio comienzo.
          Thomas se tambaleó hacia atrás, tratando de defenderse con torpeza.
Cuando alzó la espada, James aprovechó el hueco para lanzar un ataque barrido que le dio en la pierna y lo dejó cojeando.
Al golpe descendente de Thomas respondió con otro ataque por encima del hombro que lo podría haber matado.
Cuando Thomas intentó un ataque lateral, James lo desvió y le golpeó en el pecho con el antebrazo. Luego le asestó un mandoble en la muñeca que le arrancó un grito de dolor y le hizo soltar la espada.
Y James, divertido, no cejó sus ataques y obligó al niño a esquivarlo en una danza mortal, dando vaivenes y cabezazos aquí y allá, hasta que un traspié lo hizo tropezar. El príncipe de Elsinor aprovechó para dar una patada en el pecho a Thomas, que cayó llorando en el suelo.
          ―¿Últimas palabras? ―dijo James, relamiéndose y poniéndole la punta del florete en la boca a su primo―. Podría cortarte los labios y la lengua, así te las ahorras.
          El duque sin sangre corrió en auxilio de su amigo y James empezó a reír y reír, justo cuando pasaban dos hermanas, bien agarradas de la mano, ambas rubias y vestidas de blanco. Unas jóvenes y lozanas Drizella y Anastasia. A James no se le escapó cómo la primera se detenía en la misma piedra que él había ocupado, se remangaba un poco la falda y se ataba los cordones.
          Olvidó a los niños y olvidó todo. Y espada en ristre y con sudor de colonia, fue a por ellas.
          ―Lo que daría yo por ser botín y sentir el roce de tus manos.
          Las dos hermanas se echaron a reír.
          ―La sutileza no es lo vuestro, ¿no? ―dijo Drizella, volviéndose a poner el guante.
          ―Más parece un tritón si nos habla así ―dijo Anastasia, mirando bien al mancebo.
          ―Pues creo yo que fino he sido, pues podría haber dicho que ojalá fuera botijo para sentir esos labios. ―Y clavó su mirada, como todo quería clavar, en Drizella, que rio con desdén pese al rubor que la maquilló.
          ―No seáis descarado, haced el favor ―dijo Anastasia, molesta.
          ―Si la sinceridad es ser descarado…
          ―Agradezco vuestros requiebros ―se defendió Drizella, poniéndose firme y siendo, por un momento, la viva imagen de su madre―, mas no los hemos pedido, así que ahorraos los que vengan.
          Thomas y su duque estaban aprovechando el momento para escapar, que se sepa.
          ―¿No puedo invitaros a un refrigerio aquí en la pradera, buenas amigas?
          ―Nuestro padre no permite que ningún varón que no sea nada nuestro nos convide ―insistió Drizella.
          ―Pues déjame ser algo tuyo ―insistió James, envainando el florete.
          ―Muy rumboso estáis ―rio Anastasia―. ¿No tenéis más niños que asustar?
          ―Yo sólo quiero daros contentura, más a tu hermana que a ti, pero todo se andará.
          ―Pues a dar contenturas a tu madre.
          Y Drizella daba por zanjado así el asunto.
La hermana pequeña, que era Charlotte, paseaba con su aya, Laura, y le hacía pucheros porque se había manchado el vestido, tan blanco como el de las otras dos.
          ―Bueno, ¿y a qué el llanto? Si sólo es tierra. No has de pasar tantas fatigas por esto, niña ―le dijo Laura, colocándole el canotier adornado con un pajarillo disecado y una cinta azul.
          ―Mi madre me castigará; dice que no es de señoritas ensuciarse.
          ―Puede que no de señoritas ―sonrió Laura―, mas sí de niñas. Y este vestido tan bonito es una pena que lo uses para jugar… ―Con recelo miró las nieves sucias, culpándolas a ellas―. Anda, llamo a Ginebra y te limpia en un momento.
          Ginebra, la hermanastra de Drizella, Anastasia y Charlotte, estaba con su padre, cómo no. Mas este la dejó marchar sin pena, porque lo primero era lo primero: la apariencia.
          Lawrence Lumiere y la niña habían ido acompañados de Ash y Ella, intentando aprender algo útil: encontrar hojas y bayas sanadoras. Primero requirieron a Ginebra y luego fue Ella la que marchó siguiendo una ilusión, un deseo que le pedía el corazón, que había visto por el pantano la figura de un chiquillo paliducho galopando con brío en uno de los potros del príncipe Frerot. Ella sonrió al ver a ese niño disfrutar con tanto alborozo del caballo, libre como el viento.
          Por infantil osadía, el chiquillo arriesgó saltando unas mosqueras que salían del agua, perdió el estribo y dio con sus huesos en el suelo.
          Ella corrió a socorrerlo sin pensar…
          ―¡Espabila, tú, diantres!
          Le dio un par de manotazos en la cara; caricias por parte de esas manos tundidas a padrastros que ella mordisqueaba con avidez.
          De lejos escuchó a los mozos alborotados que corrían a socorrer al zagal, conducidos todos por otro joven. Saltaban como cabras hacia allí y Ella supo que debía marchar, pues era mejor huir que ser preguntada; no presenciarse que ser vista. Así que besó con reverencia la mejilla del pobre niño y marchó al paso, al trote y al galope… hasta llegar a donde Ginebrita limpiaba el vestido de Charlotte.
          ―¿Qué haces?
          Ginebra refunfuñó.
          ―¿No está claro?
          ―No, está manchado ―rio Charlotte.
          El azar procuró entonces que allí se encontrasen los paseos de lady Eleanor, lady Fedra, lady Regina, Drizella y Anastasia… Blancanieves, Lawrence, Ash… Y es que Ginebra se había parado en todo el monumento del parque, el sol atravesado por una lanza.
          ―Mira que le dije a Laura que no se separara de ti… ―dijo la Lumiere más a sus acompañantes que a su hija―. Empezaré a creerla sorda.
          ―Para sorda, mi criada ―dijo Regina mirando a Blanca y tendiéndole la mano.
          ―La pobre Johanna es ya mayor ―dijo esta.
          ―Lo que nosotras vemos como compasión, ellas lo ven como debilidad. ―Tan convencida estaba lady Tremaine de ello que asintió hasta que todas asintieron con ella―. Yo que vos, Alteza, la echaba y me buscaba una criada robusta y fuerte.
          ―Yo pensaba que lo mejor sería esperar a que se retirase y buscarle ayuda y…
          ―Pamplinas ―insistió Tremaine―. Tirar el dinero será mantener a esa risión.
          ―¿Y Laura dónde está? ―saltó madame Lumiere.
          La pregunta, Ella lo vio claro, era a Ginebra, porque a ella miraron todas, pero la chica siguió frotando la falda de Charlotte.
          ―Holgazana y sorda ―rio Anastasia.
          ―Ni contesta ―la imitó Drizella.
          ―¿Me oyes o no, escuerzo? ―dijo su madrastra, perdiendo la sonrisa falsa que gastaba.
          ―He oído ―dijo por fin Ginebra, alzando la cabeza y mirando a todas las señoras y señoritas―. Mas, al no saludar, no sabía si era a una a la que se dirigían.
          Las más mayores rompieron a reír.
          ―La saludación quiere ―dijo lady Tremaine―. ¿Quién eres tú, el príncipe Frerot?
          ―Lo que me faltaba, sí ―se lamentó la Lumiere―, una fregona que le da al magín. Dentro de poco querrá aprender a escribir.
          ―Servidora ya sabe ―la corrigió Ginebra con una sonrisa.
          ―Pues menos leer y más fregotear ―dijo Anastasia―, que ese vestido era mío y muchas antes que tú lo faenaron mejor.
          ―Dejadla en paz ―dijo al fin Lawrence.
          ―Sí, mejor hablemos de ti, Drizella ―dijo Blanca, que tampoco se encontraba a gusto ensañándose con la criada―. ¿He visto a un joven regalarte los oídos antes?
          Drizella rio con desdén.
          ―Blancanieves, una aspira a hombres, no a niños.
          ―Y menos a golfos ―la secundó Anastasia.
          ―Pues yo no creo que sea tan fiero el león como lo pintan.
          ―Eso que se lo digan a las rosas ―rio Regina.
          Ella observaba en silencio.
          ―¿Papá, por qué trataban mal a Ginebra sus hermanas? ―preguntaría esa noche, tras su zumo de lavanda.
          Ash daba a su hija las mejores lecciones del mundo.
          ―Porque el hombre es un lobo para el hombre, Ella mía.
          La pequeña tendría sueños raros al caer rendida junto al fuego… sueños que eran recuerdos, recuerdos lejanos…
          De cuando su padre la enseñó a bailar apenas levantó dos palmos del suelo, repitiendo el único paso que el pobre sabía, la vuelta y la vuelta y la vuelta… acabando ella siempre abrazada a él.
          De cuando su padre le enseñó esgrima, armados ambos con espadas de madera, palos de escoba en realidad, y ella le venció a la primera al clavarle el suyo entre el brazo y el pecho. ¡Ganó, ganó!
          De cuando su padre le regaló su primera muñeca, Dolly, y la sacaban a pasear.
          De cuando su padre le enseñó a jugar al ajedrez, donde era el rey, con todas las jugadas desde el mate del loco a la variante del dragón.
          ―He de marchar de veras, Ella mía, mas volveré antes de que cambie la luna. Te lo prometo.
          Aquellos días fueron algo aburridos para la muchacha, que sola no veía divertimento en explorar la casa o salir a pasear. Además, era verano y todo era un secarral, aunque le gustaba el concierto de las cigarras.
          ―Vosotras cantando con tanta alegría y yo cargando con tanta desidia… ―les dijo un día en que ayudó al viejo mancebo con los fardos de cereal―. Mas, bueno, como dice mi padre, por mucho que ahora sufra el alma…
          ―Anda, niña, deja de hablar sola ―dijo el carguero, cansado de todo―. Tira conmigo ya.
          Llevaron las sacas a la fresquera, una habitación oscura a la que se accedía por la cocina. Ella se sentó a descansar allí, tranquila, y se secó el sudor de la frente. Quizás debiera ponerse un pañuelo en la cabeza para protegerse del sol. Quizás.
          Cogió migas de pan y fue a dar de comer a las gallinas. También habría de recoger los huevos…
          Qué paz.
          Pero más paz había en la despensa. Allí sí que le gustaba estar… Así que volvió y pensó en que no pasaría nada por comer algo de pan. Metió la mano en la talega y…
          Le mordieron.
          ¡Un ratón!
          ―Oh, tranquilo… ―dijo Ella, mirando de hito en hito al animal y a su corazón sangrante―. Tranquilo. Te dejo comer todo el pan que quieras.
          Y le sonrió, pero el animal, algo tieso, dejó el manjar y saltó a su regazo.
          ―¿No huyes?
          No huía.
          Y daba extraños chillidos.
          ―¿Te pasa algo?
          El ratón correteó en círculos por el regazo y saltó a una de las estanterías. En la penumbra, Ella lo perdió de vista, pero no tardó en volver a saltar a ella y, con sus patitas, ¿escribir? ¡Estaba escribiendo en su delantal, usando la mermelada de fresa como tinta!
          «Me llamo Gus».
          Ella estaba perpleja. Eso sólo pasaba en los cuentos. Los animales, animales eran. No hablaban, no pensaban, no eran humanos por mucho que se les quisiera.
          ―Gus, ¿h-has sido siempre un ratón?
          «No. Castigo. Para siempre».
          ―¿Cuántos años tienes?
          «Pocos. Ahora no sé».
          La muchacha volvió a sonreír al ratón y le acarició con la yema sangrante del corazón.
          ―¿Quieres quedarte aquí conmigo, Gus? ―dijo en un suspiro―. Seguro que mi padre se pone muy contento de verte… pero antes te vas a bañar.
          Buscaron por toda la cocina, pues en un barreño o en la pila se ahogaría el pobre Gus. Al final, de un azucarero de plata, Ella hizo una bañera. Y de una cerilla a la que pegó pelos de cerda, un cepillo.
          ―Como dice mi padre, si en el mismo techo no nos queremos y ayudamos los unos a los otros, nada tenemos ni tendremos.
          Gus, limpio, subió por el brazo de la joven, haciéndole cosquillas, y le dio un beso con sus bigotes.
Lady Eleanor Tremaine recibió a Ash en las verjas de su mansión, una casona encalada en el corazón del laberinto de calles de la capital. Que ni lo invitase ya decía mucho de qué lugar correspondía al desdichado viudo de su prima Frances.
          Eso sí, unas jóvenes Clorinda y Tisbe, apenas niñas un par de años mayores que Ella, la seguían con una criada.
          ―Buenos días, señor marqués ―dijeron al unísono.
          ―Buenos días ―dijo él, mirando a la madre―. Os felicito por estas niñas tan educadas.
          Lady Tremaine asintió y la criada se llevó los trofeos.      
          ―Ahora decidme qué os trae por mi casa.
          ―Quisiera preguntaros si sabéis la causa de la suerte de vuestra prima.
          ―Una triste, mas entendible, querido Ash. ―Plantándose bien con su bastón, la señora dejaba claro que de allí no se movían.
          El joven tuvo un escalofrío. También usaba bastón, pero no por la gota.
          ―Seré breve, señora: me muero. Muero sin remedio. ―Se tragó todo su orgullo―. El veneno del Cenizas me mata cada día…
          ―Y queréis pedirme ayuda, ¿no? ―Parecía afligida. Parecía.
          Ash tuvo esperanza.
          ―No por mí, señora, sino por esa inocente criatura que se quedaría sola si yo falto. Ella no tiene a nadie en el mundo, ni a su abuela, que liquidaría su parte de la herencia y la dejaría a la cuarta pregunta… ―Se sorbió la nariz―. Salvadnos a los dos, por favor.
          Clorinda y Tisbe jugaban cerca con la criada, al escondite camelotiense, sin aspavientos ni moverse. En el momento justo, la mayor de las hermanas miró a su madre y al invitado y lo que vio la marcaría de por vida: Ash de rodillas, aferrado a las faldas de la mujer y derrotado por completo.
          ―Por favor, señora, tenéis que salvarnos.
          A lady Tremaine casi le dio algo por varias razones, pero supo mantenerse en su lugar, porque una, ante todo, era una superviviente.
          ―¡Y lo haré si os levantáis…! ―Puso a Ash en pie―. No dejéis que nadie os vea así… no por vos, sino por vuestra hija… Se me parte el alma de oír vuestras cuitas…
          ―¿Nos socorrerá, pues? ―sollozó él.
          ―Fue mucho el respeto que tuve a mi prima ―asintió lady Tremaine―. Por respeto a ella, lo haré.
          A Clorinda ya no se le escapaba detalle.
          ―Sois un ángel ―dijo Ash, forzando una sonrisa―. Convirtiéndoos en mi esposa…
          ―Sé cómo manejar el asunto, no os preocupéis de nada más que vuestra hija… Prima mía y, ahora, también hija mía… Y, puedo aseguraros ―sonrió también ella, pero triunfante―, que siempre hallaré, para mi familia, una solución.
Storybrooke
Octubre, 2011
Rock clásico al mínimo, canapés para que nadie se pusiese muy cómodo (vamos a acostarnos que esta gente se querrá marchar) y mucha conversación, además de algún que otro sobre que nadie veía pasar de manos como si fuera una custodia del estado. Aunque quien más pasaba de manos era Barbara, Frank Barbara, que en una vida que ya no recordaba fue el consuegro de Kerry Boyd, otrora madame Lumiere. Era un hombre tan pesado que lo cortés iba a acabar siendo no invitarlo a ningún lado.
          ―Oh, Kerry, estás tan guapa como cuando me rechazaste en el baile de graduación. ―Eso fue lo que dijo mientras besaba bien besada la mano de la anfitriona―. Esto está como en los viejos tiempos, sí, señor.
          La señora Boyd sonrió para salir del paso y llamó a Lila. No iba a aguantar ella sola a aquel esperpento de hombre.
          ―Errar es humano, Frank, querido.
          ―¿Qué es de su vida? ¿Está contento con su jubilación? ―Lila siempre sabía qué decir. Conocía a la gente… claro que a ella misma… eso era otro cantar.
          Barbara rio.
          ―Me aburro. Me aburro de forma soberana. Ya sólo me dedico a enseñar balística y armamento a un batallón de pobres de espíritu.
          Todos bebieron de su copa de Oporto.
          ―Querrá decir jóvenes, ¿no? ―A Lila le repitió un poco. Los ojos le lagrimearon.
          ―No. Quiero decir que no hay arma que vuelva valientes a los cobardes… ―Y rezongó entonces―. Bueno, seguro que en las historias fantásticas esas raras se sacan objetos así cada dos por tres. Pero en la realidad no se pueden acelerar las cosas ni esperar milagros, ¿no? ―Madre e hija aguantaron un bostezo. Barbara siguió―: Mirad, en mi juventud me vi muchas veces avanzando a pecho descubierto. Sabía que, después de la carga, me tocaba la carnicería de bayonetas, porque lo sabía, pero eso jamás me hizo retroceder. Jamás.
          ―Seguro que entonces también había cobardes, coronel mío ―rio Lila.
          ―Sí, pero ahora menudean, hija, ¡menudean! ―Se le acercó mucho, muchísimo―. Por eso las guerras duran lo que duran. ―Y ahora a la señora Boyd―. Hoy día, salvar el honor va detrás de salvar el pellejo. También es verdad que no podríamos tener un ejército de vejestorios… pero saldríamos ganando. Saldríamos ganando.
          ―Tengo una amiga que perdió a dos hijos en la última guerra ―se lamentó de veras la madrastrísima y madre amantísima―. Me pregunto si tanto honor valen unas tierras en litigio.
          ―Cuando han sido manchadas con sangre americana, sí, lo valen.
          Barbara asintió y algo de vino salpicó. Las mujeres se apartaron un poco.
          ―Dudo que eso sea consuelo para una madre o una viuda ―insistió la señora Boyd.
          ―Para un soldado lo es todo… ―Y tomó el brazo de la mujer―. Y no espero que lo entiendas, pero en el ejército no hay padres ni madres, sólo hermanos… y es más, amiga, te voy a contar que la Navidad del año pasado…
          Lila aprovechó que el coronel se llevaba a su madre para perderse tan interesante epopeya… Además, acababa de probar una tartaleta y estaba para vomitar. Ashley no las había gratinado… Ashley…
          Ashley estaba llorando en la cocina.
          ―¿Y ahora qué te pasa? ―Lila puso los ojos en blanco y se sentó en la encimera.
          ―N-nada ―dijo Ashley en un suspiro, sorbiéndose la nariz.
          ―A mí no me vas a dar pena, así que no te esfuerces. ―Ashley se quedó de piedra; eso dio confianza a su hermanastra―. ¿Qué te crees, que nos la vas a dar con el numerito de mártir llorona? Que nos conocemos, Ashley, que nos conocemos.
          ―No quiero darle pena a nadie… ―Pero la cabeza gacha la delataba.
          ―Llevas toda la vida igual. Primero dejaste los estudios tras repetir dos cursos y querías hacernos creer que era porque te trataban mal en clase, que te acosaban… ―Y rio. Lila rio a carcajadas―. Siempre tenías una excusa para todo, Carrie White, siempre tenías a alguien para culpar. Si no eran los compañeros o el profesor, mi madre, Mary o yo.
          ―Lila…
          ―Anda, cállate ―dijo Lila, poniéndose en pie―. Menos mal que Sean te ha dejado antes de que lo culpases de la tripa que te ha hecho… pero, bueno, mira qué bien te vendrá, ¿no? Después del trato que el señor Herman y yo te hemos conseguido con Gold, tendrás suficiente dinero para perderte por Las Vegas unas semanas antes de que te volvamos a tener que aguantar aquí haciéndote la víctima.
          Ashley no se atrevió a decir nada. Ni siquiera era capaz de despegar la vista de sus zapatos.
          ―Si sólo tuviera una oportunidad ―dijo al fin―. Una oportunidad de demostrar…
          Pero a Lila sus ojos vidriosos la pusieron enferma.
          ―Las oportunidades se conquistan y tú sólo sabes de braguetas. Tienes menos espíritu que un cazafantasmas en paro…
          Y dicho todo, porque Lila no quería seguir perdiendo el tiempo, Ashley se quedó sola en la cocina… no fue capaz de terminar la bavaroise y la dejó a medias.
Ruby tenía toda su ropa tirada en la cama; trapos rojos por toda la habitación. Mientras se maquillaba, se recordaba que debía cerrar la puerta con llave para que su abuela no husmease dentro. La loba siempre estaba metiendo las narices donde no la llamaban.
          También tenía que ver si se hacía un moño o se dejaba el pelo suelto… Tenía que comprar más extensiones, ya que estaba.
          ―Ruby, hija, ha venido… ―Demasiado tarde, allí estaba Norman Bates―. ¡Pero bueno, Liza…!
          ―No te pongas pesada, eh, abuelita, ya lo recogeré.
          ―De verdad, me tienes harta.
          ―Harta me tienes tú, haciendo sardinas otra vez, con la peste que deja por toda la pensión.
          ―Si no hay clientes, que más dará…
          Ruby puso los ojos en blanco. La línea de las cejas no le iba a salir bien a ese paso.
          ―¡¿Me vas a decir qué quieres ya o no?!
          ―¡Que ha venido Ashley! Y no chilles.
          ―Si no hay clientes, ¿qué más dará? ―dijo Caperucita con desdén―. ¿Qué quiere la Ashley?
          ―Ese tonito. ―La abuela se irguió, queriendo parecer más grande y amenazadora (más loba), un viejo truco que usaba desde siempre―. Y no sé qué querrá, pero espero que dinero no, porque tal y como nos va el negocio… Y hoy es día de cobro.
          ―Y mañana Navidad. Anda, que entre.
          Ashley no esperó ni a que se fuese la abuelita. Vio a Ruby y se lanzó a sus brazos. Su amiga, pillada in fraganti, tardó en corresponderla, perpleja. La loba las miró en un ay también, pero terminó por encogerse de hombros y marchar cabeceando… Estos jóvenes…
          ―He hecho una cosa muy mala ―dijo Ashley muy muy bajito.
          Le contó del trato que Lila y Herman le habían ofrecido con Gold, cómo había aceptado y la verdad que tanto quería ocultar: sí, fue a cazar a Sean.
          ―… Pero no porque quisiera su dinero ni ser una mantenida ―dijo, ya sin llorar, cansada de su pena―. Estaba y estoy enamorada de él y no quería perderlo. Después de saber lo que es tener a alguien que te quisiera, no quería perderlo.
          Ruby la abrazó y la abrazó.
          ―Ashley, ¿has venido a que te suba la moral? ―Las cosas claras, eso lo primero―. Tú sabes que yo veo el esfuerzo que haces por cambiar las cosas, por no volver al infierno que viviste hace unos años, entre el acoso en el instituto y el maltrato de tu madrastra. Sé que estás estudiando para sacarte el graduado, te he visto tener mil trabajos antes que este, hasta los más mierda, como drenar alcantarillas…
          ―¿Te acuerdas que parecía un astronauta con ese traje? ―rio Ashley con pena―. Pero es que nadie…
          ―Nadie te cree capaz de nada porque no eres capaz de presumir ―rio también Ruby―. Ashley, yo sé que eres íntegra, ¿acaso no te acuerdas de que, cuando unos me decían que fuera una golfa y otros que una empollona, tú fuiste la única que no me dijo nada? Eras amiga de las dos.
          ―Me acuerdo de la cara de los tíos cuando hablabas de Julio Verne. ―Ashley se abrazó el vientre―. Ojalá pudiese volver y cambiar…
          ―No se puede. Así que espabila, igual que espabilé yo mandando a todos a la mierda, que la única pena que tengo yo es tener coño y no faena.
          Ashley rompió a reír.
          ―Sean…
          ―Dale tiempo. U olvídalo. No sé. ―A Ruby no le gustó nunca Sean―. Es un niño de papá, pero si al final te quedas con el bebé… creo que será un tío legal… a espaldas del viejo, claro.
          ―No sé qué haré. No quiero que este niño sufra por mí. Ya he sufrido yo bastante por mis padres, por Kerry, por Lila y Mary… Y nunca he sabido coger el toro por los cuernos.
          ―Pues hagas lo que hagas, yo te apoyaré. Aunque la cosa está jodida, me cago en Dios… Pero, una cosa te digo, Ashley: la necesidad es el maestro que enseña mejor y de quien más se aprenden lecciones.
          La otra frunció el ceño.
          ―Esa frase… ¿esa frase es de…?
          ―De «La isla misteriosa», sí, hija, ¿pero no me digas que no te sirve? ―dijo Ruby, entre risas y caricias―. Anda, ¿arranco el coche y te acerco a casa?
          Ashley asintió y Ruby marchó. Desde allí, la Cenicienta escuchó la bronca de la abuelita.
          ―¡Llevas toda la noche fuera y ahora vuelves a salir!
          ―¡Debí haberme mudado a Boston!
          ―¡Lamento que mi infarto estropeara tus planes de tener líos amorosos por la costa este!
          Parecía como si aquella discusión fuese más vieja que la propia abuelita…
          Ashley cabeceó. Lo que le había dicho Ruby estaba muy bien y su apoyo también. Pero no. Ella no iba a ser capaz de criar sola al bebé. Lo quería, pero Lila tenía razón: era un desastre.
          ―Disculpe. ¿Tiene habitación?
          Ashley Boyd se levantó. Nunca había oído esa voz.
          ―¿Con vistas al bosque o a la plaza? ―se oyó decir a la abuelita al rato―. La segunda suele tener coste adicional, pero no se lo aplicaré.
          ―Pues la segunda…
          ¿Debía bajar?
          ―Bien, dígame su nombre.
          ―Swan, Emma Swan.
          Emma Swan…
          ―Emma. Un nombre precioso…
          A Ashley le temblaron las piernas y volvió a dejarse caer en la cama. Ella jamás podría contra Gold, Herman y su madrastra. Mejor dejar las cosas como estaban.
8:16 de la mañana.
          Ashley por fin plantó cara a su madrastra, aunque se llevase una reprimenda.
          Sean contradijo a su padre.
          Storybrooke ya no era sonámbulo.
          Alicia vería cicatrizar sus heridas. Una buena enfermera le hacía curas y le trajo, de parte de su padre, un peluche, un conejo, que la alteró demasiado. Dos celadores estaban deseando hacerse cargo de ella… y lo hicieron. Sarah por fin fue a verla, por caridad cristiana, y Alicia ni la miró.
          Anastasia al fin tuvo una idea de cómo atraer a Alicia al País de las Maravillas. Sólo necesitaba una chistera para una familia de conejos.
          Zelena se dio cuenta de que la maldición se lanzó. En cuanto se rompiera del todo y pudiera cruzar reinos… llegaría la suya: atrás, luna y sol, marea y tiempo. Sólo sabría de sonrisas cuando volviese a la raíz de su desdicha.
          En los restos de Misthaven comenzaba la verdadera miseria y, con Garfio en pos de sangre de kraken para abrir un portal a la Tierra sin magia, Cora se veía libre de empezar a valerse en el recodo del caudillo Lancelot. Una reina se debía a su pueblo.
          Todo empezaba a marchar.
El Bosque Encantado
Años Antes
Ash sonrió el día de la boda. Sonrió porque la fortuna que traía su nueva esposa procuraría el porvenir de su hija. La ceremonia fue cosa íntima en el mismo Vado Culebra, en la sala pintada por Jasper Holding años atrás (toda una vida parecía para Ash). Tras los esponsales, el hombre, que no dejaba de ser un joven de veintipocos, salió en busca de su hija, que estaba en los tendederos ayudando a una criada… Eso hizo sonreír al padre, que la vio una mujer de provecho, una mujer compasiva, generosa…
          Un golpe de viento hizo que las sábanas le dejasen verla bien. Ella esbozó una media sonrisa que su padre fue a corresponder cuando la agria voz de lady Tremaine cortó el alborozo en seco.
          ―¡Ash! ―La mujer miró las cuerdas temblorosas por la ropa alborotada con un mohín de disgusto―. ¿Hemos de pasear por esta zona tan… inhóspita de nuestras propiedades? ¿Por qué no nos llegamos al invernadero?
          Ash cambió la dirección de su mirada como quien pasa del paraíso al tormento. Se disculpó.
          ―Me dejé llevar por la indolencia.
          ―Deja que te lleve yo…
          Ella le tendió el brazo a él y, bastón con bastón, marcharon al invernadero en flor, a la sombra de los castaños y los rodetes de prímulas amarillas, no sin antes lanzar Ash una última mirada gozosa a su hija.
          Esta vio cómo su padre se alejaba sin celos, sin dolor. Sabía quién era lady Tremaine y no le importaba un ápice. Sabía por qué su padre la había traído y eso no hacía más que germinar más amor en ella. Así que, segura, siguió tendiendo la colada. En breves, esas manos que sujetaban por compromiso el muerto brazo de la nueva marquesa de Dustin estarían riendo en sus cabellos dorados.
          Y el cuento siempre era el mismo.
          Lo que Ella más esperó del retorno de su padre fue presentarle a Gus y, cuando Ash lo vio escribir cuatro letras en un pergamino, usando sus patitas llenas de tinta como pluma, no pudo por menos que felicitar y besar a su hija. Sus besos raspaban, pues sus labios estaban resecos, despellejados y costrosos. Pero eran los mejores besos del mundo para Ella, que, a veces, cuando correspondía a su padre, se untaba los labios con miel.
          ―Anda, pásame un puro, cariño, que quiero charlar con nuestro invitado.
          Ella sacó un puro largo y negro de una caja que había en el aparador y se lo puso en la boca. Ash sacó una cajita de cerillas y encendió una, pero sus dedos temblaban tanto que no conseguía acercar la llama al extremo del puro. Cuando, al fin, lo encendió, dio una chupada larga y se tragó el humo. Eso pareció tranquilizarlo un poco.
Mientras, iba preguntando a Gus, que iba escribiendo algunas palabras sueltas. Tenía muchas faltas de ortografía.
«Ila… trapao… Mardision…».
—¿Dónde ha sucedido? —susurró el joven—. ¿Dónde está ese condenado ahora?
          Pero Gus tenía sus propias preguntas, como cuántos años vivía un ratón.
          Ash mandó a su hija a buscar por la biblioteca, pero ella ya se había documentado en su ausencia.
          ―No te dije nada, Gus, por no… desanimarte.
          ―Un ratón vive unos tres años ―leyó Ash como quien lee la última crónica del pregonero―. No te molestes, Gus, no es que no me importe, es que tú no eres un ratón corriente.
          Gus chilló y Ella miró a su padre con inquisición. Él, por toda respuesta, le pasó el puro. Tras un par de chupadas, la joven rio y tosió.
          ―Tienes el cuerpo de un ratón, mas tu mente parece ser la del humano que fuiste. Eres un ratón-persona, un ratona.
          Ella se echó a reír y Gus volvió a preguntar por su esperanza de vida.
          ―Quizás vivas tres veces más que un ratón corriente ―dijo Ash, no muy seguro―. No creo que más de diez años.
          ―Mas, padre, ¿la magia existe? ―Esta era una cuestión que Ella había tenido desde la aparición de su roedor amigo.
          ―Siempre que haya amor, confianza y esperanza… ―Algo hacía chillar a Gus, pero el muchacho no le dio importancia―… habrá una pizca de magia.
          Así, padre, hija y ratón empezaron a pasar los días juntos. Lady Tremaine y sus hijas hacían su propia vida, casi como dos familias diferentes. Alguna vez, Tisbe, la pequeña, de la misma edad que Ella, los acompañaba a sus excursiones a la sierra, donde recogían flores y plantas medicinales. Tenía un sentido del humor… peculiar… cruel, mejor dicho. Clorinda, más metida en su mundo, crecía bajo el ala de cuervo de su madre. Parecía destinada a ser su sucesora, pues la mujer así lo decía, y Clorinda, que sólo una vez acompañó a su familia postiza, aceptó esa tesitura en silencio. A Ash le caía bien y deseaba que, al faltar él, aquella muchacha, que sólo sacaba dos años a Ella en edad, pero veinte en madurez, quisiese y enseñase a su hija casi igual que él.
          Cuando la familia se reunía en las comidas, la juiciosa de lady Tremaine se comunicaba con todos tal que así:
          ―Clorinda, acércate más a la mesa.
          ―Tisbe, no pongas los codos.
          ―Ella, ¿qué forma de coger la cuchara es esa?
          No hacía distinciones al hablar la mujer; órdenes para todos. Por lo demás, era más bien reservada, nunca mostrando seña alguna de sentimiento a nadie… salvo para abroncar; en ese caso, que temieran las espaldas de los criados.
          Clorinda conocía a su madre como si la hubiese parido y todos los días, varias veces, recordaba a su padrastro arrodillado ante ella.
          Ella jamás estaría en esa tesitura. Cayese quien cayese. Y para ello, la pantomima con su madre debía hacer… si es que eran igualitas. A Clorinda no le importaba nadie más que Clorinda; le daban pena Tisbe y Ella, sí, pero ya se espabilarían como ella, que había dejado atrás las inseguridades que su madre le provocaba años atrás. Ahora sabía, igual de bien que ella, que tenían dinero, que tenían un apellido y que tenían un título, que su posición siempre fue y sería privilegiada, porque hechos eran amores y no buenas razones, y con ese conocimiento venía el poder, porque el que sabía, sabía, y el que no, fregona. Y si Clorinda quería ser feliz y no una vendida como todas las demás mujeres, más le valía saber.
          Si ya se lo había oído a Ash el único día que hablaron: el hombre es un lobo para el hombre.
          Ella sería una loba de Bremen con tal de que la dejasen en paz.
Los años pasaron y a Ash empezaron a temblarle las manos, los brazos… dejó de escribir y de abrazar a Ella. Los ojos se le cegaron del todo… dejó de ver a su Ella. Las piernas se le retorcieron y el lecho fue su tumba en vida.
Ella bebía los vientos por su progenitor, dulce y tierno, y pasó cada día de agonía junto a él, limpiándole las babas y escuchando sus gritos atroces, peinándole los hirsutos cabellos y refrescando sus labios. Un tormento para una mocita, pero no había fuerza humana que la apartase de Ash. Al morir este, algo cambió para siempre en Ella. Algo quebró su ser y mató la parte mala de su alma, ensanchando y engrandeciendo la buena.
          ―Eleanor será todo lo que te quedará. Quiérela ―le había dicho su padre―. Ella, sé fuerte, sé lo que yo no fui.
          ―Lo que no te dejaron ser ―lloraba ella―. Ahora espero que en el Olimpo puedas ser libre… Nunca has estado solo, papá, aquí estoy contigo y allí estarás con madre. Nada de mi vida valdrá tanto la pena como estar contigo.
          ―Cuando tengas hijos, diferente pensarás.
          Se tomaron la mano. A los pies de la cama, expectantes y de negro, lady Tremaine y sus hijas eran testigos mudos de cómo Ella aguantaba el tipo para darle contentura a su padre, al que abrazaba y besaba todo lo que podía.
          ―No llores, Ella ―musitó Ash―. Yo quiero seguir aquí… contigo…
          ―Tu niña bonita nunca te olvidará ―sonrió Ella―. Soñaré con que tenga cerca un prado de flores y me despertaré cada mañana con la esperanza de encontrar una sobre mi almohada… ―No soltaba una lágrima. Aguantaba y aguantaba―. Padre, debes ser fuerte.
          ―Tú también, hija. ―Y sus ojos, que parecían ya ciegos del todo, la buscaron y la encontraron. Pudo verla así por última vez―. Te quiero, hija.
          La  mano de Ella tembló y la de Ash cayó.
          ―Descanse en paz ―dijo, por fin, lady Tremaine, alzando la vista y agradeciendo a la providencia.
          Ella se aferró al pecho de su padre y allí lloró hasta rendirse también.
          Y el cuento ya es conocido por todos. La madrastra no tuvo reparos en mostrar su verdadera naturaleza y comenzar a vejar a Ella, rescoldo de aquel enfermo que, por meses, heredó su pena. Lady Tremaine se encargaría de que le durase, se encargaría de echar el poco servicio que quedaba, vendiendo incluso algunos siervos para saldar las deudas, vendiendo cuadros (incluso el fresco de Jasper Holding) y la biblioteca de Ash, los vestidos de Frances y Ella, sus joyas… Y cuando Ella protestó, lady Tremaine sacó el cinturón que había pertenecido a su difunto y afiló la hebilla en las espaldas de su hijastra, marcándola de por vida. Fue un día en que ella iba de negro y Ella de blanco, en verano. Ella no sólo la contradijo, también le contestó.
          ―Tu padre. Él es el único culpable de tu conducta disoluta ―le decía mientras la golpeaba, aguantando la muchacha apoyada en una silla―. Espero que esté retorciéndose en los infiernos, que ahora me toca a mí enderezarte y ya lo creo que lo haré. Aunque sea a base de golpes, haré de ti una mujer honrada o te he de ver muerta.
          También le apretó los pies, que dolía mucho, y así la obligó a hacer tareas. Poco a poco, Clorinda y Tisbe, sobre todo Tisbe, se acostumbraron a tener a Ella de criada y pasaron de llamarla hermana a chica, fregona y cosas peores.
          ―La culona cenicienta ―rio Tisbe un día que la encontró sentada en los rescoldos de la chimenea, muerta de frío.
          Fueron muchos años sola, sólo con Gus, y Ella pensó que acabaría por volverse loca, aunque conservó, más que nunca, la esperanza que en vida tuvieron sus padres, el amor que encontró en los cuentos de su madre y la bondad corajuda que le inculcó su padre. Como diría una canción de bardos cuando ya se casase con Thomas:
          Cenicienta, no hay ninguna como tú.
          Cenicienta, tú que eres pura luz.
          Ese delantal, era fruto del azar.
          No se vio nunca jamás
          una reina con tu bondad.
          A tu corazón has de escuchar,
          Cenicienta, Cenicienta,
          cuyo tesón todo ha de superar.

          Claro que a Cenicienta la ayudó el estar desesperada y el contar con un Ser Oscuro muy visionario…
Ella se calzó los zapatos de cristal. Le iban perfectos y no le apretaban como las alpargatas de su madrastra. Todo cuento requería un memorable detalle.
          ―Que te diviertas. Pero procura mirar el reloj.
          La muchacha sonrió, pero no le terminó de convencer eso.
          ―¿El reloj?
          ―Es parte del trato. La magia que ayudará en la empresa de salvar tu destino de las cenizas acabará a medianoche.
          ―¿Medianoche? ―Ella quería estar en el baile hasta la amanecida―. ¿Por qué sólo hasta medianoche?
          ―Porque no necesitarás más ―rio Rumpelstiltskin―. Y ahora deja que te lleve al baile como una reina.
          Apuntó con la varita al reloj de sol de la fuente e hizo aparecer un pequeño astro que no llegaba a resplandecer tanto como Cenicienta.
          ―Ahora nos falta una calabaza, jijiji.
          ―¿Una calabaza? ―La magia era cosa de locos.
          El duendecillo asintió, rio y partió el sol en cuatro solecitos que volaron al huerto.
          ―Menchika boolaroo.
          Una calabaza se contrajo sin trabajo, las hebras se enredaron y retorcieron y entero el vegetal se agrandó en gracia y elegancia. En la mejor carroza se convirtió con los cuatro soles como farol.
          ―Ahora, un grito a la noche ―dijo Rumpel, apuntando a un pollino que descansaba cerca―. Hoy no será una mula cargante, se subirá en el pescante. En vez de tirar, va a guiar.
          Con un toque de varita resolvió las cuitas de cochero y caballos, convirtiendo al burro en humano y a unas aves en caballos. Ella no perdía atención a ningún detalle. Pasmada se hallaba.
          ―Y mi último regalo, ji, ji, ji… ―La varita dio con Gus―. Que tu gran amigo pueda disfrutar contigo del baile. Él será esta noche el lacayo del coche.
          Bibidi babidi bú.
          Gus era humano otra vez… por primera vez en mucho tiempo.
          Los ojos de Ella se anegaron. Los de Gus también. Allí estaba, hecho y derecho, bien vestido, moreno, con apostura. Un chulapo de toma porrazo.
          Se abrazaron y la joven rompió a llorar en su hombro.
          ―Bueno, que cualquiera diría que serás tú la que se convierta en ratón a medianoche ―dijo Gus.
          ―Cualquiera diría que no habías pensado en cuáles serían tus primeras palabras ―rio Ella, separándose.
          ―Esta es noche de celebración.
          ―Eso, idos ya ―dijo Rumpel con aspavientos―. Marchad, sed felices y disfrutad allí… Y, si quieres dejar de ser ratón para siempre, envíame una paloma.
          Se desapareció y los dos amigos montaron en el carruaje, rumbo al baile del destino.
Los nublados llevaron al rey a celebrar el baile en el salón dorado, a cubierto, y no en el de mármoles, su favorito. Convidados estaban allí toda su corte y la media de la de los otros reinos, festejando el fin de la guerra y que el otoño se presentaba generoso, con cosechas aquí y allá donde Regina, George y Blanca no habían hecho estragos, ya que las batallas habían arrasado los campos. Si a Blanca se le perdonaba era porque, como una más y no como reina, cogía y marchaba al campo a labrar la tierra como cualquiera. Al anunciarse su llegada y la de James, todo el salón estalló en aplausos. Tres aplausos se les dedicaron. Además, todo el que estaba sentado se levantó a su paso. Los querían. Los amaban. Y cuando llegaron ante Micheal, este se arrodilló igual que hicieron ellos.
          Entre otros invitados destacaban…
          ―La señorita Rosenrot Lucas.
          ―La princesa Abigail y su eterno prometido, Frederick Pleiades.
          ―Las señoritas Clorinda y Tisbe Tremaine, hijas de lady Tremaine, marquesa viuda de Dustin.
          El príncipe Thomas, aburrido y con la cabeza llena de fantasías románticas (así lo decía su padre), saludaba a todos con la misma modestia que da la timidez. Había pasado el último mes en un viejo caserío, en las Rojas, paseando en las madrugadas y pasando frío. Fantasías románticas, en efecto, y el rey, aunque dejaba a Thomas ser como quisiera, debía cumplir ciertos compromisos. Thomas no debía dar que hablar… pero estaba tan poco hecho para lo cortesano. Si no se encerraba por ahí, salía a cazar y se perdía y perdía. Al menos le gustaba bailar y, al menos también, lo acompañaba siempre Alidoro, que desde niño le sacaba el verbo fácil.
          ―Tu problema, pequeño, pequeñito, pequeñín Thomas, es que estás esperando que aparezca…  no sé.
          ―Que aparezca esa mujer con la que sueño, esa que dibujaste ―rio el príncipe.
          ―Capté su enigmática belleza muy bien ―dijo el otro con sorna.
          ―En serio. Me veo viéndola… Algo repetitivo, lo sé, pero es que… ―Rio otra vez, sonrojado, pero divertido, apoyándose en el hombro de su amigo―. La veo resaltar entre las demás, porque la busco entre las demás. No sé de dónde viene ni cuándo ha llegado, pero es que…
          ―… no me importa ―lo cortó Alidoro―. Eso justo me pasa a mí.
          Thomas se quedó boquiabierto y Alidoro fue sin pensarlo dos veces (nunca pensaba las cosas. Parecía un loco) a por aquella joven con tirabuzones y vestido rosa. Él no la conocería porque su familia estaba en desgracia, pero su apellido resonaba a lo largo y ancho del Bosque Encantado.
          ―¿Dónde vais con vestido lisés? ―Esa fue su forma de presentarse, haciéndole una leve inclinación con la cabeza.
          A Tisbe tampoco la ganaba nadie en descaro.
          ―A lucirme y a bailar hasta la recena. Bailaré hasta en la cama también.
          ―¿Y por qué no habéis venido conmigo? ―Así la invitaba a bailar. Alidoro no sabía, pero improvisó y la pisó―. ¿Queríais que os lo suplicase?
          ―Es que habré de gastarme en botica lo que me haríais vos padecer.
          Otro pisotón y Tisbe se separó, marchando y medio bailando sola entre los otros danzarines para salir de la pista por el otro lado, jugando al pillar con Alidoro, que la siguió riendo.
          ―¿Acaso con otros u otras algo te vas a correr?
          ―Con sujetos que tienen vergüenza ―rio Tisbe, deteniéndose y tomando una copa de un oportuno camarero―. Vergüenza, honor y lo que hay que tener.
          ―Señora mía, me rindo ante vos.
          Tisbe le tendió en brazo.
          ―Anda, prenda, que quiero lucir el vestido lisés.
          ―Pues mañana en la justa de Flycatcher.
          Y Alidoro se marchó y la dejó con la palabra en la boca.
          Reunidos en Storybrooke, ya matrimoniados, seguirían igual.
Lo que más emocionaba a Thomas del baile era hacer de celestino con Jacob, su paje, tan pintoresco como personaje de Jaen Desfogos, y Clorinda Tremaine, su enamorada. Un amor clandestino y prohibido hasta que la joven se decidiese a enfrentarse a su madre, parecía. Thomas les prometía refugio en palacio y labor de doncella a ella, pero… ¿Clorinda quería marchar lejos?
          Pero…
          Entre todo el oro del lugar, la princesa azul se destacó. No sabía quién era ni cuándo había llegado…
          Thomas parpadeó incrédulo. Estaba pasando. Justo lo que le decía a Alidoro.
          El corazón le danzaba en el pecho también.
          ―¿Estás bien? ―Blanca acababa de verlo hecho esa compasión que era cuando sentimientos demasiado grandes lo apremiaban―. Thomas, ¿a qué esa sonrisilla?
          La sonrisilla se la contagiaba ella en realidad. Blanca debía vérselas venir.
          ―¿Conoces a esa muchacha?
          No. Blanca no la había visto nunca. Pero era cuestión de nada el conocerla.
          Y el bailar con ella; la doncella de los zapatos de cristal.
          Por cegarse en mil sueños, deseos del corazón, el príncipe no atendió a la señal para Clorinda. No quiso. No se lo pasaba tan bien desde…
          Nobleza obligaba.
          Si el mayordomo le traía una rosa roja, era que Jacob aceptaba el plan de Clorinda, que esa misma noche se fugarían más allá de la isla del Ahorcado.
          La rosa era roja, Clorinda estaba emocionada, Thomas sentía que se debía a ella, a Jacob y a todos, porque por algo era príncipe, y cuando quiso volver con la chica misteriosa…
          En realidad, ni tiempo a querer volver con ella le dio. Alzó la vista un instante hacia las escalinatas del pórtico y la vio correr como alma de Hades.
          Nadie la conocía. La única que se había dado cuenta de que Ella Winder estaba en el baile era lady Tremaine y esa… esa antes muerta que sencilla.
Gus probó todos los tipos de queso que encontró por las mesas y cató buenos vinos. Lo mejor de ser humano era el paladar… y el porte. Más de un novio y una novia se debía inquietar.
          Y el ratón fue hasta un caballero de jubón dorado y brocados carmesí, el caballero Frederick, ennoviado con la del vestido de ormesí.
          ―¿Os apetece bailar?
          La pareja rio, pero Frederick cedió su mano de buen grado.
          ―Sois algo torpe ―dijo este―. ¿No bailáis?
          ―Es mi primera vez.
          ―¿Vuestro primer baile?
          ―¿Cuenta si te llevaban en brazos?
          ―No sé.
          ―Entonces no sé si lo es.
          Frederick volvió a reír y Gus le siguió por cortesía.
          ―¿Era vuestra esposa aquella dama?
          ―Abigail es mi prometida.
          La orquesta concluyó la pieza. Se les acabó la diversión.
          ―Espero que toquen más.
          ―Ya habrá más bailes, hombre.
          Frederick empezó a colocarle bien el volante y Gus murmuró algo como que era un ratón.
          ―¿Que eras qué?
          ―Era un ratón y a medianoche lo volveré a ser.
          El caballero dorado volvió a reír otra vez.
          ―Me vas a matar… Entre tú y la baronesa de los disgustos…
          ―Es verdad.
          Frederick se le acercó y, a ocho milímetros, le susurró:
          ―Pues yo era una estatua y no lo volveré a ser nunca, a no ser que toque la mano de mi suegro sin guantes… aunque con guantes tampoco me conviene, que se me haría de oro y no me lo podría quitar.
          La orquesta volvió con un nuevo vals, esta vez más animado. Gus sacó a la tal Abigail a bailar.
          ―Parecéis un niño ―le dijo ella.
          ―Y un niño era cuando…
El zapato que le quedaba era de cristal. Su corazón, de tiza.
          «Te estaba poniendo en evidencia; qué vestido azul más chillón».
          Cuando su padre murió, sí que le plantó cara a Eleanor alguna vez, pero ya…
          «Te estaba ridiculizando y todo el mundo lo sabía...».
          Dejó de correr al llegar a los jardines. ¿Qué haría ahora? ¿A dónde iría? ¿Qué sería de ella cuando Clorinda fuese princesa? ¿Empezaría otra vez el cuento? Cenicienta, Cenicienta, que le dirían ahora día y noche, barre esto, haz la cama, los cacharros, la colada, los metales, los cristales…
          Ella sólo había querido querer a su madrastra como su padre le dijo. Y la odiaba. La odiaba, pero quería quererla.
          ―Maldita esperanza ―dijo para sus adentros.
          ―Hola.
          Una joven con vestido de terciopelo carmesí le sonreía. El recogido no la favorecía.
          ―Hola…
          ―¿Estás bien?
          ―Sí. ―No. No quería que se le acercara. No la culpaba por interesarse, pero no quería compasiones de una desconocida.
          ―Soy Roja y es que… te he visto y…
          Ella se frotó los ojos. Con el pie descalzo frotaba el suelo.
          ―Lo siento, pero prefiero estar sola.
          Azorada, la tal Roja asintió y marchose entre titubeos. Ella también. Arrastró pie y cristal hasta una fontana y se sentó a enjuagarse la cara.
          Creía estar ya volviéndose loca. Oía campanitas, pero muy muy a lo lejos.
          ―Pagas el precio de la magia.
          Ahogó un grito al oír esa voz, pues no había nadie alrededor… Mas sí sobre su cabeza, donde volaba un hada de azul, varita en ristre, con la mirada más dura que Ella se había echado nunca a la cara. ¿Por quién sería esa mirada?
          ―¿Sois otra hada madrina? ―dijo a duras penas.
          Azul no sonrió. Aireó su varita y Ella sintió un pinchazo en el bajo vientre, donde tenía su marca.
          ―Esa era la seña que te unía, por sangre, con la madrina de tu hado. No sólo has cortado este, sino que no te ha importado hacerlo con el asesino de quien lo salvaguardaba.

          ―No puedo seguir con esa vida ―se lamentó Ella, incapaz de defenderse.
―Porque debías enfrentarte a ti misma y fraguarte tu propia suerte sin magia.
          Y con otro toque de varita, el vestido del baile desapareció. Sólo cenizas volvían a quedar.
          ―Hada… ―El dolor que sintió Ella fue por Gus, privado de su libertad antes de hora…
          ―Has perdido hada y hado. ―Azul ya desaparecía―. Habrás de luchar sola contra tu desesperación ahora.
          Esta vez, Ella no lloró.
          Caminó hasta casa.
          Caminó por la casa.
          No quedaba nada.
          Los muebles, los recuerdos… todo se había vendido. El vil oro eran ahora los caprichos de esas tres perras. Ese vil oro que su madrastra tanto presumía de haber traído y tanto echaba en cara a su difunto padre, culpándolo por su enfermedad de haberla dejado sin un ochavo.
          ―Si tu padre me hubiera dejado dinero para sirvientes…
          Siempre la misma historia. Y Ella siempre contestaba igual.
          ―Vuestras hijas no mueven un dedo.
          Y Eleanor le escupía la cruda realidad.
          ―Mis hijas son mis hijas, educadas para ser señoritas. Tú preferías andar de machorra con tu padre, no pretendas otro bando ahora. Además, tú eres la herencia que me dejó.
          Siempre sonreía al decir eso y al lanzar las mismas amenazas que su prima usase con Ash tanto atrás: puedes irte y vivir en la miseria.
          Ella no se quedaba por temor a la miseria. Aguantaba porque no pensaba dejar que se saliera con la suya, que se quedara el marquesado y la casa, todo lo que quedaba del patrimonio.
          Pero ya… ¿qué sentido tenía? ¿Qué valor poseían esas cosas? Vil metal, como el oro de los Tremaine. Y a su padre el oro nunca le importó… salvo si era para hacerla feliz a ella.
          Destrozada, Ella subió al desván, a cobijarse en las cenizas de la lumbre, entre el polvo del tesoro de los recuerdos de su padre, su madre y la casa de prosperidad que un día fue un hogar que habría sido su lugar.
¿Quién iba a creer que todo era un malentendido?
          ¿Quién iba a decir que Clorinda era una manipuladora que dejaba en la zaga a su madre?
          ¿Quién iba a pensar que Eleanor se la llevaría con esa llave que tantas vueltas había dado?
          Se ocuparon de Jacob, hubo luto por Clorinda y Ella, con ayuda de la princesa Blanca y Roja, estuvo a cargo de la finca de su padre, disponiendo todo para hacerla desaparecer. Fue Alidoro quien la compró, entusiasmado por la idea de reabrir la casa de expósitos. Ella los veía muy dispersos a él y a Tisbe, pero accedió y donó el dinero que sacó al pueblo, que lo empleó en organizarles un baile a ella y Thomas.
          El príncipe siempre había pensado que los humildes gozaban más de la vida. Con poco, templaban su alma y contentaban su cuerpo. Ese día en la plaza mayor buceaban señores y prohombres, damas y señoritas, en un mar de fino cristal y bastas jarras de arcilla. Las sedas bailaban con las lanas y los tacones con los zuecos. La música no era ningún vals, sino la marcha de unos ambulantes.
          Así que Thomas, sonriendo, le tendió la mano a Ella y bailaron empujados por los desamparados, por los siervos, que eran sus vasallos, sus escuderos y hasta sus murallas. Se miraban y bailaban.
          ―Tú me salvaste.
          Ella preguntó maleable a su roce.
          ―¿De qué, bobo?
          ―No me acuerdo.
          ―Pues no te pongas a rememorar, que siempre me traes penas de tu primo ―rio ella, abrazándolo―. Esta noche es noche de baile, de oler dama de noche, de oír a las ranas en sus charcas, de contar estrellas…
          Y Thomas, con una carcajada, se dejó llevar por su princesa.
          La noche pasó y la luz morada del alba comenzó a teñir las paredes blancas del consistorio y la escuela. La música había cesado y el violinista dormía arco en mano. En las fogatas humeaban rescoldos y los pocos paisanos que quedaban se echaban encima sacos de harina a modo de capas, pues el relente se metía hasta el tuétano.
          Ella volvía a ser la joven tabardilla de antaño, la que ayudaba a su padre a subir al caballo. Ahora ayudaba a Thomas, que se hacía el tonto para tener sus cariños. Cuando cabalgaban, dos zorzalitos llegaron gritando y se posaron en los hombros de Ella. Eran los que Rumplestiltskin había convertido en caballos.
          ―Se parecen a nosotros ―rio Thomas.
          Se agarraba a la cintura de la muchacha como si fuera el último trozo de madera en el ancho mar.
          Ella miró atrás mientras apretaba las piernas en los flancos del caballo para que no aminorara.
          ―¿Te gusta mi Comandante?
          ―¿Le gusto yo a él? Eso me parece más importante, que no quiero caerme otra vez.
          La joven sonrió. Era él.
          Siguieron a los zorzales y su cantar y llegaron hasta un lago. La tierra estaba húmeda y el sonar del mar acompañó a los pájaros.
          E igual que Ella había ayudado a Thomas a subir, lo ayudó a bajar.
          Él no esperó más y puso una mano en su nuca y otra en su tibia mejilla.
          Atrajo para sí el cuerpo de su amada y, con un movimiento eterno, posó sus labios en los de ella. Y, como sus manos se fundían al rozarse, se fundieron sus bocas y ambos notaban que, al fin, estaban donde debían. Juntos. Solos.
          Se tendieron en la sábana y manta que les hacían sus capas. Las puntas de los dedos tenían ojos, como las yemas de los ciegos, que veían tocando. Recorrían hambrientos la piel del otro, el arco de las cejas, el surco de los labios, el nacimiento del pelo… Se enredaron como sedales, haciéndose el uno del otro sin necesidad de decir o pensar…
          Podían seguir sus corazones.
Storybrooke
Noviembre, 2011
Sean guardaba una foto con Ashley del baile de graduación. La única que tenían juntos.
          Un instante congelado del que hacer pedazos.
          ¿Qué iban a hacer? ¿Formar un hogar? ¿Buscar la completa felicidad en un coche, como decía esa Emma Swan? Habían peleado y discutido demasiado y si se reconciliaban… no duraban.
          Amor en fuga. Eso tenían.
          Sean rio. Era la canción de Ashley, su favorita, «L’amour en fuite», y ahora se hacía realidad.
          «Me voy, me escapo, vuelvo como una golondrina. Me duermo, amanezco, doy a luz, es niña».
          No se había portado bien con él, pero él tampoco le dio nunca una oportunidad, porque… porque su padre así se lo decía.
          Vino a sus mientes cuando Ashley le ayudó con su problema de lectura. Sean no era capaz de terminar de aprender a leer estando en el último curso del instituto. Su padre creía que era dislexia, pero no. Y Ashley lo ayudó y la universidad, lo más importante, no peligró.
          Él no quería ir a la universidad. La peritonitis la había retrasado un año, pero…
          «Ya soy mayorcito para equivocarme si me da la gana».
          Demasiado tiempo solo con un padre que lo veía como una inversión.
          Quería a Ashley.
          Quería al niño.
          Quería una oportunidad de construir su vida.
          Hacía días que al fin había pasado página tras lo que parecían años de resentimiento.
          Esa Emma le había hecho pensar.
          Cogió el móvil con manos de mantequilla y llamó a Ruby.
          El teléfono se le cayó. Llamó otra vez.
          Ashley volvía con Emma. Daba a luz. Era niña.
Que Emma volviese y todas las historias que escondía Storybrooke arrancasen era también doloroso.
          A Sean le costó encontrar trabajo, pues su padre presionaba para que nadie lo contratase y hacerle volver. Gracias a Billy, Michael Tillman hizo el favor de poner al chico a prueba.
          Ashley marchó de casa tras la bronca del siglo con su madrastra. Kerry Boyd, aunque sabía que no ganaba siempre, odiaba perder.
          ―¿Te vas a vivir en la miseria con ese sin sangre? Esto me recuerda a cómo te preñaste de esa Alexandra… ―rio ella, dándole pataditas a su maleta―. En nueve meses estarás pariendo otro niño… ¿Pero no ves que esas criaturas necesitan estabilidad? Tendremos que hacer algo Mitchell y yo para…
          ―Ni se te ocurra meterte en mi familia otra vez o…
          ―¿O…? ―A la Boyd todo eso le hacía mucha gracia―. A ver cuánto te dura la tontería de la familia… porque no sé qué te crees. Esto es la vida real y los vacíos no se llenan con fantasías, porque la gente sufre y tu hija va a sufrir por tu culpa.
          Kerry y Mitchell llamaron a asuntos sociales y denunciaron a Ashley. DuChamp y la señora Redwyne, como funcionarios mayores y concejales del ayuntamiento, hicieron el favor de ir a hacer una inspección. Todo por debajo de la mesa, claro, como estaba mandado en Storybrooke.
          Esa fue la gota que colmó el vaso y Sean, harto de que dirigiesen su vida y ahora fuesen a por su hija, fue al encuentro de su padre. Lo sorprendió comentando la jugada con Kerry.
          Sean llevaba el rifle, por cierto, y apuntaba al que lo engendró, mirando mal con los ojos fijos en la rabia.
          ―Hijo, no desvaríes y baja esa escopeta…
          Los dos se habían quedado como la cal.
          ―No me llames hijo ―dijo Sean, firme y duro como nunca―. Un padre no pone a su hijo mil trabas ni intenta arruinarle la vida.
          ―¿Pero cómo me dices eso? ¿Qué mal te he hecho yo?
          ―¿Qué mal no me has hecho? ―No soportaba verlos a los dos, tan panchos en el sofá, con la copa de vino y el jamón dulce, el caro―. ¿A quién le has dicho que se manche las manos para el numerito de asuntos sociales?
          ―Por favor, Sean, baja la escopeta. Todo se puede arreglar hablando ―dijo Kerry Boyd.
          ―¡Aquí ya sobran las palabras! ¡Atrás! ―Apuntó a la mujer―. No veo que hablaseis conmigo antes de intentar joderme la vida.
          ―¡No puedes venir a acusarnos sin pruebas de…!
          ―¿Pruebas me pides? Tira para atrás.
          ―¿Quién te ha ido con el cuento? ¿Ruby? ¿Vas a creer a esa antes que a tu padre?
          Sean dio un paso al frente.
          ―Antes creo a la más perdida de las personas que a ti.
          ―¡Yo procuré siempre que nada te faltara y eso me dices! ¡Venga, dispara!
          Sean quitó el seguro.
          ―Se acabó, papá.
          ―¡SEAN!
          Ashley llegó. Kerry Boyd estaba al borde del desmayo. Mitchell, de la cagalera.
          ―Ashley, vete.
          ―Sean, no te equivoques.
          ―Escúchala ―dijo la madrastra de esta.
          ―Si lo matas ―dijo Ashley, cauta―, si lo matas, conseguirán lo que buscaban, acabar con nuestra familia. Separarte de mí. Arruinar tu vida.
          ―Hijo, escucha sus razones o las mías, pero suelta el arma.
          ―Tú te callas, que tienes la culpa de todo.
          Ashley, entre lágrimas, dejó las espaldas de su novio y se puso junto a su madrastra.
          ―¿Qué quieres, que sólo puedas ver a tu hija a través de barrotes? ¿Que tenga que ser yo sola la que la críe? Si no, vámonos, que cuanto más lejos de esta gente, mejor. ―Sin miedo ninguno, la chica agarró el cañón del rifle. Sean lo bajó. Estaba destrozado también―. Dejémoslos aquí con sus miserias.
          Ashley lo abrazó con más fuerza que nunca, le dijo que le quería y que ya había pasado. Mitchell se llevó las manos a la cara, a ver si le volvía la color, y Kerry seguía allí plantada, muerta de miedo.
          Cuando Sean se separó, se volvió a su padre y lo miró con más odio que nunca.
          ―Adiós, Mitchell. Yo ya no tengo padre. Estás muerto para mí.
          ―Hijo, no puedes decirme eso.
          ―Yo no soy tu hijo.
          Ashley se aferró su brazo y le suplicó por irse.
          Su madrastra pareció que quería decirle algo, pero todo quedó en amago.
          Más mal o más bien, los Herman Boyd siguieron su vida. Alexandra fue registrada con los dos apellidos, por cierto, y era la niña más querida entre los vecinos de los apartamentos Winden, donde vivía la bruja de Mrs. Ginger. El alquiler se pagaba con el sueldo de Sean, pero ahora faltaba para vivir. Ashley buscó trabajo en la floristería del señor French, pero este tuvo que echarla cuando los multaron por usar un producto tóxico para teñir las flores. Además, los descubrieron por su culpa, porque se pasó con las cantidades y quemó unos jacintos que intentaba volver rojos.
          Sean empezó a hacer turnos dobles y triples. El taller nunca fue más rápido, pero su relación con Ashley se resentía. Ella pedía mucho, pero cedía poco. ¿Por torpeza o por interés? Eso sólo el Hechizo Oscuro lo sabe. Pero Ashley quería casarse, que Sean estuviera con ella, que Alexandra estuviera con ella… se estaba volviendo algo neurótica, Ruby se dio cuenta, así que habló con su abuela y de camarera se puso. Primero en el turno de noche, para que así Sean cuidase de Alex. Luego iba intercalando con las otras compañeras y la propia Ruby.
          Allí estaban Sean y Ashley cuando se rompió el hechizo, teniendo una pequeña discusión en la cafetería. Ella había oído que Kathryn Nolan pensaba irse a Boston a la universidad y se empezaba a empeñar en ir mudarse a Bangor cuando se sacase el graduado. A Sean eso le frustró muchísimo y, cuando se volvió a sacar el tema al ir a por un simple café, estalló.
          Pero, justo cuando iba a aprovechar que Ruby y su abuela se habían ido, justo cuando iba a decirle cuatro cosas a su chica, todo le vino como un revoltijo. Su infancia en palacio, su padre, las historias sobre su madre y su tía, su primo James, la guerra, los bailes, Ella… Rumplestiltskin…
          Y Ashley, desde la barra, lo miró.
          ―Tho… Thomas.
          Corrieron a abrazarse y besarse como si hiciera treinta años que no se veían.
          ―Ella… Ella ―lloraba él.
          Lila también estaba allí, en el baño, y al salir parecía un fantasma. Cuando vio a la pareja, salió corriendo llamando a alguien.
          ―La maldición de Regina ―dijo Ella, intentando hacer cábala―. Estaba en palacio y… ¿y tú?
          ―En una celda extraña en el castillo del Ser Oscuro con… con…
          Todos iban despertando.
          Kathryn, sola en casa, recordó a su padre, Mr. Forbes, y a Jim, su Frederick, y corrió a la escuela a buscarlo.
          Jim, por supuesto por otro camino, corrió a la casa de los Nolan.
          A Marco casi le dio un infarto al recordar de golpe toda su desgracia. Y a Pinocho. ¡Pinocho! No podía haberlo perdido.
          Peter recordó que lo de su cabeza no eran heridas de guerra, sino la brecha que le abrió lady Tremaine.
          Eric y Laura, que hablaban mientras apilaban langostas, se quedaron en blanco. No entendían qué pasaba.
          ―Grimsby ―musitó el príncipe.
          ―Max… ¡Frances… Elijah…! ―dijo la otra.
          Cecil Mae se dio cuenta de que su madre era una bruja de verdad, cogió a sus hijos y salió corriendo de allí… ¿Dónde estaría Laura?
          Los mellizos Zimmer, como tantos otros niños, recordaron a su verdadera familia. Recordaron a la reina y recordaron a la bruja ciega.
          Aladdín sabía lo que significaba que el hechizo se hubiera roto y corrió a esconderse, igual que pensaba hacer Regina.
          DuChamp corrió (o eso intentó) por todo el pueblo llamando a Felipe.
          Kathryn hacía lo propio con Midas.
          Mary buscó a Ella en la cafetería y le volvió a pedir perdón. Duke, Alidoro, hizo lo propio con Thomas.
          ―¿Este era el castigo de la reina? ―dijo Tisbe, sorprendida―. Pues tampoco era para tanto.
          Afuera, en la calle, Laura, que corría desde el puerto, vio a lo lejos a Cecil con los niños.
          ―Mi caballero ―se dijo para sus adentros.
          Se encontraron, como estaba haciendo todo el pueblo, un caos al momento, y se besaron…
          ―Por el momento que es... ―dijo Laura entre risas...― es por lo que te dejo besarme, pero no vuelvas a tomar whisky.
          La familia unida se abrazó.
          Madame Lumiere se encontró con Drizella en la puerta del hospital.
          ―Hija, por favor…
          Will recordó a Anastasia, recordó que allí estaba su familia y recordó el País de las Maravillas. Ojalá pudiera olvidar otra vez.
          Argus Christie rompió a llorar. Maldito estaba solo, pero despierto estaba peor.
          Dodie no sabía ni dónde estaba.
          Y Kathryn volvía ya a casa cuando vio a Jim sentado en el porche.
          ―Dime que recuerdas que te amo ―le dijo desde el último escalón.
          La hija del oro corrió a él. Jim la cogió en volandas y ambos se besaron en lo que parecieron otros veintiocho años.
          ¿Pero dónde estaría su padre?
Forbes corría por el puerto con su bolsa de deportes. No le hacía falta nada más. Su barco, el Grimsby, estaba listo para soltar amarras.
          No había tiempo que perder.
Subió la escalerilla y se dio cuenta de que estaba sudando… no importaba. Se ducharía y al atracar en el primer puerto de Maine iría a por ropa nueva. Y un coche y una vida entera, si era capaz de salir de esa ciudad maldita.
Estaba por tirar el móvil al agua cuando sintió que alguien salía de la cabina.
          Alva Crane.
          ―Pero bueno… ―dijo, suspirando de alivio―. Me has asustado, chico.
          Se atusó el abrigo para llevar sus manos a los bolsillos y sacar…
          ―No lo hagas ―dijo Alva sacando una pistola―. Te meteré tres balas antes de que pongas tus manos en esa arma. Anda, cógela con dos dedos y dámela.
          Forbes se acordó de toda su familia, pero le hizo caso.
          ―Alva…
          ―¿En la bolsa qué llevas? ¿Pasaportes falsos? ¿Dinero?
          ―Sí. ―Y le tiró la bolsa―. Alva, tú no eres así.
          Alva le sonrió. Tenía una sonrisa muy… inocente.
          ―Hace un par de meses estaba con Sean, Peter y el chico de Fisher… ―El chico ensanchó su sonrisa―. Dijo que te había vendido su barquito de pesca y me puse a pensar, porque, como Regina no me deja hablar, pienso mucho… Y me puse a pensar en lo que me gusta pescar, en cómo me enseñó mi abuelo, en cómo yo enseñé a esos niños Zimmer que tanto dieron que hablar… pero nunca podría tener un barco como este. ¿Y por qué no? ¿Por qué no, si ayudo a todos los peces gordos, la realeza de Storybrooke, Maine, a forrarse con la mierda que flota en este pueblo?
          ―Las desviaciones que hacías a mi cuenta opaca ―ató cabos el director del Midas Bank―. Desviabas otro poco para ti, ¿no?
          ―Y no sé por cuánto tiempo hemos estado haciendo esto ―asintió Alva―, pero, por pequeñas que fueran, han sumado una buena cantidad.
          ―Pues vente conmigo.
          Forbes le tendió la mano.
          Alva le tendió una sonrisa aún mayor, le enseñó todos sus dientes, peores que los de Berenice.
          ―No me gusta viajar acompañado. No me gusta llamar la atención. Prefiero quedarme en casa, solo o con… bueno, con algún ser querido, si tuviera.
          ―Por favor, sé razonable. ―Forbes también quiso sonreír, pero no le salió. Estaba nervioso―. En cuanto marche de aquí seré una persona nueva: nueva identidad, nueva historia… No tengo por qué sacar a relucir lo que pasa aquí, nada del asunto de Doris Zimmer…
          Alva quitó el seguro.
          ―No me fío de los bancos… ni de los políticos ni los empresarios. Y tú eres las tres cosas. Por algo eres de oro, ¿no? Y podrás tener todos los nombres que quieras, pero no puedes cambiar lo que eres.
          Forbes entrecerró los ojos, acordándose una y otra vez de todas las grullas.
          ―Supongo que tienes razón. No podemos cambiar, sólo actuar como si… como si hiciéramos las cosas por una buena razón.
          ―Di lo que quieras. Los dos sabemos que la matasteis.
          ―Y los dos sabemos por qué haces esto y no tiene nada que ver con esa alemana. Porque toda tu vida has sido un puto crío que ni sabía hablar y ahora te las das de bravucón, con pistola y todo, aquí, el más falso, el mentiroso que se ha pasado toda la vida odiando a aquellos a los que imita…
          A fuego. Alva dio al pecho, a la garganta y al estómago.
          Seguía frío como el hielo.
          Forbes cayó hacia atrás, a un par de metros, y con manos temblorosas se aferraba a la garganta.
          Entonces, el barco entero se tambaleó y Alva Crane recordó a Roxas, a Lucery, a Gideon, a Ivy, a Rapunzel… Recordaba todo hasta… hasta…
          Forbes recordó a su hija. Fue todo lo que le dio tiempo a recordar.
          ―Abigail…
          Roxas le pegó el tiro de gracia. Había que irse de Storybrooke. ¡Ya!
          Llevó el barco mar adentro, perdió de vista la costa incluso, pero tampoco buscó aguas internacionales. En la bolsa había muchos ceros de dólar y él, como buen secretario, tenía todos los accesos a las cuentas de Forbes y cía en Portland. Iba a ser el Midas de Maine.
          Volvería a Storybrooke después. El Ser Oscuro debía pagar y él debía ir al País de las Maravilllas. ¡Y Gideon! ¡Gideon estaba en Storybrooke!
          Tiró el cuerpo de Forbes al mar y marchó a por su botín de guerra.
          ―Blancanieves no paga a traidores y Regina no se rinde ―dijo a Midas a modo de despedida.
          Atracó en Thomaston y preguntó por el primer autobús a Portland. Habría de hacer noche.
          Lo primero que hizo al llegar a Portland fue buscar un ordenador. No uno muy caro. Él no sabía despilfarrar.
          La página del banco daba una bienvenida muy calurosa a B. Forbes. Eso hizo sonreír a Alva. Le gustaba la gente educada, como las princesas.
          Creó una cuenta con una de las identidades falsas de Midas y transfirió el dinero y, de ahí, a la suya. Era dinero declarado, así que no había problema, se lo llevaría antes de tener que declararlo otra vez.
          Buscó aquí y allá y tanteó para conseguir un carnet y un pasaporte falsos. Seguiría siendo Alva Lucius Crane, pero vendría de Pownal, Maine. Con esto se movería con libertad por doquier. También compró un coche y se dio el capricho de ropa nueva, un corte de pelo y un masaje que no le gustó. Ya no era 1983, sino 2012… en teoría.
          Se puso un buen traje negro y marchó al banco con toda la seguridad que dan la ignorancia y la sapiencia. Sacó todo en efectivo y lo llevó en un maletín.
          ―Es una pena que perdamos un cliente como usted ―decía el señor del banco a nadie en realidad, porque Alva no le escuchaba―. ¿Qué hará con tanto efectivo?
          Lo metió todo en el maletero del coche y condujo horas hasta llegar a donde sabía que estaba Storybrooke. En el último pueblo que le precedía alquiló un garaje para el coche (y el dinero). Luego caminó por el arcén y el bosque… en algún momento tendría que llegar a…
          Imposible.
          Lo sentía.
          Un cosquilleo.
          Una palpitación en todo él.
          Magia. Había magia.
          Se desapareció a la calle principal.
          ―¡GOLD!
          Corrió a la tienda y allí lo encontró. El usurero se atrevió a sonreírle.
          ―Buenos días, bello durmiente.
          Alva alzó la mano para maldecirlo, pero se acordó de que debía…
          ―Quiero ir al País de las Maravillas.
          Gold rio.
          ―Los viajes entre dimensiones están muy solicitados estos días, pero me temo que no tengo una agencia.
          ―Necesito buscar a alguien allí. Tú te nutres de la necesidad.
          ―No estoy de humor, Roxas, así que gracias y vuelve pronto.
          ―Maldito duende, te estoy diciendo… ―Y aunque el tono del chico era sereno, porque ida la maldición, ida la personalidad que creía tener corazón, sus manos empezaban a alzarse para, ahora sí, hacer cualquier cosa―… necesito ir allí. Es un reino con magia. Debe ser fácil.
          ―A decir verdad ―sonrió Gold―, creo que tengo algo que te puede servir…
          Buscó por las estanterías y le trajo una tetera de peltre.
          ―¿Y esto qué hace?
          ―Abre la tapa.
          Alva la abrió y dejó de ver la luz del sol. La tetera fue su prisión hasta que el hechizo de Pan los llevó a todos de vuelta al Bosque Encantado.
          Gold no lo hizo con mala intención, pero Alva le molestaba y esperaba a alguien. Lo habría sacado luego… pero se le olvidó. Cosas que pasan.
―Este es un truco que me enseñó la maldición ―explicaba Ashley a Astrid―. Coges el edredón doblado por la mitad, lo metes en la funda y dejas caer. Y listo, nórdico más preparado que Arendelle.
          Astrid no se había enterado de nada. No iba a ser capaz de hacerlo.
          ―Gracias, Ashley.
          Estaban en la lavandería de la señora Holle. Astrid no se aclaraba con los programas de la lavadora y la secadora, ni con el planchado, el doblado… Entretener a Alexandra en su trona, sin embargo, se le daba fetén.
          ―Es cosa simple… Por cierto, estás muy guapa así, eh, dejando atrás viejos hábitos, ¿no?
          Astrid se sonrojó. Ashley se refería a sus ropas, algo más coloridas de lo habitual: un vestidito rosa y una rebeca de mariposas.
          ―Sí, estoy fuera del tiesto, pero a ver cuánto duro en el colegio enseñando magia. Ayer me equivoqué piando el hechizo y algunos convirtieron sus manos en pies.
          ―Qué mala pata ―dijo la Cenicienta.
          ―Pero bueno… ―Astrid no quería pensar en problemas. Estaba un poco desubicada, todavía, tras la ruptura del hechizo y su marcha del convento―. Alegría. Vamos a doblar esta sábana, a ver si me sale ya.
          Se pusieron a sus labores, se pelearon con las esquinas escondidas de la bajera y se quedaron mudas cuando apareció un enanito que no era Mudito. Al contrario, tenía un griterío que, los domingos, se convertía en el rey del mercado.
          ―Hola. ―En cambio, al ver al hada, el pobre se quedó mudo como su hermano.
          ―Soñador.
          ―Sí. Soy… yo.
          Ashley podía cortar la tensión con un tacón de vidrio.
          ―Me… me alegro de verte ―dijo Astrid, roja como una caperuza, volviendo a las sábanas.
          Leroy cogió el otro extremo para ayudar a doblarla.
          ―No te he visto desde que despertamos y recordamos…
          ―Claro. Lo recordamos… todo...
          La sábana, al doblarse, los acercó y, teniéndose tan cerca, con esos sueños de antaño a flor de piel, Astrid dejó que Leroy la besara.
          Pero no. Ella no quería eso.
          ―Lo siento.
          ―Pero… ―El enano no entendía―. Ya no eres una monja.
          ―Pero he de ser un hada, Soñador.
          Leroy miró a Ashley, que intentaba hacerse invisible y se hacía la loca dándole el pecho a Alexandra, miró a Astrid otra vez, a esos ojos de cervatillo, inocentes, bondadosos… soñadores… Y se encogió de hombros.
          ―Ahora soy Gruñón.
          Marchó y el hada, mirando también a su amiga, que seguía queriendo quedar fuera del asunto, empezó a reír azorada.
          ―Bueno… estaba pensando que mañana en clase podría enseñar a hacer estornudos de pimienta.
          ―No creo que los acosadores le fuesen a dar un buen uso a ese encantamiento.
          Lila acababa de llegar con la misma cara de funeral que gastaba desde el Día R (Día Roto).
          ―¿Ocurre algo, Lila? ―dijo Ashley. Desde entonces, ella y su falsa hermanastra eran amigas. No podía decir lo mismo de la conocida ahora como Fedra Lumiere.
          ―Quería preguntar a Astrid algo… algo que no me atrevo a consultar al hada Azul.
          ―Y por la forma en la que te retuerces las manos… debe ser algo de enjundia…
          Ashley entendió que debía irse y dejarlas en la intimidad. Así que, con la niña colgada de su pecho, se fue a comer. Lila, por supuesto, quería preguntar sobre su hijo.
          ―¿Hay alguna forma de curar su mal?
          Astrid tragó saliva. Vaya día. ¿Y ella qué sabía si no era más que una novata?
          ―El mal de tu hijo es de esta tierra. No hay nada que la magia pueda hacer.
          Lila asintió y aguantó el tipo.
          ―Y pese a ello, es toda la luz que queda en mi vida.
Dos Años Después
Enero, 2014
«A MI HIJA, NUESTRA VIDA TODA. DESCANSA AHORA A LA LUZ DE TUS HERMANAS».
          Ashley no creyó que el epitafio de Lila debiese quedar de su mano. Lo que se grabó en la lápida, al final, fue deseo de la Lumiere, cuya ausencia en el sepelio fue notoria, pues, aunque casi nadie se lo perdió, casi nadie no era todo el mundo.
          Una mujer, sola, sentada ante un fuego vivo, apuraba una copa de licor. Era, más que nunca, la Lumiere.
          Un hombre, también solo, ante otro fuego, sorbía una tila. Era o dejaba de ser el rey Hubert.
Ninguno iría a despedir a Drizella por miedo.
Un manto blanco y helado de nieve cubrió el cementerio de Wildderness Park y decenas de figuras negras cubrieron este en torno a la tumba de la llamada Lila Bloch. Drizella Lumiere. Ambas eran. Ambas son.
―Todo esto se me hace tan difícil… ―dijo Archie, que se cubría con el paraguas―. Todo esto es tan terrible.
No sólo Marco lo consoló, Ashley también se prendió de su brazo y, con la voz rota, le dijo que ella diría unas palabras. Ella, la hermanastra vejada, enterraba una vez más a la hermanastra malvada, a la fea, a la que su ruina debía buscar según los dictados de los cuentos… Quizás así era durante el hechizo, pero Lila era buena y Drizella… aunque de pasado incierto, de presente era… era… amor en barbecho, ese que es fértil gran trecho.
―¿Soy yo o la niebla no está tan espesa hoy? ―dijo Tiana a su esposo, alzando una mano pedigüeña a la bruma y recogiendo copos de nieves.
Ashley se ponía entonces frente al público incierto, pues le costaba ver sus caras, le costaba ver a su suegro o a la verdadera Drizella, Tisbe… Sería mejor acabar ya.
―Hace unos pocos años que nos conocemos ―dijo sin tapujos―, pero quiero a Lila como a una hermana. Ella… cuando pasé malos momentos, cuando… ―Temblaba―. Cuando me encontraba mal, siempre me consolaba. Por eso, hoy os digo lo que ella me decía; que cuando no nos quede esperanza, que cuando el dolor nos aprese en casa, no nos lo debemos tomar en serio, pues sólo es que dicha está enfadada con nosotros y ya se le pasará. Todo irá bien, porque hasta la alegría ha de descansar, el sol ocultarse un tiempo y quien ríe también ha de llorar.
Los cuentos se enredaban ahora en Storybrooke. Se cruzaban, se alejaban, se acercaban… eran aguas bravas que se llevaban por delante cualquier cosa y sus olas, cada vez más despiadadas, cada vez menos dulces, como las vidas, iban a dar a la mar.
Daba igual que Aurora y Felipe se abrazasen en la cama, lidiando a su modo con lo de Felipe.
Daba igual que Kathryn se tomase una copa con Jim y Alva y brindasen por Drizella.
Daba igual que la Lumiere se hubiese llevado a su hijo y su nieto a casa y que este llorase con ella y la abrazase, todo frente a la casona que los vigilaba con todas sus luces encendidas y titilantes.
Daba igual que a varias dimensiones allá, Ginebra tuviese un momento de lucidez y necesitase el cariño de Arturo.
Daba igual que Michelle llamase a su amado y este no contestase.
Daba igual que Cecil, escondido en su coche, escondido en el bosque, rezase a la cruz que pendía del espejo, la que el Hechizo le había regalado. Las risas de las tres brujas lo torturaban otra vez.
Daba igual que Argus siguiese investigando los archivos de decesos en el bosque de antaño.
Daba igual que la madre superiora buscase en las crónicas de las hadas una puerta… ¿a dónde?
Daba igual que sor Astrid consolase a Ashley a la puertas de la tienda de Lila, cuyas luces parpadeaban aburridas… pero eso también daba igual.
Daba igual que Campanilla y Dodie, siguiendo el ejemplo de los Nolan, fuesen a brindar con Tiana y Naveen.
Daba igual que George se quedase medio dormido ante una tele que no funcionaba, en el hospital, igual que daba igual que quien le había arrebatado el reino se jugase la vida en Camelot, junto a los suyos, por Emma.
Daba igual que Aurora y Felipe se diesen un beso.
Daba igual que Alva dejase solos a Kathryn y Jim.
Daba igual que la Lumiere escondiese una pistola en la consola de la entrada.
Daba igual que Ginebra olvidase todo, otra vez.
Daba igual que Michelle saliese en busca de sus problemas.
Daba igual que Cecil entrase huyendo de su paz.
Daba igual que Argus volviese a verse como el traidor que era.
Daba igual que la madre superiora quisiera cortar el nudo.
Daba igual que, al irse la luz, Campanilla y Dodie se cogiesen la mano.
Daba igual que una enfermera, lista para partir, parase a arropar a George.
Todos estaban atrapados en el mismo cuento. Todos eran un sino anudado al siguiente. El caprichoso baile del destino.
El baile del corazón, de un corazón caprichoso.
Y nudos negros, en un retal que Crane desplegaba en su cuarto, eran los que lo llevaban a su siguiente paso… Eliminados los bellos durmientes, eliminados los cenicientos… el trenzado lo conducía hasta la creída mujer, la creída casada y cabeza de familia, Alicia.
Todo estaba conectado a todo lo demás.
Y como si hubiesen seguido mutuos nudos, otros dos pobres peones estaban a punto de chocar… y bien sabido es que los peones no pueden hacerse nada frente a frente, ¿no?
9 Meses Después
Septiembre, 2014
Ashley derrapó al frenar la bici frente a la textil. Iba con el tiempo en los talones de las deportivas, pero no había princesa más rápida que ella.
          En la recepción, como siempre, Mary leía las revistas atrasadas de los años 80.
          ―Eh, Ashley, cenamos esta noche.
          Ashley le dio la razón como a los locos y se paseó por entre los obreros. Siempre lo hacía cuando iba, como su padre tal y como Regina le hizo recordar durante el hechizo.
          ―Buenos días a todos. He estado viendo las muestras de las telas de los billares y tengo que felicitaros.
          Dedicó una sonrisa en derredor y apretó el paso al ascensor, que, como diría Jill, no estaba haciendo perfect timing.
          Y cuando las puertas del ascensor estaban por cerrarse, Kerry Boyd se coló dentro, avinagrándose más la cara al ver a su falsa hijastra.
          ―Buenos días ―dijo, porque una, ante todo, era una señora.
          Ashley se puso tan seria y regia como Aurora le había enseñado.
          ―¿Ah, sí? Dime, ¿cómo es que son buenos días si la firma que hace falta para cerrar el trato es la mía y no la tuya?
          ―Nunca te ha ido el ser cínica, Cenicienta.
          ―Y a ti nunca te ha ido acabar las tareas ―sonrió Ashley.
          ―Intento…
          ―Deja de intentar y empieza a consultar ―dijo la chica, saliendo del ascensor al abrirse las puertas―. Las decisiones empiezan tomándose aquí arriba y las tomo yo misma, así que no me quieras dar otra campanada.
          Las puertas del ascensor se cerraron y Kerry Boyd se quedó con la palabra. Ashley resopló aliviada. No le gustaba ser así, pero con ella siempre era lo mismo.
          Firmó los contratos faltantes y se fue. Eso era todo lo que tenía que hacer ese día. Aprovecharía el resto de la mañana bien: iría con Sean y la niña a desayunar al parque, quizás visitarían la piscina antes de que cerrase… Menos mal que estaba ella para llevar la agenda, que Sean vivía casi al día.
          Pero todos esos castillos en el aire cayeron al leer la lista de refugiados de la Tierra de las historias no contadas. Ya desde que oyó los rumores se lo temió. Mary no, porque a Mary sólo le importaba Mary, y después de que su madre se fuera así, sin despedirse, no es que le tuviese alta estima. Pero cuando Ashley vio el nombre de Clorinda en la lista… Y sólo Clorinda. Nada de Eleanor, ni lady Tremaine ni perra número uno. Se le avinagró el gesto como a la Lumiere y decidió ir a casa. Sean se fue con Alex al parque, así ella podía pensar.
          ¿Debía ir a ver cómo estaba Clorinda?
          ¿Debía llamar a Peter?
          No llegaba a razonar cuando llamaron a la puerta.
          Regina.
          ―B-buenas… ¿qué ocurre?
          La alcaldesa parecía harto preocupada.
          ―Es tu madrastra, Ashley. Está aquí.
          Ella cabeceó.
          ―Pero si en la lista sólo he visto a Clorinda, ¿cómo puede ser?
          ―Era un cebo para atraerte. Lady Tremaine tiene a… Clorinda como rehén. Quiere que vayas a por ella para matarte.
          Una madrastra que quería matar a su hijastra… qué original.
          ―¿Por qué iba ella a hacer eso? ―No tardó en darse cuenta de lo tonta que era la pregunta―. Es cierto que mi madrastra no me aprecia, pero no pensaba que…
          ―Es la reina malvada ―dijo Regina―. Se ha aliado con lady Tremaine para, con tu muerte, socavar la fe de Emma como Salvadora. Sólo la reina es tan retorcida.
          Ashley no sabía qué decir.
          ―¿Y Clorinda? ¿En qué queda ella en todo esto? ¡¿Y Peter…?! Quiero decir, Jacob, su amante en el Bosque Encantado.
          ―Estoy buscándolas, pero estoy sola. Creo que Emma no debería de saber nada de este asunto. No quiero que, de complicarse, le salpique. Bastante alterada está por lo que ese Hyde se trae entre manos. Sólo quería que estuvieras alerta y que tú y tu familia os escondáis aquí. Si quieres puedo poner un hechizo de protección…
          ―No. No, no, no… No, Regina… ―Ashley intentaba tomar una decisión todo lo rápido que podía―. Voy a ayudarte. Iré a buscar a Clorinda y a poner a mi madrastra en su sitio…
          Regina hizo algo parecido a reír, pero suspirando.
          ―Ashley, ¿cómo ibas a ayudar? La reina le habrá dado algo de magia o quién sabe qué a tu madrastra. No puedes defenderte contra eso.
          ―Espera aquí.
          Decidida y harta de lady Tremaine, Ashley fue en busca del rifle de Mitchell. Con eso se defendería en caso de encontrar a su madrastra. Tenía que salvar a Clorinda antes de que fuera demasiado tarde.
          ―Dos ratoncitos trabajan mejor que uno ―dijo Regina, encogiéndose de hombros.
          ―Y seguro que mi madrastra no ve esto venir ni en la baraja de Sandy. ―Ashley estaba muy segura de sí misma, pero rota al sentir que se abrían las viejas heridas―. ¿Qué hago si me encuentro con Emma?
          ―Intenta alejarla. No debe implicarse. Ya sabes de qué pie cojea lady Tremaine.
          La Cenicienta asintió y, bien armada, corrió al ojo de la tormenta.
          Regina sonrió con malicia y con un movimiento de muñeca se descubrió como la reina malvada.
          ―Y ahora añadamos un poco de confusión irracional a esta historia por contar.
          Abrió la puerta de la casa e hizo aparecer unas letras en un post-it.
          «Clorinda está en la lista de recién llegados. Está aquí. Debo buscarla antes de que sea tarde».
          Satisfecha, se apareció en el granero de Peter Peter, o sea, Jacob, al que había dejado bien amordazado con lady Tremaine.
          ―No rezongues, anda, que no serás tú el cadáver… de momento ―le dijo guiñándole un ojo.
          ―¿Y Cenicienta?
          ―De camino. Mas calculo tardará, que viene a patita. Mas descuida, todas las piezas de tu venganza danzan juntas ya. Ashley estará muerta antes de mediodía.
          ―Clorinda ya la está lista para su papel ―dijo la madrastra mirando a Peter.

          ―Entonces yo iré a jugar con la Salvadora. ―La reina estaba de lo más emocionada―. Cómo me gustan los finales felices.
Enero, 2014
―¡RATCHED! ―gritó Laura, queriendo hacerse oír sobre el crepitar del río.
Al otro lado del puente de los troles, la enfermera la aguardó, expectante.
―¿Qué puedo hacer por usted?
―Anduve buscándola por el hospital y me dijeron que había salido ―dijo la criada, algo acalorada, pero cruzándose de brazos y poniéndose firme frente a la urraca―. ¿A dónde iba?
―¿Y a usted qué le importa? ―Pese al río, pese a su susurrante y arrastrada voz, las palabras de la Ratched se le metían a Laura hasta el espinazo―. Yo soy una mujer libre sin cuentas pendientes ni con los hombres ni la justicia, así que déjeme en paz.
―No tengo yo tan claro que no me importe ―insistió Laura, alzándose, pues no eran tan alta como la enfermera―. ¿Acaso no se acuerda ya de todo lo que hemos pasado? Que somos perras viejas, haga el favor.
Ratched miró el río que corría bajo ellas y el bosque que las rodeaba… el bosque… ¿y la niebla? ¿Se deshacía?
―No creo que debamos de perder los nervios, ¿no, Laura?
―Eso es cierto ―le reconoció ella―. Pero dígame la verdad. ¿Sigue estando en tratos con Hubert, con DuChamp?
―Hice un trato con él, sí, pero eso son cosas mías y de nadie más.
―¿Y qué es lo que quiere?
―Alejarme de él ―dijo la enfermera, lacónica―. Sólo quiero desaparecer de su vida para siempre.
Laura negó con la cabeza.
―Usted quiere vengarse. Quiere vengarse, por mí, por lady Frances, por su reina…
―No sabe lo que dice.
Y quiso marchar, pero Laura la agarró bien del brazo.
―Lo sé muy bien…
―¡SUÉLTEME, DESGRACIADA!
De un tirón, se soltó ella sola.
―Me da igual lo que haga ―quiso razonar la antigua criada―, pero, por favor, no saque…
―¿Sus muertos del armario? Usted tiene los suyos y yo tengo los míos. Y hasta aquí llegan nuestras palabras.
―¡¿Y tengo que creerme que no va a ir a los durmientes a contarlo todo?! Se coge antes a un mentiroso que a un cojo…
―Laura, siga con su historia y yo seguiré la mía…
―¡De eso nada! ―se hartó esta ya, volviéndola a agarrar―. Usted no va a ningún lado, buitre.
Y los ojos de ambas, añiles unos, pedregosos otros, centellearon de odio bajo un sol que volvía a brillar.
La niebla había desaparecido.
―¡SUÉLTEME YA, LAURA! ―Pero Ratched no se libraba―. ¡¿Acaso quiere que sí que acabe con su final feliz?!
          ―¡Te soltaré cuando te dé lo tuyo y sepas que no me he creído nada de lo que has dicho! ―dijo la criada y pescadera clavando sus garras en la enfermera―. No permitiré que hagas daño a mi familia.
          ―Bien lo sé… ―La mujer perdió toda fuerza. Laura no lo creía―. Has hecho sacrificios que nadie más haría por conseguir esa familia…
          El agua clara corría brava bajo ellas.
          ―Y ahora quieres quitármela. Vas a contarlo todo para acabar conmigo.
          ―Si eso es lo que crees, asesina, tendrás que vivir con el miedo de que, si me da la real gana, podré dejarte sin nada. Si no hubieras matado a lady Frances, no tendrías nada que temer.
          La Ratched la empujó, fuera de sí.
          ―¡Tú tuviste la culpa! ¡Tú y sólo tú!
          La enfermera se echó a reír.
          ―Tú solita te has bastado siempre para quitarte de en medio a quien te estorba. ¡Empezando por tu propio hijo!
          ―¡MENTIRA!
          Laura empujó a la Ratched, que, harta, la agarró del cuello.
          ―¡ESTÚPIDA! ¡¿No ves que Hubert te está manipulando?! ¡Os va a dejar sin nada igual! ¡¿Y por qué?! ¡Porque os odia! ¡Os odia porque le recordáis lo que es: el hijo de unos muertos de hambre que tenían hijos como perras que expulsan cachorros!
          ―¡CÁLLATE!
          Laura empujó a Ratched de nuevo, sin pensar, y la empujó tan fuerte que la mujer dio contra la baranda del puente, tropezó y cayó al río gritando su nombre.       Corrió ella a ver si podía ayudarla, pero la corriente se la llevó. No la veía por ningún lado.
          O sí.
          Se veía un cuerpo abrigado a la deriva…
          A Laura le fallaron las piernas y tuvo que aferrarse a la barandilla. ¿Cómo había sido capaz?
          Temblando, abandonó el lugar. Nadie había de enterarse.
―El príncipe, que llevaba el zapato, habiendo mirado con amor a Cenicienta, la hizo sentarse y, acercando el cristal a su piececito, vio que encajaba sin esfuerzo y que era hecho a su medida. El amor verdadero venció a los prejuicios, a la tortura y al pasado vidrioso que ambos compartían. Cenicienta había cometido errores y se culpaba por ellos tanto o más como la culpaban otros, pero ella creía en la redención y en que la perdonarían igual que ella pudo perdonar a sus hermanastras…
          Lucery se quedó embobado con la ilustración del libro, que mostraba a Thomas y Ella en su boda.
          Estaba en una habitación del hospital leyendo al primero, a Sean. Se le había ocurrido a una tal Astrid que, quizás, así, lo animaría. El príncipe no era consciente, o quizás sí, de cómo se tomaría Ashley encontrarlo allí.
          Pero lo cierto era que Ashley estaba en la puerta, observándolo y sintiendo cómo algo se le reconcomía por dentro. Lucery no había hecho otra cosa desde que ella estaba allí que cuidar de Sean… quizás, como decía el cuento, debía perdonarle el secuestro… No estaba segura… ¿Quizás era demasiado tarde?
          ―¿Está interesante?
          Lily, que pasaba por allí, la había visto cotilleando.
          ―Sólo estoy… Eh… bueno… ―No sabía qué decir―. ¿Cómo estás tú?
          ―¿Cómo quieres que esté?
          ―Ya… menuda pregunta…
          Ashley titubeó y terminó por sonreírle.
          ―¡SE MUEVE! ―gritó Lucery desde dentro.
          Ashley y Lily entraron corriendo. Sean estaba tan durmiente como siempre.
          ―¿Qué te pasa? ―A la chica se le quitaban todas las ganas de perdonar a ese que parecía cortito.
          ―Ha movido los dedos… ―Lucery no entendía nada.
          Y justo Lily fue a tocar la mano de Sean. Lily. Y Ashley vio la marca de la estrella. La misma que tenía ella.
Septiembre, 2014
Pero era cierto que Ashley tenía un corazón tan grande como los pies de sus hermanastras. Y si perdonó a Tisbe no bien se prometió con Thomas, cuando Emma y Garfio los salvaron de su madrastra, perdonó también a Clorinda.
          ―En la Tierra de las historias no contadas, mi madre me contó una y otra vez cómo me traicionaste… algunas veces pensé que me mentía, que tú no habrías podido hacerlo, pero pensaba que eras igual que yo, que mentías para protegerte del perro mundo en el que vivíamos.
          Ashley la compadecía. A la vera de su madre había tenido que aprender que una dama siempre estaba altiva, distante, impoluta. El amor, el cariño y el tener sentimientos, fueran buenos o malos, siempre estaban mal vistos para los de esa clase de pompa y opulencia. Clorinda, por poder seguir adelante, porque ella sí temía a la miseria, se había privado desde jugar en el barro hasta del amor de los suyos.
          ―Ahora estamos juntos todos, los seis… o los siete, contando con Alexandra ―le dijo Ashley a su hermana con una sonrisa―. Ahora te toca disfrutar, Clorinda, y en Storybrooke lo vas a hacer.
          A Clorinda, Storybrooke le resultaba la mar de curioso. Y Ella le enseñó, antes que nada, lo que era la música.
          ―Esta es mi canción preferida.
          Y le puso, claro era, L’amour en fuite.
          A Clorinda no le gustaba mucho. No eran tan sentimental…
          ―Además, me gustaría presentarte a alguien.
          ―¿A quién?
          ―Se llama Lucery ―dijo Ashley con una sonrisa.
          El tal Lucery vivía en un sitio muy extraño, lleno de esculturas y piedras, de árboles lustrosos y de flores, muchas flores. Clorinda sintió, más por Ashley que por ella, que no se levantase a recibirlas.
          Porque lo que quedaba del Príncipe Amantísimo era su lápida en el cementerio.
          LUCERY. EL AMOR EN FUGA TERMINA POR LLEGAR. TU HIJA Y NIETAS NO TE OLVIDAN.
          Ashley besó la piedra de la lápida y se prendió del brazo de Clorinda. Por el camino le había contado su historia, pero no cómo ocurrió todo.
          ―¿Cómo murió?
          ―Murió para salvarnos a todos ―dijo la Cenicienta, dejando caer una lágrima―. La vida me dio dos padres y los dos me los arrebató.
          Clorinda la abrazó…
          No estaban solas.
          Maléfica y Lily habían tenido la misma idea. La bruja y Ashley se miraron con respeto y se saludaron mudas. Sólo querían dejar una rosa blanca al príncipe.
          ―También te ha dado dos hermanastras que sólo van a velar por ti.
Maléfica tenía más cosas que hacer en el cementerio, como verse con la reina malvada.
          ―Sé breve.
          ―No soy yo la que habla de higos a brevas…
          ―Regina… o reinita o… tú. ―Maléfica puso los ojos en blanco―. Es el único momento que te concedo.
          ―Sí, ya veo que te has hecho muy amiga de esos héroes, Benefiquilla.
          La reina deshojaba una camelia robada de la tumba de Drizella.
          ―Anda, habla.
          ―Quiero el corazón de Blancanieves.
          ―Menudo giro argumental ―dijo Maléfica, arqueando las cejas―. Pues a ver si tienes más suerte que en los últimos cincuenta años.
          La reina rio e imitó a su querido Rumpel al ofrecer un trato a la bruja.
          ―Querida, esto es lo que te propongo para que tú y tu lagartija seáis felices para siempre: in-for-ma-ción a cambio de no tocaros un pelo… o una escama. Porque bien sé que ahora eres más débil que un junco en agosto.
          Maléfica suspiró.
          ―¿Qué información quieres?
          La reina abrió los ojos emocionada. Qué fácil había sido. Y qué pena daba Maléfica. Con lo que ella había sido… para que dijesen que la que tuvo, retuvo.
          ―El sortilegio del maleficio del corazón partido.
          ―Es un hechizo muy antiguo, Regina, ya hoy es inútil…
          ―Y por eso no tendrá antídoto. Porque hoy día es más fácil usar el uso de una rueca, ¿no?
          ―O una manzana ―asintió Maléfica―. Mas ya sabes cuál es la forma de romper ese maleficio, ¿no? Yo misma te conté la historia de esos dos.
          Regina sonrió muchísimo.
          ―Por eso mismo, en tu parte del trato, se incluye que no podrás abrir la boca ni ayudar a que los príncipes despierten nunca jamás.
«Ven al hospital».
          «Te interesa lo que tengo que enseñarte, Roxas».
          DuChamp le iba a tender una trampa, era claro. Pero que procurase.
          Aunque, desde que sentía latidos, Alva no era tan seguro…
          DuChamp quería verlo en una habitación vacía del sótano, donde había un ataúd…
          ―No puede ser. ―No conseguía expresar tanta sorpresa como quería―. ¿Vanitas?
          Era él. Tal y como Gideon se lo había contado.
          ―Conservado a la perfección ―dijo el alcalde, orgulloso de haber conseguido su propósito―. Y vivo, por supuesto.
          ―Es imposible. ―Alva estaba preparado para atacar en cualquier momento―. Si Gideon está muerto… y él era la mitad de su corazón…
          DuChamp sonrió. Era asqueroso.
          ―¿Cuántos corazones has reunido?
          ―No te lo diré.
          ―Déjame contar… Tienes el del hijo de los Lovejoy, vas tras el de mi nuera…
          ―Los corazones necesitan resplandecer, bien lo sabes.
          ―Bien sé cuál va tras Aurora.
          ―¿Y qué?
          ―No puedo permitírtelo. ―DuChamp seguía sonriendo―. Mira, soy viejo ya y he dado tumbos por todas partes, pero algo siempre tuve claro…
          ―¿Por qué los hijos significan tanto para todos?
          Era algo que él no entendía ni con un séptimo de corazón.
          ―Porque en ellos depositamos todo lo que somos.
          ―Lo siento por ti entonces. Pero dime por qué Vanitas sigue viviendo.
          ―A cambio de que vayas a por otro corazón.
          ―Sólo hay siete. ―Alva no podía dejar de mirar a Vanitas. Era hipnotizante.
          ―Siete puros puros ―dijo DuChamp, yendo hacia el ataúd para cerrarlo―. Pero hay formas de hacer que otros resplandezcan tanto como ellos.
          ―El hijo de Lila no podrá.
          ―Un experimento malogrado ―admitió Hubert―. Igual que tus hijos.
          Alva se encogió de hombros.
          ―¿Quiénes son todos los corazones? ―quiso saber el alcalde.
          ―Johnny, tu nuera, una tal Alicia, August Booth, tu hijo y los dos cuyo paradero desconozco… aunque sospecho de Ashley Boyd.
          ―Yo tengo esos dos que te faltan y te los entregaré a cambio de que dejes a Felipe.
          Alva no entendía.
          ―¿Y cómo iba a servirme eso a mí?
          ―Los corazones puros son puros porque aman más que ningún otro…
          ―Sí, sí, los seres queridos de los portadores pueden llegar a reflejar esa luz y originar un nuevo corazón al despartirse con ellos si hay amor verdadero… No me quieras dar lecciones.
          ―Eso pasó con Aurora y Día.
          ―Y su esposo ―dijo Alva fingiendo una sonrisa.
          ―Esa Alicia… ¿está casada o algo?
          ―Puede. ―Alva volvió a encogerse de hombros―. Pero, cuando reúna los corazones, ¿de qué te servirá haber salvado el de Felipe?
          ―Eso es asunto mío.
          ―Vanitas es un corazón puro, ¿verdad?
          DuChamp asintió.
          ―Dale las gracias a Maléfica de mi parte. ―Y de haber tenido su corazón completo, habría reído―. Está bien, trato, ¿quién es el otro?
          ―Tú, Alva, tú y Lucery sois el corazón que falta.
          Ahora sí que no entendía nada… ¿o sí?
          Lucery no había soportado un corazón. Él cambiaba de forma a placer, se sentía etéreo…
          ―Tu mentor quiso poner el séptimo corazón a salvo, así que lo convirtió en un niño y lo entregó a una reina para que lo protegiera.
          Alva se quedó tan sereno.
          ―Eso significa que, si quiero que los corazones reunidos sirvan de algo…
          ―Habrás de unirte de nuevo a Lucery.
          Eso eran muchas complicaciones.
          ―Para ello se necesita ese cuchillo del demonio ―dijo Alva, palpándose el pecho―. Tengo que… ―¿Empezaba a experimentar la frustración?―. ¿Y Vanitas qué? ¿Cómo se lo despierta?
          ―¿No es obvio? ―DuChamp sonrió y acarició el ataúd...―. Pues con amor verdadero.
―¿Sabes cómo traer de vuelta a esa Anastasia? ―Kathryn no creía que Alva se hubiera metido en ese problema.
          Jim, la madre superiora y Will tampoco. ¿Qué pintaba él allí?
          ―Estuve pensando y estudiando… y oyendo vuestras conversaciones ―dijo, haciéndose el niño culpable―. Y creo que hay una forma de abrir un portal al punto exacto donde ella se encuentre.
          ―¿Cuál? ―Will estaba ansioso.
          ―Si, como dices, Anastasia tiene el Gladio Vorpal, podemos usar otra de las cuatro espadas que unen los reinos…
          ―¿Cómo sabes de esas espadas? ―A Azul todo aquello le daba mala espina.
          ―Hay un tomo en la biblioteca que habla de ellas.
          ―¿Sabes dónde puede haber alguna? ―preguntó Jim al hada.
          Esta asintió disgustada.
          ―Gold ha de guardarla en su tienda. Hace mucho elegí a un guerrero, Beowulf, como su portador, pero él lo mató y le robó la espada, Hrunting.
          ―Pues busquemos en la tienda de Gold, vamos. ―Will no quería perder un minuto más.
          Alva miró a Kathryn y Jim. Sabía que necesitaba excusarse un poco más.
          ―Después de vuestro amor, de ver cómo me habéis acogido… no podía quedarme al margen y dejar que esa pobre mujer siguiese padeciendo en ese reino.
          Kathryn lo abrazó y lo besó en la frente.
          ―Eres un cielo.
          ―A ver si resolvemos este pequeño problemita de la monarquía ―dijo Jim con una sonrisa―. Pero, antes de ir a hacer nuestro turno de registro a la tienda, ¿te apetecen unas canastas?
          ―Claro.
          Y el Galimatazo, que observaba todo reflejado en el pozo de los deseos, casi vomita sobre la sonrisa asquerosa de Alva.
          ¿Quería salvar a Anastasia?
          ¿Ahora quería su espada?
          Se acabó ser paciente. Antes de dejar que la domasen de nuevo, devoraría la ciudad entera.

...
GALIMATAZO: Hoy será el día que yo lo consiga.
EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO…
El Galimatazo cae arrodillado ante Maléfica.
NO TEMAS
NICHOLAS: ¿Qué es lo que quieres?
GALIMATAZO: Que seas mi príncipe azul.
NI AUNQUE AMENACEN A LA HERMANA…
AVA: …tiene a Nicholas.
ARGUS: Te prometo que lo traeré de vuelta caiga quien caiga.
…A LA QUE TODOS TEMEN
Hansel y Gretel se dan la mano en el bosque.
Abigail cabalga.
La bruja mala ahorca a Hansel en el aire.
MULAN: ¡Suéltalo!
LA BRUJA MALA: Acércate y lo dejo frito.


Starring: Sarah Bolger como Aurora, Jessy Schram como Cenicienta/ Ashley Boyd, Julian Morris como Felipe, Anastasia Griffith como Abigail/ Kathryn Nolan, Dean-Charles Chapman como Roxas/ Alva Crane, Lucas Till como Argus Christie, Alex Lawther como Lucery, Peta Sergeant como el Galimatazo y Kristin Bauer van Straten como Maléfica.

Special Guest Starring: Ginnifer Goodwin como Blancanieves, Lana Parrilla como la reina malvada/ Regina Mills/ la reina malvada (suero), Josh Dallas como Príncipe Azul, Colin O’Donogue como Garfio, Sophie Lowe como Alicia, Emma Rigby como Anastasia, Jared S. Gilmore como Henry Mills y Robert Carlyle como Rumplestiltskin/ Mr. Gold.

Guest Starring: Sunnie Pelant como Ella niña, Tim Phillips como Thomas/ Sean Herman, Benjamin Haigh como Thomas niño, Lily James como Frances Tremaine, Sebastian Croft como Ash, Jarod Joseph como Gus, Ted Whittall como rey Micheal/ Mitchell Herman, Lisa Banes como lady Tremaine, Mekenna Melvin como Clorinda, Lola Flanery como Clorinda niña, Goldie Hoffman como Tisbe/ Mary Bloch, Xia Vigor como Tisbe niña, Adam Wilson como joven Alidoro, Greg Austin como Alidoro, Nathalie Boltt como Iria Tremaine/ Samantha Redwyne, Barbara Hershey como Cora, Rebecca Mader como Zelena, Meghan Ory como Roja/ Ruby, Jamie Chung como Mulan, Alex Zahara como Midas/ B. Forbes, Greyston Holt como Frederick/ Jim Hawkins, Alan Dale como rey George, Luke Roessler como James niño, Connor Jessup como joven James, Bailee Madison como joven Blancanieves, Nicholas González como Lawrence Lumiere, Sarah-Jane Redmond como Fedra Lumiere/ Kerry Boyd, Isabelle McNally como Drizella/ Lila Bloch, Madyson Parsons como joven Drizella, Keely Wilson como joven Anastasia, Elle McKinnon como Charlotte niña, Dalila Bela como joven Ginebra, Millie Davies como Rapunzel niña, Laura Wiggins como Laura/ Michelle Wazowski, Max Thieriot como Cecil Mae, Ingrid Torrance como Mrs. Danvers/ enfermera Ratched, Keegan Connor Tracy como el hada Azul/ la madre superiora, Raphael Sbarge como Archie, Beau Garrett como Sara Angelique, Beverley Elliott como la abuelita, Jay Brazeau como DuChamp, Noah Schnapp como Vanitas, Amy Hargreaves como Agatha, Owen Vaccaro como Eric niño, Gil McKinney como Eric, Agnes Bruckner como Lily, Lee Arenberg como Gruñón, Zac y Oliver Barker como Elijah y Luke Mae, Patti Allan como Mrs. Ginger Mae, Samuel West como Frank Barbara, Rose McIver como Campanilla, Zoe Boyle como Dodie Dearly, Gugu Mbatha-Raw como Leah Taylor, Davi Santos como Bruno Chase, Max Lloyd-Jones como Jacob/ Peter Peter, Lee Arenberg como Gruñón/ Leroy, Amy Acker como Astrid, Poppy Miller como Fred Liddell y Jaime Murray como Fiona.



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27 comentarios:

  1. Reservando sitio. Próximamente, review completa.

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    1. Y llega un nuevo fic, Different Seasons, y como siempre, toca hacer review. Veremos qué nos encontramos en esta historia y qué podemos comentar de ella.

      TÚ A MISTHAVEN Y YO AL DARK REALM. Y empezamos con la escena del Hada Negra llevándose a Fred. Una buena manera de empezar, tratándose de la hermana de Ella, que es la protagonista del fic. Además, me gustan las referencias que hay, por un lado, al cuento de Cenicienta, su hermana (por lo de los ratones), y a Alicia, su hija (por lo de las teteras). Una escena cortita, pero que da una explicación mayor a lo visto de Fred en el fic anterior.

      IT’S HERE. Un acierto empezar con Gruñón, se hacen muy necesarios sus gritos xD. Es muy interesante la escena entre Ella y Micheal. Ver el punto de vista de otro personaje en el momento de la llegada de la maldición es algo de lo que tenía muchas ganas, y todavía más tratándose de Ella. Además, se nos habla un poco del pasado de Micheal, del que no sabemos practically nada. Me gusta que Ella admita un poco su culpa por recurrir a la magia, al menos parece que ha aprendido la lección. La próxima vez recurrirá a una escopeta, mucho mejor. Y ver a Ella con ese discurso final, firme, está muy bien. Y lo de su “cadena de memorias”… I see what you did there xD.

      Y, sobre todo, al fin sabemos qué le pasó a Thomas. Yo siempre he pensado que no era necesario que nos explicasen lo que le pasó. Al fin y al cabo, sabemos lo importante: que desapareció y ya no volvió a reunirse con Ella hasta que Emma hizo el trato con Gold; y, si hubiesen gastado un flashback en la serie para explicar eso, con todas las cosas que hay pendientes de explicar, me habría parecido una pérdida de tiempo. Sin embargo, aquí encaja a la perfección, justo en el momento de la maldición, en unas pocas líneas… Es todo lo que se necesita para saber dónde había ido a parar, no hace falta más, así que me parece perfecto, y la explicación también. Si es que al final Rumple guardaba de todo en su castillo.

      COSAS SIMPLES. Después de ver a la Ashley del 1x04 y leer los pensamientos de la Iluminada sobre ese día en bucle en BTLB, es una suerte que al fin hayamos podido ver el día de Ella y, por ende, de la Iluminada y Lila (y próximamente Mary, pero eso no toca ahora, que es la escena siguiente xD). Da mucha penita Ashley. Sí, la chica habrá cometido errores según sus memorias falsas, pero da pena igualmente, y que la otra la trate con ese desprecio… Ay, Iluminada, es que es para coger el rifle y matarla xD. Y he de decir que me ha hecho mucha gracia lo de que no conseguía recordar algo importante… ¡el desayuno! Sí, hija, eso es precisamente lo más importante que has olvidado XD.

      NO LLORES, JACK, SÓLO SON CUERNOS. Aquí tenemos la escena de Mary. Ya vemos que la maldición fue un poco vaga con Jack y Jill y no les cambió el nombre xD. Ha quedado una escena divertida. No es que una historia de cuernos sea lo más necesario del fic XD, pero es cortito, algo diferente a lo que veremos con el resto de personajes y también vemos un poco de Mary, que siendo el fic de Ella sería un delito que la muda no apareciese XD.

      JUEGO SUCIO. Por favor, qué abuela, está hecha toda una bruja… oh, wait. De verdad, qué penita me dan los pequeños Mauritos, sufriendo eso en bucle cada día durante 28 años…

      BUSCANDO CULPABLES. Vaya, es una escena cortita, pero intensa. No me esperaba una escena así entre Kathryn y Argus. La maldición sería vaga con Jack y Jill para ponerles nombre, pero a estos dos les ha dado una backstory bastante dura. No sé quién actúa peor aquí, lanzándose la pelota. Primero el reproche innecesario de Kathryn (¿qué le estás haciendo a mi pobre Kathryn, maldito hater? XD) y luego Argus con una acusación directa y encima metiendo a Ruby por medio. Muy mal ambos.

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    2. SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS

      BIENVENIDOS A STORYBROOKE. Está muy bien recolectar las diferentes historias (además relacionadas entre sí) de este modo, con tantas preguntas. Es un modo de enlazar a unos personajes con otros mencionando su identidad maldita.

      EL CAZADOR CAZADO. Y si antes hemos visto a Ashley con su madrastra, ahora llega el turno de Sean. Está bien que se dé un poco de backstory al chico, que con lo ignorado que suele ser, se merece algo de trasfondo xD. Y ahí lo tenemos, relacionado con Alva que, como siempre, ya esté maldito o no es shady XD. Y luego con Ashley… qué penita da, pero bueno, si ella se quiso quedar embarazada para cazarlo, es lógico que Sean se sienta así de dolido y no le responda con la mayor amabilidad posible, precisamente. Y el mini cameo de los Zimmer ha estado bien. Así me imagino los regresos de la finale, con una escena de fondo de los personajes y ya XD.

      MALA LECHE. “Estaba más seco que el león de Nemea” jajaja. Una escena bastante potente. Tanto Ash como Frances se ponen intensos en la discusión y da hasta miedo xD. Y al final, tonto que parecía, se había dado cuenta de todo. Claro que el hecho de que la otra disimule tan mal y suelte un “Esta niña es mía” mucho más desesperado que el “She looks strong” de Tiana ayuda bastante a que el otro confirmase sus sospechas. Frances no serviría de espía. Ahora me mata el “llevo toda la vida sacrificándome”. 5 segundos después salta por la ventana xD. Pero vamos, es que la actitud de Ash no ayuda. Es lógico que se sienta engañado después de que la otra le tomase el pelo, pero tampoco tiene derecho a decir: “pues ahora la niña será sólo mía”. Eh, bonito, calma XD. Admito que el argumento es sólido: él siempre la quiso como su hija mientras que para ella ha sido una farsa desde el principio, pero aun así… es demasiado duro. Por otro lado, muy mono James queriendo coger a Ella. Aixxx, y que luego se convirtiera en lo que se convirtió…

      LA MÚSICA AMANSA A LAS FIERAS. Ay, por favor, qué loca que está Fiona. Qué penita que me da Fred, ahí, que vive con miedo… y que además parece muda, más que Tisbe todavía. A ver si se escapa ya y consigue vivir feliz de una vez por todas… hasta que, bueno… acabe muriendo al dar a luz, claro XD.

      EL BUCLE INTERDIMENSIONAL. Y en unos pocos párrafos hemos visto en qué consistía el bucle de cada uno. Me encanta que se empiece con Alicia, ya que la escena anterior era de su madre, y también está bien ver un poco de los personajes de la cúpula que conocemos, Cora, Garfio, Felipe y Mulán. Me encanta lo de Zelena, que se diga que su madre piensa en ella cada noche, y al final resulte que lo que piensa de ella es que es débil XD. Y ahí también tenemos a Anasteisha buscando a Will, Jafar esperando y Emma, August y Owen a la suya. Ahora, lo de Hook como superviviente… ya es cachondeo XD.

      NO CULPES A LA HELADERA. Y por fin, después de tanto tiempo esperando, Angelique hace acto de presencia. Está muy bien que, en un lugar en el que otros lo llaman loco por creer en los cuentos, ella le dé lecciones mucho más útiles y utilice esos cuentos para enseñarle valores, en este caso a través de Cenicienta y Blancanieves. Es una pena que se olvide de su amiga Bella, pero bueno, qué se le va a hacer xD.

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    3. SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS

      ESTÁ MUERTA, MUERTA. Y finalmente Frances murió. Al menos le dio tiempo de hablar a Ella sobre la llave de la favorita. Y ahí tenemos a la “señora Danvers” que… es un tanto creepy, sin duda, y justo desaparece al morir Frances, igual que Laura. Me gusta que el final de la escena enlace con lo que vimos de Fred en el fic anterior, es una buena manera de acabarla.

      REUNIÓN DE MADRASTRAS. Y aquí tenemos la reunión más esperada de todas, la de las amargadas y terribles madrastras, en el cumpleaños de Frerot. Por un lado, tenemos a Regina haciéndole la puñeta a Blanca… Lo que le gusta hacerla sufrir XD. Y por otro, ahí, de palique con las otras, a ver quién tiene una lengua más viperina. Pero, sin duda, la que las gana a todas es Agatha. Esa llega, les dice cuatro cosas con toda la clase del mundo y se va xD. Y ahí con Eric, qué bonico… Y la frase de antes de Ella y Thomas, preciosa, todo sea dicho.

      UN COMBATE QUE DA GRIMA. Y hemos pasado de aquel James niño tan mono que quería coger a Ella a un desalmado que no tiene problemas en dar una paliza a su primo varios años menor. Sí, así cualquiera. Le diría que deje estar al niño y se enfrente a alguien de su tamaño, pero cuando pienso en Antón… bueno, debo callar xD. Aun así, y más allá de la actitud repugnante de James, la escena de lucha es buena.

      CONTIGO NO, BICHO. Y si era repugnante la actitud de James con su primo, también la es con Drizella y Anastasia. Suerte que ahí están ellas para ponerlo en su sitio… De momento, claro, que ya sabemos de quién es el hijo de Drizella en el futuro… Pero bueno, de momento, ahí están, dignas, como debe ser. Que le zurzan al simplón ese.

      AL PASO, AL TROTE, AL GALOPE. Qué monas ahí Charlotte y Laura, pero vamos, que Laura le está quitando importancia a lo del vestido sabiendo cómo se va a poner la Lumiere… Y ahí está, ahí está, en encuentro entre Ella y Thomas de niños. Dejando a un lado las bofetadas xD, qué bonito que se conocieran de niños. Ya que es imposible alargar la escena del baile del 6x03 para que se enamoramiento tenga más sentido, al menos vemos que ella lo salvó en el pasado y ahí pudo surgir la chispa.

      TODOS LOS CAMINOS LLEVAN A GINEBRA. Y, como quien no quiere la cosa, ahí están todos juntos de nuevo. Me gusta que ahí Ginebra, pese a estar de criada, mantenga la dignidad y conteste como debe, con arte. Y luego el comentario del león y las rosas de Blanca y Regina… Ay, Regina, qué pilla xD.

      ME PARECIÓ VER UN LINDO RATONCITO. Oh, ahí está Ella, recordando… “a la variante del dragón”. I see what you did there XD. Ay, por favor, ¿cómo puede ser que ese hombre corte a Ella justo cuando está recitando la canción? Maldito… Muy bonita la escena de Ella y Gus. Como ya sabes, para mí Gus, por desgracia, siempre fue un ratón con lo poco que sabemos del 2x07 y el 6x03. Absurdo, sí, porque no debería ser así, pero es lo que se deduce de sus escenas en esos capítulos. Anyway, es eso, más allá de lo que yo piense sobre Gus y del repelús que me dan los ratones, ratas y todas esas cosas, la escena es bonita.

      EL PRETENDIENTE DE LA TREMAINE. Da mucha pena ver a Ash arrodillándose de ese modo (sí, no he olvidado su escena con Frances en la que es para matarlo xD, pero da pena igual) ante la Tremaine. Me gusta el detalle de Clorinda observándolo todo, ya que esto será clave en la actitud que adopte más tarde.

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    4. SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS

      EL RAPAPOLVO DE LILA. Ahí tenemos a Frank Barbara, Eli, que es un PE-SA-DO, y encima casi que hasta hace quedar a la Iluminada como buena xD. Y luego Lila… se queda a gusto, con todo lo que le dice a Ashley. Pobrecita. Ni siquiera le han dejado acabar la bavaroise. Eso no se lo voy a perdonar nunca. Y yo que me quería enterar de la receta entera…

      EL CONSEJO DE RUBY. Se me hace muy bonito ver a las amigas ahí, con Ruby apoyando a Ashley, con ese punto choni incluso XD. Es una suerte que al menos tenga una amiga. Y también ayuda a ver un poco más del pensamiento de Ashley, de su preocupación, el querer quedarse al bebé pero no verse capaz, tener miedo, inseguridades… Y, cuando oye la voz de Emma y parece que se va atrever a dar un paso al frete, la voz de Gold hace que sus miedos vuelvan a salir y decide dejar las cosas como están. Habrá que esperar al 1x04.

      AL DÍA SIGUIENTE. Y si antes veíamos qué habían estado haciendo en ese día en bucle, ahora vemos lo que les pasó tras la llegada de Emma: Ashley y Sean mostrando más carácter, Alicia recibiendo una visita de Sarah y un peluche de manos de una enfermera shady (no me parece normal que Edwin envíe el peluche a la enfermera en lugar de que se lo entregue la misma Sarah XD), Anastasia con su plan, Zelena… bueno, esperando un poco más xD, Cora y Garfio a sus cosas… Y bueno, Felipe y Mulán no están pero ya sabemos que iban de aquí para allá entre el refugio y la búsqueda de Aurora.

      LA VIDA DE UN RATÓN. Muy bonito el momento en el que padre e hija se sonreían, a pesar de que la Tremaine estuviese ahí para molestar. Luego, interesante que investigaran sobre lo que vive un ratón, aunque luego no sirva para nada el libro porque el caso de Gus es diferente XD. Eso sí, decir que habrá magia con amor, confianza y esperanza… Sí, sí, pero con odio también hay magia, cuéntale toda la verdad. Si la consideras mayorcita para pasarle un puro, también lo es para aceptar que no toda la magia es buena y que también la hay destructiva. Por tu culpa tu hija acabó haciendo un trato con el mismo diablo xD. Y sobre lo del puro, pues eso, no me gusta nada, para qué extenderme xD. Y me gusta que se dé trasfondo a Clorinda y a través de sus pensamientos obtengamos el porqué de su actitud. Ayuda a entender mucho mejor su proceder. Y ahí tenemos referencia a la loba de Bremen, bien.

      CRIADAS Y MADRASTRAS. Y llegó la muerte de Ash. Muy triste, pero bueno, les ha dado tiempo de despedirse, que el chico hasta que no ha acabado de decir todo lo que quería decir no ha muerto XD. Y qué horrible ahí la Tremaine dándole un golpe tras otro… Al menos no le daba por clavarle el bastón. Y por suerte tuvo final feliz y la recuerdan con esa bonita canción.

      UN HADA DE LO MENOS COMÚN. Y ahí tenemos la continuación de la escena con Rumple. Me da rabia lo del reloj porque, al fin y al cabo, el trato está hecho, él va a tener lo que quiera… ¿y le da una magia que sólo dura hasta medianoche? Si hubiese hecho eso con Jill, Jack no habría aguantado vivo muchas horas xD. Y lo mismo con los múltiples tratos que ha hecho. Pero bueno, por culpa del 6x03, que deja a Gus como lo deja, tiene que ser así, qué remedio. Pero dejando eso a un lado, muy bien, una escena fiel a la peli.

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    5. SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS

      EL BAILE. Qué bien que todo el mundo quiera a Blanca y a David. Parece que, a pesar de todo lo que ocasionó su guerra, nadie los odia xD. Y ahí tenemos a Ruby (con su nombre real), Abigail con Frederick… Es una suerte verlos un poco más, se agradece.

      Qué bonito oír hablar a Thomas de “esa chica”, con esa ilusión, como todo un soñador… Y Alidoro no se lo piensa y va a por Tisbe. Y queda una escena graciosa. Esta pareja queda para lo cómico xD. Y mira, mención a Flycatcher.

      Y la vio. Thomas vio a Ella. Y Blanca, cómo no, tenía que meterse a cotillear xD. Me gusta ver los pensamientos de Thomas (y que se mencione lo de Clorinda y Jacob). Si no se puede alargar la escena con Ella, hay que hallar otros métodos, y sus pensamientos son la vía xD.

      Me encanta ver a Frederick con Gus, compartiendo confidencias. Entre el ratón y la estatua, menudo percal XD. Y la referencia a la baronesa, genial XD. Y justo cuando va a bailar con Abigail, se corta la escena xD.

      EL PRECIO DE LA MAGIA. Me da mucha penita Roja, que sólo quería ayudarla. Aun así, se entiende que en ese momento Ella no esté para hablar con nadie. La Blue… la Blue… tiene razón en su reprimenda por hacer el trato con Rumple, pero que tampoco vaya de digna, que ella ha hecho cosas peores. Además, el discurso es algo hipócrita. Las hadas madrinas están para ayudar. De hecho, el hada madrina de Ella la iba a ayudar con magia, ¿y le dice a Ella que debía fraguarse su suerte con magia? ¿Entonces para qué aparece el hada madrina en primer lugar? La culpa es suya. Si ella no hubiese aparecido, Rumple tampoco y no habría habido ninguna magia xD. Pero bueno, olvidando a la shady Blue, está muy bien que se vea que Ella no se quedó allí por temor a la miseria, sino por plantar cara a la Tremaine y no dejar que saliese victoriosa.

      FELIZ COMIENZO. Y aquí se demuestra que la más lista fue Tisbe, que pescó al duque y se quedó con la finca xD. Pero dejando que esos sigan con su historia, el momento de Ella y Thomas es muy bonito, juntos, sonriendo… y recordando su encuentro en el pasado. Al menos ya no vemos ahí prometidos a unos que sólo habían bailado 20 segundos. También se vieron de niños… ¿unos 35 segundos? XD. Casi un minuto en total. Ya es algo más.

      EL AMOR EN FUGA. Se hace muy necesario oír/leer los pensamientos de Sean en ese momento, con toda la presión a la que le había sometido el padre, el engaño de Ashley y ahora las palabras de Emma… Necesitábamos ver qué pasaba por su mente en los instantes previos a su aparición en el hospital, y esta escena ayuda mucho.

      LA DECISIÓN DE SEAN. Sin duda, el chico, aunque algo loco, tiene valor para ir a decirle cuatro cosas a esas dos ratas, pero casi se le va de las manos la cosa xD. Suerte que Ashley, la madura y serena Ashley, está ahí para calmarlo. Y me hace gracia que la Iluminada, que siempre ha pasado de lo que dijera, pide a Sean que escuche a Ashley. Sí, claro, cuando te interesa xD. Y ahí vemos que, durante la maldición, no tuvieron las cosas fáciles. Llega a durar el hechizo un poco más y… a saber cómo habría acabado todo.

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    6. SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS

      ROTO. Y al fin llegó el momento en el que se rompió el Hechizo Oscuro. Y ahí están, qué monos… Suerte que Emma besó a Henry en ese momento. Llega a hacerlo unos segundos más tarde y la discusión habría sido muy fuerte xD. Marco dándole una miaja de apechusque, pobre. Pobre Kathryn, se va a hacer una maratón: buscando primero a Frederick, luego a su padre... A este paso se va a Boston, sí, pero a pie xD. Me hace gracia cómo huye Cecil al recordarlo todo y darse cuenta de que vivía con una bruja xD. La muda diciendo que el castigo no era para tanto. No sé cómo puede tener tanto morro xD. Reencuentro Maura también. Me da pena Argus, que debe estar fatal. Y ahí está finalmente el reencuentro con Jim. Al menos la carrera le ha servido de algo xD.

      EL ATAQUE DE LA GRULLA. Una escena bastante intensa, sin duda. Me parece muy interesante que ocurra justo unos segundos antes de que se rompa la maldición, que veamos a lo que habían llegado sus identidades malditas, lo que supuestamente habían hecho según sus memorias falsas, lo que hacían de verdad... y luego recuperan las memorias. Que Midas se acuerde de su hija justo antes de morir... da penita. Me parece que la escena está muy bien hecha. Vemos lo frío que es Alva incluso maldito, sabemos finalmente qué le pasó a Midas... y la escena queda perfecta en este fic, ahí justo en los instantes previos y posteriores a que se rompa la maldición. Y luego la huida y la vuelta de AC. Al final el dinero no es que le sirviera de mucho a Alva XD, pero bueno, al menos le dio tiempo de estirar las piernas un poco antes de quedarse durante un tiempecito en la tetera. Y con esta escena se da finalmente a explicación sobre lo que aconteció a Midas y el paradero de AC después de romperse la maldición, así que muy bien; en unas pocas líneas se han dado muchas respuestas y todas con sentido. Además, el hecho de que mataran a Midas antes de que se rompiera la maldición da más fuerza al Hechizo Oscuro, se ven consecuencias reales de los actos de los habitantes malditos, y no sólo a causa de lo que hace Regina, que al fin y al cabo estaba despierta, así que muy bien.

      ADIÓS A LOS VIEJOS HÁBITOS. “Nórdico más preparado que Arendelle” xD. Qué divertida la escena entre Ashley y Nova. Ahora bien, con Leroy… hacemos canon la escena de Good Morning Storybrooke, con lo que ello implica. Qué penita, con lo bonicos que son… Y luego Lila… cómo te cebas con ella. Si en BTLB decías que “estaba muerta en el sofá” cuando aún vivía, aquí dices que trae cara de funeral. Deja a la pobre en paz, por favor jajaja.

      QUE EN PAZ DESCANSE. Ahí tenemos a nuestra querida Ashley en el funeral de Lila, y la Iluminada faltó al sepelio… Venga, así, sigue así, que te estás luciendo. Me gusta que haya nieve. Así de simple soy, la nieve mejora cualquier escena XD. Me gusta leer a Tiana. Pero bueno, eso ya lo sabes XD. Me encanta el discurso de Ashley. No tan emotivo como el de la verdadera Cenicienta en el 7x03, pero bueno, al menos lo intenta.

      Me gusta que vayas pasando por los diferentes personajes, queda muy bien la escena: Aurora y Felipe, Kathryn, Jim y… el otro XD, Ginebra, Michelle, Cecil… Uh, ¿se cruzó con las Sanderson en el pasado? Astrid consolando a Ashley… Y Tinknita con… Naviana (?). Cuánto amor junto. Argus se cree un traidor… Y Tinknita cogiéndose de la mano… Y acabamos la escena con Crane pensando en Alicia… #Miedo.

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    7. SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS

      ANTES DE QUE SEA TARDE. Me encanta cómo Ashley pasa un poco de Mary y cómo contesta a la Iluminada. No es propio de Ashley hablar así, pero entiendo que con algunas personas es la única opción xD. Y la escena con la Reina Malvada, muy necesaria. Teniendo en cuenta lo ilógico que es todo el tema de la escopeta, hacía falta algo así para explicar el comportamiento de Ashley, y ya que la Tremaine había hablado de la Reina Malvada como su “hada madrina” en el 6x03, era la mejor opción, y ahora tiene todo más sentido.

      DE PUENTE A PUENTE Y LA TIRA PARA QUE LA LLEVE LA CORRIENTE. Menuda escena que han tenido estas dos, y de lo que nos hemos enterado… Al final resulta que Laura es una asesina en serie: Frances, su hijo, ahora la Ratched… Cuidado con ella, que es peligrosa XD. Muy bien ahí la tensión y las revelaciones de la escena.

      MARCADAS. Es una escena cortita y no es que veamos interactuar mucho a Ashley y Lucery, pero es bonito ver cómo él lee a Sean y cómo ella lo observa y se plantea perdonarlo… Algo es algo Y Lily… ay, Lily, que al final, a pesar de lo que Gideon le hizo, va a ser pura luz xD.

      ENCANTADA DE CONOCERLO. I knew it! I told you! Te dije que me imaginaba la escena así, ¡no estaba loco! Es que tampoco había muchas opciones de posibles muertos… Tenía que ser él. Ahora, como no hemos visto su muerte, esperemos que en el “presente” podamos ver bastante más su relación con Ella. Al menos que hagan las paces, tampoco pido 200 escenas XD. Pero bueno, volvamos a esta escena, que es lo importante. ¿Me ha sorprendido? No, porque medio en serio, medio en broma, te lo dije XD, pero ¿me ha gustado? Sí, es muy bonito, pero también triste. Aunque bueno, tenía que morir igual, y al menos se nos anuncia su muerte en el centric de su hija. Era el fic ideal.

      CORAZÓN PARTIDO. Y ahí tenemos escena entre la EQ y Maléfica. Esta mujer se está paseando por todas partes, hoy. Y ni siquiera son las 10. Y ahí tenemos la respuesta a por qué Maléfica no intervino en la sexta temporada. Bien pensado. Ahora parecerá que la EQ es un plot device para tapar todos los agujeros de los Two, pero qué se le va a hacer, ella era la que estaba dando la lata en esa época xD.

      ALVA Y LOS SIETE. Así que August tiene uno de los 7 corazones… y Felipe otro. Y parece que Alva y Lucery tendrán que volver a unirse… Pues una escena bastante reveladora. Al fin sabemos a quién pertenecen los corazones. Aunque el hecho de que se pueda crear uno nuevo que pueda servir de sustituto a otro puede hacer que la idea de los 7 pierda valor, ya no son tan importantes, entonces XD.

      OPERACIÓN GLADIO VORPAL. Y ahí están todos reuniditos para ver si, al fin, sacan de ahí a Anastasia, que ya va siendo hora XD. Y Alva con su plan… Qué miedito. Aunque más miedo da el Galimatazo observando todo. Temamos todos.

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    8. Y fin. Ha sido un fic muy interesante que ha dado a Ella y a Thomas (más a ella que a él, pero igualmente no nos podemos quejar con el papel de Thomas xD) el protagonismo que merecían, no sólo alargando el flashback y el presente del 6x03, sino también con un poco de su pasado y con su vida de malditos.

      Además, también hemos visto un poco de otros personajes y de sus identidades malditas, y hemos tenido varias revelaciones: lo que aconteció a Midas, el paradero de Alva Crane, la muerte de Lucery, los asesinatos de Laura, la identidad de los portadores de los corazones… Pese a ser un fic que en el presente no ha avanzado tanto como otros, se han dado muchas respuestas.

      ¿Cosas que no me hayan gustado tanto? Pues la escena del puro, que eso ya lo sabes XD, el tema de Gus por cuestión de headcanon (sí, yo estoy en contra de que hagan animales inteligentes, pero el 2x07 y el 6x03 me dan a entender eso y sabemos cómo son los Two y que ellos pueden hacer canon algo así)… y bueno, lo de que se puedan crear nuevos corazones me genera dudas por lo que decía, porque si el caso es que tiene que haber 7, que esos son los importantes, los especiales, el hecho de que puedan crearse sustitutos (aunque sólo a partir de uno de los portadores, cierto es), le puede restar autenticidad a los otros, pero veremos cómo se resuelve el asunto.

      Por lo demás, eso, ya está. Me ha gustado mucho ver un fic centrado en Thella, que saliesen bastantes personajes, que hayamos visto el SB maldito y que se hayan dado tantas respuestas. Ahora a ver cómo sale lo de Anastasia y qué planea el Galimatazo.

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    9. Te dejo un top pero, como siempre digo, es posible que sufra cambios (ligeros, pero cambios al fin y al cabo) sobre la marcha porque no sé dónde colocarlo y tengo que dar un buen repaso y evaluar seriamente un día qué posición merece cada fic, aunque al menos están distribuidos por grupitos y eso lo hace más sencillo XD.

      1. Strokes of Midnight
      2. Sleeping Beauties

      3. Blue View
      4. The Other Side
      5. Different Seasons

      6. Fairest One Of All

      7. Prince Darling
      8. Bear the Link-Boys
      9. Light Of The Seven

      10. Carol As Old As Time
      11. Our Mist Haven
      12. Don’t Fall in Love

      13. The Lion and the Roses
      14. The De Vil Within


      Too-da-loo!

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  2. OMG Gracias peter ❤😘👏💖💖

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  3. ¿PERO CÓMO TE ATREVES, MALDITO HATER? ¿QUÉ ES ESTO, UN INTENTO DE DESPRESTIGIAR A LA BADASS POLLERA LLENA DE BELLEZA, BONDAD Y JUVENTUD? ¡ESA ES LA MEJOR CENICIENTA, LA QUE VUELVE INDIGNO A HENRY EL AUTOR! ¡VIVA HOOK!

    Bueno ya está, ya está el teatro. Lugar Reservado. ¡Besotes!

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    1. ¡Bueno bueno, por fin el gran capítulo anunciado para enero jejeje! A ver con qué nos encontramos, si estará a la altura o será “Tiny” XD.

      ¡Por fin un Previously largo para refrescarnos tras tantos meses desde TOS! Excelentes las partes de la S1, mucho RB para mi gusto pero bueno…

      Wooow, esa primer escena, con la inventora de la magia negra en todo su esplendor jeje. Inevitable recordar al 6x16, aunque esa parte me gustaba.

      Y no podía faltar Gruñón con el “It’s here”. A ver, de esta escena, está muy bien el diálogo, tengo perfectamente en mi mente a la Cenicienta cansada y agotada que le confiesa a Thomas sobre Rumpel, es sin duda muy interesante lo que cuenta su suegro sobre su pasado, etc…pero muy tranquilos ellos para venirse la maldición. Muy superados. El por lo menos. O es que tienen una confianza absoluta de que se va a romper, o les da igual.

      Pobre Ashley, repitiendo la vida que tenía en el EF ahora en SB, y Kerry qué mala que es. Ya te había dicho que es igual a su verdadera personalidad, pero tú dices que es la idea, así que no importa. Me recuerda a la Cenicienta animada haciendo los desayunos, eso estuvo bueno. Hay que ver cuán malas son Lila y Mary pero estoy segura de que Mary es la peor. Veremos.

      WAIT WAIT WAIT WAIT WAIT, STOP STOP STOP STOP, ¿JILL SE REVOLCABA TODOS LOS DÍAS CON MI HOMBRE? ¿TUVO ESE ENORME Y HERMOSO PRIVILEGIO? ¿UNA ESCENA SIN ROPA QUE ESTE BOMBONAZO TIENE, Y ES CON OTRA? ¿AHORA ES UN JUGUETE SEXUAL QUE USAN PARA DESCARGARSE? En fin, digamos que me imaginaba algo así y que me reí para no llorar. No sé si la cámara lo enfocó por detrás XD….

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    2. ************************************************************************************************************************

      ¿Y ahora resulta que la madre de él es abusiva con nuestros pobres niñitos? Ahora aparece Maxi y seguro les pega, pobrecitos.

      Conque Kathryn se llevaba mal con Argus y había reproches…¿pero él no es bastante más joven que ella? Y vuelve a salir el tema del hermano.

      Me encantó el momento de interrogantes, y te agradezco con el alma el guiño a Fisher/Grimsby. Amo los guiños. Lo de la pescadera, mejor me callo. Te faltó, ¿por qué el jardín de infantes es un loquero y descontrol total jejeje? De todos modos para la maldición de Blanca hay que buscar otro concejal porque Grimsby se salvó de esa. A tu juicio.

      Sorprendentemente me cae bien el Alva hechizado, y el diálogo es divertido. No sé si Sean es taaaan alto pero bueno. Ahora aparte de desgraciada resulta que Ashley es una arrastrada…si es que al final mucha gente lo pasó peor que Blancanieves, que se supone que era el target principal.

      Ouch…justamente iba a decirte que me gustaba Lily James, la discusión con Ash y la escena en general, cuando ya re pronto se suicida. No pensé que muriera tan rápido. ¿Igual Ella no decía “mi madre ME contaba historias de esta llave” (la de la LOUS)? Salvo que ahora resulte que no se murió. Y yo tan jovencita aguantando todo esto. Qué bueno que al menos James aún era un amor.

      De nuevo la Practically Inventora…qué escena tétrica. A mí los FB del 6x16 me gustaban y por lo tanto me gustó esta escena. Está muy loca Fiona, y pobre Fred.

      No tengo nada que decir de la escena de los mundos, pobre Alicia queriendo cortarse las venas. Está todo muy bien, excepto lo DESCARADO que eres al decir que Hookito es un sobreviviente.

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    3. *************************************************************************************************************************


      ¡Oh, nuestra Trisha querida! Ejem, Pobre Jared cómo lo sobreexplotaban de pequeño jeje. No sé tampoco si Henry recordará que de más pequeño Freddie Kay le leyó la versión Disney, PERO WOOOW QUÉ MANERA DE REIVINDICAR A LAS PRINCESAS MÁS CRITICADAS, GENIAL, Y ENCIMA LO HACE TRISHA. No me esperaba esto.

      Ah, ya me parecía que Frances no se había muerto, menos mal. Lo que no sé es cuánto tiempo estuve separada de Maximus si todavía sigo ahí. Ah no, que ahora murió y yo me fui. RIP.

      ¡QUÉ LINDO QUE ES EL THOMAS NIÑO, ME ENCANTA! Más me encanta la escena entre Regina y Blanca, que es algo que yo quise ver siempre. Era evidente que se trataba de una treta de Regina, y genial por eso. Es más, ella renegaba de ser reina pero bien que luego llegó a encantarle. Quizás ese es el conflicto interno que tenía. ¿Lady Tremaine le sacaba ALGUNOS AÑOS? ¡LE SACABA UN MONTÓN! En fin, muy lindo el crossover de villanas, y qué curioso que Regina era la menos peor y terminó siendo la peor. De la Reina Agatha no tengo mucho que decir, más que preguntarme cómo se hubiera llevado con la familia de su nuera jeje. Y Ericcito un amoroso.

      ¡OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOHHHH, EL SEXY JAMES! No tan sexy como Cecil desnudo, pero igual es lo suyo. “Clavó su mirada, como todo quería clavar” jejejeje. No sé cómo a una chica le puede seducir un chico que maltrata niños, por más hermoso que sea. Porque hay que ser, a la edad de James y pegarle así a un niñito. Claro, como el niño es bonito y no lo puedes matar, le pegas todo lo posible, MH.

      Tengo un pequeño conflicto con la siguiente parte, tal vez soy yo sola. Se juntaron Cenicienta con su auténtica Usurpadora latina, y las dos madrastras jejeje. Pero muy bonito mi momento con Charlotte, esa niña es un amor.

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    4. *************************************************************************************************************************

      Eeeeeeeeeeem, no había necesidad en eso de “los animales no hablan ni sienten” aunque tampoco es que Ella lo sepa todo. Respeto ante todo. Lo siento casi como un ataque a mí eso. Ahora de castigo no te comento la escena y sigo. Oh, para colmo ahí viene Clorinda niña…

      Me gusta bastante el pobre Ash como padre, y qué impresión cómo se arrodilla ante Lady Tremaine. Tanta impresión como que practically le pide casamiento.

      “Historias fantásticas raras donde se sacan objetos cada dos por tres” jejeje muy buen guiño. No tengo nada a destacar aquí porque ya se había que Lila hechizada era mala.

      Me da gracia que de plano le digas Norman Bates a Granny. La escena con Ruby, no tengo mucho que decir, sólo que es bastante consistent con sus opiniones del 1x04. Curiosamente, aunque Emma sea la gran ausente, estos relatos muestran cuán importante era, por la cantidad de vidas que salvó en el 1x01 y 1x22. No sólo en tu caso, en el mío también, que sino había que aguantar la boda de Aquata por toda la eternidad XD.

      Una pequeñez digna de las tuyas XD: Quedaba mejor poner “un conejo de peluche” que “un peluche, un conejo”. Por lo demás, excelente lo que cuentas, y cómo yo no pensé que justificarías al Hook del 6x06 con sangre de kraken como objetivo jejeje. Muy bien hecho.

      Me da pavor pensar en el casamiento entre ese muchacho y esa vieja. Pero Ash me cae bastante bien, un dulce padre soltero. Excepto por lo de fumar delante de su hija, eso no. Se saca a colación el tema de que Ella, extrañamente, no sabe si existe la magia, y quizás con eso estaría más justificado el tema de los animales. Me cuesta MUCHO creer que Tisbe fuera la hermanastra cruel, y no porque fuera muda sino por la tremenda cara de tonta que tiene. Lo de Clorinda, en cambio, está bastante bien explicado. Yo en TOIYB había puesto “Lord Tremaine” como si ella siguiera casada con su primer marido, pero no importa, puede ser el propio Ash, y tampoco te puedes tú acordar de algo ya tan viejo. Con esto quiero decir “lo noté pero no pasa nada”. Me acordé mucho de la peli nueva en esta escena.

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    5. *****************************************************************************************************************

      No me queda claro si Ella seguía siendo niña o ya más mayor cuando murió su padre, y la muerte me parece parecida a la de Frances pero con más emoción. Aún así, buena escena, y me imagino muy bien a Lady Tremaine azotándola. Madame Lumiere jamás hizo eso con Ginebra, usurpadora floja jejeje. Respecto a la canción, yo me imagino la melodía de la presentación de la película animada. Y perdón, pero sigo sin poder imaginarme a Tisbe como la mala. Simplemente no lo imagino. Sé que se vio muy poco de ella pero me cuesta horrores.

      Curiosamente, me divirtió el momento de Ruperto. Fue bonito. También cuando Cenicienta abraza a su amigo humano, emocionada.

      ¡Qué genial que todo el mundo aplauda a mi preciosísimo Snowing, se lo merecen! La actitud de Thomas de esperar a su “chica perfecta” me parece muy típica de Eric, pero casi que ya eran similares desde Disney, so…Alidoro muy divertido, qué pena lo de la “malísima” de Tisbe. Me ilusioné por un momento pensando que Blanca lo hizo a propósito, es decir, chocarse con Ella como excusa para hacer de casamentera entre ella y Thomas. Qué pena que no fue así, pero no es grave. “Alma de Hades” me mató XD.

      No entiendo, ¿Gus bailó con Frederick? ¡Qué raro! Y ni siquiera se dio cuenta de que su amiga se le fue. Y ya ni hablemos de que la madrastra no se sorprendía nada con ver a Cenicienta en el baile, pero eso ya es el 6x03 y no tú, lindo.

      Bien buscado que conociera a Ruby a la salida del baile, debe estar muy bonita con vestido. Pero es una vergüenza ser la mejor amiga de Blancanieves y llegar tan tarde jeje. Lo de la Blue es más de lo mismo pero estuvo bien pensado. Por muy triste y desesperada, a Cenicienta no le importó demasiado pactar con un asesino.

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    6. ***************************************************************************************************************************

      Iba a decirte que precioso el momento Thella, pero wooow, no me imaginé que se revolcaran allí mismo XD. Seguro fabricaron ahí a Alexandra. Y, sé que no era la idea, pero me acordé mucho de los momentos CS del 5x04.

      Me mató la vida falsa de Thomas y Ceni, y el momento en que éste tomó consciencia. También estuvo bien que Ashley se peleara con su familia falsa en pleno 1x02, para así tener al menos dos capítulos en los que no se hablan.

      “Quemó unos jacintos” jeje me muero. Estos Kerry y Herman, al tener tanto dinero, no sé qué les costaba apoyar a la pareja y a la hija de éstos. Pobre Sean, a pesar de todo me lo imagino bastante bien haciendo ese numerito de rabia y a ellos con terror. Me gustó cómo cuentas cómo continuó la vida de Thella en la maldición, pero me pareció fatal que ni mencionaras el momento mágico y hermoso del 1x12, donde, aún hechizados, se comprometieron y solucionaron parcialmente sus cosas.

      Woooow, no me imaginé que ya vendría el rompimiento de la maldición, tal vez porque esperaba esa dichosa escena entre AC y Regina. ¿Se mudó o se canceló? Están muy bien los reencuentros y demás pero…no sé…tantas teorías que tenía yo con el Reencuentro Maura y al final demasiado sencillo, uno más del montón. Fea la actitud. Pero vuelvo a apreciar que Eric nombre a Grimsby, eso sí.

      Me perdí con la escena de AC. Primero, ¿osea que él ya era un psicópata aún durante el hechizo? ¿Y Midas era un delincuente y se murió segundos antes de que se rompiera?¿Y cuándo estamos en la tienda de Gold, en la 4A? La verdad lo siento bastante apresurado y poco claro, porque suena como si el hechizo de Pan ya hubiese pasado.

      Encima parece 2012 en la escena entre Ashley y Nova. Qué curioso que ahora enseñe magia. Bonito el reencuentro con Dreamy, casi tanto como cuando en TOIYB aprovecharon para revolcarse estando Blue en el sombrero XD.

      Me cansa bastante el exceso de “dijo” pero eso ya lo sabes. Estuvo buena la mención general de cómo está cada uno, y creo que, a falta de sus hermanas, es justo que Ashley de el discurso para Lila. Pobrecito mi Cecil hermoso divino precioso, no se merece pasarla mal.

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    7. ***********************************************************************************************************************

      Ooooooooooh, tremendo salto hicimos. ¿Se acabaron así las semanas de la 5A, o luego serán retomadas?

      ¡ASHLEY USURPANDO UNA FRASE DE LA GARRA DEL 7X01, ME MUERO! Pero te felicito completamente por el gran parche al 6x03. Muy inteligente Candy Candy, y tampoco es que Regina fuera un super disfraz, un cambio de ropa y listo. Está muy bien hecho todo, excepto que nada lava a Clorinda como cómplice de su madre.

      ¡Ah, no, enero sigue, ya me parecía porque faltaba el “Maldita Peluquera” light! Estoy notando que te gustan más las frases hechas que a la Garra, tienes un montón. Vaia, no me veo en esta situación para nada, ¿ahora soy una asesina y tiré a la Ratched al río? ¿Y encima en ese momentazo de culebrón? En fin, tiene que haber algún truco aquí.

      Eeeeem, pero si Thomas no le puso el zapato a Ella en el 6x03, aunque sea tierno el detalle de Lucery a Sean. Conque Ashley tiene la misma marca que Lilith…

      Bueno, pobre Clorinda, treinta años en una tierra en la que no había bucle ni envejecimiento, aguantando a su madre, al final es el peor horror de todos. Difícil le será desde ahora volver a envejecer, ¿pero quién piensa en esas cosas XD? ¡Oh no, se murió el florero Lucery, qué pena! Será cosa de ver cómo murió.

      “La que tuvo, retuvo”, ay Peter, eres la Garra enserio jeje. Estoy conflictuada con esta escena. Imagino que esto sucedió entre el 6x06 y 6x07, porque antes Candy Candy estaba más enfocada en “hacer pelear a la familia” que en esto, y esta Benéfica, qué pronto cede. Lo gracioso es cómo CC se burla de lo que es Maléfica ahora cuando ella muy pronto será lo mismo. Sólo no olvides que estará ocupada durante la 5B, con cierta criatura marina.

      ¿Siguen estando en combate DuChamp y AC durante la 6A? Bah, si a Hubert le dicen alcalde, ¿volvimos a la 5A y te olvidaste de poner el cartel de enero? Ay, seguro que Lucery se fusionó con Alva y se mató para que murieran ambos…qué bueno que al menos a Hubert le importa su familia.

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    8. CONCLUSIONES:

      Por lo general, es un relato precioso, un homenaje más que digno a Cenicienta y a su historia, e incluye un montón de cosas interesantes, como el día de la maldición, ampliar más sobre aquellos años entre Regina y Blanca, un montón de detalles curiosos y bonitos, los EXCELENTES Y FENOMENALES PARCHES no sólo al 6x03 sino a la Maldición Snowing, la perfecta explicación sobre cómo estaba cada personaje importante en los Mundos durante el hechizo, etc. Lady Tremaine una villana que cumple las expectativas, bueno el papel de Thomas, y Ashley espectacular.

      Como críticas…el cartel de “Enero 2014” que creo que olvidaste poner al final, y que me hubiera gustado más desarrollo de los personajes hechizados con el reloj andando, ya en la S1. El Maura bastante simplón, aunque lo de mi marido hechizado me dio risa. Me había imaginado más cosas y lo sabías. Y pues, no sé si considerar error eso de que soy una asesina, depende de cómo vaya todo, pero ese enfrentamiento es muy de las telenovelas que odias.

      Pero bueno, te felicito porque en general está muy bueno, se nota mucho el empeño, se agradece que haya salido tan rápido y espero que así continuemos.

      CALIFICACIÓN: 8

      ¡Besotes, lindo!

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    9. LAURA PARTE 1
      Bueno, hija, pero el #Rumbelle del previously era necesario. Además, es una conversación sobre la magia, no promoción del ship. Controla esa F.

      Mejor que te rías con la escena de Jill, porque era para eso, humorística. Aunque era más una escena de Tisbe/ Mary que pierde mucho al ser… eso, leída. Yo me la imagino con la música del cancán, ya sabes, Orpheus in the Underworld, y claro, me meo con ella. A Charmed le hice una lectura por teléfono con la música y estuvo de acuerdo en que ganaba mucho así.

      Bueno, bastante bastante… Anastasia tiene trece más que Lucas, pero sus personajes rondan ambos los treinta.
      No sé lo que medirá Tim Phillips, pero a la vejez, viruelas. #GarrotazoDeHoy.
      A ver, Blancanieves se supone que sufría cuidando a su amor, al que no reconocía, siendo acosada por Regina, viviendo en soledad por una timidez absoluta que le habían impuesto… Cada perro tenía su san Martín. #GarrotazoNumberDos.

      Aguantando… ¡ASESINA!

      Pero a ver, Garfio es un superviviente, ¿sí o no?

      Nuestra Trish defendiendo a las protagonistas de los cuentos en una nueva sección oculta de “Del cuento a la serie”.

      No estoy aquí para discutir de dimensiones temporales… Que no xD. A ver, no tengo la línea temporal a mano, pero creo que lady Tremaine le sacaba diez años a Regina. Pero vamos, no estoy seguro… Ahora no sé si eran quince… A ver, mira, que mi ISFJ lo ha mirado: Lady Tremaine (1929 - 2014). Regina (1947).
      Agatha es la mejor, que mira como llega y con toda la dulzura y, encima, con amor a su hijo, las pone a todas en su sitio. El propósito de esta escena, juntando a las dos familias con una “Cenicienta”, es, más o menos, diferenciarlas, sobre todo a las madrastras y a Ginebra y Ella.
      Exacto, Laura, me has pillado. Le pego porque no lo puedo matar, aunque en la película donde lo conocí sí que lo matan bien.

      Generar impresión con la pedida de Ash era el objetivo :)

      Es que a Granny la llamaba Norman Bates Ruby en el 1x15. Y Ella le decía Liza, por Liza Minnelli.
      No sé cómo será la escena en la que se diga lo del conejo, pero si lo escribí así, bien escrito está. Por algo así estará.
      Bueno, Laura, se puede ser “tonto” y cruel, mira los niños de “La gallina degollada”, el cuento de Horacio Quiroga. Y sobre Clorinda, a ver, yo ya te dije lo de la edad, y en la escena anterior, que James tiene 18-19, no recuerdo ahora cuando la marqué, ella apenas tiene diez. Pero bueno.
      Cuando muere Ash, Ella ya es Jessy Schram xD.
      Sí, a mí también me gusta mucho Gus. No tanto como el Gustín, pero me parece entrañable y daba para escenas emotivas. Una pena no tener ni tiempo ni ganas de desarrollar más esta amistad.
      ¿Cómo van a ser similares desde Disney Eric y el príncipe sin nombre que ni siquiera va en busca de Cenicienta? Todavía si metemos la Cenicienta III vale, pero con las dos películas primigenias en la mano… El príncipe... “Henry” se supone que se llama, no puede tener nada en común con nadie que no sea un florero. Es el príncipe Bellota.

      A ver, si Ruby puede besar a Dorothy delante de todos esos munchkins y antes habla tal cual del tema con Blanca, está claro que allí el amor y todas esas tonterías de convenciones sociales que arrastramos aquí como paletos están libres de prejuicios y todo está normalizado. Así que que bailen dos chicos o dos chicas dará exactamente igual. Y ya en el 1x04 bailan Blanca y Ella. Además, era más gracioso que bailara con Frederick y tuvieran esa conversación.

      Niña, que Ruby no llega tarde, que ya de antes se la anuncia. Llegó con Blanca. Si dicen “Blancanieves no sé qué y Rosenrot”.

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    10. LAURA PARTE 2
      Bueno, eso de momento “mágico y hermoso” en el 1x12… y eso de que solucionaron sus problemas… Ashley estaba toda quejica y pesada ahí, que es lo que se explica en el fic. Y lo que tuvieron fue que él le regaló unas flores y un anillo, le pidió matrimonio y se fueron a practicar el onanismo mutuo en la furgoneta, ya está. No es que sea una cosa loca que solucione nada. Era pan pa’hoy y hambre pa’mañana. #Garrotazo3.

      No había tiempo para esperar al 2x02, construir otra escena, establecer los personajes, el diálogo y tal para daros otro reencuentro a ti y al otro. Que además, me tendría que haber inventado algo para justificar que tardáseis tanto xD.
      No es que fuera un psicópata, es que tenía pocos escrúpulos y tras tantos años sirviendo a esos ricos en su blanqueo de dinero quería su parte xD. ¿Apresurado? ¿Querías un fic entero con Alva al estilo de “Sexo en Nueva York” pero por Portland, Maine? Lo de la tienda de Gold es apenas al comienzo de la 2ª temporada, no me preguntes cuando, pero no sé, en torno al 2x04 o a saber.
      Bueno, si algo establece esta escena de Nova, que no es mía, viene en el DVD de la 2ª y yo lo que he hecho es traducirla y hacerla más canon, es que ella ya no es monja. Esto creo que a mí me contradice, pero bueno, el canon es el canon y ajo y agua.

      Pues lo siento pero dijo es lo que se dice y no hay más que decir.

      A ver, sé que en las culebronovelas discuten mucho, pero en la vida también hay muchas discusiones, ¿no? ¿Qué tiene esta escena de culebrón exactamente? ¿Que es en un puente? El puente es un plot device para que tires a la Ratched, que hay sacarla de encima varios capítulos, porque Felipe no puede descubrir la verdad, no es conveniente para la trama.
      No recuerdo ahora todos los detalles del 6x03, pero ese texto está sacado de la serie. O sea, hay un capítulo donde está esa página y se ve. De ahí lo he cogido. Parece que el libro también cuenta versiones de Perrault y tal… o del Wish Realm xD.

      Bueno, para mí esta escena va justo después de la de la tumba de Lucery, o sea, tras el 6x03. Porque aunque la EQ quería instigar en la familia, que quería el corazón de la otra ya era un plan premeditado por ella, porque lo dice al final del 6x06 y al día siguiente ya tiene todo dispuesto. Un poco de lógica, por favor, que, al fin y al cabo, Regina es ENFJ.

      A Hubert le importa mucho su familia, sólo hay que ver cómo le da igual el destino de Aurora y lo que le haya pasado al nieto xD.

      Bueno, hija, se me olvida un cartel y ya es peor que si hubiese sacado una judía. ¿Más desarrollo de personajes hechizados en la 1? No tengo tanto tiempo libre xD. Ni puedo desperdiciar tramas buenas que podrían serme útiles en novelas propias con los fics.
      Maura es secundario, secundario… secundario secundario xD. Estáis un poco de fondo, para dar ambiente, y porque en X momentos necesito ciertos tipos y prototipos de personajes y estáis ahí vosotros. Vamos, sois como la Granny y el Gruñón de los fics xD.

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    11. Bueno Peter ya que tanto querías respuesta, ahí voy.

      Obvio que la escena de Tisbe pierde mucho al ser leída en vez de mostrada por el bombón hermoso de Max Theriot. Pero mira qué caballero, con cómo lo maltrata ella él no le hace nada.

      Me matan los Garrotazos, pero igual insisto en que mucha gente lo pasaba peor que MM, entre Ashley con su gestación eterna, Hansel y Gretel en la calle o Belle en el manicomio.

      Lo de asesina y lo de superviviente ni merece la pena que te conteste XD.

      Sí, ya me acuerdo lo de Liza y Norman, pero me sorprendió cómo fue nombrado tan directo. “Por algo estará” no, la verdad que quedaba mejor como te digo, pero no importa.

      Y, no sé, si Ashley se quejaba de que estaban desgastados y Thomas le dio esa sorpresa tan linda en el capítulo, y ni se menciona…se pudo haber mencionado, sino queda como que a ella ni le importó esto.

      Ejem, te recuerdo que me preguntaste si yo tenía teorías sobre Maura y me dijiste “estoy intentando que estés con David” y cosas así, por más que no se trate del 2x02.

      Bueno, del “dijo” no vamos a hablar. A mí me hace ruido y no lo puedo evitar. Y no te justifiques que esa escena fue un culebrón en toda la regla, te lo puede decir cualquiera XD.

      Y si somos tan secundarios no me ilusiones, ¿o quieres volver a ser el Estafador?

      Conste que hice esto por pedido tuyo. ¡Wesotes!

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  4. Me matas, Trish, con eso de "la Cenicienta interpretada por Jessy Schram" jajajaja. Como si lo de Dania mereciese ser Cenicienta.

    Muchas gracias por publicarlo tan rápido <3

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  5. Hola Peter, ya me lo terminé y estuvo muy bueno. Pero disculpame que no te escriba ahora, es que casualmente salimos a correr los dos, y entre eso y el día en general estoy bastante cansado. Seguro mañana. ¡Abrazote!

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    Respuestas

    1. Acá estoy, campeón. Capaz que no es mi día más inspirado pero no me gusta arrastrar cosas pendientes, y sé lo que es estar esperando opiniones.

      A mí me gusta mucho el capítulo de Cenicienta de la sexta y no me puse a buscarle los puntos flojos. No los vi, quiero decir. Pero todo lo que va a la par de esa época está muy bien pensado y salva bastante las cosas. Una cosa que sí no me banqué en su momento fue la hipocresía de Clorinda, eso debe haber sido lo más difícil de arreglar. Pero en sí toda la historia de Ella estuvo muy linda, no sé si me gustó más la suya o la de Ginebra en su momento. Son muy lindas las dos, dejando de lado lo que le pasa a Ginebra después.

      Lo de la maldición, admito que me puse colorado y me dio risa jaja, lo hiciste para molestar a mi novia, no mientas. Y eso de que andaba con Smee, ya me pone re mal imaginármela con cualquiera pero con ese me da asco. Pero bueno, todo bien, me lo tomo con humor. Gracias a Dios mi mamá no es como ésta, y qué feo lo que pasan mis nenes. Esa parte mucho no me gustó, y cuando le pegan a Thomas de chiquito tampoco. Pero vuelvo a decir que ojalá tenga hijos así dentro de pocos años, son preciosos esos nenes.


      Yo creo que el verdadero castigo lo viví cuando me desperté y me di cuenta de lo que hice, más que cuando estaba embrujado. Estaría bueno que pusieras que medio Storybrooke tuvo que ir con Archie al despertarse jajaja.

      La historia falsa de Ashley y Thomas me sonó a dramón adolescente, pero está bien, pega con ellos. Alva Crane yo pensé que se había ido al País de las Maravillas pero está bien la respuesta. Aunque lo que me mató de risa fue el escenón de telenovela mexicana que tiene Lau, es mortal esa escena. A ver cómo se explica porque yo no creo que esta mujer hermosa por dentro y por fuera sea una asesina, pero vamos a ver.

      Estuvo lindo, no fue el mejor pero fue interesante, ameno, no aburrió, y nuestras escenas son un cago de risa.

      ¡Abrazo de gol!

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  6. ¡Hola, Peter! : D
    Bueh, aquí vamos, tengo que decir que, a pesar de ser un fic más centrado más en un personaje especifico, este creo seria de mis favoritos : )
    La relación de Ella con Ash es preciosa, todos sus momentos. Da un montón de pena como se tiene que ir a por la Tremaine, por Ella :''(. Las escenas de los dos con Gus también son muy tiernas. PEEEEEERO, contigo el fluff siempre nos sale caro xD, obviamente iba a morir, pero que escenas tan *asjjsahsdj* :_(
    La reunión de madrastras muy buena. Ya habías pasado, pero me gusta mucho, además, diferencia muy bien el carácter de las tres. James cortejando a Drizella... SIGNIFICA PE-LI-GRO. Btw, pobre Blanca entre tanta arpía xD.
    Muy bueno, lo de Ashley y el eterno castigo en SB con la Lumiere.
    Ahhh, el baile y la escena de la transformación xD, mori con el Duque y la Tisbe, también la Blanca casamentera con el Thomas fantasioso (que mal se lee xD), precioso : 3
    Yyyyyyy la Blue metiendo las narices en todos lados, tenía que ser xD.
    El fic fantástico como siempre, perdón si la review ha quedado algo corta, pero que sepas que el fic me ha encantado. Queda como uno de mis favoritos junto con LOTS : )

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