lunes, 30 de octubre de 2017

Fan Fic: Fairest One Of All


Descubre el pasado de una de las villanas más interesantes de la primera temporada, la Bruja Ciega de Hansel y Gretel que pudimos conocer en el 1x09, cuya historia no contada nos narra nuestro seguidor Peter Pan.

Anteriormente, en Érase Una Vez…
Regina: ¿Qué debo hacer para conjurar el hechizo?
Rumpel: Tienes que sacrificar el corazón de aquello que más amas…
Regina (a su padre): Esta caja se fabricó para custodiar algo preciado…
Regina: Cuando consiga vengarme, esa será mi victoria.
Maléfica (a Rumpel): Aunque colaborásemos juntos, no concibo hechizo alguno que logre aquello que estás diciendo.
Regina: Sabes que he venido a que me devuelvas mi hechizo.
Maléfica: …Te lo cambié por mi hechizo para dormir.
Regina: Que falló… Sé que lo tienes oculto dentro del orbe de tu cetro.
Maléfica: ¿Quién te lo dio?
El Bosque Encantado
Hace Algún Tiempo…

―¡Espejo, espejito! Que señales lo que busco yo preciso.
La reina avasallaba contra todo en sus aposentos, dejando un rastro de barro donde pisaba.
―¡Debe estar aquí! ¡Yo lo guardé hace años!
El espejo sólo le mostró su reflejo sin fin al reflectarse en el del tocador.
―¡YO SÉ QUE ESTÁ AQUÍ!
Le tiró su boina y la fusta y trató de hacer lo propio con el pañuelo que abrigaba su cuello, pero no fue capaz de arrancárselo.
Horas antes salía hecha una reina a por Blancanieves, vista en los bosques de la Parca. Había vuelto a palacio con su escolta y caballos muertos, el carruaje abandonado y una derrota más en el corazón.
Ida de rabia, intentó despojarse también de la casaca que llevaba, pero sus fuerzas, así como su búsqueda, estaban vacías.
«Soy la reina… La reina malvada».
Con Rumpel se había reído de aquello. Con William había sido muy diferente.
―¡¿DÓNDE ESTÁ?!
Se arrojó contra los cajones del tocador, a ciegas, por las lágrimas que porfiaba en guardarse. Oculto en un doble fondo, halló el tesoro que creía perdido, el anillo de…
―Daniel, lo siento mucho… Espero que puedas perdonarme. ―William no se merecía morir. Nadie que compartiese su dolor lo merecía―. Has de creer que te vengaré ―juró, estrechando la joya entre sus manos―. Haré a Blanca pagar por todo el daño que nos hizo.
Lanzó entonces un grito al espejo para que la oyera todo el Nido de Aceros:
―¡Guardias, preparad otro carruaje! Blancanieves no tendrá paz esta noche.
Buscó otras ropas y sola se vistió, como siempre. Desde la muerte de Leopold, Regina no quería doncellas. El único que solía atenderla era su padre, su fiel padre.
Dolorida como estaba por la trampa de William, no iba a montar, así que escogió un vestido muy ceñido, recto hasta los pies, adornado por un cordón de hilo de oro que hacía juego con su tocado, un nido de serpientes que se enroscaban de su cabeza a su cuello, elevándose a su altura y haciéndola parecer la Medusa, el monstruo legendario que habitaba allende las tierras de la reina Eva.
«Regalarme esto fue otro insulto de esa zorra de piel lechosa», pensó Regina, mirándose al espejo.
Embobada con su reflejo, se acarició la cicatriz del labio con ambas manos. Las mangas del vestido eran anchísimas y la hicieron parecer alada.
―Espejo mágico, dime una cosa ―quiso preguntar, muy maliciosa―. ¿Quién será en este reino la más dichosa?
El rostro del genio de Agrabah se apareció por fin. Lacónico, le dio jabón a su señora, como siempre.
―Cuando las siete colinas de diamante la oscuridad engulla y cuando la sangre bañe el pecho de la más pura, vuestro triunfo, Majestad, será cosa segura.
Satisfecha, la reina se prendió su larga capa y sonrió al espejo.
―¿A qué tanto contento? ―díjole este.
―A que me espera mucha faena antes de que Blanca dé su último aliento.
Storybrooke
Enero, 2014

Dodie, otrora Anita, suspiró de frío entre la niebla y, como cada tarde, fue a «La Abuelita».
Cuando entró en el local y lo encontró vacío y abandonado, se dio cuenta de que no podía estar allí… ¿no?
―¡Anita, querida!
Cruella atendía la barra y al aparecer iluminó el lugar. Llevaba un abrigo de pieles rojo y negro y ¿gafas de sol? Parecía la mar de contenta mientras pasaba unos vasos por el trapo.
Y Anita, no supo cómo ni por qué, se acercó a ella y se sentó en la barra.
―¡El té, Anita!
Miles llegaba, sonriente como nunca, con la tacita en sus manos. Parecía calentarse las manos con ella.
Su hermana no le prestó mucha atención, se estaba fijando en que, a lo largo de toda la barra, había tazas y platitos delicados de porcelana blanca con bordes azules. Había un plato de pastitas y pequeños trozos de tarta. Y, además de los dulces, una tetera de peltre despedía un suave vapor de agradable fragancia.
Cogió su té de manos de Miles y se fijó en que parecía barro, lodo o algo peor, pero no le importó. Estaba delicioso.
«¿Cómo puedes estar aquí con ellos si ni la cafetería, ni Miles ni Cruella están en Storybrooke?», pensó una parte de ella, siempre alerta.
Pero Anita no tenía la cabeza para nada. Se había quedado mirando a Miles, maravillada, como años atrás, de lo perfecto que era.
Perfecto salvo por esos dientes que se le habían afeado, que se le habían vuelto amarillos y afilados como colmillos. ¿Cómo habría podido ser?
«Eran blancos. Cuando apareció con la taza, eran blancos».
Miró a Anita, le sonrió, y ella vio que sus ojos también habían cambiado. Las córneas eran amarillas, ancianas, surcadas por legañosas puntadas rojas.
―Nuestro hermano ―comenzó a decir Miles, sonriendo―, nuestro hermano siempre decía que a los niños malos había que darles su merecido, ¿verdad? Que quien se portaba mal merecía una buena tunda, que si no acabábamos maltratando chicas… o peor aún, gustando de chicos…
Su voz parecía provenir de otro mundo.
Anita pensó que, si ellos no se daban cuenta de que ella estaba despierta, podría huir.
Las ropas de Cruella también habían cambiado un vestido negro, a jirones oscuros que se deshacían.
—Come algo, querida.
Su voz se había elevado media octava, pero en ese registro sonaba cascada, casi el ruido de una puerta de cripta que se balanceara sin sentido sobre goznes llenos de tierra negra.
—No, gracias —se oyó decir Anita con la voz aguda de la criatura que piensa oh-me-tengo-que-ir. Las palabras no parecían originarse en su cerebro.
—¿No? —preguntó Miles, siempre sonriente.
Sus garras manotearon un plato. Empezó a meterse en la boca, con las dos manos, finas pastitas de melaza y delicados trozos de tarta. Sus horribles dientes desgarraban y mordían; sus uñas, largas y sucias, se clavaban en los dulces; las migas caían por la laja huesuda de su mentón. Su aliento tenía el olor de viejos cadáveres reventados por los gases de su propia descomposición. Su risa era un carcajeo mortífero. Su pelo era más ralo; aquí y allá dejaba ver el cuero cabelludo.
—Tengo que irme —se oyó decir Anita con la misma voz aguda y herida, la de una debutante a la que se ha avergonzado en su fiesta.
No había fuerza en sus piernas. Tuvo la vaga conciencia de que en su taza no había té sino mierda, mierda líquida, pequeño recuerdo de las cloacas que corrían bajo Londres. Y ella había bebido parte de eso.
Anita, a cámara lenta, recogió sus piernas. Como desde fuera, se vio a sí misma poniéndose de pie y retrocediendo en un tormento de horror e incredulidad. Por primera vez comprendía que esa barra de bar tan pulcra no era de roble oscuro sino de cobertura de chocolate. Aun ante sus ojos, Miles, siempre riendo, con los ojos amarillentos y viejos desviados hacia el rincón, partió un trozo y se lo puso en la trampa negra que era su boca.
—¡Te estamos esperando! —aulló su hermano mientras Cruella reía y reía sin parar. Sus uñas se clavaron en la mesa trazando profundos surcos en la superficie de chocolate—. ¡Oh, sí, sí!
Las luces que pendían del techo eran glóbulos de caramelo. Bajó la mirada y vio que sus zapatos estaban dejando huellas en las tablas del suelo, que no eran tablas sino barras de chocolate. El olor a dulce era sofocante.
«Oh, Dios, es el cuento de Hansel y Gretel. Es la bruja, la que siempre me daba miedo porque se comía a los niños…».
—¡A ti y a tus amigos! —vociferó Miles, riendo—. ¡A ti y a tus amigos! ¡En la jaula! ¡En la jaula hasta que el horno esté caliente!
Mientras bramaba de risa, Anita corrió hacia la puerta, pero corría como a cámara lenta. La carcajada de su hermano y la repentina tos tabacalera de Cruella se le arremolinaban alrededor de la cabeza, como una nube de murciélagos.
Chilló.
La cafetería hedía a azúcar, chocolate y dulce de café, a horribles fresas sintéticas…
—No puedes salir ahora que yo he entrado.
Ella se volvió.
Ni Miles ni Cruella.
Quien se alzaba ahora ante ella era una mujer altísima, fornida, con párpados que parecían escamas y una sonrisa tan ancha tan ancha y tan abierta tan abierta… que se la iba a comer.
―Me-llaman-el-Galimatazo.
Hizo un ruido estrangulado, furioso, el sonido de cualquier persona con su boca demasiado llena, y aquello liberó a Anita, que consiguió abrir la puerta de la cafetería y salir a la calle. El Galimatazo fue tras ella. Los restos de dulces aún sobresalía de su boca y Anita podía oler el resto, asándose en el horno de su garganta.
El monstruo se estiró hacia ella, dando zarpazos con sus garras…
Las piernas de la Radcliffe se enredaron, haciéndola caer en la carretera con las manos tendidas para frenar el golpe. El impacto le subió hasta los hombros…
Hubo un chirrido de frenos y una voz áspera, a un tiempo furiosa y asustada, chilló:
—¡Por qué no miras por dónde vas, pedazo de estúpida!
Tuvo una borrosa visión de un coche que había estado a punto de atropellarla al lanzarse a la calle como el niño tras una pelota de goma. Un momento después estaba en la acera opuesta, jadeando, con una puntada quemante en el costado. El coche siguió por la calle principal.
El Galimatazo había desaparecido. La cafetería había desaparecido. El solar seguía tan vacío como dos días atrás.
«¿He estado realmente allí o todo ha sido un sueño?».
Pero tenía el abrigo sucio y chocolate en los dedos…
Lo último que recordó antes de despertar en el hospital fue a Marco corriendo hacia ella.
Al menos se había roto el hechizo.
Ya no había monstruo… ahí.
El Bosque Encantado
Años Antes

Pese al traqueteo del camino, a la luz de un candil, Regina trataba de trazar una ruta en el mapa. Cerca de los bosques de la Parca se hallaba el puente de los troles. Si Blanca era ahora una forajida, no tardaría en parar allí para tornar oro su botín.
Por otro lado, habían peinado ya toda la maraña de madera podrida y aserrada, así que debían seguir viajando para llegar a alguna parte con el despuntar del alba.
Regina acercó la luz al mapa; si iban al oeste estarían en el reino de George y en el bosque de Sherwood. No sería bien recibida tras anular los tratados de comercio…
Al sur estaban el castillo de Rumpel y Bosqueoscuro…
Al este…
―¡SO!
Las caballerías se detuvieron y toda la calesa se estremeció.
―¡¿Pero qué demonios ocurre?! ―Cuando se asomó al camino, le cambió el rostro: un viejo y un niño… ¿de madera? la miraban con temor―. ¿Quiénes sois y de dónde venís? ―les dijo, exhibiendo su más amplia y falsa sonrisa.
―Majestad… ―El viejo se inclinó. Luego le habló con la cabeza gacha―: mi nombre es Geppetto. Viajo con mi hijo de vuelta a mi hogar en Tuscia, Majestad.
Algo aleteó detrás del viejo. Aleteó y cantó.
―¡¿Qué ha sido eso?!
―C-creo que un grillo, Majestad ―dijo Geppetto… quizás demasiado rápido.
Regina se quedó mirándolo, helándolo en el sitio sólo con su pasmo…
«Tuscia, el primer pueblo del reino de Midas al sur de La Sidra, muy cerca de mi palacio y más cerca aún de…».
―Vuestra reputación os precede, Geppetto. Recuerdo haber asistido a vuestras pantomimas con marionetas cuando era niña. ―La reina se fijó entonces en el niño de madera―. Ahora sois artesano, claro… Sois el dueño del títere vivo.
―El padre ―aclaró Geppetto.
La sonrisa de la reina se ensanchó y la puerta del carruaje se abrió.
―Subid. Vamos en la misma dirección y es mi deseo hablar con vos.
Era fascinante ver cómo aquel niño sin hilos se movía sólo, como cualquier persona de carne, sangre y hueso. Acabaron apretados los tres juntos, pero padre e hijo procuraron no levantar la vista del suelo.
―¿Sabéis el motivo de mis viajes, Geppetto? ―Que el pobre hombre se encogiera de hombros la hizo reír―. Sé de sobra lo que se cuenta en las corralas y mercados ―le dijo, perdiendo toda simpatía―. Soy la reina malvada y busco a Blancanieves por todos los poblados. También dicen que soy una bruja, una asesina y que en las noches de luna nueva me apareo con dragones.
Geppetto miró a Pinocho, preocupado.
―Majestad, nosotros no nos inmiscuimos…
―Vuestro niño es cosa singular ―lo cortó ella, comiéndose al títere con la mirada―. Un simple tronco capaz de albergar corazón…
―La magia y la fe son poderosas…
―Mas también conllevan un precio ―volvió a cortarle Regina―. ¿Sabéis por qué pateo todo el reino en pos de mi hijastra si, al ser una bruja, puedo aparecerme en cualquier lugar conocido? Por ese mismo precio, Geppetto. Mas no pretendo que un vulgar plebeyo entienda los entresijos de la nigromancia…
―¿Y qué pretendéis de mí, Majestad? ―Geppetto rogaba porque la reina no pudiese leer mentes. Pepito había ido a por el hada Azul. Ojalá no tardase…
―Quiero el corazón de Blancanieves. ―No le importó el impacto que tenían esas palabras―. Cuando lo tenga, porque lo tendré, querré conservarlo por siempre jamás. Tengo muchos cofres para ello, muchos de oro, plata, adornados con joyas… Mas, ¿no sería delicioso que su corazón residiese en un obsequio de su propio pueblo?
Aún con la cabeza gacha, Geppetto abrió los ojos con horror y sorpresa.
―¿Qué-queréis que os fabrique un-n cofre?
―Un cofre de madera con el símbolo de un corazón; un regalo de un súbdito a su reina, para, por toda la eternidad, recordar a su princesa.
Geppetto se lamentó de aquello, pero no podía hacer nada. Una protesta y lo mataría.
―A vuestras órdenes, Majestad.
Sellado el trato, Regina detuvo el carruaje y despidió a padre e hijo.
―Pronto iré yo misma a por el cofre, Geppetto. Más os vale tenerlo terminado entonces.
El artesano y Pinocho suspiraron de alivio al ver que la reina se perdía de una vez en la noche.
―Espero que Blancanieves me encargue vuestro ataúd algún día ―susurró el anciano.
Tendió una mano a su hijo y el bosque también se los tragó.
Una vez hecha a los baches del camino, a Regina empezó a vencerla el sueño. Se estaba quedando dormida cuando, en un parpadeo, se encontró con la cara escamosa de Rumpelstiltskin sobre ella.
―¡Jijiji! ¿Os he asustado? ―se burló al oír su grito ahogado, sentándose con más propiedad frente a ella―. Y yo que pensaba llamaros “la reina sin miedo”.
―¿Qué quieres, Rumpel? ―Regina no estaba para soportarlo. No esa noche.
―Bonita pantomima de la que habéis hecho partícipe a ese viejo, querida. Seguro que algún día divertirá a muchos niños al ser contada en una feria, jijiji.
―En primer lugar… ―La reina trataba de mantener la compostura―, deja de hacer esas… pantomimas con las manos… ―Se sonrió a sí misma por su ingenio―. Y en segundo lugar, si has venido a debatir de literatura…
―Estoy leyendo «Su apuesto héroe» y ya sabéis qué pasa… Mas no, no vengo a debatir de literatura.
―Por mí como si vienes a debatir del trato a las vacas en las granjas. Vete.
―Jijiji…
Las risitas del Ser Oscuro la sacaban de quicio.
―¡Deja de hacer eso!
Pero a Rumpel le divertía tanto ver a la reina fuera de sí.
―Y yo que venía a traeros vuestra panacea…
Agitó sus manos e hizo aparecer un pergamino.
―¿Un hechizo? ―Estaba defraudada―. Puedes hacerlo mejor, Rumpel.
―No es un hechizo, querida ―le contestó él, perdiendo la simpatía―. Es el hechizo. El Hechizo Oscuro.
―Uh, qué miedo ―rio ella fingiendo pavor―. Pues úsalo para teñirte las canas.
―¿Puedo saber a qué tanta inquina por parte de mi predilecta pupila, querida?
―No te hagas la víctima ―respondió hosca Regina―. Hace sólo unos días que me dejaste en la estacada. Primero casi me decapitan unos guardias, luego casi me mata Blanca… Debiste haberte reído mucho de mí desde tu castillo.
―Mea culpa ―sonrió el hombrecillo―. Tomad esto como compensación por tal desventura.
La reina cogió el pergamino y lo leyó. No entendía qué tenía de especial.
―Este hechizo os saciará mucho más que guardar el corazón de Blancanieves, querida. Este hechizo os dará todo cuanto deseéis… Mas no me creéis, claro… ―Aquel lamento venía por las cejas arqueadas de Regina, que había aprendido por las malas a no confiar en su maestro―. Veréis, si atrapáis a Blancanieves y la matáis y todo eso que ya sabemos todos que anheláis, ¿qué seguiría? Nada, querida. El vacío.
―Y el Ser Oscuro es tan benévolo que no quiere que yo sufra y viene a llenármelo ―dijo Regina, irónica―. ¿Es eso?
―¡Eso mismo! Jijiji.
―¿Y cómo me va a ayudar este Hechizo Oscuro a vengarme de Blanca?
Rumpel sonrió satisfecho ante la curiosidad de Regina. Estaba en sus manos una vez más.
―El Hechizo Oscuro tiene como único propósito hacer realidad los deseos de quien lo conjure ―dijo él, ya más serio―. Sacrificaría este reino por uno a vuestro gusto, uno en el que podáis ser la reina en un para siempre feliz, con todos postrados a vuestros pies, presos del tiempo y del sueño.
―¿Del sueño?
―Del sueño ―asintió Rumpel―. El Hechizo Oscuro dormiría todos los reinos, así como a sus habitantes. El letargo es la causa de que sean vuestros siervos y de que vivan para siempre en la proyección de vuestra venganza soñada.
―Y ese para siempre que tanto repites… ―Regina seguía sin creerle―. ¿Es literal o lo estás sacando de «Su apuesto héroe»?
―Literal, querida ―le contestó él, mostrándole una dentadura afilada y amarilla―. Viviríais en el gozo de la venganza para siempre. Mas, si os cansaseis del sufrimiento de esas gentes, siempre seríais libre de marchar y abandonarlos, de dejarlos confusos y perdidos en una miseria sin fin.
Aquello cambió la cara de Regina.
―Incluida Blancanieves.
―Incluida Blancanieves.
Rumpel se relamió victorioso. Regina apretó el pergamino del Hechizo Oscuro en su mano.
―¿Y esto cumpliría todos mis deseos? ¿Cualesquiera?
―Como ya os he dicho… ―Se impacientaba―. Ese nuevo reino estará dormido, será vuestro sueño. Si cuando conjuráis el hechizo algo… o alguien… escapa de vuestro alcance, jijiji, la magia se encargará de compensar su ausencia.
―¿Y el precio? Porque todo este placer tendrá un precio…
―Un-co-ra-zón-pre-cia-do ―canturreó Rumpel―. Así tendréis lo que tanto habéis anhelado.
Y la vio, vio tan clara su venganza, que la reina, pensando sólo en Blancanieves sufriendo para siempre por su causa, miró a su mentor, apretó el hechizo en sus manos y dio por cerrado el trato.
―¿Vuelvo a ser vuestro amigo?
Y con esa chanza, el Ser Oscuro se desapareció en otro parpadeo.
―¡Guardias! ―El carruaje se detuvo una vez más―. ¡Id a La Sidra y esperadme allí!
Mientras también se esfumaba, pensó, pletórica ella, que por primera vez en años no concluía con un «encontrad a Blancanieves».
Storybrooke
Enero, 2014

Marco conoce a todo el mundo. Si quieres saber algo sobre la ciudad, pregunta a Marco. Eso le habían dicho a Terence, a Christie. Y, qué suerte, Marco estaba en el hospital, echando unos párrafos con su hijo y Campanilla mientras terminaban de hacerle los análisis a Dodie Dearly, a quien el carpintero había encontrado desvaída en la calle principal. El hada se sentía en parte responsable, pues la profesora de música acababa de marcharse del convento.
―Por lo que la enfermera Flint ha contado por teléfono ―les decía el hada a padre e hijo―, las heridas de Anita tienen más que ver con magia negra que con algo físico. Aun así, el doctor Whale se ha empeñado…
―Estamos en buenas manos ―la tranquilizó Marco―. La ciencia, la magia luminosa…
―¿Quién nos iba a decir que se aunarían? ―interrumpió Christie, que venía seguido de Clark.
―¡Terence! ―Como de costumbre, Campanilla abrazó a su viejo amigo. No se acostumbraba a verlo con sus sobrias ropas de Storybrooke.
―¿Y estos son…? ―August no lo conocía, claro.
―Argus Christie ―se presentó este.
―Tom Clark ―dijo Mocoso.
―A usted sí lo conozco ―rio August―. Lo recuerdo del primer maleficio.
―Pero ahora me presento como el sheriff Clark ―insistió el enanito, orgulloso.
―Nos estamos haciendo cargo de la oficina mientras Emma y David no están, eso es todo ―explicó el duende con cierto fastidio.
―¿Y has descubierto algo nuevo sobre lo que ha pasado con el hijo de Felipe y Aurora? ―preguntó Campanilla, llamando la atención de August.
―En ese caso hemos llegado a un callejón sin salida. Estamos investigando el asesinato de lady Iria…
―Un duende que se convierte en detective y trabaja desde un hospital ―dijo quien fuera Pinocho, sonriendo irónico―. Es un buen planteamiento para una historia.
―August quiere ser novelista ―explicó su padre.
Campanilla vio cómo Whale salía del pabellón, por lo que habría acabado con Dodie. Se excusó, pero Terence la retuvo un segundo más.
―Tranquila. Dodie Dearly está fuera de peligro.
―¿Cómo lo sabes? ―saltó August.
―El médico está apoyado en la columna, relajado, y hasta se ha permitido mirar con picardía a esa enfermera… ―Y ellos lo vieron, lo vieron también―. O es un cínico o Dodie está bien.
―Eso espero. ―Campanilla fue hasta él y, por lo que pudieron ver los cuatro hombres desde su posición, Whale le daba buenas noticias al hada.
―Eres muy interesante, duende detective ―dijo August, mirando con curiosidad al hombre.
―Lo sé ―contestó este, orgulloso, sin hacerle más caso.
De pronto, algo llamó la atención de Christie: Spencer paseaba apoyado en un caballero, en un joven…
―¿Quién es ese, Marco?
El carpintero lo miró y su gesto se avinagró.
―Grimes, es Grimes. Trabaja en la fábrica y en el Bosque Encantado era un cerdo, así que aquí seguirá siéndolo…
―¿Padre, no cree que está hablando de más? ―quiso cortarle August.
―¿A qué se refiere? ―insistió Christie.
―No sé si debería hablar…
―Pues no lo haga ―le dijo August―. Que esto empieza a parecer un interrogatorio…
Christie se volvió hacia él y el escritor le dedicó una sonrisa. ¿De qué iba?
―Será mejor que vuelva a casa ―decidió el carpintero―. Con esta niebla es como si los días durasen una hora… Christie, Clark…
―Ahora le alcanzo, padre ―le dijo su hijo, mirando a Christie―. Quiero decirle algo al duende detective…
―Clark, ¿por qué no me va a por un café?
(Christie ignoró las quejas de Clark, que acabó yendo).
―No creas que, por anciano, mi padre es fácil de liar ―dijo entonces August.
―No lo creo ―respondió Terence―, estoy seguro de que sería un estupendo detective… Y hablando de eso, ¿por qué me llamas duende detective?
―Porque toda historia necesita una pizquita de humor, ¿no crees, duende detective? ―rio el escritor―. Y hablando de eso, quiero pedirte algo.
―¿Qué? ―El duende detective sonó escéptico.
―Una buena historia… ―Tuvo que reconocer Christie que la sonrisa de August era propia de un niño―. Soy escritor y quiero una buena historia y, ¿qué sería de una historia sin su romance?
―Ya, claro… ―Terence puso los ojos en blanco―. Muy bien, pues… cierra los ojos.
August los cerró a sabiendas de lo que pasaría.
Y el duende detective se marchó lo más sigiloso que pudo.
Justo como August había imaginado.
«Ya tengo hasta título», pensó, con una sonrisita…
―¿Estás bien? ―preguntó Campanilla a Dodie, que estaba incorporada en la cama.
―Creo que hasta mejor.
―¿Mejor? ―¿Se había vuelto loca?
―Déjalo, cosas mías.
Campanilla estuvo a punto de ceder y marcharse, pero algo le dio en la sesera: ¿y si le hubiera hecho eso a Día cuando Azul y el baile le exigieron tanto? Así que se plantó bien plantada junto a la profesora en la cama.
―Todos tenemos que estar mal en algún momento, Dodie, lo necesitamos, pero no te voy a dejar sola.
―Porque eres una cotilla, ¿no? ―preguntó Anita, muy seria.
―Soy un hada ―sonrió Campanilla―. Las hadas nos metemos en todo.
―Donde yo vivía no había hadas ―dijo la mujer, evocando la tierra que tanto echaba de menos.
―Era…
―Inglaterra. Una que al parecer vivía en una eterna década de 1920.
A Campanilla todo eso le sonaba a chino.
―El Bosque Encantado no se parece a nada que yo haya visto aquí ―explicó Campanilla―. Los que llegasteis con el hechizo de Regina lo tenéis más fácil, sabéis todo de este reino. Yo… Bueno, no entiendo ni cómo se usa ese teléfono, esa cosa que tenemos en el convento con números. Parece las conchas con las que se llama a las sirenas.
―No creo que en Inglaterra hubiera tampoco sirenas.
―¿Y qué había?
―Había… Había color. Había música.
―Por eso eres profesora de música ―sonrió el hada.
―No sé ni cómo me pudo traer ese hechizo que dices.
Y Campanilla también se dio cuenta de eso. ¿Cómo? Dodie no pudo haber conocido a Regina, no tenía ninguna relación con su mundo. ¿Qué la había traído a Storybrooke?
―Me gusta ser Dodie. Más que Anita, ¿sabes?
―¿Y eso?
Dodie y Anita sonrieron.
―Te quedan un par de charlas más para saberlo… Eres una buena cotilla, hadita.
―La mejor. Y me alegra ver que lo sigo siendo ―dijo Campanilla, lista para marchar, ahora sí―. Hasta pronto, Dodie.
―Hasta pronto.
Cinco minutos más tarde, el hada se dio cuenta de que seguía sonriendo como una tonta.
«Si es que soy la mejor consolando. No hay más. Si mi amiga la reina malvada me hubiera hecho caso…».
La Fortaleza Prohibida
Años Antes

―A saber, si quien ha llamado a nuestra amiga marina…
Maléfica dejó sus teorías en el aire cuando vio a Regina aparecer por la puerta.
La reina sonrió a su vieja amiga, pero perdió toda simpatía cuando se percató de quién la acompañaba.
―¡Tú! ―Sin reparo alguno, la señaló con el dedo―. ¿No eres la pelusa que vendía pieles con ese perro?
Cómo olvidar aquellos pelos de muñeca, canos y azabache, el abrigo que la cubría y la peste a alcohol barato.
―Oh, Maléfica, querida, no me digas que eres amiga de Su Majestad ―dijo Cruella sin quitarle ojo a Regina―. Me habría puesto un tocado de haber sabido que asistiría a nuestra fiesta del té…
―¿Quieres ser otra perrita para que tu amo el dálmata pueda montarte, pelusa?
―Basta, Regina… ―puso paz Maléfica―. Cruella es una aliada. No te preocupes por ella.
La reina trató de serenarse y volver a sonreír.
«No hace falta… No hace ninguna falta».
―He ganado ―le dijo a la bruja―. Al fin, Maléfica, al fin tendré lo que merezco.
Le mostró el pergamino y, para su sorpresa, su amiga y la peletera intercambiaron una mirada cómplice. Primero de asombro, luego… A Regina no le gustó nada.
―¿Quién te la ha dado? ―dijo Cruella.
―¿Y a ti qué te importa?
―¿Sabes qué es, Regina? ―preguntó Maléfica, tomándola de la mano y agarrando el hechizo.
―Es el escrito de mi victoria. ―Estaba en un verdadero éxtasis―. Rumpel me ha explicado lo que hace.
―¿Y te fías de ese bailarín de foxtrot? ―volvió a hablar Cruella.
―¿Y de qué conoces tú al Ser Oscuro? ―Miró a Maléfica, exigiendo explicaciones―. ¿Y de qué la conoces tú?
―¿Y a ti qué te importa? ―dijo entonces la de De Vil.
Regina alzó la mano.
―Cuidado; caminas por arenas muy movedizas. No te gustaría quedar empantanada…
―¿Sabes o no sabes lo que hace este hechizo? ―insistió Maléfica.
―Fraguará mi venganza ―explicó la reina, que no perdía de vista a Cruella―. Castigará a todo el que me hizo sufrir en un nuevo reino…
―Pues mira, a ver si puedes traerme a una vieja amiga ―rio Cruella―. Se llama Anita, Anita Radcliffe. Te lo deletreo: R-A-D-C…
―Vuelve a hablar y serás una pulga en el lomo del otro peletero.
―¿Y Rumpel te ha hecho este favor… gratis? ―Maléfica dio la espalda a Regina, no quería que la viese sonreír―. Difícil de creer. Él es de los que siempre quieren más y más…
―Yo… ―Pero Regina no supo qué argumentar. La bruja tenía razón; no había estado espabilada con Rumpel. Se había dejado llevar por sus ladinas palabras sobre el hechizo―. No importa lo que quiera él, Maléfica, con esto podré torturar a Blancanieves para siempre.
―¿Pero tú has visto los ingredientes que esto precisa? ―se hizo ella la sorprendida, intercambiando una sonrisa con Cruella que Regina tampoco vio.
―Sí, tendré que sacrificar un corazón… ―Le iba a doler perder a Rocinante, pero una tenía que hacer lo que debía hacer―. Mas es una bagatela en comparación con…
―Regina, baja de la nube… ¿Sabes cuánto te puede llevar reunir todo esto? Meses, quizás años.
La reina se maldijo a sí misma por no haber tenido en cuenta ese detalle, pero, aun así…
―¿Y qué va a pasar con Blanca? ―insistió Maléfica―. ¿Quién la va a buscar mientras tú bailas al compás del Oscuro? En todo ese tiempo, ella podría encontrar el modo de derrotarte.
Tuvo que darle la razón a la bruja de nuevo.
―Y es demasiada generosidad de parte de ese chivo, ¿no te parece? ―Maléfica iba a darle la puntilla―. ¿Y si te estuviera utilizando? ¿Y si esta no es tu venganza, sino la suya?
Regina rabió, para diversión de Cruella.
―¡Rumpel me instruyó para llevar a Blanca a algo peor que la muerte! ¡Quiso…!
―¿Ayudarte a conseguir tu final feliz? ―Cruella fingió un bostezo―. Cuéntanos algo que no sepamos.
Su Majestad miró a la peletera y a su amiga de hito en hito.
―¡¿Se puede saber qué pinta este adefesio aquí?!
Obviando su historia con Cruella, Maléfica siguió con su improvisado plan. Echó a Regina una mano por el hombro y se la llevó hasta el diván, junto al fuego.
―Aunque recordarlo me resulte frustrante, piensa lo que procuré cuando resurgí de mis cenizas.
―Fuiste a por la hija de tu bella durmiente, sí…
―Y la sometí a mi Hechizo del Sueño.
Regina se echó a reír.
―¿No insinuarás que…?
―Que lo emplees en Blanca. Sí. Es rápido y efectivo y no tendrías que sacrificar ni un corazón ni nada.
Por un instante, a Regina le pareció una idea formidable; Blanca atrapada para siempre en la tumba de sus pesadillas. Pero no iba a ilusionarse una segunda vez.
―¿Y qué se supone que he de hacer? ―ironizó―. ¿Me siento a hilar en el bosque y espero a que Blanca me encuentre para decirle… no sé, que toque el huso de la rueca y pida un deseo?
―Un dulce… ―dijo Cruella tras ellas. Regina la miró; por una vez le parecía interesante―. Un dulce que la tiente.
―Habla ―la instó Regina cuando se calló.
La de De Vil sonrió y se apoltronó en el sillón, junto a ellas.
―Bueno, quizás, si lo pidieses con más educación…
Regina alzó una mano, dispuesta a estrangularla, pero Maléfica intercedió una vez más.
―Cruella, por favor, ¿puedes decirnos de qué hablas?
―Gracias, gracias ―dijo ella, complacida―. No era tan difícil, ¿verdad? Bueno, veréis, el caso es que… ¿Cómo podría decirlo? Es algo tan tremebundo que…
―¡HABLA DE UNA MALDITA VEZ! ―La ira de Regina estalló y lanzó por los aires el atizador de la chimenea.
―¿Sabes, reina? Te vendría bien una lectura a Freud. Una pena que no traje libros cuando me vi arrastrada a esta parodia medieval…
―Cruella… ―Maléfica también empezaba a impacientarse. Si la perrita seguía jugando con Regina, no tardaría en ver cómo le cortaban el rabo y las orejas.
―Se contaba en el pueblo que una bruja mora en el bosque, en una casita de chocolate con la que tienta a los niños que captura y luego devora ―recitó, ya sin disfrutar tanto del momento―. Un cuento para asustar a los mocosos, pero una estupenda fuente de inspiración, ¿no? Hechizas un dulce con esa cosa del sueño y haces que esa Blanca lo coma… Bueno, ni que estuviésemos inventando un cuento nuevo, queridas.
Regina miró el pergamino del Hechizo Oscuro. ¿Cómo había podido dejarse engañar? ¿Cómo había podido permitir que Rumpel la manipulara? No confiaría más en él, nunca jamás. Su primer engaño al transformarla en Wilma no era su culpa, pero este segundo sí… Debía serenarse, debía ser fría y esperar a que Blanca picase un anzuelo, como decía Cruella, como hacía esa bruja del cuento. Rumpel la utilizaba por eso, por su volatilidad. No la consideraba inteligente, no la tenía en alta estima… Cuán claro lo veía ahora.
Pues si le interesaba lanzar ese Hechizo Oscuro, si le interesaba mantener a Blanca viva…
Sonrió a Maléfica. Sonrió a Cruella.
―Luego, ¿el Ser Oscuro cree que puede regir los designios de estos lares por encima de su reina? Bueno, pues hay algo que desconoce, está claro.
―¿Aceptas, pues, usar mi hechizo y no ese, que a saber de dónde ha salido y a saber para qué lo quiere Rumpel? ―Regina no notó el deje ansioso de la bruja―. Porque, amiga mía, toda magia conlleva un precio.
Regina puso los ojos en blanco y suspiró…
―¿Qué quieres?
―El Hechizo Oscuro.
Aquello no se lo esperaba.
―¿Y cómo sé que tú tampoco buscas desatar su impío poder?
―¿Y qué corazón preciado iba a aplastar Maléfica, Majestad? ―dijo Cruella, aburrida ya de la situación.
―No busco conjurar ese hechizo, Regina, templa ―la convenció la bruja―. Mas, piénsalo: si yo lo custodio, Rumpel no tendrá modo de hacerse con él… No un modo fácil, al menos.
Y así, Regina actuó igual que momentos antes con su mentor y, emocionada con vengarse de Blanca, entregó el pergamino a Maléfica.
―No esperemos más ―dijo, alzando la vista hacia el ventanal, hacia el alba―. Juro que este será el último amanecer de Blanca.
―¿Y qué dulce vas a usar? ―inquirió Cruella, poniéndose en pie.
La reina sonrió… dulce.
―Una manzana.
Agitó sus muñecas y las tres desaparecieron envueltas en una nube de humo oscuro.
Blanca no sentía sus manos, enterradas y de dedos reventados.
Tampoco sentía los pies ni las piernas.
Enterrados también estaban sus ojos, así como su rostro, barro sobre nieve.
Su ser clamaba al hambre; su boca reseca sólo había degustado sangre de su nariz desde hacía dos días…
Si conseguía escapar de la guardia, moriría igual. Ya no podía más.
El esfuerzo al que se obligaba la puso febril, pero, aun así, le parecía que el viento estaba armado de finas cuchillas heladas que le cortaban el rostro.
Cojeó a tientas entre los árboles, hundiendo sus botas en la nieve, hasta que llegó a un claro y no tuvo en qué apoyarse.
Blanca cayó.
Blanca se durmió.
Quién sabe cuánto tiempo después, una figura encapuchada a lomos de un pollino blanco pasó por allí y la encontró.
Se bajó de la montura y se arrodilló ante tan frágil cuerpo, sucio y desnutrido. La respiración, rápida y jadeante, apenas elevaba el pecho de la joven. La figura envuelta en capas se temió lo peor, se acercó a ella y le quitó el pelo de la cara; lo tenía húmedo y pegado a la frente, que ardía. Costaba identificar su rostro bajo la capa de barro y tizne, pero se adivinaban unos rasgos delicados, cincelados con una finura muy poco habitual en el resto de los rostros que conocía. Sin duda, era ella. Blancanieves. La princesa. Pero la alegría del descubrimiento no podía distraerla de la urgencia. Le puso la mano sobre la frente y comprobó que, por fortuna, la fiebre de la muchacha no era tan alta como se imaginaba. Era obvio que se trataba de una chica muy fuerte. Fue en ese momento cuando, por fin, tal misteriosa figura recuperó la respiración y pudo examinar con atención el rostro macilento de la chiquilla.
«Qué desastre», pensó al reparar en sus labios agrietados, con la sangre reseca y oscura aún por limpiar; o en sus ojos, ahora cubiertos por unas sucias legañas que delataban, junto con los chorretones en sus mejillas, la inimaginable cantidad de lágrimas que la pobre había vertido.
La levantó como pudo, con mucho esfuerzo, y la tumbó sobre el burro.
―Hoy vas a ser un héroe, Mantecao.
Al despertar, todos los sentidos de Blanca percibieron, algunos con más nitidez que otros, ciertos cambios en el entorno. El gris que recordaba en el bosque había dado paso a un dorado cálido: emanaba de un fuego que crepitaba vivo en el hogar de la cabaña. Sus manos ya no palpaban un suelo frío y duro, sino mantas suaves y con olor a pan y a leche caliente con miel. ¿Soñaba acaso? Observó a la mujer que se inclinaba sobre el fuego, la mujer que miraba las llamas como si no hubiera otra cosa en el mundo. Iba muy elegante ella, con redecilla sobre el moño y un vestido negro… algo pomposo para el lugar.
―¿Sois una condesa? ―preguntó sin incorporarse. No quería perder lo reconfortante del calor de aquellas mantas.
La mujer se giró hacia ella y, sonriendo un poco, contestó:
―Sólo medio baronesa.
Tomó un tazón de hojalata y se lo acercó a Blanca. Esta se incorporó y lo cogió con las dos manos. La baronesa no lo soltó mientras la joven bebía. Sabía que había pasado una mala noche y no confiaba en que pudiera sostenerlo, aunque con cada sorbo iba recuperando un poquito de sus fuerzas.
―Me habéis salvado ―dijo Blanca, mirándola―. Agradecida.
―Mucho me temo que yo no os he salvado, Alteza ―contestó la baronesa, ya algo más hosca.
Le retiró el tazón y Blanca se quedó con ganas de más y de saber quién había sido su salvador.
―Fue una amiga de mi hija ―se dignó a hablar la baronesa al fin, volviendo al fuego―. Te encontró y te trajo… Cuando uno hace estas visitas de cortesía no hay nada mejor que presentarse con la forajida más buscada de los reinos.
La hija de la baronesa y su amiga la salvadora eran dos mujeres preñadas como botijos, pero muy diferentes. Cuando ambas volvieron de hacer quién sabe qué y se descubrieron las capuchas llenas de nieve, Blanca reconoció el rostro de una de ellas.
 ―¿Sois Marian, cierto? He visto vuestro rostro en algunos carteles.
―Mas la recompensa que por mí ofrecen no es ni un cuarto de lo que valen tu cabeza o la de mi esposo ―respondió, inclinándose sobre ella y palpándole la frente―. Casi no lo cuentas.
―Nos han llegado rumores sobre lo que ha pasado con el marqués ―dijo la hija de la baronesa, que se presentó como Jill.
¿Por qué Jill era una mera campesina? ¿Por qué estaban en esa cabaña? ¿Cómo es que su madre era noble? Blanca se guardó esas preguntas para otro momento.
―No pensaba que el oro de ese usurero fuera a estar tan bien custodiado ―farfulló la joven, volviéndose a tumbar―. Pude hacerme con algo del botín, mas la guardia terminó por rodearme.
―Aquí estás a salvo ―sonrió Marian―. Nosotras creemos que eres inocente.
―Mi esposo y yo ―comenzó Jill―, mi esposo y yo somos…
―¡Un hato de locos! ―la cortó su madre, la baronesa.
―¿Un hato de locos? ¡¿Madre?!
La mujer las miraba a las tres con un disgusto imposible.
―La reina es una bruja; si la encuentra aquí, se vengará y nosotras pagaremos los platos rotos.
―Mas ella no sabe dónde está ―dijo Jill.
―Esa lo sabe todo. Conoce la magia negra… ¡hasta podría hacerse invisible! ―Al decir eso, husmeó a su alrededor, como si temiera que Regina apareciese hasta debajo del cubretetera―. Ahora mismo podría estar aquí.
―Pero dejad que vuestra hija termine, señora, que no estábamos dando un paseo ―dijo Marian―. Fuimos a ver al hermano de Jack.
Mientras las oía discutir, Blanca no podía evitar dudar de sus intenciones; bastante escarmentada había salido tras el encuentro con Wilma la molinera… o Regina la bruja, como bien apuntaba la baronesa. Quiso calmarse y confiar en ellas pensando en las palabras de Azul: «si tienen fe en nosotros, nunca estaremos solos». Al ver que gente del reino tenía fe en ella, como aquel pobre hombre que iba a vender la granja de su madre, ella tampoco se sentía tan sola.
―Mañana te acompañaremos a la feria de La Sidra, Blancanieves ―dijo Jill, tomándola de las manos―. Mi cuñado faena allí, se llama Stromboli. Cuando marche al oeste, tú irás con él.
―Vamos a salvarte de la reina ―prometió Marian.
Blanca temió por ellas, pero no halló fuerzas para discutir. Volvió a dormirse con el miedo de que Regina apareciese volando en el cielo, como una mancha de oscuridad en aquel manto plomizo…
El manto plomizo del cielo cubierto de un verde vivo moteado de sangre. Eso era lo que las malvadas veían a los pies del manzano de Regina, en los jardines pelados por el invierno del palacio. El árbol, quién sabía por qué, nunca mudaba las hojas, nunca enfermaba, nunca atraía insectos y sus frutos estaban siempre frescos, lozanos y rojos como el primer rubor de una doncella pura.
En la copa, como rey, se alzaba un grajo tan negro como las almas de las mujeres.
―¿Tu madre o tú encantasteis este árbol? ―Maléfica sentía magia oscura en torno a él y tocar la madera la hizo reafirmarse―. Este árbol…
―Es del jardín de mi infancia ―contó Regina, algo extrañada por la pregunta de Maléfica―. Lo trasplantamos cuando me desposé con Leopold… Mas no, nunca lo encantamos.
Miró bien todos los frutos hasta que sintió que el grajo la miraba a ella. El ave estaba posada sobre la manzana más alta, la más grande, la más dura… la más bella de todas.
El grajo picoteó la ramita que sujetaba el fruto y lo dejó caer en las manos de Regina.
Aleteó sus alas, descendió hasta ella y se posó sobre su cabeza, pero ella no hizo nada.
El grajo le picoteó en la coronilla, pero ella no hizo nada.
El grajo graznó y voló hasta su mano. Le picoteó también los nudillos, pero ella no soltó la manzana.
―Muy bien, querida ―sonrió Cruella―. ¿Y ahora qué?
―Volvamos a mi castillo ―dijo Maléfica―. Prepararé el maleficio y…
―No, no… ―Regina suspiró y se acercó la manzana al rostro. Se acarició la mejilla con ella, luego la olió―. Mi venganza ha de culminar en otro sitio.
―¿Dónde? ―replicó Cruella, impaciente.
―Donde comenzó todo.
Hace Más De 200 Años

Grajos negros oraban ominosos a la muerte.
La nieve era el sepulcro blanco del reino.
Y la sangre corría al comienzo y final de cada vida.
Dos hermanos, hermano y hermana, también corrieron, por las suyas y por la que mataba por nacer en ese infierno.
La hermana cayó de rodillas y quiso gatear, mas no podía. Ya no.
La nieve, su tumba, tornábase roja bajo ella.
El hermano miraba impotente.
Ella se remangó faldones y enaguas y lo miró con una pena y una agonía que casi mataron al joven también.
―No quiero que te mueras ―musitó él, tan bajito que la ventisca se llevó sus palabras.
Los grajos negros echaron a volar al oír los gritos de la hermana.
La nieve la siguió enterrando, a ella y a la criatura que la mataba desde las entrañas.
Y la sangre corrió una vez más.
El hermano quiso salvar a la hermana librándola de su carga, abriéndola con su puñal para que lo que venía no se pudriese dentro. Cuando lo vieron, un niño cuajado, cumplido y precioso y bañado en sangre y nieve, ella intentó sonreírle.
―Tienes que llevártelo… o morirá ―suspiró la mujer―. Olvidaos de mí. Yo ya estoy muerta.
El hermano lloró impotente, mirando a la criatura.
―Llévalo con su padre. Queredlo por mí…
El hermano huyó de allí sin atreverse a mirar atrás.
―No me quiero morir, por favor ―rogó la hermana, ya sola.
Los grajos y sus malignos cantares volvieron entonces… Cubrieron la nieve, la sangre y a la hermana antes incluso de su último suspiro.
El hermano siguió corriendo y corriendo, envolviendo al bebé desnudo en su capa.
Un niño, como quería su hermana.
Y, como quería su hermana, se habría de llamar…
12 Años Después

―¡Rumpelstiltskin! ¡Rumpelstiltskin! ¡Rumpelstiltskin!
El hermano, que ahora era el tío, maldecía por bajo y entre risas a su ojito derecho.
―Diablillo… Escapas más aprisa que un saltimbanqui, Rumpel.
Le llegó una risita de detrás de una de las lápidas. De una que rezaba el nombre de su añorada hermana.
―También haces más ruido que un ladrón de panderetas, Rumpel ―rio de nuevo el hombre, yendo a por su sobrino, que se dejó abrazar.
―¡A que no me atrapas otra vez!
Echó a correr entre las tumbas, saltando algunas. Su tío rezongó tras él.
―Ya estoy muy mayor para esto…
Pero Rumpel casi llegaba al otro lado del camposanto, inundado de hojas acres y macilentas, orugas y manzanas caídas.
―Cuéntame, pues, el cuento del manzano, por favor ―dijo el niño, quedando embelesado por un apetitoso fruto que pendía ardiente de uno de los árboles―. Cuéntame el cuento de madre.
―¿Otra vez…? ―El hombre se temió que Rumpel cayese al suelo, ya que se había subido a una lápida para alcanzar al árbol, pero sabía que debía dejarle hacer.
Rumpel siempre caía de pie.
―Empezaré yo por ti… ―Mordió la manzana sin delicadeza alguna. Estaba amarga y se saboreaba lo pútrido del corazón (quizá hasta tenía algún gusano), pero, aun así, el niño le dirigió a su tío una sonrisa. Los restos de piel roja del fruto brillaban en sus dientes―. El día más frío de todos los inviernos habidos…
―Tu madre, mi hermana ―siguió el hombre, señalando la lápida de esta―, salió a por leña, pues se hallaba sola en casa. Era una mujer de viejas creencias y costumbres, del norte, y creía en la fortaleza del hielo, así que prendió una hoguera en la misma nieve y descansó y rogó a la estrella azul, aunque fuese de día, porque un hijo brotase en su interior. Fue a comerse una manzana, mas, al cortarla, se rebanó el dedo corazón y su sangre cayó sobre la nieve. Ella la miró, miró al sol, que brilló pese a la nevada, y pensó cuán dichosa sería de tener una niñita…
―¡Un niñito! ―lo corrigió Rumpel, volviendo a correr hacia el otro lado del cementerio, bailando con su caperuza, mientras su tío se sentaba a descansar en la tumba de su madre―. Un niñito con el pelo dorado como el sol que la iluminaba, piel pálida como la nieve y labios rojos como la sangre.
―Un niñito que, como las ninfas y duendecillos del bosque, llenase el hogar de jolgorio y ruido, de ahí que decidiese llamarte Rumpelstiltskin.
―Y en el mismo lugar donde cayeron la manzana y su sangre…
―Creció un manzano ―concluyó el tío, creyendo ver a su hermana sonreír allí mismo, protegiendo a su hijo―. Un manzano que florecía mientras tú te cuajabas en su interior y que da los frutos más bellos de todos.
Pero Rumpel ya se había cansado de la historia y volvía a correr, dejando su capa volar tras él.
El cementerio no quedaba lejos del hogar de la familia, en La Sidra, el pueblo más cercano al Nido de Aceros. Allí se alzaba, sobre un promontorio, la casona donde Rumpel crecía, desde donde su padre, como buen capataz, dirigía a ganaderos y agricultores. Mas no estaban solos.
La madre de Rumpel murió cuando él nació, en invierno, y para cuando las nieves se hubieron ido, el padre tomó otra esposa que lo ayudase a criar a su hijo. Una mujer sin grandes cualidades, belleza despampanante o mente brillante, tan sólo una mujer, una que pudiera hacer de madre y… mujer. Tuvieron otro hijo al que también quisieron mucho, mas la nueva señora de la casona estaba dispuesta a poner los intereses de su propio vástago por encima de los de Rumpel.
Mercy era su nombre y, aunque pareciese una mujer endeble, su voluntad y su firmeza eran como su mirada: de hierro.
―¡Hijo, perezoso haragán, ven a ayudarme, por favor!
Con esos gritos se refería al hijo con el que compartía sangre, que llegó soñoliento a las cocinas.
La familia tenía un gran caserón, sí, pero eran épocas de carestía, la hambruna iba a golpearles llegado el invierno y no podían permitirse siervo alguno. Mercy y los niños debían ocuparse de todo.
―Aquí estoy, madre. ―El pequeño se llevaba pocos años con Rumpel―. He tenido un sueño maravilloso… ―sonrió, aunque la mujer, que cargaba una gran marmita a la mesa, no le correspondió―. Soñé que era un príncipe y que tenía un poni. Podía hacer lo que me daba la gana y nadie podía rebatirme…
―¡Dejaos de tonterías y de sueños, príncipe Malcolm! ―La madre dejó caer la marmita en la mesa, salpicando un poco de sopa de… de agua―. Los sueños, sueños son. ¿Ya te ha estado metiendo el otro sus tonterías en la cabeza?
Estaba alterada, Malcolm lo supo cuando la vio llevarse las manos a la cabeza y tirarse de los pelos, que empezaban a clarear y parecer briznas de paja muerta. Mas él no culpaba a su madre por sus nervios, él sabía que era buena. El hambre la cambiaba, la volvía escuálida y huesuda y huraña como una bruja.
―Tenéis razón, madre ―se disculpó el pequeño, agachando la cabeza―. Nunca seré un príncipe, ni tendré poni alguno ni podré obrar a placer…
Las risas y traspiés de Rumpel lo interrumpieron y enervaron a Mercy de nuevo, que casi escupió fuego cuando vio a su hijastro agarrar un mendrugo de pan de ayer de la mesa.
―¡Eso es la cena! ―Y le dio un manotazo―. Ahora vamos a almorzar.
―Mas… ¿Otra vez sopa de hierbas? ―dijo, haciendo un mohín al asomarse al perol―. No necesitamos cena luego, necesitamos almuerzo ahora… Yo he traído una manzana para Malcolm… Bueno, media manzana.
Y con una gran sonrisa, le entregó a su hermano pequeño lo que quedaba del fruto que había cogido en el cementerio. Malcolm le dio las gracias y comenzó a morderlo con tanta ansiedad que se mordió también la lengua, llenando de sangre la carne de la manzana en cada bocado…
―¡Malcolm! Te va a caer mal al estómago, haz el favor…
Pero Malcolm sólo se detuvo cuando degustó algo extraño y vio que había devorado medio gusano.
―Viscoso, mas sabroso ―rio, yendo a por la otra mitad.
Rendida, Mercy los dejó y se sentó en la mesa, presidiéndola, y se masajeó las sienes… Otro día más y otra vez que acababa derrotada… Y ahora tenía que aguantar cómo Rumpel hacía un inútil de su Malcolm. Luego vendría el padre y le daría igual, salvo si Rumpel tenía tonterías que contar, claro, eso requería la atención del mundo entero…
Y así pasó.
El padre llegó, la besó, besó a Malcolm y besó a Rumpel. Apenas hizo caso a cómo el pequeño le decía que la había ayudado en las tareas de la casa, pero cuando su mayor dio comienzo a su perorata estúpida…
―Fui a buscar al tío a la panadería y llevamos flores a la tumba de madre. Luego corrí a ver el cortejo de lord Guilles y lo seguí más de una milla…
―¿Mas de una milla? ―saltó su madrastra. Tenía una voz sibilante que ponía a los niños los pelos de punta―. Más de una milla… ¿Habrás cruzado el río, no? No hay puentes por aquí, mas, si has ido más allá de una milla… si lo has cruzado… ¿no habrían tus ropas de estar húmedas, Rumpelstiltskin?
―Yo te creo, hermano ―dijo Malcolm, ignorando a su madre―. Creo hasta que pudieses volar para sortear el río…
―Creo hasta que pudieses volar para sortear el río… ―repitió ella con un soniquete…
Pero la volvieron a ignorar y Rumpel siguió relatando las aventuras de su país de maravillas… A Mercy se le encogía el estómago y se le revolvía el agua caliente que llamaban almuerzo… Cada palabra que escupía ese niño era un puñal en la cabeza… Ese niñato que algún día heredaría la propiedad, dejándola a ella y al membrillo de Malcolm con una mano delante y otra detrás… tapando lo que habrían de vender para vivir…
―Esto no sabe a sopa ―dijo Rumpel, sacándose una sonrisa que casi deja ciega a su madrastra… y que casi la hace vomitar de tanto almíbar como desprendía―. Esto sabe al agua de fregar.
Malcolm también le rio esa gracia.
―¿Y tú cómo sabes cómo saben los fregados?
―Los probé una vez que tenía muuucha sed ―rio más su hermano―. ¡DE VERDAD!
―Parad ―susurró Mercy.
―Quizás es el agua de las escupideras ―rio Malcolm.
―Parad ―susurró Mercy.
―O del abrevadero de los cerdos ―rio Rumpel.
―¡PARAD! ―Y tiró su cuchara entre ambos―. ¡¿Cómo podéis reíros de cómo guiso?! La próxima vez tendré que cavar para hacer crecer las patatas yo misma… ―Estaba temblando de rabia y su esposo no hacía otra cosa más que mirar―. Idos fuera. ¡Idos ya! Si tenéis suerte no volveréis jamás.
Los niños no necesitaron más gritos. Se levantaron, ya sin risas, y marcharon.
―¿Cómo has podido decirles eso? ―preguntó entonces el padre, impasible.
―¿Y cómo puedes tú dejar que tu familia se muera de hambre? ―Se tapó los ojos. No quería llorar―. Ve mañana y exígele a lord Guilles nuestra parte del tributo, hinca las rodillas o ve al mismo Nido de Aceros. Ni flaquezas ni extravíos, te necesitamos entero y compuesto más que nunca, porque mañana no tendremos nada que llevarnos a la boca, esposo, más que nosotros mismos.
La Era De La Reina Malvada…

Regina se enjugó y tragó las lágrimas. No iba a consentir que Maléfica y Cruella la viesen llorar.
―Daniel Colter ―leyó la pelusa―. ¿Quién es Daniel Colter?
Regina la miró como una perra rabiosa y eso bastó para callarla.
―El tiempo apremia.
Se atusó la capa y dirigió a las brujas por el prado hacia la casona. A cada paso que daba, a cada mirada que echaba, parecía rememorar todo lo acaecido allí, todo el macabro baile del destino que habían tenido que danzar. Todos. Ella, Daniel, sus padres… incluso Blanca.
―Sigo sin entender… ―Cruella no podía seguirles el ritmo a las brujas―. ¿Qué es lo que te hizo Blancanieves, señora madrastra?
―Me arrebataron mi verdadero amor, eso es lo que Blanca causó ―escupió ella―. No haberse cruzado en mi camino jamás, eso es lo que esa puta ha de desear.
«Nunca debí salvarla. Nunca», pensó y, como cada vez que en eso pensaba, un miedo atroz la invadía, pues, en lo más hondo de su ser, tenía la certeza de que su madre, a sabiendas de que Leopold pasaría por sus tierras, había tenido algo que ver en el accidente de la niñata.
Abrió las puertas de un tirón de magia. El salón de la casona estaba tal y como lo recordaba. Allí no había ido nadie desde ella se casara… o, más bien, desde que Jefferson le presentó al doctor Frankenstein. Los muebles estaban todos cubiertos por polvorientas sábanas blancas y el olor a cerrado y podrido hacía insoportable estar allí.
―No me gusta este sitio ―dijo Cruella.
―Rebosa magia negra ―apuntó Maléfica.
Regina las miró… miró a Maléfica; una mezcla de irritación y odio, un odio que no supo de dónde acudía.
―Las gentes del pueblo cuentan cientos de tropelías sobre una familia que habitó esta casa hace siglos, mas, sea lo que sea que aquí pasase, eso no nos importa.
―¿Pero no estábamos aquí porque en este lugar todo comenzó? ―Cruella estaba exasperada―. Aclárate, reina.
―Hagamos un trato, ¿vale? ―rio Regina, imitando a Rumpel―. No vuelves a abrir la boca y no te meto la manzana que vamos a envenenar por el gaznate, ¿de acuerdo? ¡Pues de acuerdo!
Y para que quedase claro, le dio una sacudida a la peletera.
Ignoraron los dos retratos que colgaban en el pasillo, de dos mujeres, ambas rubias, ambas jóvenes, ambas pálidas hasta lo enfermizo y de miradas lóbregas y vacías. Regina ignoró cada objeto y cada rincón que, sabía, abriría recuerdos dolorosos. Así, bajaron a las cocinas, donde no quedaba más que una vieja mesa, un caldero en la chimenea y un arcón enorme junto a esta.
―Iré yo misma al encuentro de Blanca ―les dijo a las dos inesperadas amigas―. Esta vez no cometeré el error de la otra vez, esta vez Blanca no podrá reconocerme.
―Mas, según nos has contado, aún no dominas el hechizo para transformarte ―se extrañó Maléfica―. Si deseas que yo te lo conjure… Ya sabes que no podrás usar magia.
―He estado practicando ―se lamentó Regina―, mas no consigo cambiar por completo. Sólo algunas partes del cuerpo… Tal y como dijo Rumpel que pasaría.
―De todos modos… ―Maléfica parecía algo molesta. ¿El lugar también la incomodaba?―… Yo no soy el Ser Oscuro. Mi magia es antigua y necesito una fórmula para transformar tu beldad en fealdad, para ocultar tu porte real y convertirte en… ¿una pordiosera? Blancanieves jamás desconfiaría de una dulce abuelita, sola y desamparada, que se encontrase por los caminos.
Regina agitó una mano y, en una nube de humo, aparecieron algunos cajones de la cripta de su madre.
―Confío encuentres de todo.
Encendieron el fuego y Maléfica, que era la versada en pociones, comenzó a hacer algo parecido a danzar en torno a él, recitando sus arcaicos maleficios.
Cruella, en cambio, iba con el rabo entre las piernas. Se acercó al arcón y le dio un escalofrío.
―Sólo un sitio me había puesto así una vez, la casa de los Radcliffe, unos de mi reino ―les contó―. Estaba maldita o embrujada o qué sé yo. Tenían un monstruo que creían que era…
―Que no me importa, pelanas ―dijo Regina, riéndose de su ocurrencia―. ¡Pelanas! ¿Cómo no lo pensé antes?
―Polvos de momia para hacerte vieja ―oyeron que decía Maléfica.
Se acercaron ambas al caldero y vieron como la poción parecía consumirse sola al entrar en contacto con esos polvos de momia.
―Para las ropas, el negro de la noche ―dijo la bruja.
Acercó un frasquito que contenía un líquido oscuro parecido a la tinta, pero Regina sabía que era brea, brea negra, de las mismas entrañas de la oscuridad.
―La voz y la risa de una vieja bruja…
Y sin más, Maléfica acercó su rostro a las llamas y empezó a carcajearse mientras pensaba en Aurora dormida, en el sufrimiento continuo, día tras día, de Stefan y Leah… Y, por supuesto, en lo sabroso que había estado el bocadito del príncipe Día.
Recuperada ya la compostura, siguió con su ritual:
―Para encanecer el pelo, un grito de terror.
Alzó su cetro hacia Cruella, impulsándola contra la pared y haciéndola chillar… Su gemido pareció quedar en el aire, fantasmal, como un haz de harina. Flotó y flotó hasta caer también en el caldero.
―Una ráfaga de viento para avivar el odio… ―Por arte de magia, de la chimenea empezó a correr una corriente infernal que hizo arder la poción―. ¡Y un rayo potente para mezclarlo todo!
Del mismo cetro salió el rayo y el brebaje terminó de consumirse. Maléfica lo condensó en el aire e hizo aparecer una copa que lo albergase.
―Esta, de viejas, poción, te ayudará en tu misión ―dijo, dándosela a Regina.
La bebió sin pensarlo. Un trago amargo.
Entonces creyó morir.
Una puñalada la trepanó desde el vientre hasta la boca. Regina gritó y gritó, dejando escapar toda su juventud, su belleza y su vida; sacrificando todo eso por la venganza, la venganza que la consumía, que acababa con ella, que la acercaba más y más a un final, ni feliz ni infeliz, sólo el final: la muerte.
La muerte era cuando la poción hizo efecto.
―Mis manos… ―fue lo primero que dijo cuando las vio, pero se llevó una sorpresa mayor―. ¡Mi voz!
Maléfica hizo aparecer un espejo sobre la mesa y Regina pudo admirarse. Era vieja, tan vieja como el mal, con la nariz ganchuda, la piel arrebujada y la boca muerta en un rictus de asco eterno.
―Espejo mágico, dime una cosa ―comenzó a reír, probando también que hasta en eso la pócima había funcionado―. ¿Quién es en este reino la más hermosa?
―Y ahora pasemos al óbito de Blancanieves ―dijo Maléfica―. El Hechizo del Sueño.
―Mañana a estas horas, Blanca habrá cerrado los ojos para siempre en una muerte dormida ―volvió a reír la vieja Regina, llena de odio y gozo.
Hace Más De 200 Años

La Sidra y Lohr bullían por el festival de otoño en ese entonces, una feria cuyo propósito era que los pueblerinos olvidasen el hambre que clamaba a sus puertas. Allí fue donde a Rumpel se le ocurrió ir con Malcolm cuando los echaron de casa.
―Tralaralarí, el arte es para mí. Cantar, bailar y poder gozar, tener dinero para gastar…
―Pero, Rumpel… ―Malcolm no estaba seguro de alejarse tanto de la hacienda.
―Olvídate de tu madre. Por una vez, haz lo que quieras… Tralaralarí, a la feria voy. Cantar, bailar y poder gozar, yo la vuelta no me doy.
Terminaron por echar una carrera, debatiéndose Malcolm entre el deseo de ganarle a Rumpel y de volver sobre sus pasos, con su madre. En ese brete, llegaron a la cima de la colina desde la que se veía la urbe colorida, llena de puestos y casetas y guirnaldas coloridas. Se les presentaba como un gran dulce listo y preparado para ellos.
Malcolm se relamió y, por fin, cantó junto a su hermano.
―Tralaralarí, el arte es para mí. Cantar, bailar y poder gozar, toda una vida para disfrutar…
Atravesaron el rastrillo tras un tonelero que, metido en su labor, no reía al ver que iba persiguiendo y espantando gansos. Su frente estaba perlada de gotitas de sudor que brillaban como pequeños diamantes… eso fue lo que vio Rumpel. Su boca estaba prieta en una mueca de cansancio y necesidad… eso fue lo que vio Malcolm.
Pero ambos ignoraron al buen hombre y corrieron también como gansos, haciendo el ganso, para terminar de asustar a los gansos que persiguieron.
―¡Niño, niño! ―Una mujer muy espigada, de largo cuello y rizos castaños, llamaba con la mano desde su herrería. Era la herrera, pues.
Malcolm, creyendo que lo llamaban a él, dio un paso al frente, pero la mujer seguía llamando a alguien a su espalda; a Rumpel, que se acercó sin vergüenza alguna, como si aquella señora fuera una conocida de toda la vida.
―A las buenas tardes, herrera mía… ―Y le hizo tal reverencia que la caperuza de la capa le cayó sobre la cabeza.
Había estado golpeando una hoz en el yunque, pero Rumpel sólo la vio mano sobre mano.
―Tengo un presente para ti…
De su bolsillo sacó dos piedras cuadradas y anaranjadas, dos duros bizcochitos, y se los tendió.
―Sílex ―explicó con una sonrisa―. Sirven para encender fuegos. Tenlos siempre contigo y la oscuridad nunca jamás te atrapará.
Rumpel ni le dio las gracias. Agarró las piedras y volvió corriendo y danzando hacia su hermano.
―Esto es lo más bonito que he visto nunca ―se maravilló este, mareado de tanta música y alegría.
―¿Será que nunca has visto una feria, hermano?
―Nunca hemos venido solos. Ahora lo veo… diferente… ―Suspiró. Sentía algo aletear en su interior, casi como si volase―. Pero daría un reino por un cacho de pan.
―¡Qué niño más hermoso y qué cabello más rubio! ―oyeron a sus espaldas. Era una anciana muy muy alta que cubría su cabeza con un pañuelo de colores. Ignoró a Malcolm y fue hacia Rumpel, acariciándole la cabeza―. ¿Oro, trigo, sol? Nada se compara a ti, pequeño… ¿Te gustaría comprar una cinta que adorne ese precioso tesoro?
Descubrió su cesta y los retales, las cintas que vendía. Rumpel tomó una azul como el cielo de verano.
―No tengo dinero, señora… ―dijo con vergüenza. Entonces se irguió, recuperó toda suficiencia y añadió―: Y no soy una niña, no tengo que adornarme el pelo para gustarle a nadie.
Se dio media vuelta y se fue, dejando a la anciana sin réplica y a Malcolm tras ella… ¿Debía pedirle disculpas?
―¡Por supuesto que no!
Malcolm vio al hombre más sucio que creía haber visto nunca. Un hombre… o más bien un joven, envuelto en una capa remendada y deshilachada. Un hombre de rasgos afilados, mandíbula audaz y labios firmes y gruesos como dos gusanos acostados.
―¿N-no? ―se extrañó él, viendo como la anciana se marchaba indignada.
―¿Qué clase de niño pide perdón? ―rio―. Yo nunca pido perdón por nada.
―¿Por nada de nada? ―Malcolm se quedó boquiabierto, pero algo le pasó por la cabeza…―. ¿No nos conocemos?
El joven se puso en cuclillas ante él, acercándose muy mucho y… ¿oliéndolo?
―A veces soy alguien muy conocido, jovencito… ―susurró.
―¡¿Lord Guilles?! ―susurró también Malcolm.
―¡En las ferias y en las fiestas soy un simple y burdo Pan! ―exclamó con aspavientos.
―¿Un Pan? ¿Queréis decir… un huérfano?
―Los huérfanos se llaman Pan, los bastardos se llaman Blanco… No tendrán nombre propio, mas tienen la libertad de vagar por doquier, de saltar y volar de un lado a otro y de hacer cuanto gusten sin responder ante nadie.
Y dicho eso, en medio de una risotada, sacó la lengua y lamió la nariz de Malcolm, que se echó hacia atrás de un brinco, tropezó y cayó.
―¡¿Qué hacéis?! ―Se frotaba la nariz―. ¡Qué asco!
Nadie se había dado cuenta de lo ocurrido. Eso sí que era extraño.
―Era una broma, tonto ―volvió a reír lord Guilles, el Pan de incógnito―. Si quieres disfrutar de esta vida, habrás de aprender a hacerlas… y a sufrirlas… Pues no hay más placer que reír y reír… como un niño… como tú…
Malcolm tragó saliva, no estaba muy seguro de si le gustaba lord Guilles, aunque le encantaba oírlo. Sus palabras hipnotizaban.
―La vida está llena de cosas que no conocemos, mas no debemos huir de ellas. Debemos tomarlas para nuestro placer… ―Se puso en pie y sacó una manzana de los pliegues de la capa. Una manzana roja y pura. La mordió―. Si los niños, tan puros de corazón que sois, lo entendierais…
Pero el niño ya no lo escuchaba, sólo tenía ojos para la manzana.
Qué hambre tenía.
―¿Quieres? ―ofreció él―. Podemos compartirla… ―Se la tendió―. Toma un bocado.
Un bocado… Su vida por un bocado… Tenía tanta hambre.
Malcolm alzó su mano. Casi rozaba la manzana…
―¡Este niño servirá!
La misma mujer que había gritado lo cogió en brazos, lo levantó y lo subió a sus hombros. Para cuando se dio cuenta de lo ocurrido y se giró buscando a lord Guilles, este desaparecía en su capa.
―¡¿Qué haces?! ¡Suéltame!
No podía verle la cara bien, pero era morena y peinaba dos trenzas negras. Su vestido le recordó a unas llamaradas de azufre y su voz… Había algo en su voz…
―Yo-con-ti-go quiero bailar, pues me haces suspirar ―canturreó―. ¿Cómo te llamas?
Se lo dijo y sintió calma al ver que no le haría nada malo. Lo llevaba al teatrillo de títeres de Punch y Judy, donde Puch golpeaba a Judy con un rodillo.
―¡Vamos, Malcolm! ―Lo dejó junto al puesto, frente al resto de niños―. Con tus manos, clap-clap-clap ―cantó, agarrándolo para bailar―. En el suelo, tap-tap-tap. Mano aquí, mano allá y una vuelta así darás.
Primero aplaudía. Luego se agachaba. Se apoyaba después y terminaba barriendo el suelo con el trasero. La segunda vez casi se ahoga de la risa.
―Escuchad mi poema, por favor ―dijo el viejo Punch―: el necio jamás cambiará su modo de pensar y siempre se pondrá a cantar antes de balar.
Y entre clap-clap-clap, tap-tap-tap, acordeones y carruseles, a Malcolm se le pasó la tarde.
―Atentos ahora, que ha llegado el momento del cuento de hadas ―anunció la joven de rojo que lo había llevado hasta allí―. Malcolm, ve con el resto y disfruta.
Corrió a hacerse un hueco entre los otros niños. Ya no tenía cabeza ni para su hermano ni para lord Guilles, a saber dónde estaban. Ahora sus ojos eran sólo para «Su apuesto héroe».
Con su voz chillona y cascada, Punch comenzó a relatar la historia mientras los otros personajes bailaban por el teatrillo.
―La reina de un clan embarazada quedó. Dio a luz a un crío y de alegría murió.
―La reina tenía otro hijo muy guapo y brillante ―intervino la joven de rojo―, pero era malvado y ansiaba ser el mejor de todos.
―Gideon creció igual que su hermano y para un brujo faenaba a destajo.
―Su hermano, en cambio ―volvió a hablar la de rojo―, se dedicaba a cazar doncellas, embaucando siempre a las más bellas. Hasta que una resultó ser una bruja que le contó una verdad inmutable:
―¿Qué dices, amiga, no soy yo quien más brilla? ―canturreó el trapo que representaba al hermano de Gideon.
―El mejor de los mejores es tu hermano el pildorilla ―respondió la bruja.
―No, no, no, no, no, no puede ser. ¡Muerto lo he de ver! ¡A por su corazón a mi criado enviaré!
―Mas a él lástima le dio y escapar lo dejó ―aclaró de nuevo, con una sonrisa, la joven de rojo―. Gideon huyó y, en medio del bosque, encontró refugio en una cabaña protegida por un niño con alas que disparaba flechas, mas, como vio lo bueno que era, lo dejó quedarse.
»Mientras ambos dormían llegaron tres damas, eran ancianas, mas buenas hadas.
―¿Me puedo quedar? ―Gideon se disculpa.
―Serás nuestro sobrinito. ―Ellas le permutan.
―Pero su hermano descubre que está vivo ―cantó la de rojo―. Llama a su criado y le dice: ¡no lo mataste!
»Le arranca el corazón e idea un malvado ardid. Se encamina a la cabaña y el niño llora al verlo allí.
―Sólo vendo flores. No pretendo molestar ―dijo, engañándolos con su disfraz.
―¿Esencia de duende? ¿Qué podéis aceptar?
―Gideon cayó en la trampa de su hermano ―explicó el muñeco de Punch―. Olió las flores del mal que él le ofrecía y cayó muerto al inhalar el veneno. Cuando las hadas volvieron, el niño, para explicar lo ocurrido, olió las flores, muriendo también.
»Les fabricaron ataúdes de cristal y por su belleza no los enterraron.
»El malvado hermano a la bruja volvió a buscar para ver si de las nuevas se había enterado.
―Quédate tranquilo ―le dijo ella―. Gideon quedará por siempre muerto y enterrado.
Malcolm, con la cabeza apoyada en los brazos, quiso echarse y ver las nubes mientras oía la historia… Cuando al sol lo tapó la cara de su tío el panadero, casi se le sale el alma por la boca.
―¡Qué susto! ―dijo, medio riendo, medio ahogado.
―¿Qué haces aquí solo?
El niño se encogió de hombros.
De la mano, abandonaron el teatrillo y cruzaron la feria en dirección a las murallas. La diversión había acabado. De nuevo volvería a esa casa oscura y fría, con su madre, sí, pero también con el hambre y los gritos que eran el pan de cada día…
―¡PUM, PUM!
Rumpel apareció cargando con un arcabuz de madera. ¿Otro regalo? Se abalanzó sobre ellos, pero su tío le arrebató el arma y también… también le disparó o lo que fuera.
―¡Ah! ―farseó el chico, tirándose al suelo―. ¿Me muero ya?
―Pero si ni te he rozado ―rio el panadero, soltando a Malcolm.
―Los hombres de nuestra familia jamás fracasan.
―Ya, bueno… ―volvió a reír el hombre―. Me habrá temblado el pulso, que hace mucho que no disparo. Tú, en cambio, encajas muy bien los tiros.
―¡¿Y ahora a qué jugamos?! ―Rumpel volvió a levantarse, bricando.
―Ahora vas a ayudarme a conducir el carro hasta tu casa, ¿quieres?
Emprendieron camino de nuevo, pero no azuzaron a Malcolm, sólo le dejaron seguirles… El niño se quedó embobado viendo como tío y sobrino jugaban y se decían tonterías.
―Yo te he capturado, soldado ―reía el panadero―. Ahora eres mi prisionero y has de hacer lo que te digo.
―No.
―Sí, sí.
―No, no.
Pero todo quedó olvidado cuando llegaron al carro y lo vieron cargado con leche y huevos.
―Ya veréis lo bien que olerá la cocina esta noche cuando vuestra madre os prepare… ―se relamió―... el más dulce de los postres.
La Época De La Reina Malvada

Los vapores ponzoñosos que escapaban del caldero nublaban a las brujas y las adormecían. Regina lo tomó por una buena señal.
―Qué poco me gusta este lugar ―dijo Cruella, atusándose el abrigo ante un escalofrío―. Esta cocina me recuerda a la casa de esos Radcliffe que os contaba… Tiene algo…
―Si quieres huir con el rabo entre las piernas, pelanas, ya puedes coger la puerta…
Y al reír, la reina fue la primera en sorprenderse. Había olvidado su nuevo aspecto.
―¿Qué dice, abuela? ―Era el turno de Cruella de hacer chanzas―. No la entiendo sin la dentadura.
―La poción casi está ―medió Maléfica, alzando su cetro y disipando los humos que las envolvían―. Regina, acércate al caldero para que su oscuridad reflectante nos muestre a la que osó tu amor robarte.
Regina lo hizo, caminando algo encorvada por la chepa de vieja que ahora tenía. Al tocar el caldero hirviente no se quemó, aunque sí sintió que se le abría el pecho: en aquel veneno que borboteaba veía a la condenada Blancanieves con su madre; luego vio a su madre matando a Daniel.
―Has de ser tú, amiga ―le dijo Maléfica, tendiéndole la manzana y una sonrisa maliciosa.
La reina tomó el fruto, pensando en que, al fin, su venganza sería un bien certero, y recitó la maldición:
―Sumérjase la manzana y que el Hechizo del Sueño la impregne bien para mal.
Con un hilillo atado al tallo, la dejó caer. El tósigo de Maléfica comenzó a devorar el fruto, a masticar incluso su hueso y su corazón.
Cuando Regina volvió a alzarlo, una cáscara podrida y azulada, parte del hechizo, cubría la manzana, ahora negra, haciéndola parecer una enorme calavera.
―El símbolo de lo que lleva dentro ―dijo Maléfica.
―El símbolo de la muerte ―asintió Regina―. Mas yo te quiero roja, apetitosa, para que Blancanieves desee morderte.
Y roja quedó gracias a su magia. Roja para siempre jamás de los jamases.
Riendo estridente, como sólo una vieja bruja como la que era ahora podía, helando y rompiéndose la garganta a cada carcajada, Regina ofreció un bocado a Cruella.
―¡Aparta eso de mi vista! ―gritó ella, dando un brinco y cayendo en un viejo cofre.
―No es para ti, tranquila, pelanas ―volvió a reír la vieja reina―. Al fin, mi final feliz será hecho cuando Blanca la muerda y la sangre se le hiele en el pecho.
―Mas recuerda, amiga, que este maleficio puede romperse con un beso de amor verdadero ―dijo Maléfica, de la victoria de Regina disfrutando y, por supuesto, de la tajada que estaba sacando.
―No quieras sacarme de este sueño ―hizo oídos sordos la vieja buhonera, ya lista para salir en pos de su hijastra, cesto de manzanas en mano―. El primer beso de amor… ¡Bah! Si alguien la encuentra algún día, muerta la creerá y viva la enterrará… ―Y empezó a reírse de aquello, colocando el fruto prohibido y coronando al resto de manzanas. Estaba en completo éxtasis―. En la prisión de su sueño vivirá para siempre… ¡Mas viva la enterrarán!
Hace Más De 200 Años

―Ayer vino el molinero a traerme harina y… ¿sabes qué me contó? Que otro niño ha desaparecido en el bosque norte.
Mercy, que había recibido con alegría y ninguna modestia los manjares de pan, leche y huevos que traía el tío de Rumpel, ignoraba la truculenta historia. A ella sólo le importaba llenar el buche… y el de Malcolm también, quizás.
―Organizaron batidas toda la noche ―siguió contando el panadero―, pero, créeme, no lo encontrarán jamás. Y… con esta hambruna… no sé si es mejor que se haya perdido o que se lo hayan comido sus padres… ―Pareció horrorizarse con sus propias palabras, pero a tiempos oscuros…―. Sería piedad, como cuando los viejos, en los largos inviernos, salen a dar sus eternos paseos…
La mujer no tardó en despedirlo y en deleitarse al saber que el hambre sería cosa de ayer. Lo primero que hizo cuando bajó a las cocinas fue abrir la cántara de leche y probar un par de cucharadas.
―Deliciosa. Dulce como el caramelo…
Le dio una cucharada a Malcolm, que se relamió tras guardársela en la boca hasta que la sintió tibia.
Rumpel también esperó su turno, pero su madrastra, haciendo como si no existiera, vertió algo de ese oro blanco en un cazo de latón y anunció con una gran sonrisa y una voz cantarina que iba a hacer un bizcocho.
―Un bizcocho…
Y mientras se ponía manos a la obra, los niños se dedicaron a atar las briznas de paja para cuando cambiasen las sábanas.
Por las ventanas a las que no llegaban, pues la cocina quedaba en un semisótano, la luz fue haciéndose tenue a medida que el sol caía. Con el crepúsculo, el dulce de Mercy estuvo listo y ella, loca de contenta, relamiéndose y frotándose las manos, decidió que saldría al bosque a por algunas bayas y que esa noche celebrarían cómo llenaban sus barrigas.
―Ah, niño ―le dijo a Rumpel antes de salir―. Llévale agua al burro, anda.
Cogió su capa… y de paso la de Rumpel, para que pasase frío al salir. Que se aguantase… Cómo odiaba esa asquerosa capucha…
Y es curioso… el destino se llega a basar en nuestras decisiones, hasta en las más absurdas. ¿Quién sabe qué hubiera pasado si aquella mujer no hubiese querido fastidiar a su hijastro? ¿Quién sabe qué habría ocurrido si Rumpel no hubiera tenido frío, no hubiera corrido a llevar agua al abrevadero y, sólo pensando en calentarse, no hubiera dejado abierta la puerta del establo?
―Tengo los huevos helados… ―tiritó al llegar con su carita blanca como la nieve… helada… como la nieve, sí.
Malcolm dejó su paja y se arrodilló ante su hermano.
―Conmigo podéis bailar y vuestra alma calentar… ―canturreó, tendiéndole sus manos―. Con tus manos, clap-clap-clap, en el suelo, tap-tap-tap. Mano aquí, mano allá y una vuelta así darás.
Rumpel le siguió el juego, danzó con él y también cantó, aunque gritaba, más bien. Jugaron por las escaleras y subieron hasta el salón, dejando atrás los retratos de sus madres.
―¡Con tus manos, clap-clap-clap!
―¡En el suelo, tap-tap-tap!
Sus voces ni se entendían ni se distinguían.
A Malcolm se le ocurrió la locura de bailar sobre el sofá. No se lo creyó cuando se vio tirándole cojines a Rumpel, no se lo creyó… Era tan divertido. Se sentía tan pleno.
Su hermano se tiró sobre él para que parara y ambos rodaron al suelo. Malcolm se hizo daño, pero le gustó; le gustó porque había sido por diversión. Todo el caos era por diversión y eso… bueno, su cabeza no daba para mucho, le gustaba y punto.
Pero las risas se cortaron al oírse el estruendo de la cerámica al hacerse añicos.
Corrieron a la cocina y casi caen de nuevo, muertos esta vez, al ver que el burro se les había metido hasta allí y había tirado la tinaja de leche en un claro intento por beberla… ¡y la seguía bebiendo del suelo!
―¿Qué está ocurriendo? ―oyeron a sus espaldas―. ¿Qué hace el burro aquí?
Se volvieron, muertos de miedo. Su madre venía con la cesta vacía, no había encontrado bayas, y la sonrisa se le heló al darse cuenta de lo que hacía el burro.
―¡¿Rum…?!
Enmudeció. Mercy enmudeció. Había visto algo que los niños no…
Sobre la mesa estaba el plato del bizcocho… sin el bizcocho. Sólo con migas.
―¿Habéis dejado a ese animal estúpido comerse mi dulce? ―preguntó, despacio y bajito, como si ni ella lo creyera… Ni los miraba―. Rumpel, llévatelo de mi vista antes de que lo haga picadillo, idiota, niñato asqueroso…
Se apoyó en la mesa, tapándose la cara, ocultando como se mordía el labio de rabia e impotencia…
Malcolm tampoco supo qué hacer.
Y la cosa fue a peor cuando Rumpel, por más que empujó al burro, no pudo hacer nada por echarlo.
―Por favor, burro, por favor… ―gimoteaba abrazado a él y hecho un mar de lágrimas.
―¡Ya veo que tengo que hacerlo yo todo! ―chilló su madrastra, yendo a por el atizador de hierro de la chimenea.
Le dio, le dio con saña pese a que Rumpel rogó porque dejase en paz al animal, que, en rebuznos de sangre, huyó.
―¡¿Por qué lo habéis hecho?!
Y Mercy, harta de aquel mocoso de mierda, lo abofeteó. Lo hizo tan fuerte que el pobre cayó al suelo al tratar de esquivarla.
―Imbéciles, retrasados, consentidos… ―Ninguna palabra se le antojaba demasiado hiriente para ellos, hasta para su Malcolm―. ¡Id a por bayas, id a por lo que sea y no se os ocurra volver con las manos vacías, porque si no, yo… yo…!
Se tiró de los pelos, ahogó un grito y terminó gritando.
―Madre, por favor… ―dijo Malcolm, aguantándose las lágrimas, haciéndose el valiente.
―¡Tú calla, inútil, que no sabes hacer nada, que vives en un mundo de fantasía…! ―Más gritos. Esta vez se arañó las manos y tiró el plato del bizcocho a la chimenea―. ¡Debí haberte matado cuando aún estabas en mí! ¡FUERA DE AQUÍ! ¡LOOOS DOOOS! ¡FUEEERAAA!
La Época De La Reina Malvada
―¡Fuera! ¡Fuera!
Los bichos del bosque no dejaban de estorbar. Regina juraría haberse tragado hasta un mosquito.
―Bestiecillas nauseabundas…
Pero se guardaba muy mucho de no perder el cesto con las manzanas. Con la manzana.
Su plan era perfecto.
Según el espejo mágico, Blanca iría a la feria y, aunque siendo una vieja era lenta, la estúpida de su hijastra pasaría allí toda la mañana, por lo que el precio de saber su paradero no conllevaría no poder atraparla, como tantas otras veces ocurría. Los poderes del espejo y los suyos no eran tan poderosos, no se podía preguntar «¿dónde está Blancanieves?» y aparecerse con magia en el lugar… Toda magia conllevaba un precio.
Mas ya daba igual. Se presentaría ante Blanca como una pobre pordiosera, le encasquetaría la manzana y cuando todos muerta la creyesen… ¡viva la enterrarían!
Se echó a reír, aunque, al sortear un tronco caído, sintió un espinazo de dolor en la espalda… qué fastidio ser tan vieja… pero todo fuera por Blanca, que inocente, aguardaba su final.
El grajo que volaba sobre la reina pensaba igual.
Hace Más De 200 Años

Rumpel y Malcolm corrieron al manzano, pero este estaba tan pelado como siempre.
―Como no vayamos al bosque a por bayas… ―pensó el hermano menor.
Malcolm se acercó al árbol y lo abrazó, besó y hasta mordió.
―Qué hambre tengo, Rumpel… ―No obtuvo respuesta―. Rumpel ―repitió―, ¿tú me protegerías contra todo lo malo que venga, verdad? Si algún día madre…
Rumpel bufó impaciente.
―¿No querrás que llene tu buche, no? A veces dices muchas tonterías… ―Y empezó a reír―. Mas vigila, no sea que un día sí que llene tu buche, con leche… y no de la burra.
Un puñal. Un puñal en el corazón fue lo que sintió. Y las risas y gritos de su madre fueron lo que oyó.
Respirando nervioso y sin saber qué decir, Malcolm alzó la mirada a la copa del árbol…
Justo a tiempo para ver…
Venía de sus pesadillas y allí estaba, sobre su nariz.
Se puso bizco hasta que le dolieron los ojos intentando no perderla de vista.
«Rumpel», pensaba. «Rumpel, quítamela…».
Pero Rumpel se estaría marchando, pues oía sus pasos.
Y el endriago seguía posado sobre su nariz. Pronto le picaría y…
Rumpel sentía sus pantalones calentarse… Había visto a esa cosa descender del árbol, caer en su hermano y tornarse carne…
Era la muerte. Sí. Inconfundible con esas patas alzadas y juntas, como si orase, que estarían a punto de clavarse en Malcolm y llevarse su ser.
«CLAP-CLAP-CLAP».
La muerte cayó muerta entre los pies de Malcolm.
Al girarse para ver quién había aplaudido les llegó el verdadero miedo.
La muerte seguía ahí.
La Época De La Reina Malvada

La luz se filtraba a través de las oscilantes hojas de los árboles. La nieve había remitido en las últimas horas, pero el frío era igual de intenso. Blanca, Marian y Jill caminaban por el margen izquierdo del camino a Lohr, ataviadas con sendos echarpes de lana que las cubrían desde el cuello a la cintura.
La feria del lugar era conocida hasta al otro lado del Bosque Infinito. Se celebraba una vez al año con un mundo exótico de olores y sonidos. Plateros, tinteros, alfareros y un sinfín de oficios viajaban cientos de millas desde todos los puntos del reino para reunirse en este gran evento. Entre los visitantes se encontraban capas de la sociedad de diferente índole. Era curioso ver cómo una dama de alta cuna regateaba con un artesano por un jarrón, no quedaba convencida por su precio y, al final, una paisana del pueblo acababa adquiriendo la pieza. El valor de los objetos que se vendían estaba sujeto a la laboriosidad de los mismos. Por norma general, los precios solían ser bastante asequibles para gentes con diferencias económicas considerables.
La caótica disposición de tenderetes ambulantes obligaba a los transeúntes a chocarse todo el tiempo. Las jóvenes pasearon delante de varios puestos de especias y platería sin prestarles demasiada atención. A medida que se iban acercando a la plaza principal, el ritmo de paseo se hizo más lento hasta que quedaron atascadas delante de un puesto que tenía echadas unas cortinas rojas de terciopelo.
―Muchacha, broches brillantes para adornar el vestido.
Era una mujer alta y de largo cuello, desaliñada y bien tapada, la que les salió al paso. Blanca la reconoció, pero no la descubrió al momento… Dejó que le pusiese en la mano un broche de sobra conocido por la princesa.
―¿Te gusta? ―preguntó la buhonera.
Aprovechando que Jill y Marian estaban distraídas…
―¡¿Qué estás haciendo, Azul?! ―susurró Blanca.
―Devolverte lo que te pertenece.
―¿Qué haces aquí en la feria? ¡¿Y esas fachas?!
―Las hadas están para proteger a los niños y… no hay sitio más peligroso para ellos que estas ferias.
Blanca miró en derredor, a la multitud, preocupada porque las oyeran.
―Si quieres instarme a no abandonar el reino… Lo siento, Azul.
―Sólo quería que recuperases el broche de tu madre ―le dijo el hada con una sonrisa―. No lo vuelvas a vender, porque cuando lo mires sentirás el amor que ella y tu padre se procesaron, sentirás que ese amor aún vive dentro de ti.
La joven sonrió con lástima.
―Azul…
―Azul, sí ―dijo Jill, que estaba de vuelta―. ¿No tendréis un broche azul, no?
El hada buhonera le sacó uno que parecía una mosca, una mosca azul. Jill le entregó dos monedas a cambio.
―Un momento ―exclamó Azul―. ¿Crees que es fácil vivir de esto?
―No os ofendáis, señora, pero es una burda imitación de lapislázuli. Mi madre es de posibles, sé algo de joyas.
―Ese broche vale el doble.
Jill volvió a meter la mano en los pliegues de su capa y le dio unas cuantas monedas más. Fue entonces cuando el hada se percató de lo preñadas que estaban ella y Marian.
―Guardaos los dineros para el bebé ―dijo, haciéndose la tonta―. ¿Puedo?
Sin esperar respuesta de Jill, Azul acarició su vientre.
―Siento una magia poderosa en tu vástago, muchacha, una luz que ilumina…
«Siempre que poseas los arrestos, con este acto de consentimiento, protegido y puro de corazón terminarás siendo», pensó el hada… El sino de aquel niño estaba escrito.
Luego se marchó, llevándose con ella todo el calor que Blanca había sentido. Jill y Marian también iban a dejarla sola.
―Quédate aquí por si mi cuñado vuelve ―le dijo la mujer―. Nosotras vamos a buscarlo por si anda por ahí.
Partieron en direcciones opuestas y, tan pronto Blanca se vio sola, una sombra oscura como la muerte, que podría ser la muerte en realidad y que, claro es, lo era, se alzó sobre ella.
―¿Estás solita, criaturita? ―rio la reina malvada… la pobre pordiosera.
Hace Más De 200 Años

―¿Solitos estáis, criaturas? ―rio la vieja, que parecía otra muerte, pero humana―. ¿Papá y mamá no están?
Su nariz, no podían dejar de mirar su nariz, que era el pico de un grajo, mientras su capa eran las plumas. De la cabeza le caían mechones de pelusa blanca que se enredaban en los flácidos pliegues de su rostro. Era la vieja más vieja del mundo. Quizás más vieja que la muerte misma, pensó Rumpel.
―Oh, no tenéis que temer de mí, mis niños ―volvió a reír―. No soy más que una pobre abuelita, jajaja…
―¿Vendéis manzanas? ―Los ojos de Malcolm fueron hacia la cesta que le colgaba del brazo―. ¿Cuánto?
―¿Cuánto puedo pedir al niño que he salvado de la muerte? ―chilló ella―. Quizás merezcas un secreto…
De entre todas las manzanas que llevaba, sacó una que era verde, verde como los bosques en mayo, como los ojos de los niños, como la esperanza… Parecía una ofrenda maléfica en las manos huesudas y callosas de aquella buhonera.
―Esta no es una manzana corriente, criaturitas, esta manzana tiene magia; es el fruto de la fraternidad. Si dos hermanos piden un deseo…
―¿De veras? ―dijeron ambos. Rumpel, irónico. Malcolm, soñador.
―Sí, queridos ―rio la vieja otra vez―. Ahora, pedid el deseo y… tomad un bocado.
La Época De La Reina Malvada

―No quiero asustarte, querida ―rio la reina malvada―. La abuelita no quiere asustarte, no, no, no, no… Claro que no…
―No me habéis asustado, tranquila ―se disculpó Blanca.
―Eso está bien, eso está bien… ―Acarició las manzanas. La manzana―. Pareces nerviosa, mi niña. Dime, ¿te ha dado plantón un príncipe azul?
―Como si existieran ―rio Blanca.
―¡Como si existieran! ―La risotada de Regina llamó la atención, pero todos evitaban mirar tan decrépita belleza―. Ya veo que eres muy lista, muy lista… Mas te veo triste…
Blanca sonrió cortés, pero no tenía ninguna gana.
―No os preocupéis por mí, señora.
―No te creas que no te comprendo, niña, que yo también fui joven… Puedo ver que tu pena es por un amor perdido, ¿cierto?
Aquello sí que hizo gracia a Blanca de verdad.
―Erráis de lleno, me temo.
La vieja Regina volvió a reír y posó una mano medio muerta sobre el hombro de su hijastra.
―Espero que nunca sientas lo que es perder un amor, querida, lo espero de todo corazón… Cuando yo era joven, lo perdí…
―No podré perder algo que no busco. El amor no está entre mis deseos…
Hace Más De 200 Años

―Debe haber algún sueño por el que vuestros corazoncitos puros palpiten… ¿no? ―Rumpel y Malcolm se miraron. La vieja pareció satisfecha―. ¡Lo sabía, lo sabía! La abuelita ya ha conocido a muchos niños…
Puso la manzana en manos de Rumpel, que la miró y, sonriente, dijo:
―Deseo… Deseo…
La Época De La Reina Malvada

―Yo sigo deseando que mi amor vuelva, mas sólo a veces, sólo a veces… ―musitó Regina, sacando una manzana de la cesta y mordiéndola sin ninguna delicadeza. Un hilillo de baba le corrió por la barbilla―. Perdona mis modales… ¿Quieres una?
Blanca negó con la cabeza.
―No tengo con qué pagárosla.
Regina se hizo la contrariada.
―Vaya… ―Y al punto, la samaritana―. Mas no te preocupes. No soy mala mujer, no pienso andarme con usuras… ¿Qué te parece si te cambio toda la cesta por… por ese broche que llevas ahí?
Hacía ya un rato que Regina había visto el broche de Leopold, el broche que Blanca le había robado… No es que le importase la joya, pero no quería que ella la tuviera… Además, seguro que a la muy estúpida le dolería en el alma tener que desprenderse de él.
―Quizás sean una forma de agradecer a mis amigas por haberme ayudado ―pensó Blanca―. Ambas están encintas y…
―Qué buena eres, niña ―sonrió Regina―. ¿Amigas, dices? Eso está bien, eso está bien… ¿Trato, pues?
―Trato.
Blanca le dio el broche. Regina, la cesta.
Mas antes, la reina tomó la manzana envenenada.
―Tú tienes que comer algo también, que estás en los huesos. Anda, no me hagas el feo…
Alzó el fruto en su mano.
Blanca fue a tomarlo.
Pero Regina, de golpe y porrazo, se derrumbó.
De golpe y porrazo de un pillo.
El niño la empujó contra la princesa, cogió el broche y también la manzana, sin pensar lo que hacía, y volvió a correr entre toda la confusa plebe, que se giraba hacia Regina y Blanca.
La vieja reina, al ver que había perdido la manzana, que se la llevaba el niño de cabello de fuego, quiso echar a correr tras él, pero no pudo porque le pesaba el alma.
«¡La pienso matar con mis propias manos!» rabió.
Renqueó de vuelta hacia el puesto de las cortinas rojas, pero, para su horror…
―¡¿Dónde está?! ¡¿Dónde está Blancanieves?!
Hace Más De 200 Años

―Antes de que el deseo se enfríe, criaturita…
Malcolm también se había quedado embobado con la manzana, también había pedido su deseo… Y ahora miraba la cesta de la vieja con una ceja arqueada.
Las palabras de lord Guilles vinieron a su mente.
Y, cuando Rumpel hubo mordido el fruto, dejando en su carne la marca de su bocado…
Cuando la vieja sonrió a Malcolm…
Fue demasiado tarde… para ella.
Malcolm se abalanzó sobre la vieja, rodando ambos colina abajo. La cesta se perdió, las manzanas motearon el prado de colores…
―¡Mi deseo es no pasar hambre esta noche! ―gritó Malcolm a la anciana, dándole con una de las frutas en la cabeza―. ¡Mi deseo es que los de mi madre al fin se cumplan!
La Época De La Reina Malvada

Un hombre tapado hasta las cejas con un manto negro cogió a Blanca de la muñeca y la escondió tras las cortinas rojas frente a las que ella, Marian y Jill habían visto interrumpido su paseo en la feria.
―¿Qué hacéis? ¡Soltadme! ―gritó la joven. Un grito que se convirtió en susurro entre el enorme tumulto de la feria.
―No temas, Blancanieves ―dijo él, queriendo calmarla, sonriendo de una forma que no es que inspirase la mayor de las confianzas―. Soy Stromboli.
Era un niño de, tal vez, algo más de siete años, pero, sin duda, no pasaba de los diez. En su rostro se leía una expresión a la que Pan se había tornado muy muy receptivo.
Trataba de contener las lágrimas, pero no tardaría en echarse a llorar.
Fue acercándose hacia el pequeño, que miraba en derredor con un pánico creciente, y, sí, siete años, quizás ocho, pero muy menudito. Era un niño blanco como la nieve que, no sólo parecía asustado, sino muy enfermo, y sus cabellos eran fuego de enero. Pan supuso que tal aspecto de uro sería por el miedo. Reconocía esa expresión en cuanto la veía porque había visto un gran terror reflejado en sí mismo durante su niñez.
El niño alzó los ojos esperanzados hacia las personas que pasaban junto a él, personas que iban atontadas por la feria, con el rostro soñador impregnado de algo que tomaban por satisfacción.
Pan sabía que buscaba ayuda, buscaba a alguien que le mirara y comprobara que algo andaba mal, buscaba a alguien que le formulara la pregunta adecuada: «¿has perdido a tu padre, hijo?». Buscaba a un amigo.
«Aquí estoy yo», pensó Peter Pan mientras se acercaba. «Aquí estoy yo; yo seré tu amigo».
El pequeño se echó a llorar. No a aullar, todavía no, pero gruesas lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas. El pecho le temblaba y, en cuanto estallara en llanto auténtico, llamaría la atención de alguien, así que Pan decidió correr el riesgo de ir ya a por él. Se le acercó, se inclinó hacia él, posando las manos justo por encima de las rodillas, y el chiquillo alzó el rostro pálido y asustado hacia el suyo. Tenía los ojos verdes como esmeraldas, color que se acentuaba a causa de las lágrimas que brotaban de ellos.
―¿Has perdido a tu padre? ―inquirió Pan.
―A mi madre ―repuso el niño mientras se secaba las lágrimas―. ¡No encuentro a mi m-mami!
De pronto, el niño estalló en sollozos, y una mujer se volvió con una expresión de vaga preocupación.
―No pasa nada ―le aseguró Pan.
La mujer siguió su camino. Pan rodeó los hombros del chico en ademán de consuelo y tiró de él hacia la derecha... en dirección a la bocacalle por la que se salía de la feria.
―¡Quiero ir con mi madre! ―sollozó el pequeño.
―Claro, claro que sí ―lo consoló Pan—. Y la encontraremos, no te preocupes.
Tiró de él un poco más hacia la derecha.
El niño lo miró esperanzado.
―¿Puedes? ¿Puedes encontrarla?
―¡Pues claro! ―exclamó Pan con una amplia sonrisa―. Ayudar a los niños perdidos… bueno, puede decirse que es mi especialidad.
—¿De verdad?
El niño esbozó una leve sonrisa, aunque sus ojos seguían llenos de lágrimas.
―De verdad de la buena.
Hizo el paripé de preguntarle qué llevaba su madre (su caperuza violeta, ¿o era roja?) y de hacer como que la había visto salir de la feria. Entonces llegaba el momento de convencer al pequeño de por qué su madre habría tenido que irse… A cada palabra que le oía al chaval, Peter lo odiaba más. Nunca Jamás y él eran todo lo que cualquier niño precisaba, no padres ni madres ni demás. Sólo él y su isla.
—¿Estás seguro de que era mi madre? Porque no entiendo por qué iba a ir a un sitio donde...
Pan se encogió de hombros.
―Mira, chaval, si estás seguro de que no era ella, quizá sea mejor que la busques tú solo. A lo mejor hasta la encuentras.
Con aquellas palabras, giró sobre sus talones y se dirigió hacia la bocacalle.
El chico no picaba. Pensó en regresar e intentarlo de nuevo, pero ya había ido demasiado lejos.
—¡Espera!
El niño le llamaba con la voz teñida de pánico. Oía las suaves pisadas de unas buenas botas.
—¡Espera! Le dije que tenía hambre y supongo que pensó que tenía que ir hasta allí para buscarme algo para comer... ¡Espera!
Pan se volvió con una sonrisa.
—No pensaba dejarte solo de todas formas, chaval.
—Y yo me separé de ella y fui a conseguir esto… —De los pliegues de su capa, sacó una manzana roja como la sangre—. Bueno, en realidad ella me la pidió, ella tenía hambre también, supongo… ¿Habrá salido de la feria, pues?
—Habrá salido de la feria, sí —asintió Pan—. Vamos, juguemos.
Tendió una mano al niño y este no la tomó. Aquello lo hizo hervir de rabia, pero se aguantó, porque Peter Pan era un niño muy bueno, buenísimo. El mejor.
La expresión atormentada del niño… ¿cómo se llamaba?
—Lampwick, así me llama mi madre —le dijo.
Pues eso, la expresión atormentada de Lampwick había pasado a una de alivio, pero a Pan eso no le importaba… Ahora que estaban en el camino sólo tenía que internarse en el bosque con él y sería suyo al fin.
Cuando este vio cómo los árboles se cerraban en torno a ellos y preguntó qué clase de atajo era ese (Pan ni le había dicho que lo fuera, todo era cosa de su imaginación, lo cual era formidable), el niño que no crecía se dio cuenta de que su voz ahora denotaba de temor otra vez. ¿Se habría dado cuenta de que perder a mamá en la feria no era lo peor del mundo?
—No es ningún atajo —dijo Pan en tono despreocupado.
La segunda vez había descubierto que no era conveniente subestimar ni siquiera a un niño de seis años asustado. El segundo niño de su vida le había dado una patada en los huevos y por poco se sale con la suya.
Lampwick se giró un segundo en busca de ayuda y Pan aprovechó para agarrarlo por la muñeca.
Entonces empezaron los problemas.
¿No acababa de recordarse que era malo subestimar incluso a un niño de seis años? El crío peleaba como un lobezno, retorciéndose con una fuerza a la que Pan no habría dado crédito de no estar experimentando sus consecuencias en aquel mismo instante. Se resistía, peleaba e intentaba arrastrarse hacia el suelo mientras jadeaba y lanzaba extraños chillidos parecidos a los de un pájaro.
Pan agarró al niño por el cuello de la capa y le tiró hacia él.
Este le mordió la mano dos veces hasta hacerle sangrar. Tenía los dientes como cuchillas de afeitar y le acometió un intenso dolor que le ascendió por el
brazo.
Harto, Pan asestó a Lampwick un puñetazo en la boca y este cayó, medio atontado, con su sangre sobre los labios, la barbilla y el cuello.
Peter también se dejó caer, exhausto, mientras se chupaba la herida. El dolor era terrible.
Se sacó la mano de la boca y observó las heridas a la mortecina luz del atardecer. Distinguió dos hileras de orificios superficiales, de unos cinco centímetros de longitud, que avanzaban hacia la muñeca desde los nudillos. La sangre brotaba en pequeños hilillos. Pese a todo, no sentía deseos de volver a golpear al muchacho, no lo culpaba por resistirse... Él habría hecho lo mismo. O, al menos, el niño que era ahora. Quizás Malcolm no hubiera sido tan batallador.
Pero Malcolm estaba muerto.
—Te arrepentirás —anunció el niño de pronto.
Estaba llorando de nuevo y sus lágrimas tenían un siniestro aspecto rosado. Pan se preguntó por primera vez si el niño padecería alguna enfermedad.
—Cuando mi madre te encuentre, te arrepentirás —insistió el crío.
—Claro, claro —asintió Pan mientras le sonreía.
Entre sollozos, el niño empezó a gritar. Unos chillidos agudos y fríos que rompieron la tarde.
—¡Basta! —quiso hacerse oír Pan.
Lampwick volvió a intentar huir… ¿De dónde sacaba tanta fuerza? Ningún niño que Peter recordase había tenido tanta y muchos estaban ya más aterrorizados que él a esas alturas del juego.
—¿Ves esto? —preguntó muy calmado.
El niño siguió el dedo de Pan hasta lo que le colgaba entre las piernas, su puñal.
—Sí.
—¿Quieres que lo use contigo?
—No.
—Pues cállate o te rebano la garganta. ¿Vale?
—Vale.
—Prométemelo.
—Lo prometo.
—Júramelo.
—Lo juro.
—Júralo por tu padre.
—No tengo padre —se lamentó entonces Lampwick.
A Peter le vinieron mil escalofríos.
—Mi madre me encontrará —repitió el niño, que no se revolvió cuando Pan volvió a agarrarlo.
—Ajá.
—Puede olerme.
Pan no lo dudaba. Él mismo podía oler al crío. El miedo despedía un olor con el que se había familiarizado durante sus expediciones anteriores, pero el olor de este niño era irreal, una mezcla de sudor, barro y huevos cocidos. Cada vez estaba más convencido de que al niño le pasaba algo grave...
—Mi madre sabe volar —dijo Lampwick.
Aquello sí que divirtió a Pan.
—Seguro que tras un par de vasos de vino vuela como una maldita urraca.
Era hora de dejar de hablar y de volar de verdad… Pero justo cuando Peter alzó la vista al cielo, este se oscureció.
—¡Mamá! —gritó el niño.
—Cierra el pico. Es un pájaro.
Pero, de pronto, sintió que un gran escalofrío le recorría el cuerpo. Un escalofrío tremendo.
Miró al pequeño. Había vuelto a abrir los labios, mostrando todos los dientes. Tenía dientes blancos, muy blancos y grandes. No... grandes no. No era la palabra exacta. Largos era la palabra exacta. Sobre todo los dos de arriba, a los lados. Los... ¿Cómo se llamaban?
Los colmillos.
Algo aterrizó frente a ellos con un gran golpe sordo.
—¡Mamá! —volvió a gritar el pequeño, casi loco de alegría.
De pronto, Pan sólo pudo ver una enorme ala emplumada y negra sembrada de venas palpitantes.
«Mi madre sabía volar...».
Los dedos del crío se abalanzaron sobre su rostro, rasgándole las mejillas.
―¡Me ha raptado, mamá! ―chillaba el niño con su voz de pajarillo―. ¡Me ha raptado, me ha raptado, el niño malo me ha raptado!
De pronto, una mano que parecía más una garra que una auténtica mano, arrastró a Pan de un solo tirón, clavándosele en lo más profundo de la carne de los hombros.
Los ojos ciegos de mamá, de Mercy, adquirieron un color rojo oscuro como la sangre.
―Debiste habernos dejado en paz.
El aliento le olía a carne plagada de cresas.
―Sí, debiste haber dejado en paz al niño ―prosiguió―. Deberías haberlo dejado en paz. Debería habernos dejado en paz a los dos.
Zarandeó a Peter como si de un muñeco se tratara. Cuando este gritó, lo zarandeó un poco más. Pan oyó que madre le preguntaba al niño con toda amabilidad si todavía tenía hambre; oyó al niño responder que sí, que mucha, que el niño malo lo había asustado.
―Seré un niño ―consiguió decir Pan, mirando a su madre a los ojos con los que ella no lo veía―, mas ya no soy tu niño. No. Nunca más.
Llevo sus manos, uñas fuera, a la cara de aquella bruja ciega, a los ojos, para arrancárselos.
Cuando esta, queriendo protegerse, lo soltó, él desapareció como la fantasía que era.
Hace Más De 200 Años

―¡Madre, madre! ¡Traemos comida!
Mercy se relamió cuando vio a sus hijos volver con un cesto de manzanas.
―Lo has hecho muy bien, Malcolm ―dijo a su hijo, meliflua y suave como la miel.
―Mas, Malcolm… ―Rumpel le relató lo ocurrido con la buhonera.
―Nosotros somos una familia, necesitamos llenar el buche más que una vieja bruja solitaria que ya ha visto más lunas de las que tocan.
―A padre no le gustará ―insistió Rumpel―. Esa pobre mujer…
―¡Cállate, ¿quieres?! Cada vez que hablas me revientas la cabeza…
Mercy apretó los dientes.
Cierto era que sufría de jaquecas y nervios y que, cuando oía a Rumpel, oía también el eco de su…
Se tapó los oídos.
Cerró los ojos.
Se masajeó las sienes.
Silbó.
―¿Salsa o mantequilla? ¿Cómo sazono las manzanas? ―dijo con una sonrisa―. Malcolm, coge tres; Rumpel, guarda el resto en el arcón…
En el arcón…
El arcón…
20 Años Después

Malcolm abrió el arcón… había que abrigar al bebé.
―Oh, qué primor ―dijo Tigrilla, cogiendo un faldón blanco―. Podemos ponerle esto…
―¡No! ―El padre se lo arrebató. En seguida se percató de que la otra hada de azul y Fiona, que amamantaba al bebe, lo miraban con extrañeza―. Esto no es mío ―quiso explicarse―. Lo fue una vez, sí, mas antes fue de mi hermano y mi padre y luego de tu hermano… Está podrido. Este retal está podrido.
―Es precioso. ―Ahora, el hada de azul se lo quitó a él para dárselo a Fiona―. Perfecto para el más perfecto de los niños.
―Malcolm, ¿qué te ocurre? ―Fiona quería saberlo. Ella tenía una sensación parecida.
Su esposo se arrodilló junto a la cama y le tomó una mano. La pareja quedó así, junto a su hijo, mirando a las hadas.
―¿Por qué nuestro hijo es el Salvador? ―Fue Fiona quien preguntó.
―Contra la oscuridad, la luz más poderosa nace ―contestó Azul con una sonrisa.
Malcolm irguió la cabeza con orgullo, pero Fiona pareció más temerosa aún.
―Nosotros no somos luz.
―Mi amor, olvida lo que somos ―le dijo su esposo, acercándose y susurrando―. Olvida todo lo que nos ha traído hasta aquí. Ahora estamos juntos y tenemos a este niño que tendrá todo lo que nosotros no tuvimos y que es todo lo que nosotros no somos.
Se quedaron embelesados con el bebé. Para Malcolm, aquel niñito perfecto era una segunda oportunidad, una segunda oportunidad de recuperar la vida robada, la familia arrebatada y el amor no conocido. Aquel niño sería como él y hasta mejor, mientras que Fiona, esposa y madre y amiga y también bregadora de la vida, sería la mejor maestra para él. Para el Salvador. Porque quizás no fueron luz en el pasado, pero ahora los tres resplandecían como soles.
―Mas… ―Al ver de nuevo el rostro de Azul y, sobre todo, el de Tigrilla, algo acudió a su sesera―. ¿Vosotras queréis ayudar a nuestro hijo?
Ellas asintieron.
Malcolm les aplaudió.
―Clap-clap-clap. Mi madre tenía razón; las hadas vigilan las ferias.
―¿Por qué crees que se hacen cuando el hambre golpea el reino? ―se defendió Azul―. Son la tentación para los niños que acuden a ellas; la trampa perfecta para que los más desesperados los cacen como la presa fácil que son.
―Y a mí puede que me salvaseis de Guilles, mas no de lo que vino después.
―Malcolm, ¿qué pasa? ―La voz de Fiona era dulce y preciosa y reconfortante como la de una madre.
Malcolm fue hasta el arcón, que seguía abierto, y lo cerró de golpe.
―Había un cofre como este en las cocinas de la casa de mi infancia…
»Yo apretaba tres manzanas para la cena contra mi barriga, diciéndole que se calmase, que pronto se saciaría. Mi madre tarareaba una cancioncilla. Había mandado a mi hermano a guardar el resto de manzanas en el arcón. Él lo abrió y se inclinó dentro para dejarlas una a una, pues soltarlas de golpe las reblandecería.
Aún canturreando… Mis ojos fueron para mi madre, que tarareaba, sí, y se acercaba a mi hermano. Una parte de mí lo imaginó, lo supo antes de que ocurriera.
Una parte de mí no lo quiso evitar.
¿Curiosidad? ¿Crueldad? ¿Odio? Ni yo lo sé. Algunas cosas pasan y punto. Sobre todo algunas cosas malas que somos demasiado perezosos para evitar.
Supe y vi que mi madre agarró la tapa del arcón.
El cierre tintineó un poco.
Mi hermano debió sentir algo, porque alzó la cabeza.
Mas mi madre empujó la tapa con las dos manos. La empujó sobre su cuello.
Él chilló.
Yo chillé.
Ella chilló.
Y volvió a levantarla.
Y a cerrarla.
Y a levantarla.
Y a cerrarla.
Al tercer golpe, yo ya estaba mudo. Tenía los tallos de las manzanas clavados en la barriga, pero la sangre manaba del cuello abierto de mi hermano, que, al quinto golpe, dejó de chillar también.
Al séptimo, cuando casi estaba decapitado, mi madre también dejó de chillar, agotada.
Yo temblaba y dejé caer las manzanas.
Mi madre las recogió.
Empecé a vomitar.
Mi madre me llevó hacia la sangre para que, así, con mi bilis, fuera más fácil de limpiar aquella matanza.
―Hijo, hijo, hijo, hijo… ―Me dijo ella, nerviosa―. Tu padre no ha de enterarse de esto. Tu padre no ha de saber nunca que esto ha ocurrido―. Hablaba en un tono de falso consuelo que era horrible, enloquecedor, sin remordimiento o compasión―. No hay que regar el asunto, mi niño. Puedes estar toda la vida sin ver un grajo, mas eso no significa que no existan. Tu hermano no vio el grajo volar sobre él y tu padre no sabrá que el grajo fui yo. ―Tenía la cara calma y ávida como la de un cadáver que ha muerto hambriento. Sus ojos ardían y yo veía sus pequeños dientes agudos entre sus pálidos labios―. Tu padre no ha de saberlo ―repitió―. ¿No querrás que me pase nada, no? ¿No querrás vivir sin tu mamá preciosa, no? Porque tu padre es la clase de hombre que tendrá que tener algún agujero caliente para meterse en él, créeme, y si tú eres el único para cuando caiga el invierno, tú le servirás igual, como le pasó al hijo del cuchillero, ese que era amigo tuyo…
Me abrazó y yo lloré en su pecho.
En un barreño terminó de decapitar a mi hermano. Para la cena, al presentarle el picadillo a mi padre, le dijo que lo que mi tío había traído era pitanza. Con sus huesos hizo sopa y, cuando no quedó más que aprovechar, me mandó enterrarlos.
Bajo el manzano del jardín de nuestra infancia aún descansará…
La Época De La Reina Malvada

Cuatro días, cinco días, seis días… ¡Y Blanca no aparecía! ¡No había podido desvanecerse en el aire! Y Regina, esta vez en solitario y con magia, no dejaba de buscar y buscar.
Todo había sido un desastre.
¡Maldito ladrón!
Pero no, no había sido un ladrón corriente, la reina ya lo sabía bien, sí, sí, sí, sí… Combinando su magia con la de Maléfica, conjuró un hechizo localizador que la llevó hasta una casita de chocolate no muy lejos de su palacio, pasando el cruce de La Sidra, en el bosque. La manzana estaba allí, en manos, ¿de quién si no? La bruja ciega.
―Que se la coma. Que se ahogue con ella si quiere ―había dicho Regina a Maléfica―. Envenenemos otra.
―La magia conlleva un precio, Regina. Me temo que hasta que esa manzana no sacie su maligno apetito, no podrá usarse otra.
Y aunque hacía lo imposible por recuperar la manzana, la frustración de estos días atrás la había vuelto loca. Si encontraba a Blancanieves le iba a dar todo igual y la mataría con sus propias manos. Ya no le importaba que sufriera. Si acaso la quemaría viva, que se ahogase con el humo al sentir su carne crepitar…
El grajo, que la acompañaba desde que recogió la manzana del árbol, empezó a cantar sobre ella y se posó con la prestancia de un rey sobre un tocón astillado. Regina se atusó el vestido (rojo con adornos dorados y cuello de pluma negra) y quiso acercarse a él, pero una vieja le salió al paso.
Una vieja que le resultaba familiar…
Una vieja ballesta en mano.
Apuntó y le disparó.
Pero Regina agarró la saeta al vuelo y la partió en dos sin dificultad alguna.
Cuando vio que la vieja cargaba otra vez, alzó una mano y le tiró el arma.
―¡La forajida Blancanieves! ¡¿Dónde está?!
Y entonces, la vieja, que segura estaba de que era la viuda Lucas, una mujer que paraba por las casas de postín vendiendo dulces cuando ella era niña, se desapareció por arte de magia.
No podía ser.
―¡Ups! ―rio una vocecilla asquerosa a sus espaldas.
Regina se volvió, sabiendo que se encontraría con Rumpelstiltskin.
―No estoy de humor para jueguecitos.
Él le sonrió y le mostró una galleta de mar.
―Recibí vuestro mensaje y no habrá trato.
La reina no entendía nada y con la mirada se lo preguntaba: ¿qué está ocurriendo?
―Devolvedme a mi criada, Bella, u os convierto en un orinal.
Había algo en el tono serio y… ¿herido? de Rumpel que hizo reír a Regina.
―Bueno, bueno, esto se torna divertido. El gran y poderoso Ser Oscuro está de los nervios porque alguien se llevó a su… ¿criada?
―Las pantomimas nunca fueron lo vuestro, querida. Sé lo que habéis hecho. Vi ese cuervo que tenéis.
Regina se volvió, divertida, hacia el ave, que seguía en el tocón… ¿Cómo podía estar Rumpel tan ciego?
―¿Mi cuervo? ―volvió a reír―. Querido, yo no uso cuervos, uso grajos. Y tú… tú no sueles cometer errores tan estúpidos, lo que significa que algo te tiene a flor de piel… ―Y se hizo la sorprendida―. ¡Claro! Tus sentimientos por esta Bella.
―Si mentís ―quiso amenazar Rumpel…
―¡Te gusta esa chica! ―rio la reina.
―¡Soy su dueño! ―rabió el Oscuro―. ¡Nadie se lleva lo que me pertenece! ―Ver que Regina lo remeaba lo enfurecía más―. Tenéis suerte de no haber sido vos, mas no me deis otra razón para desatar mi furia, porque no sería bonito.
―¿Bonito? ¿Bonito como Bella? ―se carcajéo Regina, más fuerte que nunca.
―No me tentéis…
―¡No te estoy tentando! ―Qué pesado se podía poner Rumpel―. Por una vez seré yo quien te aconseje a ti: ten cuidado con esa marchita y oscura parte de ti, pues, a la postre, el amor es debilidad. ¿No te habías enterado?
Rumpel apretó los puños.
―Si vos no habéis sido, entonces…
―¿No hay nadie, también poderoso, con el que hayas jugado, al que también hayas querido engañar…?
―¡Yo nunca engaño a nadie!
―No, claro que no…
El Oscuro volvió a mirar el grajo. Algo le reconcomió por dentro.
―Disfrutad de vuestra quimera de persecución, querida ―le dijo a Regina a modo de despedida.
―Ya no soy más tu “querida”. Soy la reina. No necesito a nadie.
―Algún día os veréis sola de verdad. Algún día no tendréis otro camino salvo el que lleve a mí.
Regina rio una última vez.
―A veces, que-ri-do, me pregunto algo.
―¿Qué?
―¿Qué camino te llevó a ti a donde estás ahora?
Rumpel se desapareció, esta vez del todo, y el grajo volvió a alzarse en vuelo, cantando su funesta canción.
La reina empezaba a volverse loca.
Hace Más De 200 Años

Pío, pío, pío… Los alaridos del grajo le abrían la cabeza.
Mercy no lo podía soportar y empezó a gritar.
―¡VETE, NIÑO MALDITO! ¡VETE, DEMONIO!
Se clavó las uñas en las orejas con tanta fuerza que casi se las arrancó.
Se tiró del pelo con tanta fuerza que en un nido de paja lo convirtió.
Cogió un hacha, entre gritos y más gritos, cruzó el patio del pozo, salió al prado y fue hacia el manzano, hacia el escondrijo del bastardo.
Alzó el machado.
Tocó madera.
Y miró hacia arriba al sentir que la oscura canción se apagaba.
Rumpel cayó sobre sus ojos, que lo último que vieron fue a la bestiecilla abrir con su pico los párpados de la mujer, clavar sus garras en ellos y tirar y arañar, tirar y arañar.
La canción volvió a oírse sobre los gritos de Mercy.
Mi madre me mató.
Mi padre me comió.
Mi hermano, mis huesos reunió
y, con sus ropas más finas,
bajo el manzano los enterró.
Pío, pío, el más bello de los grajos trina.
Pío, pío, sangra mi pico con la canción.

Y cuando sus cuencas no fueron más que cuencos de sangre y carne viva, cuando el cuervo, bañado en rojo, batió sus alas y la bañó a ella en rojo también, la canción concluyó en venganza.
La Época De La Reina Malvada

Blanca retrocedió despacio entre los árboles. Cuando sus hombros chocaron contra uno de ellos, empezó a jadear. El mundo había adquirido un aspecto ondulante y desenfocado, como si estuviera buceando, y tuvo que hacer un gran esfuerzo por no desmayarse.
Al oír de nuevo a los guardias, volvió a echar a correr, pero el camino se alargaba ante ella como melcocha. Los caballeros negros lanzaban sus juramentos; el cielo, sus truenos; y el lugar retumbaba y parecía cobrar vida. Pero la princesa sólo podía correr y correr y sentir que la huida jamás tendría fin.
Bajó por un terraplén con la parte superior del cuerpo tan adelantada respecto a las piernas que casi cae.
El viento, que había estado soplando en ráfagas, empezó a rugir como un dragón.
Mas consiguió llegar al cruce, consiguió llegar a donde la esperaba Marian a lomos de su pollino salvador.
«¡Recibió el mensaje, sí!».
―¡Blanca! ―se sorprendió la otra.
Pero Blanca sólo montó tras ella, sin mediar palabra, e hizo andar al burro.
―Tenemos que salir de aquí, ¡ya!
Para saber qué había pasado con Stromboli y con el hijo de Marian ya habría tiempo. El refugio no estaría lejos…
Unos Días Después…

Johnny dormía como un bendito. Era el bebé más hermoso que Jill podía haber soñado jamás…
Y pensar que había salido de ella… Que lo había albergado durante nueve meses…
Se tocó la tripa como una tonta y luego volvió a sus quehaceres, que las sábanas no se iban a doblar solas.
Olían tan bien…
El rostro ofuscado de su madre acudió entonces a ella con su regaño habitual: no te emociones por cualquier cosa, niña.
Pero, ¿qué podía hacer ella? Era feliz cual perdiz. Y su madre no la engañaba, también era feliz. Adoraba a su nieto y, tras años, parecía que aceptaba a Jack y la vida que su hija había elegido. ¡Por fin!
Hablando del diablillo…
―¿Y ese viaje al pozo? ―le preguntó a su esposo al verlo entrar.
―Sin sorpresas ―se limitó a responder, cansado―. Parece que los acantos han florecido…
―¿Acaso no suena encantador?
La pareja se volvió, aterrada, al oír aquella vocecilla.
El verdadero diablillo estaba allí, sentado en una silla.
―¡Rumpelstiltskin! ―bramó Jack, acercándose a Jill―. ¿Qué estás haciendo aquí?
―Ji, ji, ji, ¿qué clase de bienvenida es esa? Ni hola ni ¿cómo estás, Rumpy? Cuán descortés para con alguien que te salvó la vida, ¿no crees, Jack?
―¡Por supuesto! ―intervino Jill al ver a su esposo mudo―. Lo que él quería decir es que… es que ha pasado mucho tiempo y no te esperábamos… ―Sabía muy bien qué hacer―. ¿Quieres una taza de té? Tenemos agua fresca…
Aprovechando el ofrecimiento, se volvió para cubrir a Jonnhy, que seguía durmiendo en su cestita, con la sábana que estaba doblando.
―No, gracias, Jill, mas no me quedaré mucho. Sólo he venido a cobrar por el trato que hicimos. ―La pareja se miró. ¿Acaso no entendían qué pasaba?―. Quizás puedo refrescaros la memoria: Jack y Jill la colina subieron con ganas para llenar de agua una palangana. Jack se cayó y su cabeza se rompió y Jill tras él rodó… Y entonces… Jill fue a ver al Ser Oscuro y acordaron sanar los sesos de Jack por un precio.
―Me acuerdo ―concedió Jill, aterrada―. Salvaste su vida y yo me alegro de retribuirte como prometí, con lo más valioso que poseo…
Se quitó la sortija y la puso ante los ojos del Oscuro, que, aunque primero se hizo el complacido, acabó decepcionado.
―¡No, no puedo coger eso!
―¿No puedes? ¿Por qué no? ―No. Por favor. No.
―Porque ambos sabemos que eso es lo más valioso que tenías en-ton-ces. ¡Pero! Ese no es el caso ahora… ¿verdad?
―¡Por supuesto que sí! ―dijo Jack―. ¿Qué más piensas que podemos tener?
―¿Qué tal eso que escondéis ahí? ¿Por qué no me lo mostráis?
Johnny empezó a gemir. Se había despertado. Sus padres empezaron con mudos ruegos y miradas suplicantes que sólo divirtieron más a Rumpel.
―Oh… ―suspiró el Oscuro―. Debo ocuparme yo siempre de todo… ―Y eso le hizo acordarse de… Bueno, no importaba. Agitó su mano y la sábana descubrió al bebé. Jack y Jill no pudieron hacer nada por impedir que se lo llevase―. Esto está mucho, mucho, mucho mejor.
―¡NO! ¡POR FAVOR! ―gritó Jill, corriendo tras él.
―¡NO PUEDES HACER ESTO! ―gritó Jack, corriendo tras ella.
―En realidad, parece que sí puedo ―dijo Rumpel, divertido.
―¡NO!
Bueno, aquello sí que era inesperado. ¿El hada Azul? Parecía que él no era el único metomentodo del Bosque Encantado.
―¡Suelta a ese niño! ―ordenó.
―Déjame adivinar: el hada madrina ―rio el Oscuro.
―Sí… ―Alzó su varita. Jack y Jill se miraron consolados―. Mi deber es protegerlo…
 Pero su magia fue inane sobre Rumpelstiltskin.
―¿Qué ocurre? ¿Por qué no funciona? ―se asustó Jack de verdad.
―Por esto… ―El contrato apareció en la mano que el diablillo tenía libre―. Nuestro trato: estuvisteis de acuerdo con mis términos y ahora vengo a cobrar. Y no hay nada que ningún hada pueda hacer para detenerme ahora… ¡Piérdete!
Y mandó al hada Azul a volar de verdad.
―¡NO, POR FAVOR! ―Jill se arrodilló ante él, llorando esmorecida―. ¡Nos engañaste! Y si te lo llevas, nunca sabrá lo que nos importa…
―Pues haberlo pensado antes de hacer un trato con el Ser Oscuro o confiar en un hada para protegerlo… ¡Hasta la vista!
Hace Más De 200 De Años


Cuando llegó el cumpleaños de Rumpel, todo había cambiado demasiado.

Malcolm ya no sabía lo que era una madre, lo que era una familia ni lo que era un hogar. 

Malcolm no sabía nada.

Pero no era feliz tampoco.
La noche ya había cubierto todo con su negrura, pero él seguía su peregrinación al bosque, descalzo, helándose por fuera tanto como ya lo estaba por dentro.
Aquella noche, las estrellas brillaban más que nunca y el cielo tenía un tenebroso matiz azul, precioso, hechizante… Algo nunca jamás visto.
Mas había un astro, la segunda estrella a la derecha, que parecía brillar por él, que le gritaba que sus sueños se harían realidad…
Malcolm se tumbó a verla brillar, a pedirle que brillase más…
Y cuando cayó dormido, la estrella lo arropó con su fulgor, floreciendo un sueño que duraría toda una eternidad, por siempre jamás.
Mas hasta los jamases se acaban y llega el momento de despertar, de crecer y de ver tantas estrellas que cualquiera puede ser la segunda a la derecha.
Malcolm durmió allí, en el bosque, con la tierra en su rostro, en sus manos y bajo sus uñas. Sucio y salvaje cual niño perdido.
Esa noche, sus ojos verdes se abrieron al paraje más especial para todos, a ese al que volvería cada noche tras sudar mugre entre carbones gracias a que podía pensar cosas bonitas…
Algunos Años Después…

―Las cosas bonitas… a todos nos gustan las cosas bonitas…
El maestro herrero jugueteaba con el puñal de mango de plata, esa cosa bonita que un señoritingo había llevado a pulir.
Y ahora los iban a pulir a ellos.
Todos los mozos de la calle de las herrerías habían formado un pasillo por el que el maestro se paseaba haciéndose el tonto, pues todos sabían ya quién había sido el ladrón.
Se detuvo ante un chico que no terminaba de crecer, que no terminaba de cuajarse, pero que tenía muchas ínfulas. Sí. Esos eran los peores. Un chico que se creía muy listo y no llegaba ni a bobo. Un chico que podía tener una cara bonita, pero afeada por lo que se pudría en su interior, algo que él no tenía reparo en mostrar.
Una simple inclinación con la cabeza habría bastado para que cualquier mozo entendiese que debía ponerse en el centro de ese pasillo humano, pero Malcolm no lo quería entender.
―Yo no he sido ―le dijo al maestro, mirándole a los ojos. Sabía que a su patrón le repugnaba la herida que tenía en uno de ellos. ¿El derecho o el izquierdo? Recuerdo de su hermanito.
El maestro, que no se andaba con chiquitas, lo agarró de una oreja y lo empujó a la otra fila, tirándolo al suelo. Acto seguido, blandió la fusta que traía consigo y golpeó de lo lindo la espalda del muchacho.
Una vez.
Y otra.
Y otra.
Y otra.
No paró hasta que se le cansó el brazo… Y aun así siguió para no parecer un flojo frente a sus trabajadores.
Y Malcolm no hizo otra cosa sino encogerse y encogerse, aguantando el dolor… pensando cosas bonitas… pensando en que no podía mirar al resto, en que si veía con qué ojos le veían a él, moriría.
―Lo quiero hoy mismo fuera de la villa ―escupió el maestro a su lado―. Y aseguraos de que se va con lo puesto.
No hubo comentarios, sólo silencio, hasta que se decidieron a volver al trabajo.
Y Malcolm quedó allí, tirado en medio de la calle con la espalda destrozada…
Mas lo que estaba roto de verdad era su interior: humillado, desamparado, sin siquiera un nombre. Era un Pan cualquiera… Y si quería cosas bonitas…
Intentó sonreír, mas no pudo.
Porque si quería cosas bonitas… Iba a tener que mover el culo.
Pero no lo movió.
Sólo recordó al grajo inmóvil, cerradas las alas, que allí seguiría parado sobre el manzano. Guardián inmóvil de su niñez muerta, escudriña su caída eterna. Pues allí, en el suelo, con el alma sin consuelo, es donde Malcolm el Pan siempre yacerá, pues, bajo la mirada de Rumpel, no podrá levantarse nunca jamás…
La Época De La Reina Malvada

―¡Nunca jamás encontraréis a Blancanieves!
Y Marian escupió a los pies de Regina.
―Sé que escondes a esa asesina en…
―¡Vos sois la asesina, no ella!
Regina arqueó las cejas, sorprendida.
―¿Yo? Fue ella la que mató a su padre…
Marian volvió a escupir.
Regina la abofeteó.
―Escondes a Blancanieves cerca de aquí. Sé que les has procurado cobijo y te hemos descubierto volviendo de allí. Ahora, querida, salva tu vida y dime dónde está esa condenada.
Marian escupió una tercera vez… pero a la cara de Regina.
―Si no quieres hablar… ―se lamentó en falso la reina, limpiándose el lapo que le corría por la nariz―… Yo te haré hablar.
Fue a arrancarle el corazón, pero no pudo.
―¡Un hechizo de protección!
Y lo peor fue la sonrisita de satisfacción de aquella nauseabunda campesina.
―¡¿Cuál es el pueblo más cercano?! ―gritó a sus guardias.
―Tuscia, Majestad.
Regina agarró la carita de Marian y la estrujó con una sola mano.
―Quizás no vayas a servirme para encontrar a Blancanieves… Mas sí para dar una lección.
Hizo que le cubrieran la cabeza con un saco y que la arrastrasen tras un caballo… no, mejor, tras su carruaje. La carroza oscura y la cuadriga negra de la reina Regina llegaban a inspirar tanto terror como la reina en persona. Por eso, cuando se apeó en los arrabales de la aldea y paseó la mirada por todos y cada uno de esos… arrabaleros, el olor a mierda se acentuó. A saber cuántos viejos habían dejado escapar el desayuno al verla a ella.
―¡Prestadme mucha atención! Cualquier vileza o desesperanza que vuestras patéticas vidas hayan podido tolerar hasta este momento no son nada comparadas con el sufrimiento y la miseria… ―No podían ser más estúpidos. ¿Se creían que por no mirarla se salvarían?―… que os infringiré si me voy de aquí infeliz. ¡Vais a ayudarme!
De pronto, de entre la plebe, salió una cara conocida. Un viejo carcamal acompañado de un muñeco de madera del tamaño que un niño… Regina se alegró de verlo. Seguro que seguía trabajando en su caja.
―Por favor, Majestad, somos gente pacífica ―dijo Geppetto―. ¿Qué queréis de nosotros?
―Justicia… ―Perdió al carpintero de vista―. Y si me entero de que alguien de esta villa ha ayudado a la forajida Blancanieves, juro que lo pagará caro…
Los guardias mostraron a Marian y, cuando Regina pronunció su amenaza, descubrieron su rostro.
―¡Ayudadme! ¡Va a matarme!
¿Pero qué iban a hacer con la reina allí?
―¿Quién quiere ser el siguiente? ―los retó Regina, riendo como una bruja.
―¡Por favor! ―siguió rogando Marian, consciente al fin de que demasiada bravura la podía llevar a perder a su familia.
Regina se acercó a un mozo que no estaba nada mal…
―¿Tal vez tú?
―¡No! ―Y se echó hacia atrás… No merecía la pena.
Volvieron a cubrir a Marian con un saco, listos para marchar de allí, pero Regina quiso darle una última oportunidad a aquella mujer. Desafiarla era de necios, sí, pero también de valientes.
―Te dejaré marchar si…
―¡Majestad, no!
―¿Dónde está Blancanieves?
Y con todo el dolor del mundo, Marian prefirió guardar silencio, pero sostuvo a la reina una mirada que se le clavó a la malvada más que cien puñales.
―Considera que el silencio es valor y no estupidez ―dijo Regina a nadie en particular―. ¡Morirá mañana! ―anunció, dándose la vuelta dispuesta a marchar―. No os demoréis; el olor a campesina es nauseabundo.
―¡ME COMPADEZCO DE VOS! ―le gritó Marian.
―¿Ah, sí?
―¡Si vos tuvieseis familia, si tuvieseis amor, sabríais que esto es un ultraje! ―Regina volvió a ella, pero Marian siguió su bravata―: ¡No seríais tan despiadada!
―¡No oses decirme qué entiendo o rata con la que se ahogaba…qué dejo de entender! Yo sé quién soy y lo que quiero… Y ahora mismo… ―Volvió a estrujarle la cara mientras le sonreía―… quiero que ensarten tu cabeza.
El resto del pueblo se quedó mudo. No se sintió una mosca.
Y Regina marchó entre ellos, riendo, mientras Marian le gritaba y regritaba que era un monstruo. ¡Un monstruo!
―¡Un monstruo, dice! ―bromeó la reina con sus súbditos cuando subía al carruaje―. Yo no me he comido a ningún niño… aún.
Cuando se hubo puesto en marcha de nuevo, aquel humillo oscuro y amarillento que ya había visto en otra ocasión llegó con la última mala noticia… La voz de la bruja ciega reverberó dentro de la carroza:
―Más, más, quiero más… Pronto enterraré los huesos… bajo cada manzano que vea…
Regina ahogó aquel mensaje con un grito.
Recuperaría la manzana.
Encontraría a Blancanieves.
Y destruiría su felicidad, aunque lo último que hiciese fuese eso.
―Yo tendré el final más feliz, justo y bello de todos.
Hace Casi 200 Años

Qué iluso había sido al creer que era Fiona…
Iluso cual niño.
Sólo tenía que ver el rostro del hada Azul.
«Alas de hada, nuevas malas» se recordó.
―No va a volver, ¿cierto?
―Me temo que no ―le contestó ella sin siquiera pestañear.
―No era su intención ―dijo Tigrilla, que llevaba al bebé en brazos y parecía buscar aún un halo de esperanza―. Sólo quería proteger a tu hijo.
―Sí, claro… ―Malcolm apartó la mirada de ellas, también de la jarra de mezcla repugnante y barata con la que se ahogaba… Miró al fuego, a lo que ahora iba a ser su vida, y añoró a Fiona―: no hay nadie más bondadoso en todos los reinos. Una más de las razones por las que fue el amor de mi vida.
―Ahora él será el amor de tu vida ―insistió Tigrilla tras él.
―¿Cómo? ¿Cómo lo criaré yo solo? ―Otra vez. Vuelta a empezar otra vez. Porque él jamás levantaría cabeza.
―Inténtalo ―dijo Azul―. Tu hijo necesita a su padre y necesita un nombre… ―Tigrilla le puso el niño en brazos. Malcolm lo miró...―. ¿Por qué no empiezas por ahí?
Ignoró a Azul.
Ese niño…
Ese no era su hijo.
Esa cosa con esos ojos enormes y llenos de lágrimas que… lo traspasaron.
No era más que una larvita rosácea y desnuda que se le escurría, que quería comerse sus sueños sin miramientos.
―Esta criatura era perfecta. Él iba a iluminar nuestras vidas… Y ahora mi esposa está muerta gracias a él.
No era más que un bebé. Indefenso, pero suyo. Suyo porque le iba a arrebatar su nombre, su fortuna, su tiempo… Le había quitado a Fiona y ahora le quitaría la esperanza de mejorar su vida para beneficio propio. Pues ya le había arrebatado un futuro, esa vida utópica que Azul quería que viese al mirar aquel endriago…
―Tengo el nombre perfecto… Rumpelstiltskin ―dijo, temblando y derramando una sola lágrima que se perdió en el faldón de su hijo, de su hermano y de su padre―. Rumpelstiltskin…
Storybrooke
Enero, 2014

La niebla no dejaba ver que paseaba por el parque… pero Grimes sabía que paseaba por el parque. Por el parque infantil, que nunca estuvo tan vacío, aunque era bastante nuevo. Sólo hacía dos años que la alcaldesa Mills lo había hecho construir tras un polémico pleno del ayuntamiento. Y él estuvo allí, viendo como Emma Swan acusaba en falso a la edil, porque él, que en el otro reino fue el gran Stromboli, con ojos en todos lados y negocios en el más allá, debía saber qué se cocía en la ciudad.
Su siempre su señor lo recompensaba bien por ello. Él sí que era un secretario competente, no como…
―Alva. No te he oído llegar.
Crane estaba allí, vestido con un traje gris que le venía bastante grande y hasta sombrero. ¿Quién se creía, un gánster de los locos años 20? O, mejor aún…
―¿Qué haces aquí vestido de Doctor Who en plan malo?
―Me he enterado de lo de Drizella y el niño ―dijo Alva, parco, sin llegar a mirar a su colega a los ojos.
―¿Ah, sí? ¿Y qué? ―sonrió Grimes―. ¿Estás a disgusto por ello?
―Quiero que os quitéis de en medio.
Ahí estaba, la mirada de la grulla, la mirada que era capaz de quemar los ojos del otro. La suerte de Grimes estuvo echada en el mismo momento en que se rio en la cara de Alva.
―No me vas a asustar con este numerito. Nos quitaremos de en medio, sí, en cuanto el niño venga con nosotros.
Alva Crane perdió toda expresión. Toda humanidad, si es que alguna vez había tenido.
―Hace un tiempo… hubo otro. Midas tampoco quería quitarse de en medio, pero ya ves, yo sigo aquí mientras que él…
―Que no me vas a asustar. Deja de intentarlo ―volvió a reír Grimes―. Mira, guapito, ¿por qué no vamos a…?
El competente, entre risa y risa, dejó escapar un grito que se ahogó al momento. El vientre le ardía porque Alva le había acuchillado a traición.
Devolviendo sangre, Grimes le miró.
Alva volvió a alzar el cuchillo y se lo clavó en el pecho.
Bajo el pecho.
Sobre el pecho.
Y cuando Grimes quiso huir, se lo clavó en la espalda, entre los omóplatos, matándolo al fin.
El titiritero y secretario cayó con los ojos abiertos a la niebla.
Alva tiró el cuchillo… no, escondió el cuchillo entre unos arbustos, para que creyesen que el asesino… o la asesina, mejor dicho, había tratado de esconderlo.
Porque las manos que habían empuñado el arma no eran las suyas.
Igual que su rostro, lleno de finas gotitas de sangre salpicadas en la degollina, estaba dejando de ser el suyo también.
―Y ahora tú, Aurora ―dijo, con la voz de quien era ahora. Maléfica.
Mientras…
En El Reino De La Oscuridad

La playa al anochecer era negra. Uno no sabía siquiera si había mar o si se caía al macrocosmos de perdición que apiñaba todas las tierras muertas. 

Lampwick y Anastasia, los únicos puntos de color, ni veían tampoco el paraíso de juegos que habían dejado atrás. 

«Isla de los Juegos», así se llamaba, sí, así rezaba el cartel con el payaso sin cara. 

Pero, pese a la oscuridad, ellos no iban a ciegas. 

La espada de la reina del País de las Maravillas alumbraba el camino certero. 

La espada de las tinieblas. El Gladio Vorpal.

Y en el próximo capítulo…
BE PREPARED
Alva: when at least I’m given my dues…
POOR UNFORTUNATE SOUL
Rumple: How this works anyway? Something like “bibidi-babidi-bu”?
TO DISCOVER THAT MORE THAN MOTHER…
Frerot: Brother knows best!
BUT WHEN ‘ONCE UPON A TIME’ SPINS THE TALE
Frerot: Skip the drama, stay with me, Rapunzel.
EXPECT THE UNEXPECTED
Rumple: I guess that’s it.
RAPUNZEL’S UNTOLD STORY: BEAR THE LINK-BOYS

Han intervenido:


Marshal Allman como Stromboli/ Grimes, Tony Amendola como Geppetto/ Marco, David Anders como Whale, Ian Armitage como Malcolm niño, Eion Bailey como August, Kristin Bauer van Straten como Maléfica, Zoe Boyle como Dodie Dearly, Robert Carlyle como Rumpelstiltskin, Emma Caufield como la bruja ciega, Dean-Charles Chapman como Alva Crane, Lindsay Collins como Fauna, Glynis Davies como Primavera, Giancarlo Esposito como el espejo mágico, Vera Farmiga como parturienta, Ane Gabarain como la baronesa, Tammy Gillis como Jill, Ginnifer Goodwin como Blancanieves, Harry Grasby como Lampwick, Nick Hunnings como Jack, Robbie A. Kay como Peter Pan, Oscar Kennedy como Miles, Gave Khouth como Tom Clark, Dylan Kingwell como Rumpel, Derek Klena como Guilles, Christie Laing como Marian, Phyllida Law como buhonera, Stephen Lord como Malcolm, Rose McIver como Campanilla, Jaime Murray como Fiona, Austin Nichols como el panadero, Lana Parrilla como Regina, Emma Rigby como Anastasia, Peta Sergeant como el Galimatazo, Victoria Smurfit como Cruella De Vil, Lucas Till como Argus Christie, Sara Tomko como Tigrilla y Keegan Connor Tracy como el hada Azul.


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33 comentarios:

  1. ESPACIO RESERVADO PARA DENUNCIAR ESTAFAS Y DESATAR POLÉMICAS.

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    1. Espejo, espejito encantado, ¿cuál es el relato más esperado? ¡Es éste, FOOA, que al fin ha llegado! ¿Cubrirá las expectativas? ¿Será tal vez una nueva estafa? ¿Merecerá por fin el tan ansiado diez? Yo misma no lo sé, pero sólo hay una manera de descubrirlo. ¡Comencemos!

      PARTE 1

      Un previously breve y predecible, pero muy bueno, ya que esta historia presuntamente responderá a grandes interrogantes de la serie. No imaginé que la caja/cofre del 5x12 fuera a entrar al juego, quizás sea el legendario cofre de la película. Veremos.

      Grandiosa la primer escena, en la que suena la OST de "Blancanieves" de cuando la Reina Malvada consulta al Espejo. Grandiosa melodía, grandiosa descripción, grandiosa Regina con esa túnica majestuosa excepto la parte que cubre su cabello, ya que sabemos que lo muestra y que tiene ese peinado tan elaborado. Como introducción es excelente, peeeeero, como debo haberte adelantado, no me ha gustado el tener que irme afuera del fic para entender algo, en este caso lo de William. Lo hubieras descrito brevemente en un párrafo aquí. No seas el gordo, por favor, intenta no mandarnos afuera para entender cosas. Quitando eso, excelente escena.

      Surrealista y tenebrosa la escena de Anita, pobrecita. Me imagino muy bien a Cruella con ese atuendo tan icónico, y al endemoniado niño que quién sabe cómo nació así. Era obvio que tenía que ser un sueño o visión, aunque no suponía que también imaginaría la Casa de Chocolate. Veremos si Anita tuvo algo que ver con la Bruja Ciega. Me da gusto ver que haya sido obra del Galimatazo, pero no recuerdo que tuviera el poder de crear ilusiones. Bueno, tal vez lo tenía pero no había visto necesario usarlo.

      La siguiente escena me ha gustado mucho, conque así es como se conocieron Pinocho y Geppetto con la Reina Malvada. Veremos cómo desemboca en el 3x21, cuya escena no era modificada por el viaje en el tiempo (es decir, en la línea del 1x03 aún pasaba esa escena). Es increíble cómo me imagino a Regina con esa preciosa túnica y el peinado. Interesante que vaya a ser Geppetto el constructor del cofre, y aparentemente acerté en lo que dije de la función de esa caja. Lo que transmite la EQ con sus diálogos se ve muy claro y perfecto en mi imaginación. Peeeeeero me parece que la aclaración de por qué viajaba en carruaje en vez de aparecerse sobraba, más considerando que Regina crea bolas de fuego por cualquier cosa y no paga ningún precio. Eso les pasa a ti y a tu HB por buscar PH en todos lados jeje. No sé, no es que haya quedado mal o muy desubicada, pero creo que sobra.

      Luego tenemos el gran momento, la gran entrega de la Maldición Oscura de Rumpelstilskin a la Reina Malvada. Creo que no tengo ninguna queja, todo fue perfecto. Ambos estuvieron tan excelentes y en su línea que los leí con las voces en inglés jejeje. Perfecta la EQ excéptica y enojada y él Ruperto payaso y sarcástico. Además de que no puedo dejar de pensar en Regina con esa preciosa túnica, pero ya lo sabes. Muy buenos los diálogos, muy bueno todo. Oh, y genial el detalle de que ella esté enojada porque Rumpel no la ayudó en el 2x20. Era lo mínimo.

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    2. PARTE 2

      Por curiosidad, ¿a Tinkerbell me la tengo que imaginar de monja, de verde desarreglada Neverland, o de gloriosa FB 3x03? En este último la puse yo en Orgasming, pero en este caso dime tú. Está buena la escena del hospital y siempre es un gusto ver a Tink y a Terence. Perfectamente captado el finísimo sarcasmo de August, y oooh, ya empieza a haber chispas entre él y el duende detective apenas se conocen. Qué picarón el Christie yéndose XD. Y la primera aparición de Stromboli, en este caso joven. Veremos qué nos depara.

      Divertido el momento de Tink y Anita, pero, ejem, ¿las hadas nos metemos en todo? ¡Al contrario, la cantidad de veces que hacen falta y no se meten! Creo que Campa es la excepción a la regla, que se sepa. De todos modos estuvo entretenida la conversación, siempre es una gran ironía lo del mundo "Inglaterra 1920". De allí vienen Cruella, los Radcliffe, Jekyll, Hyde, los Lydgate, Alicia y su familia, mientras que los Darlings son de la Inglaterra común y corriente, claro que más antigua.

      La siguiente escena es EXCELENTE, prácticamente perfecta excepto porque es un poco molesto que luego de que Maléfica sepa tanto, pregunte quién se lo dio. Espero saber pronto dónde está la Singstar, y excelente cómo se sacan chispas la Reina de Disney y Cruella Devil. Incómoda posición la de Maléfica, ser amiga de dos personas que no se aguantan. Pero ahí está cada una con su sello de carácter, Cruella astuta y sarcástica, Maléfica inteligente y calma, y Regina rabiosa y vengativa. "¡Bailarín de foxtrot!", excelente Cruella, aunque es una pena no saber aún cómo lo conoció. Excepto que lo haya conocido en el 4x12 y él la convocó porque conocía sus habilidades. Es muy muy buena la conversación, es para hacerle un cuadro, y eso de "an apple" lo veo calcado de como lo dice en el 1x21. Ante todo un dulce sano y sin mucho colesterol XD.

      Pobre Blancanieves, esa vida horrible de bandida que llevó creo que por dos años. Era lógico que en algún momento se iba a lastimar, cansar, enfermar, etc. Me muero con que el burro se llame Mantecao, y todo parece indicar que quien la rescata es la Baronesa.

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    3. PARTE 3

      Ya me la imagino a la pobre con el cuenco, temblando y sufriendo. Cómo me encanta Blanca la Bandida. Al final me equivoqué, no era la Baronesa sino su hija, y nada menos que Jill. La rubia y la morena embarazadas jeje, pobre Marian, hasta en eso Zelena la copió. Yo a la Baronesa me la imagino hablando en inglés pero con un marcado acento español. Genial la réplica del diálogo de los enanitos con Cecilia-Gruñón y Jill-Sabio, y aunque no me imaginé que Stromboli fuera hermano de Jack, estaba claro que la conexión iba a saltar por alguna parte.

      Interesante el momento de las tres villanas junto al árbol. Poco que decir, excepto que ese cuervo debe ser un pluriempleo del cuervo de Blancanieves con el ave del cuento. No creo que termine siendo Diablo, el pájaro de Maléfica, pero ya veremos.

      ¡Ooooh por fin, retrocedemos 200 años! I see what you did here, conque basándonos en el prólogo de "Blancanieves un Cuento de Terror"...en cualquier caso, pobre la muchacha, a veces hay que hacer estos sacrificios horribles.

      Qué bonita la historia. El tío aún desconocemos el personaje, y el niño, que evidentemente es otro Rumpel, no sé si te olvidaste del actor o es una sorpresa deliberada. En cualquier caso, buena escena.

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    4. PARTE 4

      Curiosa la siguiente escena, ¿este Malcolm es Robbie Kay? Porque su madre es la Bruja Ciega y yo tengo entendida otra cosa. La tipa ya venía con impaciencia y rabietas hacia los niños, tal vez por su pobreza...y me pregunto si el tío de la escena anterior es el dichoso panadero. En fin, que no sé si es Robbie o es que aquí faltan actores, o son sorpresa, no sé. Veremos cómo sigue. Ah ya sé ya sé, seguro Rumpel es ese niño que olvidaste. Y Malcolm es el Malcolm niño.

      Volvemos a lo que más me interesa, las tres villanas. Me pregunto si habrá vivido Mercy en esa casa...y volvemos con la OST de "Blancanieves", cuando bajan hacia las cocinas resuena en mi cabeza el descenso de la EQ hacia la mazmorra. Wait wait, ¿era cierto nomás eso de que no se puede usar magia al transformarse? ¡Pero si todos se transforman mil veces y siguen usando magia! ¡DE TODOS MODOS EXCELENTE LA ADAPTACIÓN! Maléfica (a quien imagino con el atuendo tapado de Disney, sin escote ni nada) recitando todo aquello, Cruella con el grito de terror, esas palabras icónicas, esa OST magnífica, la Reina Malvada con esa tremenda transformación. ¡Dios mío, es todo perfecto, un diez está escena!

      El siguiente momento...mmm no sé, medio confuso todo, entre ese Lord Guilles que ni idea qué hace ahí. Pero me encantó cómo representaban "su apuesto héroe", con cosas que ya sabemos y posibles adelantos de "Dawn". Me da ternura el niño Malcolm, y me estremezco al pensar en la Bruja Ciega como abuela de nuestro Ruperto. Dicho sea de paso, qué raro éste leyendo el libro de Belle, se ve que su bondad lo está "suavizando".

      ¡Por fortuna volvemos a los momentos que me interesan, esos gloriosos momentos! La OST no necesito decir cuál es, la imagino claro. Cruella pobre, que la tienen ahí para hacerle bullying, pero siempre es divertido cómo Regina la trata. A esa vieja me la imagino bastante claro, pero con los harapos viejos de la peli, no esos estrafalarios del 1x17. Entre Maléfica y la vieja hicieron que esta escena me encante.

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    5. PARTE 5

      Huy qué loca de mierda esta Mercy, entre que odia a los niños y ya parece tener un ataque con los dulces, ¿dónde está el padre a todo ésto? Muy divertido ver a los niños saltando y divirtiéndose, aunque luego Malcolm se convierta en "el mismo diablo" como tú lo llamas. Qué feo el accidente con el burro. En fin, buena escena.

      Y seguimos con la OST, que para mí es cuando deja su castillo en bote en la noche y se adentra en el bosque. Adoro a esta vieja, y todo este texto lo imaginé dicho por ella misma en voz alta.

      No entendí ni jota de lo que les pasó a Rumpel y Malcolm, pero ya me hacen acordar a Hansel y Gretel, y la bruja, valga la ironía, a su madrastra.

      ¡OOOOOOH POR DIOS, LA BLUE DISFRAZADA DE VIEJA! Al final es bastante bondadosa la Blue de tus fics. Hermoso detalle el de devolverle a Blancanieves el broche de sus padres, y era obvio que algo "especial" ocurría con el hijo de Jill, ya que luego Azul es su hada madrina. Y vuelve una nueva OST, de cuando la vieja sorprende a Blanca en la ventana de la cabaña.

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    6. PARTE 6

      Veo que vamos transitando brevemente entre un tiempo y otro. Ya se me hace que Regina y Maléfica sacaron la idea de lo que sea que haya pasado con esa buhonera.

      Seguimos con la OST de la escena anterior. Deben ser tremendas Ginny y Lana en esta escena, ya me imagino la feria, la vieja de Disney y la Blanca bandida y esbelta. Cuándo Regina habla de su amor es desgarrador, y es graciosísimo lo descreída que estaba Blanca del amor en esa época, faltándole poco para conocer al único y gran amor de su vida, el príncipe más especial de todos los reinos.

      Sep, definitivamente Maléfica sacó la idea de esta extraña buhonera, pobre Rumpelcito...

      De la OST no necesito seguir hablando. Excelente adaptación de la escena de la peli, las tengo tan claras a la bandida y a la vieja, qué perfecta escena. Y ese niño ya no me quedan dudas de que es Polilla/Lampwick, que irónico que sea él quien salve la vida de Blanca. El "¿Where is Snow White?" dicho por la vieja, simplemente perfecto.

      ¡Oh, qué bruto este Malcolm, robándole a una ancianita y atacándola! A no ser que haya adivinado sus intenciones.

      Stromboli ayudando, mmm, veremos...

      Eliminar
    7. PARTE 7

      ¡OH, EL GRANDE, ÚNICO, INIGUALABLE E INCONFUNDIBLE RRRRRRROOOOBIIIIEEE KAAAAAY! Hablando de OST, ya escucho su música, y veo cómo engaña a Polilla tan claro como engañaba a Henry. Oh, pero el niño tiene mucha fuerza y le propina una paliza, ¡qué bien! Mensajes subliminales ejem ejem: "lo que le colgaba entre las piernas, su puñal. ¿Quieres que lo use contigo?". Si bien estuvo muy muy buena la aparición de la Bruja Ciega ya consolidada y no me explico cómo pudo tener otro hijo, cuando Lampwick mencionó a su madre yo estaba entre ella y la Black Fairy. Ese encuentro tampoco hubiera estado mal.

      Creo ya que esa pobre vieja no era nadie peligroso, sólo una buhonera y nada más, pero el pequeño Malcolm aparentemente ya comienza a mostrar su malicia, astucia y avidez.

      ¡Y llegó una violación al 6x19, señoras y señores! Tenemos a Jesús, José, María y dos Arcángeles XD. La verdad no esperaba (o sí, no sé) que se le de una mínima explicación a que Ruperto sea Salvador. ¿Nace luz al haber mucha oscuridad? Mmm bueno sí, no está mal. Falta la explicación sobre Aladdín y caso cerrado jeje. Interesante la Fiona "buena" de aquel momento, y desgarrador el monólogo de Malcolm, qué bien me lo imaginaba. Pobre su hermano, lo mató su madre y ocultó el cadáver. El primer niño que asesinó nuestra ciega favorita. Ya estoy viendo también los flashes del asesinato, como vi en su momento las imágenes del 1x18 en el caldero de Regina.

      ¡OOOOH, ESA ESCENA ELIMINADA QUE ME ENCANTA, QUÉ GENIAL! ¡ME ENCANTA! Y con que ese grajo vendría a ser el niño Rumpel, pobrecito...ahora recuerdo la paliza que le dio Ruperto a Maléfica y me río un poco de que ella se crea poderosa como él. No es culpa nuestra/tuya, hacemos lo que podemos con el desastre de Maléfica de Horrorowitz, y bastante bien nos sale.

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    8. PARTE 8

      Era obvio que iba a ser el grajo el que dejara ciega a Mercy, pero aún así espectacular escena.

      ¡Oh, Marian ya parió, y está ayudando a Blanca, qué gusto! Y suena la OST de Bandit Snow.

      ¡Otra eliminada reivindicada, lo sabía! A mí sinceramente siempre me dio la sensación de que el 6x09 iba antes del 4x11 pero no importa, no es nada. Acá no tengo mucho que decir, me da curiosidad lo del pequeño Johny (¿otro Salvador?) y te felicito por rescatar escenas.

      Pobrecito Malcolm, imagino que todo esto fue antes de que su padre lo vendiera a un herrero. Pobre también el Malcolm Robbie, ya lo veo sufriendo los latigazos. Creo que el grajo Rumpel lo culpa por no defenderlo cuando lo mataron.

      ¡OH POR DIOS, OTRO REJUNTE CON LA REINA Y MARIAN! A mí la verdad me parecía que primero iba el momentito del 4x01 y luego lo del 3x21, pero no pasa nada, así hilado quedó excelente. Me encanta cuando Marian le escupe, es como si presintiera lo que va a hacer con su hombre de honor jejeje.

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    9. PARTE 9

      ¡Parte 9, madre mía! ¡Lo que hace una para no pasarse con los caracteres en el blog!

      ¡OOOOTRA VIOLACIÓN MÁS! ¿Pero cuántas van ya? ¿Y seguidas? Bueno, acá no agregaste nada, es un archivo intacto. Pero es cierto que tiene una carga emocional diferente tras saber lo de la infancia y adolescencia de Malcolm, encima con las palabras del 3x11.

      Muchas veces al instante en que presentas a un personaje, lo primero que vemos es que muere: Día, Cupido, Ágatha, ahora Stromboli...por fin el querido Alva Crane hizo algo más, y bueno, realmente yo debí haber supuesto que la Benéfica falsa era él, al no ser el Galimatazo. Creo que no lo hice por una cuestión de género. Sabes que aún tengo mis cosas con el personaje pero ya estoy un poco mejor predispuesta gracias a que cesó la sobrepromoción.

      ¡Anastasia en el Reino de la Oscuridad, y también Polilla! ¿Quién los habrá traído?

      ¡NO PUEDO CREERLO, TE COPIASTE DE LA REDIMIDA PARA HACER UNA PROMO! ¿Pero con qué cara te enojas por lo de Marina del Rey?

      ¿No había también una extensión de la escena del 3x06? ¿Éso también se mudó?

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    10. CONCLUSIÓN Y CIERRE

      Un minuto de silencio por Vera Farmiga, que perdió su trabajo en OUAT, o al menos el papel que tenía.

      Ha sido una historia super interesante y entretenida, y aunque al principio no se nota, hila muy bien un FB con el otro. Al hablar tanto de la finale de la 3 creí que mostrarías más cambios del viaje en el tiempo, pero fue un gran gusto que no haya sido así.

      De la línea temporal más antigua puedo decir que se nota mucho tu amor inmenso a Malcolm/Peter Pan y que la historia fue bastante apropiada. ¡Le damos la bienvenida a la Bruja Ciega como miembro de la familia Mills! ¡ABUELA DE RUPERTO Y TATARABUELA DE HENRY! ¡Terrible! Pobre Vera Farmiga jejeje. Estuvo bastante buena la historia y es una buena versión del cuento que me hiciste leer, aunque yo prefiera por mucho la otra línea temporal. ¡Y Lampwick es hermano de Malcolm, tío de Rumpel y bisabuelo de Henry! Empiezo a entender por qué se fue al BU en la temporada "no canon".

      ¡En esta línea, HERMOSO TODO! ¡El intercambio de maldiciones, los mil homenajes a la película, especialmente a la Reina, un Oscar a Lana Parilla por su interpretación de reina y vieja! La EQ casi no había aparecido contigo, ya era hora de que se luciera como corresponde. También una gran mención a Ginnifer Goodwin que es una bandida hermosa y genial. Maléfica y Cruella también perfectas, las escenas eliminadas y las ampliadas también muy buenas.

      Storybrooke, bueno, va lento desde hace tiempo pero no seré dura, es muy difícil hilar y compaginar todo ésto. Sólo te digo que me muero si la pareja lesbiana es Tink con Anita XD.

      A todo ésto, ¿cuánto ha trabajado Josh Dallas? Primero vino BV pero fue casi todo rodado en el 2012. Luego en TOIYB, donde se lució completamente y fue el protagonista. Después una escena en TOS, unas pocas en WF o AMT1, el par de TFBE, y ahora rueda en AMT2, de hecho rodó con David Lambert.

      Volviendo al tema, ¿cuándo aparecieron Fauna y Primavera? ¿Son las que salvaron a los niños de Guilles?

      Ha sido un relato excelente digno de ser releído una y otra vez, especialmente todo lo de la EQ, pero me pareció un poco Horrorowitz mandarme a leer lo de William afuera, y no me explico cómo Maléfica pregunta quién le dio la maldición si tiene claro que fue Rumpel. Tampoco me termina de cerrar que él se la diera antes de que se conociera Snowing, pero eso es lo de menos, habrá visto partes del futuro y supo que se conocerían igual. Eso lamentablemente te quita el 10.

      NOTA: 9,50

      Y qué bueno que el siguiente capítulo no tardará, estando ya por la mitad.

      ¡Besotes, precioso!

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    11. Oh, Laura, qué análisis tan profundo. Los comentarios de los dejamos al Brother Hater, ¡pero enhorabuena! :).

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  2. Los eventos de Storybrooke transcurren entre escenas de "Strokes Of Midnight", después de que Aurora pida ayuda a la madre superiora en el convento y antes de que esta vaya al encuentro de Maléfica.
    Los eventos que rodean Regina transcurren inmediatamente después de la novela gráfica "Ghosts" y en paralelo a "Skin Deep", "The Broken Kingdom", "Heroes And Villains", "Changelings"... Entre otros, hasta conectar con "Snow Falls"/ "Snow Drifts".
    Los eventos que rodean a Malcolm y Rumpel ocurren años antes de "The Black Fairy" y un año antes del flashback de "Blue View".
    La historia es un homenaje a los cuentos de Blancanieves y El Enebro, de los hermanos Grimm, presentando a la familia y cambiando el árbol por un manzano y al pájaro por un grajo.

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  3. Finally the moment we were hoping has come,
    The moment we will realize who’s the fairest one,
    There isn’t any usurper who can spoil the party.

    The time when Tiger Lily and Blue screwed up a life,
    The apple that Regina lost once upon a time
    And why the Blind Witch lives in a house of candies.

    We will see Neverland,
    With Wendy and Peter Pan.
    A little bit of Cruella,
    Anita and Tinkerbell.

    Oh we will learn more about Rumple,
    How the fairies cause him trouble.
    The truth finally we’ll know.

    This time we’ll have to pay attention,
    We’ll know the answer to the question.
    Who’s the fairest one of all?
    Snow White may be beautiful,
    But not the fairest one of all!

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    1. Y ahora, tras este momento ridículo, empecemos con el fic. Tenemos un previously bien bonito que leeremos pero no comentaremos. Y… empieza la historia.

      Y ahí lo tenemos, el Bosque Encantado, con Regina pidiendo ayuda (o esclavizando, más bien) a su espejo. Regina está un pelín desesperada, se nota. Y tenemos mención a William, evidenciando que esto ocurre tras (o más bien durante el final de) Ghosts. Y, llorando, encuentra su preciado anillo.

      Y, tras el final de Ghosts, tenemos la continuación de la escena, con Regina cambiándose de ropa y maldiciendo, una vez más, a Chivatanieves. Y ahí la tenemos, a la Reina, con su gran sonrisa maliciosa.

      Y pasamos a Storybrooke. Anita se dirige a Granny’s… y se encuentra con Cruella. El encuentro más esperado del año, sin duda. E… incluso Miles aparece a traerle el té tan alegremente. Y luego soy yo el que tiene sueños raros… Qué bonito todo el atrezo. Sólo lo que hay ahí ya vale más que todo el vestuario del spin-off policíaco. Miles es creepy esté donde esté, incluso en sueños (sobre todo en sueños xD). Y… cada vez da más asquito todo. Por favor, Miles, deja de descomponerte xD. Y… muy bonito imaginarse la taza llena de… muy bonito. Oh, mira, y la barra hecha de chocolate #BlindWitchApproves. Y caramelo, y más chocolate. Menudo empacho de repente XD. Y parece que Anita se ha dado cuenta de qué cuento es. Si es que por algo Cruella y la Bruja Ciega son aliadas en el Inframundo… xD.

      Y… ¡Oh, el Galimatazo! Qué pesadilla, por Malinda. Y encima la otra va y cae al suelo. Y… acaba despertando en el hospital, sin saber si ha sido sólo un sueño o realidad.

      Y pasamos al Bosque Encantado de nuevo, con Regina buscando a Blanca. Ahí tenemos a nuestra reina, mirando el mapa. Y… ¡Oh, Geppetto y Pinocho! Si es que se cruzan en su camino, y claro… Luego se tiene que vengar yendo a cantar a su casa. Y oh, ¡Pepito! Muy adecuado, tras haber tenido la militancia a Archie en el 7x03. Uy, Regina invitando a Geppetto. Miedo.

      Oh, mira, parece que es conocido por todos lo que Regina y Maléfica hacen cada vez que quedan xD. Y Regina le pide a Geppetto que le fabrique el cofre de madera para llevar el corazón. Y mira, Geppetto, qué arte. ¡Pero eso se lo dices a la cara, no cuando ya se ha ido! Jajajaja.

      Y Regina sigue su camino… hasta que Rumple aparece ante ella. Y oh, Rumple está leyendo Su apuesto héroe… Ay, la lata que daría ese libro en el futuro xD. Oh, lo de las vacas le dolerá a Maenrest. Pensaremos que son vacas felices como las de la Baronesa xD. Y Rumple le presenta EL hechizo a Regina. Ay, mira cómo Rumple intenta venderle la moto (no la moto con infinita gasolina de Henry, esa no) a Regina. Y, de momento… parece que tiene un mínimo interés. Y llegó el tema del precio. Y… trato (aunque sepamos que luego lo vaya a intercambiar con Maléfica).

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    3. SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS

      Y volvemos a Storybrooke. Oh, pobre Tink, sintiéndose responsable de lo que le ha pasado a Anita… Que le eche la culpa a la Blue, que es mucho más fácil y todos se lo creerán xD. Y mención a nuestra querida baronesa. Y los amigos se abrazan, qué monos. Y tenemos a Terence analizando a Whale xD. Oh, y por ahí tenemos a George… y a un cerdo. Y Terence y August se quedan a solas. Ay, estos dos, que al final sí que serán la pareja (Charmed intenta encajarlo una vez más, inútilmente, en el final de la Final Battle, en el que August le propone a Bella irse de aventuras).

      Y tenemos a Campanilla con Anita. Míralas, si es que, aunque Disney no lo permita y Maenrest no encontrase ningún vídeo de ellas, Anibell/Tinknita es endgame xD. Ay, mi pobre Día, ¿por qué tenían que mencionarlo? *cries in every single language* xD Ay, Campanilla, “Las hadas nos metemos en todo” jajajaja. Pobre Tink, que no acaba de adaptarse a la vida en Storybrooke. Ay, esas sonrisillas… Love is in the air.

      Y viajamos a la Fortaleza Prohibida. Y… reencuentro entre Regina y Cruella. Y Regina ya tardaba en presumir de su victoria, pero Maléfica y Cruella van un paso por delante de ella. “¿Y te fías de ese bailarín de foxtrot?” jajajaja. Y Cruella diciendo que le traiga a Anita, no ha tardado nada xD. Pues le hará caso, le hará caso.

      Ay, esta Maléfica, qué lista es. O qué tonta Regina, que primero se deja convencer por Rumple y ahora se está dejando convencer por Maléfica xD. Y ahí está Maléfica, sugiriéndole que use el Hechizo del Sueño. Y mira, si es que al final Cruella será útil, dando ideas xD. Pobre atizador, ¿qué culpa tendrá él? Espero que Barry y Sweepie nunca sufran la ira de Regina (ejem, ejem, Maenrest…). Mmm… Curioso que Cruella conozca a Freud. Aunque proceda de “los años 20”, no es de nuestro mundo… Pero bueno, conoció al Autor, él pudo explicarle muchas cosas esa noche. Y ahí está el “cuento” de la Bruja con la casita en el bosque. Y llegó la hora de intercambiar hechizos. Y el trío la, la, la desaparece.

      Pasamos a Blanca, que está hecha polvo. Y llegó Marian para rescatarla. Y, por fin, Mantecao hizo acto de presencia. ¡Ay, nuestro pequeñín! Y Blanca despertó. Ay, nuestra medio baronesa… Y qué arte tiene xD. Y vuelven a la cabaña Marian y Jill. Y buenas preguntas las de Blanca, sin duda. Me encanta la baronesa husmeando a su alrededor, me la imagino y todo xD. Oh, Laura morirá de amor cuando lea del joven que iba a vender la granja de su madre… Oh, así que el cuñado de Jill es Stromboli. Curioso.

      Y pasamos, de nuevo, al trío la, la, la, que está bajo el manzano. Y el grajo, muy elegantemente, deja que la manzana caiga para llegar hasta Regina. Y el ingrediente principal ya lo tienen. Ahora, a por más.

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    4. SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS

      ¡Oh! Viajamos 200 años atrás. Y tenemos poesía pura para empezar. Cuervos, nieve, sangre… Una combinación de colores muy bonita, sin duda. Y tenemos ahí a los dos hermanos previamente anunciados, dos hermanos que corren… y un parto que se aproxima. #PeterReyDeLosPartos.

      Y tenemos a la pobre hermana que ya no puede con su alma. Ay, el chico, diciendo que no quiere que muera su hermana… Y, de una manera un tanto bestia…, ya tenemos al bebé. Situaciones desesperadas requieren medidas igual de desesperadas. Ay, qué penita… Y el hermano tiene que irse con el bebé para llevarlo… con su padre. ¿Qué estará haciendo ahora mismo ese padre? Buena pregunta.

      Y viajamos 12 años más adelante, con el “hermano” llamando a Rumpel… Si es que mira que hay nombres en el mundo… y eligen este. Qué bonito, saltando entre las tumbas. Un gran lugar para jugar, sin duda. Y el pequeño (o no tan pequeño, que con 12 años ya empieza a ser mayorcito… xD) le pide que le cuente un cuento. Y hablando de manzanas con gusanos, Charmed se acuerda de la triste experiencia de Peter cogiendo una manzana del manzano de su casa en Alemania #PoorPeter.

      Todo el mundo pidiendo deseos a la estrella azul… Poor summer children. Y ahí está nuestro pequeño Rumpel, de cabellos dorados, piel pálida y labios rojos.

      Oh, y se nombra al padre de Rumpel que, evidentemente, se volvió a casar. Y cuidado de decir que no tiene una belleza despampanante si estás hablando de la Ciega, que Emma Caulfield se ofende y te denuncia jajaja. Y tuvieron otro pequeño. Y… ¿la madrastra se llamaba Mercy? Bonito nombre. Así que el otro hijo se llama Malcolm. Vaya, vaya, vaya, así que quieres hacer a Peter Pan hijo de la Ciega… xD. Oh, mira qué generoso es Rumpel… Oh, viscoso, pero sabroso. ¡Hakuna matata! xD.

      Llegó el padre, y dedicó todas sus atenciones a su Rumpel. Ay, Mercy, que está harta de todos xD. Pero es que Rumpel también… Por mala que esté la comida, pincha mucho jajaja. Y Mercy los envió a todos a freír espárragos… Básicamente porque se habrán quedado con hambre. Ay, no te tapes los ojos, aprovecha para ver mientras puedas…

      Regina de nuevo. Ay, Daniel… #StableQueen4Evah. Y ahí tenemos a Regina recitando los versos de su canción. Y ya tenemos a Maléfica danzando alrededor del caldero. Ay, no me nombres otra vez a Día, por favor… #Cruelad xD. Y llegó la transformación.

      Volvemos al pasado. Rumpel y Malcolm en la feria. Oh, cuántas referencias a dulces… La oscuridad Nunca Jamás te atrapará… Ay, Rumpel, qué poco agradecido es. Ya va siendo hora de que se lo carguen xD. De momento, quedémonos con la idea de que las piedras podrían ser útiles en un futuro. Malcolm daría un reino por un cacho de Pan… Interesante. ¡Ay, que apareció nuestro Dmitry! Y se llevan a Malcolm al teatrillo. Ay, Bailaora de mi vida y de mi corazón, ¿cómo la vas a liar esta vez? Jajaja. Y llegó el cuento. Y, tras el cuento, llega el tío y se lo lleva. Y… oh, postre. ¿Qué será, será…?

      Y volvemos con Regina. Ay, Cruella y Regina, qué momentos que dan estas dos juntas… Y ya tenemos manzana, lista para comer. Mmmm, qué rica.

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    5. SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS

      Viaje al pasado. Oh, están desapareciendo niños. Pero a la madrastra eso le da igual, claro está. Solo piensa en tener comida… Y va a hacer un bizcocho. Y los niños se ponen a cantar, bailar y jugar. Y algo se rompió. El burro, el burro ha echado la leche a perder. Y llega la madrastra y, evidentemente… se cabrea. Y se cabrea tanto que emplea el atizador. E incluso abofetea a Rumpel. Está enfadada de verdad. Y suelta sapos y culebras. Esto no te lo dejan emitir a las 8, Peter xD. Y también la toma con Malcolm. Uhhh. Y solo decir que debería haberlo matado cuando estaba embarazada ya es más fuerte que todo lo anterior. Menuda es Mercy.

      Y tras esta escena tan intensa… volvemos a Regina, que también está ordenando a otros que salgan de su vista. Y muy buena la explicación de por qué no podía presentarse allí con magia. Yo siempre he tenido el crack!headcanon de que era porque quería llegar hasta ella con elegancia, como toda una reina, en su carruaje… pero te acepto esto como canon oficial jajaja.

      Mirada al pasado de nuevo. Rumpel y Malcolm yendo al manzano. Ay, Rumpel… Este es un nombre que nunca debéis poner a vuestros hijos. Todos los Rumpel del mundo serán odiosos. Y… llegó la muerte.

      Época de la Reina Malvada otra vez. Ahí tenemos a las tres muchachas, yendo a la feria. Oh, mira qué lista, Blanca, que ha reconocido a Azul. Ay, por favor, que las hadas están para proteger a los niños… Pero si tú eres precisamente la que más problemas causa xD. Oh, así que un broche que parecía una mosca… Me encanta jajaja. Ay, no, Jill, no dejes que toque tu vientre, que te va a maldecir. Una luz que ilumina, mil campanas suenan yaAy, que el nieto de la baronesa es especial. Y llegó Regina.

      Flashbacks. “Era la vieja más vieja del mundo”. Pues eso es mucho xD. Ay, cuidado con lo que deseas… Y más cuando hay una manzana de por medio.

      Volvamos con Regina y Blanca. Ay, que está intentando engañarla… Y ahí está, hablando del amor que perdió. Ay, Daniel…

      200 años atrás. Con tanto cambio rápido me imagino la transición parecida al 5x16 jajaja. Y justo cuando va a pedir el deseo…

      …Regina y Blanca de nuevo. Ay, el broche por una cesta de manzanas. Por un lado, me parece bien que desobedezca a la Blue; por el otro, vende muy barato esta muchacha jajajaja. Y llegó un niño ladrón. Where’s Snow White?

      Flashbacks. Oh, Malcolm, qué violento se ha vuelto de repente, esto no me lo esperaba xD.

      Época de la Reina Malvada. Y Blancanieves encuentra a (o es encontrada por) Stromboli.

      Y ahí tenemos a Pan, con un niño. Ya está ahí el muchacho retorcido xD. Ay, Peter, odiando a un pobre niño… jajaja. Y Pan se salió con la suya… ¿o no? Menuda pelea entre ambos, el niño tiene carácter. Y llegó mamá pájaro. Esto se pone interesante. Y ahí tenemos a Mercy… que no parece tener mucha compasión. Y… Pan desapareció.

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    6. SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS

      Volvemos al pasado. Oh, ¿ahora parece que Rumpel es el bueno? Se han cambiado las tornas xD. ¿Salsa o mantequilla? La eterna pregunta.

      Oh, y hacemos un viaje 20 años después. Y ahí tenemos al adulto Malcolm y a Tigrilla. Y también tenemos a Fiona y a la Blue. Oh, la Blue toca todo, aunque no sea suyo xD. Ay, ¿cómo les preguntas a unas hadas si quieren ayudar a un bebé? Oh, Tigrilla sólo quería evitar un secuestro… y acabó ocasionando todo esto xD.

      Y Malcolm cuenta lo que pasó después del flashback anterior. Y Mercy decidió jugar a abrir y cerrar el arcón con Rumpel. Y ella, tan tranquila, como si no hubiera hecho nada xD. Ay, por Zeus, en lo que se está convirtiendo el discurso de la bruja…

      Época de la Reina Malvada. Y ahí está, Regina y Mal localizaron pronto la casa. Ay, por favor, Maléfica, déjate de discursitos de que no puede usarse otra, si sabemos que hay manzanos que incluso dan manzanas directamente envenenadas xD. Oh, una vieja con ballesta. ¡Granny, has vuelto! Oh, y era Rumpel, y esto… ¡nos lleva a No deal! Este es el fic de las escenas eliminadas xD.

      Flashbacks. Mercy se está volviendo loca… Y llegó el momento que llevábamos esperando todo el fic, el momento en el que el pájaro dejaría ciega a la bruja.

      Y pasamos, de nuevo, al “presente”. Blanca está ahí, corriendo… y reuniéndose con Marian. Gracias por informar de que ya habrá tiempo de descubrir qué pasó con Stromboli, que me habías dejado con la duda xD.

      Y ahí tenemos a Jill con su bebé. Se avecina escena del 6x09. Llegó Jack… y apareció Rumple. Y ahora, saliendo de la cabaña, aparece la Blue. Ay, hadas…

      Flashbacks. Y tenemos a Malcolm. Y se pone a mirar la segunda estrella a la derecha. Y en sus sueños viajó, viajó a Nunca Jamás.

      Y, unos años más tarde, ahí tenemos a Malcolm y el herrero que se lo llevó en Blue View. Y parece que ya lo van a echar. Y ahí se queda, quietecito. Pan, cosas bonitas, Nunca Jamás… Que recuerde todo esto bien.

      Volvemos al “presente”. Oh, Marian, qué carácter, chica. Escupitajo tras escupitajo. Ya que pronto va a morir, que aproveche, que aproveche para escupir todas las veces que pueda xD. Oh, hechizo de protección. Y hala, arrastrando a la pobre Marian... hacia la escena del 3x21 y la del 4x01. Y ahí tenemos a Geppetto y Pinocho. Y mientras leo, no puedo dejar de pensar que Emma y Hook están espiando escondidos xD. Ay, Marian qué buena que es… Y Regina, pensando que tendría un final feliz… Pues que no vea lo que le han hecho en el spin-off policíaco.

      Volvemos al pasado. Y tenemos la escena del 6x19.

      Y ahora, Storybrooke. Ay, el parque. Qué poco uso que le dieron xD. Y llegó un encuentro con Alva Crane. Oh, y mención al desaparecido Midas. Oh, Alva no se lo piensa dos veces. Ahí, acuchillando a los demás. Venga, venga, más cuchilladas. So la falsa Maléfica era Alva.

      Y… pasamos al Reino de la Oscuridad. ¡Anastasia! ¡Anastasia! Y fin.

      Y promo. Oh, qué ganas de ver a la verdadera Rapunzel.

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    7. SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS

      Como siempre, hay que alabar tu estilo de escritura, que es magnífico, y el detalle que tienen las escenas, pero te lo digo siempre, así que no me voy a extender más xD. Pasemos al fic en sí. So… ¿por dónde empezamos? Mira, empecemos por Storybrooke, que es lo más corto. La escena de Anita ha sido… ¿curiosa? xD Sí, podríamos decir que sí. ¿Formará parte de los poderes del Galimatazo? ¿El hecho de poder jugar con los miedos le permite crear esas ilusiones? ¿What’s going on here? Preguntas para una escena bastante creepy con ese Miles xD. Luego, en el hospital, hemos tenido las parejitas. He de decir que pensé en Terence y August como primera opción, pero me vi obligado a descartar a August porque pensé, y sigo pensando, que no cuadra con su final en la Final Battle si la intención es que sean una pareja fija y definitiva. Pero bueno, imagino que ya veremos. Sobre Anibell (que no Annabelle, que ese sí que sonaría a ship de Bella y Anna xD), o Tinknita, pues poco que decir, que hay ganas de ver más jajaja.

      Ahora pasemos al “presente”. Aunque toda la trama nos llevaba a un punto que ya conocíamos de sobras, que era el hecho de que Blanca no se comería la manzana y que se la quedaría la bruja ciega y, por tanto, no ha habido tantas sorpresas, ha sido igualmente interesante. Has recurrido tanto a escenas eliminadas (dos escenas que no deberían haber eliminado, todo sea dicho) como a otras oficiales, además, para reforzar la historia. La baronesa es increíble; Mantecao ha tenido su momento de gloria; y Cruella y Regina, un gran dúo cómico jajajaja.

      Y luego, de los flashbacks, ha sido curioso e interesante ver cómo, no solo versionabas el cuento de El enebro, sino que, además, unías la historia de la Bruja Ciega con la de Malcolm. Si es que el árbol familiar de OUAT crece y crece… Ahora resulta que la bruja ciega es tatarabuela de Henry, y no le dijo nada cuando lo vio en el Inframundo xD. Hemos visto que la torpe de Tigrilla, efectivamente y como anunciaste, hizo algo bueno, que fue evitar un secuestro, pero eso llevó a todo lo malo que pasó después… y la historia ha acabado con esa escena del 6x19 que pone fin a los flashbacks canon de la serie.

      Y, para acabar… Anastasia. Oh, Anastasia, qué ganas tenía de volver a verla, aunque no haya podido ser más que una mini escena xD. Ahora el tema es qué hace en el Dark Realm, cuánto tiempo lleva allí… y por qué parece que tiene el gladio vorpal.

      Y no sé qué más decirte. Bueno, sí, que he echado en falta personajes que se anunciaron en el comunicado y que han desaparecido, especialmente Wendy. Porque los enanitos, al fin y al cabo, dan igual, pero a Wendy la esperaba, ha sido una decepción XD. Pero bueno, de todos modos, en una época de usurpadoras en la que los capítulos “oficiales” son tan desastrosos, se agradecen historias así de bien hechas. Y ahora ver la de Rapunzel ayudará a que Usurpunzel no haga tanto daño xD. Con ganas de leer más, sin duda.

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    8. SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS

      Y bueno, aunque ya sabes que yo nunca publico nota, porque me parecería injusto, más aún teniendo en cuenta que se establecerían comparaciones con la nota que pongo a los capítulos de la serie (de los cuales tampoco publicaba la nota porque me esperaba a un post general para valorar la temporada, pero da igual, nevermind xD), creo que por primera vez publicaré el top de fics. Evidentemente, este top siempre está sujeto a cambios porque lo elaboro más con mis recuerdos o las sensaciones que tengo al momento de hacerlo y, al haberlos leído con tanta diferencia de tiempo, quizás no puedo ser tan preciso, pero ahí va, para que te hagas una idea:

      1. Strokes of Midnight
      2. Sleeping Beauties
      3. Blue View
      4. The Other Side
      5. Fairest One Of All
      6. Prince Darling
      7. Light Of The Seven
      8. Our Mist Haven
      9. Don’t Fall in Love
      10. The Lion and the Roses
      11. The De Vil Within


      Nota 1: ya sabes que a mí me gustan todos. Simplemente, al hacer un top siempre hay alguno que tiene que quedar abajo, pero eso no quiere decir que no me guste. Todos los fics tienen una nota superior a la que pondría cierto mod a un capítulo que no le ha gustado xD.
      Nota 2: La Final Battle, por motivos obvios (no forma parte de las Untold Stories, sino que es el sustituto del final que se emitió por televisión), no entra en el top, porque me cuesta mezclarla con los fics de la séptima temporada, pero como ya sabes me encantó.

      Y ahora sí, creo que nada más que decir. Ahora te toca hacer a ti la re-review y ahí me puedes decir lo que quieras y comentar si crees que me ha faltado decirte algo xD.

      Too-da-loo!

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    9. ¡Qué bonita canción, Charmed, felicitaciones! Quizás es una buena idea lo de hacer un top, para la próxima vez tendré listo el mío.

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  4. Respuestas
    1. Bueno, bueno, here i am. Mucho invitado tiene este fic. Veamos con que nos ha traumado en esta ocasión nuestro ENTP querido. : ) 

      BTW, antes de empezar. Ya van dos veces antes que intento escribir esto XD. Una en la que a la PC le dio por reiniciarse, y otra ocasión donde se cerró la ventana because yes. La tercera es la vencida, espero. 

      Con la primera escena andaba perdido hasta que recordé las novelas gráficas, que no he leído, pro me enteré por encimita lo que sucede ahí, Buena idea rescatar cosas buenas de productos varios de la serie. Aunque hubiera venido bien el aviso antes de leer XD.  

      Interesante elección para el outfit de Regina, BTW, no evito pensar en Charmed y en ti con las conversaciones de Regina y el espejo XD. Uno ya no puede ver una escena entre esclavo y amo sin pensar en ustedes, ay. 

      Oh, nuestra Anita. Pensamiento extraño, pero me encanta como narras las pesadillas :''). Y curioso, ¿para qué querrá el Galimatazo a Anita? BTW, ¿Anita ya conocía el cuento de Hansel y Gretel desde la Inglaterra de los años 20 o es por sus recuerdos de la DC? 

      Bueno, Rumple no se puede quejar en el 1x02, no especifico más que un corazón preciado para la maldición... 

      Oh, las parejas LGTB, Bueno, aun no creo que estén totalmente fijas, i mean, puede que incluso ninguno de estos personajes terminen juntos XD, quien sabe por dónde los lleves, pero el #Tinknita lo vale, que me encontré ese vid de Hiro y Hans por la posibilidad de que ya existiera ese ship XD. BTW, August en modo instigoso es *AJSHJSHJAHJAHJHJSDSDKDSJFS*. No sé, el coqueteo de August me puede XD. 

      Ay, estas tres. Me encanta el pique entre Cruella  y Regina. Sabes, me recuerda un poco cuando intento discutirte algo en el chat y me salen rana XD. BTW, genial la recreación de las escenas de la peli :''').  

      Buah, la Baronesa lo poco que sale se roba el fic. Mantecao el héroe de corazón puro, protector de Bosque Encantado y salvador de princesas moribundas :''D. Me parto con la aparición de los dos. 

      Veamos, remontándonos a esos tiempos en la casona. La historia de Mercy es muy ENTP, no por los hechos en sí, si no por la idea, la idea de que una sola cosa en un día te pueda hacer cambiar, algo sencillo y hasta rutinario. I know, esta mujer tenía problemas desde hace mucho. Pero el concepto es muuuuuy ENTP/Joker. Y me encanta.  

      BTW, ay, lo del bizcocho. Esas cosas no pasan con Mantecao... 

      La escena de los títeres... I see what you did there, solo falto el ''LAILALAILARA''. 

      Respecto a Pan, me gusta nos expliques de su familia, aunque no esperaba a la ciega como una nueva integrante de la enredadera genealógica de Henry, Supongo fue raro verlo de criatura inocente, pero me dio mucha ternura el imaginándose de príncipe. También que profundizaras en el ''''''''despecho'''''''' que le vino con la desaparición de Fiona y su hijo no-salvador. 

      Y bueno, resumiendo. Desde el primer fic disfruto y sigo disfrutando de la forma en que narras y enlazas esto. La backstory de la ciega ha sido correcta, y cumplió perfectamente con lo que nos decías que esperáramos de esta, los huecos que se llenaron con la trama de Blanca bandida están perfectos, más de la vida de Malcom, las primeras ideas de las parejas LGTB, entre otras cosas, ya uno siente que corresponden a una índole clara, que transmite cierta paz y calma aun cuando lees el destino de un niño que es comido XD. 

      Y creo eso es todo. 

      Saludos! : ) 

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    2. Jajajaja, ya veo que debí haber avisado de lo de William. Yo quise poner algo más de información sobre lo que pasa ahí, pero no me gusta que el narrador hable más de lo necesario y a Regina en ningún momento le surgió el tema con nadie. No quería vómito de plot.

      ¿Insinuas que Sidney es ISFJ? XD.

      El Galimatazo no quiere a Anita para nada, simplemente fue la primera que pasó cerca suyo xD. Conoce el cuento desde los Eternos Años 20.

      Jajaja, #Tinkanita #Augence? #Teragust? #Pixinocchio? La química de August y Terence/ Christie es que salta de las letras, creo yo. Y los imagino y también les veo un montón de química.
      Tink y Anita me recuerdan a las escenas de ella con Día :S

      Oh, mi pobre Mantecao, que no puede discutirme xD. La próxima vez A LO MEJOR te dejo.

      #ENTP confirmed.

      A ver, inocente inocente... Malcolm estaba un poco empanao, pero mira como mata (sí, la mataron) a la buhonera por las manzanas.

      Y menos mal que la review era corta, que tengo poquísimas ganas de seguir respondiendo xD.

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  5. Otro fic oh yeah!! Gracias

    peter 👏💖💖

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  6. Hola campeón, ¿cómo andás? Me re colgué para variar, porque lo leí el lunes, el martes leí de forma inédita a mi escritora favorita y ayer estuve con ella. Un montón de plot twists te digo, y tus escenas bárbaras.

    Bueno me dejo de propaganda y empiezo:

    Estuvo muy buena la idea original de explicar uno de los misterios más grandes de la serie que era el intercabio de hechizos. En el capítulo de Regina joven con Maléfica yo me confundí y pensé que había sido ahí. Pero bueno, acá tiene mucho sentido el espacio temporal, y estuvieron re bien escritas tanto la escena de Regina con Rumple como con Maléfica cuando hacen el cambio. Una masa esos dos momentos.

    La peli de Blancanieves creo que la vi sólo una o dos veces de chico, y de grande la vi muchísimas, era obvio que Lau se iba a volver loca con esas escenas porque las ama a ésta y a la Sirenita. A mí también me gustaron bastante, sobretodo me impresionó el sentido con el que todo encajaba.

    Pero al contrario, a mí me gustó más la historia de Peter con el hermano y la madre. Medio mala porque sí la madre, sin historia propia, pero igual me encantó porque jamás me hubiera esperado que la ciega fuera de la familia de Rumple y Henry, y porque el trasfondo de Peter es genial.

    Lo que sí, una cosita, máster: el nombre Rumplestilsin creo que significa "tullido", y Peter le puso ese nombre al hijo por desprecio. ¿Por qué le pusieron ese nombre al otro Rumple en primer lugar jaja, si salvo la madrastra la familia lo quería?

    Extrañaba ver regulares en tu serie así que qué bueno que Regina y Blanca hayan aparecido tanto. Sobre Storybrooke, para mí es obvio que se tienen ganas Pinocho y Terence pero como Pinocho se queda con Bella debe ser un simple acostón y listo. Campa y Anita no creo que sean ellas porque sería repetitivo que en las dos parejas gay haya un hado o hada. Bah, un duende jaja.

    Y bueno, a Lau le gustó más lo de Regina y a mí lo de Peter, pero estamos de acuerdo en que éste junto con el anterior son los dos mejores. Seguí así.

    ¡Un abrazo gigante y disfrutá tu viaje!

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    1. ¡Hola, Maxi! Como ves, para este fic no había prisa, que yo me fui y esta semana... esta semana ha sido extraña, una mezcla de trabajo acumulado y descanso.

      Yo estoy seguro que lo del intercambio de hechizos fue olvidado del todo en la serie. No es normal, porque era un gran misterio y nos salen con tonterías como el 4x14 o la no canon Regina Rising. Había que hacer justicia a eso... y a otros PH. Cuando empecé con estos, había muchos que quería tapar, pero, claro, uno tiene que tener la idea. Esta vino de la nada y el fic fue improvisado al 100% xD.

      No es que la madre sea mala porque sí ni tenga historia, es que ella no era nadie, sólo una mujer enferma de los nervios que pasaba hambre, tenía que aguantar a dos niños (siendo que uno no era suyo y suponía un peligro al tener preferencia al heredar sobre ella) y el marido, pues ya ves, además de inútil, ausente. Esa era "la gracia", que el nacimiento de la bruja ciega viene de una mujer corriente, que como ella hay muchísimas en nuestro mundo.

      Lo del nombre, más que tullido, exactamente significa ruidoso y molesto, pero en alemán también tendría las connotaciones del "ruido de la alegria", como jolgorio, o danza (en el cuento, Rumpel canta su nombre mientras baila). Así que el nombre también tendría algo "positivo", que es lo que cuentan Rumpel y el tío en la escena del cementerio, que se lo pusieron porque traería alegría y ruido al hogar, como si fuera un duende.

      Jajajaja, en las dos parejas habría un duende xD. A saber qué les enseña la Blue... xD.

      ¡Muchas gracias! Me alegro mucho de llevar dos seguidos con tan buena racha :)

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  7. Bueno,Peter,he tardado mucho, pero ahí va la review de tu fic.

    Me ha gustado mucho tu fic. Tiene mucha acción,pero lo que mas me gusta es que se han resuelto varias incógnitas de la serie.

    Por ejemplo,como intercambiaron Regina y Maléfica las maldiciones. Y porque Rumple se llevo el bebé de Jack y Jill ( por cierto,que pena me ha dado esa escena). Por cierto,una duda,Jack se mata al caer de la colina?. No me digas que Rumple resucita a los muertos,please XD. Prefiero pensar que estaba muy grave,y Rumple lo curo.

    Tambien se explica porque Regina decidió no usar el hechizo oscuro de Rumple cuando este se lo dio.

    Todo tenia mucho sentido,y estaba muy hilado con lo que se ha visto en la serie.

    La historia de Malcolm de niño es muy oscura,pero me gusta. Explica porque se volvió así. Y la madre, menudo bicho. Y pobre Rumple,esta claro que los Rumple en ouat no acaban bien xD.

    En cuanto a SB,las escenas del hospital han estado muy bien. La pobre Anita me da pena,siempre atormentada. Y Tink la cotilla, Jajaja, es genial xD.

    Y la escena final de Alva,de lo mejor del fic. Tenia unas ganas de verle hacer algo por fin...aunque bueno,es a escondidas,y Maléfica pagara el pato,pero aun así, no me esperaba que estuviera transformado en Maléfica,es un buen detalle. Como Cora cuando fingio matar a Archie,disfrazada de Regina.

    En fin,un fic muy bueno,que se me ha hecho muy ameno y coherente.

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  8. Bueno, Peter, Peter, Peter... ¿Qué decirte?

    Otra de tus historias largas, largas, largas, muy bien hiladas, con todo el peso de su suspense y su gore que me dejan exhausta... así que para cuando llega la hora de la review, casi no me quedan energías XD

    Woha, vaya montaña rusa. ¿Es un sueño lo de Anita? tiene todo el aire de la pesadilla. Muy, muy bueno. Y me estoy imaginando a Regina diciendo: ¿Cómo era esa pesada de la que Cruella no paraba de hablar, comía oreja como loco? ¡Ah, ya sé!

    Qué detalle lo del cofrecito, me encanta. Aunque no deje de pensar en el pollo rostizado del supuesto corazón de la Black en el 6x19. El canon estropea toda la diversión XD

    Regina y Rumple hablando de My Handsome Hero XD Te han salido muy bien los dos.

    "El trato a las vacas en las granjas" I see what you did there

    La autoestima de Campanilla es descacharrante.

    Pobre Regina, todos juegan con ella, mi pobre ENFJ desesperada actuando como ENFP rabiosa...

    Ha aparecido Mantecao el héroe y la media baronesa. ¿Es en Bear the Link Boys en que me entero por qué media baronesa y no baronesa entera?

    Entre tanto Gideon y tanto Rumple de diferentes generaciones... yo ya tengo un cuete monumental.

    "Los hombres de nuestra familia jamás fracasan" I see what you did there 2.0

    Madre mía, qué horrible la historia del bizcocho. Como odio esas cosas de la infancia. Y después tenía que caer la historia de la muerte de Rumple senior y cómo dejo ciega a Mercy y demás. Casi vomito. Vas a lograr que pase de la no preferencia por los varoncitos a la fobia absoluta. Pero aplaudo de pie el ingenio de la historia. Un personaje más cuya backstory está vinculada a la de Rumple. Rumple es el centro del EF XD

    Interesante Maléfica vestida de Alva vestido de Maléfica... casi XD

    ¡Nos vemos en Bear the Link-Boys!

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