domingo, 30 de abril de 2017

James Untold Story - The Lion And The Roses



Nuestro seguidor Peter Pan nos trae una nueva entrega de las historias no contadas, esta vez dedicada a esclarecer los orígenes del arrogante y egoísta hermano de David, el Príncipe James.


Anteriormente, en Érase Una Vez…

DAVID: ¡Asesinaste a mi padre!

GEORGE: En realidad, yo ordené que lo mataran.


GARFIO: Los muertos no cantan… [Apuñala a ROBERT].


CHARMING: ¿Un hermano gemelo? ¿Y se lo entregasteis a ese hombre?


ROBERT: Tu padre te quiere muchísimo.

RUTH: Oh, mi niño…

RUMPELSTILTSKIN: Este trato no será revelado. Desde este momento, no es vuestro hijo.


CHARMING: ¿Conocíais bien a mi hermano el príncipe?

SOLDADO: El hombre más valiente que he visto.


CORA: Enjúgate esas lágrimas, pues ahora vas a ser reina.


CAMPANILLA: Es tu oportunidad de amar y ser feliz.

REGINA: ¿Es aquel?

[Huye de la taberna].


REGINA: No voy a convertir a esa niña en una mártir para que su pueblo la venere. […] Estos miserables descubrirán por fin la verdad: que estoy llamada a ser su reina.



El Bosque Encantado

Hace 60 Años


Dos vidas se abrían paso entre las piernas de su temblorosa víctima.

El aullido del viento quedaba eclipsado por otro aún más feroz, más ronco y gutural.

Eran esas vidas gimiendo, pugnando por atravesar entrañas y abrir los huesos de la madre, una joven, casi una niña, que llevaba en su vientre el fruto de su amor.

Las duras manos de Ruth, acostumbradas a la tierra y al trabajo, se aferraban como garras a la áspera sábana del camastro donde se paría a los hijos oscuros y sin apellido, que eran los nacidos pobres en el Bosque Encantado. Su casucha de piedra, morada de pastores, se calentaba gracias al fuego que crepitaba en el hogar y al aliento del matrimonio, que sufría por no perder la lucha en la que estaban inmerso.

Robert, que atendía a su esposa, anudó un manojo de albahaca en el blanco y firme muslo de la madre en un intento de aliviar los dolores. Su rostro terso, moreno y hermoso, relucía con una húmeda capa de sudor. La frente se fruncía por el esfuerzo de apretar el hinchado y tenso vientre de Ruth. La estancia olía a fluidos corporales, a sangre y orina, y a malva y salvado, utilizados en forma de sahumerio para ablandar las partes de la primeriza. Pero ambos sabían que no había más método para parir que el sufrir. Apretar los dientes y notar cómo los huesos del cuerpo se abrían, como presos del más experto de los verdugos, para dar paso al esqueleto blando y cartilaginoso del bebé.

Así había sido y así sería para damas y campesinas, para nobles y para siervas.

Robert acogió con sus manos la cabecita que se abría paso por entre los muslos de la doliente madre. Sabía que debía aferrar con firmeza, pero sin violencia, cuello y hombros de la criatura. Los cráneos de los recién nacidos eran frágiles.

―Esposa ―quiso alentarla, emocionado―, ya está hecho.

―¿Qué es, Robert? ―se animó a preguntar Ruth en un halo de voz. Estaba agotada.

―Un varón, mi amor.

Ruth suspiró con alivio. Un hombre. Menos mal. Así no pasaría por semejante tormento. Los hombres están hechos para infligir dolor; las mujeres, para soportarlo. Pero el alivio fue momentáneo. Como un latigazo, el padecimiento pasado volvía. Robert andaba ocupado en limpiar las narices del pequeño, en absorber los mocos con su boca y en darle calor. Ese niño era demasiado endeble y raquítico. No lloraba, apenas respiraba. Sus cavilaciones fueron interrumpidas por el grito de auxilio de la madre. La faena no había terminado.

Otra criatura venía en camino.




16 Años Después

En comparación con la magnificencia de otros banquetes del rey Leopold, el ofrecido en memoria de Ser Polonio, chambelán y regidor del norte, finado en el honor de las guerras justas, fue modesto y austero. Aquello complacía a la reina Regina, pues nada le recordaba más lo misérrima que era su vida como un gran salón lleno de nobles que la ignoraban o, para su desgracia, la comparaban con la otrora reina Eva.

«Ella era la mujer más hermosa del lugar ―solían decirle, vanagloriándose por dentro y esbozando sonrisitas hirientes―. Ahora Blancanieves ostenta tal honor».

Recordar tal mantra la hizo asirse con más fuerza al brazo de su padre, que la acompañaba a la Sala Mayor. Le clavó las uñas con tanta saña que le iba a dejar cardenales.

―Templa el ánimo, cariño ―quiso animarla este―. Pronto te librarás del rey y su hija. Mañana por la mañana parte al norte.

―Eso dicen.

Regina no confiaba en ninguna promesa de Leopold y, mucho menos, de Blanca.

―Se marchan ―insistió su padre―. Leopold se lleva la mitad de sus tropas al Palacio Estival. La otra mitad quedará bajo el mando de Ser Laertes para reforzar nuestras aspiraciones en Las Lindes.

El propio Henry le abrió las puertas del salón. Le cedió el paso y la escoltó hasta la mesa principal, al asiento contiguo al del rey. Blancanieves se sentaría al otro lado del mismo, en el lugar del honor. Cuando entró la joven, del brazo de su padre, se detuvo pizpireta junto a Regina para besarla en las mejillas y abrazarla.

Que ganas de abofetearla le entraban… La habría matado allí mismo, delante de toda la corte, desde el estrado en el cual presidían el banquete.

Junto a Blanca se sentó Ser Laertes. Junto a Regina, la joven Ofelia. Eran los hijos de Ser Polonio, el homenajeado. Se llevaban un año, pero parecían mellizos, pues tenían los mismos ojos grandes y acuosos, la misma cabellera castaña que les caía en cascadas de bucles, la misma piel suave, perfecta… Una oportuna cosecha de espinillas les darían una lección de humildad. A Regina le caían tan mal como su hijastra.

Para la cena sólo se sirvieron trece platos. Johanna se había encargado de todos los preparativos; Leopold no encomendaba nunca ninguna tarea a Regina, pues consideraba que no tenía el mismo trato ni la misma buena mano que Eva. Dos juglares entretuvieron a los invitados y los músicos tocaron durante la comida. Había dos laudes, un flautín y una lira. El único bardo que se llevó para cantar fue el conocido como «Bardo Blanco». A Blancanieves le encantaban sus tonadas de amor, cursis y repipis.

Regina la miró, miró a su hijastra, que cuchicheaba y se reía con su padre.

«Es hermosa ―tuvo que reconocer―, pero porque es lozana, joven. Hasta las campesinas son hermosas a los dieciséis años. Sólo un necio diría que ella es más bella que yo, igual que sólo un viejo anclado en el pasado pensaría que el cadáver de su esposa guarda más belleza que mi persona».

Su humor no mejoró cuando Leopold se puso en pie para emprender el brindis. Alzó un cáliz dorado y sonrió a su hijita, amén de a los hijos de Ser Polonio.

―Hoy rendimos homenaje a un gran caballero. A un gran hombre que sirvió al reino y a sus gentes con justicia y equidad. ¡Por Ser Polonio! ―exclamó con voz retumbante.

―¡Por el Rey! ―corearon el resto de los invitados al tiempo que hacían entrechocar las copas―. ¡Por Leopold!

No lo quedó más remedio que beber con los demás y morderse la lengua para no gritarles que también debían brindar «¡por la Reina!».

Se dedicó a pasar el tiempo jugueteando con la comida en el plato. Su padre tampoco probó bocado y se retiró antes de que sacasen la fruta y el queso. De vez en cuando lanzaba alguna mirada recelosa a Blancanieves y la imagen de Daniel llevándose las manos al pecho, muriendo en sus brazos, se hacía vivida de nuevo. Por ello, cuando su hijastra empezó a toser de repente, echándose las manos a la garganta, a la reina Regina se le paró el corazón. No podía creerlo.

―No es nada. Se le ha ido el vino por el otro lado ―dijo Ser Laertes con una sonrisa.

«Demasiado bueno para ser cierto» pensó Regina, cuya paciencia ya estaba colmada.

―¿Majestad? ―dijo la joven Ofelia, llamando su atención―. ¿Me querríais acompañar al jardín? Necesito algo de aire fresco. Aquí el aire está tan viciado que me lloran los ojos.

―Con mucho gusto ―le contestó con tono seco.

La muchacha se prendió de su brazo. A Regina le pareció tan cándida e inocente como una víbora.

―Majestad… ¿Me permitiríais una pregunta… delicada?

―¿Es eso un ruego?

―Nada más lejos… ―Ofelia se hacía la tonta. Regina conocía el juego―. Quería validar los consejos de mi hermano acerca de un pretendiente.

―¿Un pretendido príncipe?

―Un príncipe pretensioso.

Algo había llegado a oídos de la reina. Por todos era sabido que James, hijo del rey George, bebía los vientos por la hija de Ser Polonio.

―Soy toda oídos ―la instó Regina en cuanto llegaron al manzano del jardín de su infancia.

―Mi hermano afirma que sus frívolos obsequios son capricho ardoroso, perfume y deleite de un minuto, nada más.

―Ten en cuenta, querida, que el príncipe no tiene voluntad propia. Si dice que te ama, será prudencia en ti no darle crédito, sino hasta donde él pueda, dentro de su linaje y función, cumplir lo que promete. Mírame a mí: mi esposo es mi Rey y mi Rey es mi esposo.

Regina tomó una manzana podrida del árbol. No quería que enfermase.

―Es sólo que creo que mi hermano hace como aquellos predicadores inexorables que difaman lo áspero y espinoso, mas luego, jactanciosos y procaces libertinos, arrasan la senda de los placeres y olvidan su propia doctrina.

―Las mujeres somos como esta manzana, Ofelia ―quiso explicarle Regina―. El gusano nos roe aún antes de entreabrir los capullos. Sé, pues, precavida. Puede que James no te haga feliz.

La joven se echó a reír. La reina no entendía a qué su guasa repentina.

―Feliz no sé si me haría… Mas me deja extasiada.

A Regina se le congeló la sonrisa. Parecía como si las comisuras se le fueran a romper.

―¿Cómo dices?

―Ocurrió antes de que mi padre nos trajera como pupilos del rey Leopold. Me gustó y, ¿qué podía esperar? James es bello como una rosa y audaz cual león.

―Nunca pensé que los rumores de la corte se quedasen cortos ―dijo Regina, que no podía creer tanta desfachatez―. Había oído que James te ha dedicado algunos ratos en privado y que tú le has admitido con mucha complacencia y liberalidad… Mas si esto que me cuentas es cierto, debo decirte, Ofelia, querida, que no tienes un concepto tan limpio como conviene a un doncella mía y a tu decoro. ¿Qué hay entre vosotros, pues?

―Desde hace algún tiempo, Majestad, me ha hecho mil protestas de su afección por mí.

―¡Afección! ¡Bah! ¿Y crees tú en sus protestas, como tú las llamas? Todo eso no son más que lazos para coger chochas. Yo que tú pondría precio más alto al coloquio, al menos algo más que lo que valga una insinuación. De James sólo debes creer que es joven y que tiene más rienda suelta para andar que tú.

―Cuando Laertes marche con el rey, ¿me permitiréis vos ir a verlo, pasar unos días en el castillo de George?

Era meridiano que la muchacha no había prestado atención a una sola de sus palabras. Regina la miró, aún con la sonrisa helada en sus labios, y luego se quedó embobada con la manzana ennegrecida que tenía en sus manos, esa que presagiaba el sino de Ofelia.

―Sea.

La muchacha la abrazó y la besó en las mejillas.

―Vuestra Majestad es muy bondadosa ―dijo loca de contenta―. Y muy bella.

Regina sonrió y le volvió a ofrecer el brazo. Juntas regresaron a la Sala Mayor.


―¡Por Elsinor!

―¡SIEMPRE OS ENDONTRAREMOS!

Los picheles de peltre entrechocaron con las copas de barro y los cálices de hierro. Los hombres bebieron y el alcohol, una noche más, reinó sobre todos ellos.

El salón principal del castillo del rey George estaba a rebosar; caballeros, soldados y ganapanes se ufanaban apretujados en las cuatro largas mesas dispuestas para la celebración, que era un puro capricho del príncipe James, quien, desde el estrado, alzaba su copa de vino (endulzado con mucho azúcar) hacia sus súbditos, sonriente, feliz, creyendo congraciarse con ellos. Pero su padre, sentado a su lado, sabía muy bien que aquellos hombres no lo aclamaban a él, que todo era teatro para conseguir más vino y más comida. Y su semblante de disgusto era ignorando por su hijo, por supuesto, porque este ignoraba demasiadas cosas.

―¡Por el león y las siete rosas! ―bramó Rosencrantz, un duque venido a menos al que el rey George no podía ni ver.

Entonces, James se levantó y, con toda la pomposidad del mundo, dijo:

―El león ruge y saca sus garras, su fuego interno, para defendernos de nuestros enemigos y del crudo invierno. Mas los hombres mueren y la primavera siempre acaba abriéndose paso. Es cuando las rosas florecen una vez más, siempre fuertes.

Aquello colmó la paciencia de George que, aún con su falsa sonrisa, se acercó al oído de su hijo.

―Una pena que sólo memorices nuestro Pentamerón para lo que te interese.

―¿Ya estamos, padre? ¿Ya estamos otra vez?

James era altanero y seña de ello era la expresión burlona de su boca, que afeaba su principesco semblante.

―No eres más que un populista ―le dijo apretándole la mano a su hijo―. Ese es un truco estúpido: el populismo. ¿Has olvidado que estamos perdiendo los territorios que Leopold nos disputa en Las Lindes? Estamos solos sin las huestes del hijo de Xavier y las de Stefan. Deberías dejarte de farsas al son del laúd y empuñar una espada, igual que hacía yo a tu edad.

―El difunto príncipe Día era una niña tullida y bien que se le considera mártir ―se defendió James, intentando soltarse de su padre.

―El difunto príncipe Día no sabía luchar en batalla, cierto, mas sabía luchar en la diplomacia; se ganó a su pueblo y era humilde y sencillo sin caer en populismos. Tú, en cambio, con ese pretexto de «haz el amor y no la guerra», te vuelves más ególatra y derrochador cada día.

―¿De nuevo vais a decirme que otro es mejor que yo, padre?

James consiguió retirar la mano. Quiso mirar a George con dureza, pero no pudo mantenerse firme mucho tiempo. Los ojos de su padre, fríos y amorales, le daban pavor. Le hacían recordar a las aguas heladas del norte, donde habitaba el leviatán, donde morían los marines y donde murió su madre. Sí. Y cuando miraba a su padre a los ojos, creía verla a ella ahogándose en ellos.

―De nuevo apelo a tu madurez y a tu deber. Tienes casi dieciséis años y sigues igual que a lo seis: no quieres ser caballero, no te interesa la política, no estudias… Te pasas el día haraganeando con tu primo. Si no fuera por el qué dirían… ―George se mordió la lengua―. Ahora mismo me marcharía de esta vergüenza de bacanal.

―Vos sois el rey, no yo.

―Tú serás rey algún día.

―Mas nadie me ha preguntado si quiero serlo.

George perdía la paciencia. Había optado por aferrarse al tenedor en lugar de marcar la mano de su hijo de nuevo.

―¿Qué quieres ser, pues? Por ventura naciste entre algodones. Por ventura tienes y tendrás cuanto desees. Mas todo conlleva un precio. La grandeza se paga con el odio de algunos. Los privilegios se pagan con trabajo duro.

―Esta va camino de ser una de las conversaciones más tediosas que jamás he tenido ―dijo James, sin siquiera mirar ya a su padre ni a los cortesanos, agachando la cabeza. Empezaba a sentirse avergonzado.

―Ni eres un príncipe ni eres digno de ser mi hijo. Eres una avestruz. El príncipe avestruz ―rio con malicia George―. ¡Brindo por ti!

Fue una suerte que el jolgorio de los invitados fuese tal que nadie oyó el golpe que James daba en la mesa. Aunque todos fueron testigos de cómo arrojaba una servilleta a su padre y se marchaba, seguido al momento por su primo Horacio, siempre tras él.


Sentía como un león durmiente despertando en él, deseando desgarrar a su padre con uñas y dientes. Rabia, rabia y más rabia. ¿Cómo podía ser así? ¿Cómo podía siempre culparlo de todo? Ya desde pequeño había intentado complacerlo, aprender de él, pero las cosas que hacía… Lo que significaba ser armado caballero, el entrenamiento, la vida en los barracones… James no estaba hecho para eso. No entendía el motivo de tantas ambiciones y afrentas. Aún recordaba la primera vez que asistió a una decapitación, con cinco años, y la forma en la que la guillotina había cortado la cabeza de un desertor con un golpe firme y limpio que, para su horror, no evitó que la sangre chorrease a borbotones por todos lados. Y esa imagen, la de la sangre, roja como lo más rojo que podía recordar, lo perseguía, lo hipnotizaba. Sangre, sangre y sangre. Eso era todo lo que veía al pensar en sí mismo como príncipe, caballero, guerrero o lo que demonios quisiesen hacer de él. Y todos estos pesares eran los que le habría encantado compartir con su padre, pero los años y la pérdida de su madre, que era reina antes que nada, así como la exigencia de la excelencia y la obtención de la mediocridad, los separaban cada vez más. Y si no podía confiar en su padre, ¿quién le quedaba? Nadie. O, al menos, nadie que no cobrase. Por unas monedas, las mujeres de las casas de placer fingían que él les importaba. Eso bastaba. No podría desmontar jinetes con su lanza, pero podía desmontar otras cosas.

Y pese a todo, por mucho que intentase justificarse también por su dejadez en los estudios, en lo teórico y en lo político, por mucho que intentase en vano culpar también a su padre (que algo de culpa tendría, qué diantre, diría James), la desidia del príncipe era sólo eso, vaguedad, procrastinación.

Al menos tenía a Horacio, que siempre lo apoyaba. Sí. Ahí lo tenía, a su lado o a su espalda, siempre defendiéndolo. Él conseguía mitigar un poco ese dolor que su padre le provocaba en el corazón, que, como en ese preciso momento, llegaba a sentir frío, helado y roto en mil pedazos; supurándole entonces una herida en el alma.

Horacio le curaba esa herida.

Y él no necesitaba a nadie más.


Los bosques se susurraban amenazantes alrededor del camino, bajo un cielo ceniciento, acunando al príncipe James y a su escudero y primo, un paliducho con ojos tan grandes y azules como el mar Sinfín. Volvían de su última noche en una casa de placer, cabizbajos, algo distantes. James parecía estar más dolido con su padre y consigo mismo que nunca. Por mucho que Horacio había tratado de animarle en la taberna, no pudo sacarle más que tímidas sonrisas de compromiso.

―Eres la envidia de todos, James, cualquiera se cambiaría por ti ―le había dicho―. Todas las chicas imploran tu amor, eres el más vivo, el más pillo y no hay otro más bueno en el reino.

Pero ni por esas. Claro que Horacio tampoco era alguien que se diese por vencido y pensaba que, tras una noche con ambas cabezas calientes y desfogadas, James estaría de mejor humor. Así que se decidió a sacarle cualquier conversación:

―Y dime, primo, esa amiguita con la que has estado, ¿se parecía a Ofelia?

James se hizo el remolón, prueba de que estaba de mejor humor, y acabó contestándole.

―¿A Ofelia dices? ¿A Ofelia la de Ser Polonio? ―Ahí estaba ese gesto burlón que hacía con la boca. Lo afeaba más la estatua erigida en honor a su padre cuando recibía las cagadas de pájaro en la calva.

―Otra no conozco.

―Mas yo no lo puedo saber, querido primo.

―¿Y bien? ―insistió Horacio.

―¿Tanta curiosidad tienes?

―Quiero saber si siempre son todas iguales.

―Es que, en verdad, todas son iguales.

A Horacio no le gustaba el James burlón ni reconocer que su primo era cambiante como una primavera. Su humor no conocía la templanza más que si la apaciguaba una mujer; de lo contrario, era capaz de pasar de la desgana al narcisismo en un segundo. Su padre, hermano de George y duque que combatía en Las Lindes, decía siempre a James le faltaban un par de hervores.

Se quedaron en silencio y así prosiguieron, viendo como el camino empezaba a llenarse de hoyos. Lo estaban empedrando como parte de un acuerdo con el reino vecino y para las obras era necesario rebajar el nivel del terreno. Durante todo ese trecho olía a tierra, a pureza y a bicho muerto.

Y quizás fueron los avatares del destino, quizás fue pura casualidad; pero a James le dio por escarbar, por recoger un puñado de esa esencia tan terrenal. Así encontró, de pronto en sus manos, una moneda. Era de estaño y tenía un agujero en el centro, lo cual significaba que ya no estaba en circulación.

―¡Jijiji! Justo cuando me dirigía a pedir dinero al banco.

James y Horacio se giraron sobresaltados al oír aquella agudísima voz a sus espaldas. Una suerte de gnomo con escamas había aparecido de la nada y les aplaudía de forma amanerada.

―¡Atrás! ―Horacio desenvainó su espada, pero esta se derritió, ¡se hizo agua en sus manos! Los primos no lo podían creer―. ¡¿Qué eres tú?! ―bramó el joven, intentando retener algo de coraje.

―¿Qué, qué, qué? ―rio aquel ser―. Yo no soy un qué, que-rido. Soy sólo un mago y un coleccionista de… De diversos objetos curiosos. Como esa moneda, jijiji.

―¿Esta moneda? ―se extrañó James, que no estaba menos asustado que su primo.

―E-sa-mo-ne-da ―repitió el supuesto mago muy despacito.

―Ya sé quién sois ―dijo Horacio―. He oído historias sobre vos, Rumpelstiltskin.

―Y yo sobre ti y tu padre, el duque de Las Lindes; aunque no me gusta acercarme a vuestro castillo. Todavía huele a quemado.

Rumpelstiltskin no dejaba de moverse, lánguido, intrigante, hipnotizante.

―¿Qué tiene de especial esta moneda? ―inquirió James, curioso. ¿Sería algún tipo de instrumento mágico? ¿Algún tipo de fuente de fortuna? Quizás pudiera escapar y, con ese poder, mantener sus riquezas.

―Bueno, es complicado, querido ―dijo Rumpelstiltskin, acercándose poco a poco y sonriendo, mostrándole así unos dientes afilados, irregulares y amarillos como sus ojos, que eran grandes como dos huevos―. ¡Hay objetos que rezuman la magia de la emoción! ―chilló―. Esa monedita, por ejemplo. La vi hace muchos años, sentí su poder y… Ahora que la has encontrado… ¿Me la «daz», por favor? ―Quiso hacer una gracia imitando a un niño, pero nadie se rio, salvo él, claro.

―¿Y por qué habría de dártela? ―saltó Horacio―. Si es mágica, nos la quedamos.

Rumpelstiltskin desapareció, pero al momento estaba detrás de Horacio, susurrándole al oído:

―Pero la magia siempre conlleva un precio, querido…

Y de nuevo se apareció ante James.

―Un precio… ―murmuró este―. La magia tiene un precio…

―Sí, eso acabo de decir. Dadme la moneda para que os libre de los intereses.

―Un precio ―repitió James. Se le había ocurrido algo―. Tuya será esta moneda, mas quiero algo a cambio.

―¡No, James!

―¡Eres muy peleón! ―quiso hacerse oír Rumpelstiltskin por encima de Horacio―. ¡Me gusta! Mas… No te gustará a ti a donde te llevarán tales ínfulas.

―Si eres un mago, podrás ver el futuro, ¿no? Dinos el nuestro.

―¡No! ¡Yo no quiero oír nada que salga de su boca! ―gritó Horacio―. James, escúchame…

―¡Te coronarán! ―lo cortó Rumpelstiltskin, sellando el trato antes de que James pudiera echarse atrás―. Te nombrarán príncipe y lucirás el oro sobre tu cabeza. Mas llegará otro, señalado como tu igual, que tendrá muchísima más nobleza que tú. Y así, el mismo oro que se usó para tu corona, se usará para tu mortaja.

James se quedó helado.

―¡Maldito seáis! ―chilló Horacio, abalanzándose sobre Rumpelstiltskin, que se desvaneció envuelto en humo oscuro.

―En cuanto a tu primo ―se oyó su voz en el viento―, jamás conseguirá el amor de aquella persona a la que él idolatra y, por mucho que decida no contar su historia, algún día saldrá a la luz, jijiji.

Horacio comenzó a maldecir a nadie en concreto, mientras James seguía allí, sin reaccionar, sólo pensando en lo que le había dicho aquel extraño mago. ¿Morir? ¿Él? ¿Ya?

Y ninguno de los dos se percató de que la moneda había desaparecido con el bueno de Rumpel. No era para más, pues el diablillo consiguió justo lo que se proponía, lo que entraba en su orquestada conjura.

Ser sabedor de su sino cambió a James. Mucho. El muchacho se sumió en la apatía y la paranoia; «cualquier igual podría tratar de matarme». Acostado en su cama, a oscuras, ignoró el correr de los días, el volar del tiempo y las lluvias de sangre que caían en el frente de Las Lindes.

Lo que comenzó como una estúpida disputa por el reparto de plata de las minas que allí había, degeneró en una lucha encarnizada entre la nobleza de Elsinor y la del reino de Leopold. Pero James ni leía los pasquines que le traían las palomas. No le importaba. Lo único que rondaba su mente era la muerte, con su guadaña afilada y sus manos sin carne aferrándose a su cuello, ahogándolo, dejando que su cuerpo, su cara bonita y sus ganas de vivir fueran devorados por los gusanos.

Ni siquiera una visita de Ofelia, que pudo ir a verle por año nuevo, con un permiso especial del rey y acompañada de la reina Regina, consiguió sacarle de tamaña desgana. Es más, su extraño proceder no hizo sino asustar a la muchacha sobremanera. Y es que, en realidad, para James, Ofelia no fue más que un capricho pasajero, un trofeo más como tantos otros.

Él fue a su encuentro con el jubón desceñido, sucias las medias, sin ligas y cayendo sobre el tobillo a modo de grilletes; pálido como su camisa, chocando una contra sus rodillas y con tan doliente expresión en el semblante como si hubiera escapado del Inframundo para contar horrores. Lo cual, era su destino.

No dijo nada a la muchacha. La cogió de la muñeca, apretándola con fuerza, y con la otra mano puesta sobre su frente, escudriñó el rostro de la joven con tanta atención como si quisiera retratarlo. Permaneció así largo tiempo, hasta que, zarandeándola, James exhaló un suspiro tan profundo y doloroso que pareció deshacerse en pedazos con todo su ser. Hecho eso, la dejó; y con la cabeza vuelta hacia atrás pareció hallar su camino, sin valerse de los ojos, pues se alejó por la puerta sin servirse de ellos y hasta el último instante tuvo su lumbre fija en Ofelia.


―¡No me importa cómo se encuentre mi hijo, Horacio, quiero que venga de inmediato!

El cuadro en el salón del trono no podía ser más tremendista:

El rey George iba de un lado para otro, echando obscenas miradas a los dos cuerpos que le habían llevado; dos hombres jóvenes, fuertes, apuñalados en el vientre.

Regina, algo impresionada (o eso intentaba parecer), reposaba junto a su doncella, Ofelia, que la asistía.

Mientras que siete hombres se mantenían cabizbajos u orgullosos, dependiendo de a cual se mirase, bajo la vigilancia de la guardia, que los acorralaba con sus lanzas.

Horacio no tardó en traer a un demacrado James, que no entendía qué papel le iba a tocar representar en la pequeña función que le había preparado su padre.

―Los primos de la difunta reina Eva. Capturados por nuestras huestes y asesinados en las mazmorras ―explicó George―. La reina Regina venía en misión diplomática, no sólo para buscar la paz, sino para negociar la liberación de estos hombres.

James parecía hacer oídos sordos a las palabras de su padre. Se había quedado mirando a los dos muertos, pensando en si él se vería igual que ellos cuando aquel más noble que él acabase con su vida. Y esos ojos… Esos ojos ciegos, añiles, que veían sin ver… Esos ojos eran imposibles de mirar, pero, a la vez, imposibles rehuir.

―¡Siete hombres! ―exclamó George indignado―. ¡Siete de nuestros más valerosos hombres se han rebajado a matarlos cuando estaban encerrados e indefensos!

―¡ELLOS MATARON A NUESTROS HIJOS EN LA GUERRA! ―chilló uno de los soldados apresados.

―¡La guerra es la guerra! ―le contestó George, que se acercó hasta él y lo abofeteó como si fuera un crío―. ¡En la guerra todo vale! Pero una vez uno vuelve al mundo civilizado, hay leyes que respetar.

Regina miraba al suelo, no a los cuerpos, intentando no llamar la atención, no parecer complacida en absoluto. Pero estaba de lo más contenta, para qué engañarse.

Ofelia miraba a James con una mezcla de preocupación y cálculo. No le quitaba ojo.

―¿Qué falta os hago aquí, padre? ―preguntó este al fin―. Vos sois el que sabe de la guerra y las leyes, no yo.

George lo cogió por el cuello de la camisa y lo arrastró hasta los cuerpos.

―Tú dictarás la sentencia para estos hombres.

Horacio quiso protestar, pero una mirada del rey lo hizo callar. James se mantenía impasible.

―¿Yo? ―miró a la reina, se saltó a Ofelia y pasó a Horacio, que se veía tan triste como él. Luego miró a sus hombres.

―¿Y bien? ―apremió George.

Regina se mordió le labio, nerviosa. Ofelia le apretaba el hombro tan fuerte a su señora que se dejaba las uñas en su piel. Horacio negaba con la cabeza de forma imperceptible.

―Cortadles la cabeza a todos ―musitó James, sin siquiera mirar a los prisioneros.

―¡NO! ―chilló uno de ellos―. ¡YO SÓLO MONTABA GUARDIA! ¡YO SÓLO VIGILABA LAS MAZMORRAS!

―Pues que te maten el último para que vigiles la ejecución del resto ―añadió James, que seguía sin mirar a nadie.

Luego, igual de cabizbajo y desganado, fue hasta el trono, como quien iba al patíbulo, y se dejó caer en él.

George se debatía entre el orgullo y la preocupación.

―Quien da la sentencia debe ejecutarla ―le dijo a su hijo.

―¿Habéis cortado todas las cabezas demandadas a lo largo de vuestra vida, padre? Porque yo creo que no.

―No siempre he tenido ese gusto.

James buscó los ojos de su padre sólo un instante; esos hoyos fríos y hostiles. En seguida tuvo que volver a mirar al suelo, algo más triste que antes.

―Nunca será un gusto para mí.

E, igual que había llegado, como alma en pena que arrastra cadenas y pecados, se marchó, negándose incluso a que Horacio lo siguiera. 


Fue un día gris, frío y húmedo. Nevó toda la mañana y los nubarrones no se despejaron en ningún momento. Ante un clima tan adverso, Regina y su pequeña señora estuvieron recluidas y aburridas en la torre este, donde se alojaban. Desde allí podían ver el lago, de aguas revueltas, helándose poco a poco. Cuando cayó la noche, el rey George fue a visitarlas.

―Han llegado noticias del frente. El ejército de vuestro esposo ha ganado, Regina.

―Es maravilloso ―le dijo, tomando al rey de las manos y besándolo en las mejillas―. Lo siento por vuestra parte, Majestad, mas ahora nuestros reinos podrán ser aliados y trabajar unidos.

―Sabéis que, si no fuera por las leyes de la hospitalidad, debería de tomaros como prisioneras, ¿no?

―Mas no lo haréis porque, ante todo, sois un hombre de honor. Aunque es bien sabido que tal cualidad nunca da de comer a nadie.

―¿Se sabe algo de mi hermano, de Laertes? ―quiso saber Ofelia.

―Parece que está herido y se teme por su vida, pero no se entra en más detalles ―respondió George, tendiéndole la misiva―. Ha perdido mucha sangre, dicen, y parte del rostro.

Ofelia no pudo evitar las lágrimas. Regina pidió intimidad al rey.

―Querida, querida… ―trató de consolarla, abrazándola―. No te preocupes.

―Primero James pierde la cabeza, ahora mi hermano se muere… ¿Qué clase de maldición es esta?

Regina la llevó hasta la cama y se sentó allí con ella.

―Eh, tranquila. ―Le enjugó las lágrimas―. Recuerda por lo que estamos aquí: para que James te proponga matrimonio.

―Y nada me gustaría más que tener éxito, mas mirad cómo se comporta. Parece que ya no le intereso.

―Porque, ciertamente, nunca le interesaste.

―He tratado de seducirlo igual que las otras veces, mas cualquier cosa que haga es una quimera.

Regina se quedó en silencio, mirando a la nada, pensando en ella, en su matrimonio con Leopold, en cómo había sido arreglado, en cómo él ni siquiera la había tocado ni tampoco besado… Ofelia, en cambio, aunque fuera por interés, iba a tener a un esposo de su edad y bien parecido… Bueno, en realidad, no iba a tener a nadie.

―Es una pena que seáis tan bella y tan… Inane ―le susurró, tomándola del cuello.

―¿Cómo?

Pero la había cogido desprevenida. Con la guardia baja.

Regina las transportó hacia la más alta torre, hacia el balcón.

―¡¿Qué ha pasado?! ―chilló Ofelia, que no entendía lo que ocurría.

―Magia, querida, magia.

Y la hizo levitar hasta dejarla suspendida sobre el vacío.

―¡MAJESTAD! ―gritó la joven desesperada.

―Tú querías cazar a James para ser reina, mas me temo que la única corona que portarás será la de difuntos.

―¡¿Por qué hacéis esto?! ―Ofelia lloraba y se desgañitaba, pero la magia de Regina hacía que tales esfuerzos quedaran mudos.

―Porque, a diferencia de ti, chiquilla, yo quiero la reina.

Y con un movimiento de muñeca, la hizo girar con violencia hacia su caída.

Desde las murallas, la figura de una mujer empezó a volar con gracia.

Nadie la vio hasta que cayó en las aguas del foso, ya destrozada y muerta, hundiéndose en tumba cenagosa.


Una oportuna carta con la letra de Ofelia culpó de su supuesto suicidio al príncipe James, que primero la deshonró y luego la rechazó. Aunque esto ocurrió así, era Regina la que estaba detrás de todo.

George, por supuesto, montó en cólera y reprendió a su hijo por el comportamiento desvergonzado que llevaba, pero James no hacía más que sumirse cada vez más en el hoyo. ¿Acaso no había querido siempre su padre que fuese fuerte, que no tuviese sentimientos, que tirase cuantos muros hiciesen falta? ¿Qué le importaba Ofelia? Y es que, aunque él negaba cualquier relación con su muerte, pocos le creían en la corte. Claro que Horacio le decía que no se preocupase, que el pueblo llano confiaba en él.

―Quiero que ahora mismo vayas a ver a Regina y le des tus condolencias. Se marcha y debes mostrarle respeto ―le ordenó su padre.

―¿De qué le van a servir mis condolencias y mi respeto? ―inquirió James, sin siquiera mirar a George.

―De nada, mas es tu deber.

―Id vos en mi lugar.

George le cruzó la cara.

―¡Te estoy dando una orden!

James obedeció. Era muy sumiso, ya lo había comprobado con el ajusticiamiento; un rey debía ser fuerte.

«Un hijo de mi sangre protestaría, no se acobardaría».

Fueron al encuentro de Regina, que ya estaba lista para partir. George los dejó solos.

―Quería daros el pésame por la muerte de Ofelia y… ―¿Se lo diría?―. También querría aclararos que yo no tuve nada que ver con eso. Quizás ella estuviera trastornada ―concluyó, encogiéndose de hombros.

Regina sonrió al príncipe con derrochada simpatía y le pidió que se acercara. Ambos se sentaron en la cama.

―Aunque os honra venid a verme, debo ser yo quien lo lamente ―le dijo ella, algo abatida, tomándole la mano.

―¿Vos? No entiendo…

Regina volvió a sonreírle.

―No vigilé a Ofelia… La dejé ir a veros… ―Regina hablaba despacio, dejando que sus mentiras hiciesen efecto―. Y ahora vos cargaréis con la culpa.

―Yo no tengo nada que ver con su muerte, Majestad. Lo sé yo, lo sabe mi primo, lo sabéis vos y lo sabe el pueblo.

Por dentro, Regina sonrió más que nunca.

―Me temo que no estáis al tanto de la realidad, James: el pueblo os culpa de la muerte de Ofelia.

―¿Cómo? ―Era imposible. Horacio no le habría mentido.

―Creen que la usasteis, igual que a otras antes que a ella, y os tienen por la mano que la empujó al foso.

Regina le apretó la mano y se la soltó. Luego puso su palma en el pecho de James, sobre su corazón.

―Nuestros privilegios tienen un precio… Vos ahora pagaréis con el odio de vuestro pueblo.

―¿Por qué? ―James seguía sin reaccionar―. Yo nunca he hecho nada malo. Siempre me he mantenido firme. La única villanía que he cometido fue mandar a esos hombres a la guillotina, mas era porque quería impresionar a mi padre. Ganarme su aprobación.

―Entiendo vuestros sentimientos. ―Aquí Regina no mentía. Ella misma lo había vivido con su propia madre―. Mas a la gente no le importa cuán buena haya sido una persona. Es más, cuanto más pura sea el alma que comete el delito, más se ensañarán con ella. Un mínimo error destroza la mejor reputación.

Regina sentía como el corazón de James se iba acelerando, calentando. La sangre debía hervirle.

―Gracias por vuestra sinceridad ―dijo este―. De verdad, gracias.

Regina rio y se puso en pie, lista para partir.

―Venid a vernos alguna vez, al castillo de Leopold, para que podamos seguir con esta… instrucción.


James regresó del pueblo horas más tarde. Traía el rostro lleno de mierda, pues le habían tirado una boñiga y llamado asesino. No se lo podía creer. Toda la vida comprando a esos botarates y ahora lo vilipendiaban. ¡Malditos!

―¡¿Dónde está Horacio?! ¡¿Dónde está mi primo?!

Se quitó la capa y la tiró. Se revolvió la cabeza, manchándose más de porquería, y se tiró de las ropas.

―¡¿DÓNDE ESTÁ HORACIO?!

Exigió que lo llevasen a sus aposentos y allí esperó, lavándose. Su primo no tardó en llegar.

―¿James?

Este lo miró con los ojos vidriosos. Sus lágrimas corrían junto al agua caliente, por su rostro y por su torso.

―¿Cómo pudiste, Horacio? ¿Cómo pudiste engañarme?

―Entiendo que has salido al pueblo.

―Entiendes bien, primo.

James se acercó a él y lo agarró del jubón, igual que su padre hacía.

―Yo no quería mentirte…

―¿Sabes? ―lo cortó James―. Cuando era pequeño me escapaba de palacio y, cuando no, lloraba y lloraba. Mi padre pensó que echaba de menos a mi madre, así que mandó al mejor artesano construirme un caballo de madera casi tan grande como uno de verdad, que me regaló después, claro, porque yo seguí llorando. Me llenó de presentes y de ayas para que no estuviese solo; te trajo a ti, pensando que quería un hermano, pero yo seguí llorando.

―Y sólo detenías tu llanto cuando tu padre te daba un abrazo. Lo sé ―dijo Horacio―. Te conozco mejor que nadie, primo, y te quiero más que nadie.

―Mas me has mentido, algo que mi padre, aún con todos sus pecados, jamás ha hecho. Es egoísta y no ha sabido cuidarme, pero siempre me ha dicho la verdad, aunque doliese.

―¿Y tú quieres que te diga una verdad, James? ―Horacio se zafó de él―. ¿Quieres saber algo que ignoras? Porque eso es lo que eres, un ignorante que no ve más allá de su nariz. ¿Quieres que te cuente algo que siempre te he ocultado para no herirte, para no complicarte las cosas?

Y entonces fue Horacio el que agarró a James, del cuello, y lo besó en los labios. Un ósculo cargado de intenciones, pero breve, pues el príncipe empujó a su primo.

―¡¿Qué demonios haces?!

―Confesarte que…

Pero James no le dejó acabar; le dio un puñetazo que lo mandó hacia la puerta.

―¡Déjame solo! ―le gritó―. ¡Márchate!

Horacio obedeció y James descargó toda su rabia contra los muebles, destrozando cuanto tenía a mano. Toda la vida intentando no ser como su padre y, ¿de qué le había servido? De que lo tuviesen en peor estima que a él. De que lo considerasen un criminal… ¡Maldita Ofelia, así se pudriese con los peces!

―Mi señor ―un lacayo había llegado sin molestarse ni en llamar―. Tenéis una visita y es urgente. Vuestro padre os ruega que os presentéis sin demora. 


Plena madrugada y el gran salón del castillo parecía las fiestas patronales.

Los reyes George y Leopold, la reina Regina (que había vuelto tras cruzarse su carruaje con el de su esposo), Horacio, varios guardias y un pobre tullido, sentado en la mesa, con bastón, un brazo en cabestrillo y feos arañazos sangrantes y profundos en el rostro. Todos estaban allí, aguardando a James.

―Lo ocurrido con la pobre Ofelia exige una satisfacción ―explicó el rey Leopold―. Mi querido Laertes la exige y yo debo procurársela, pues él y su hermana eran hijos de Ser Polonio, primo de mi primera esposa.

El tullido era el tal Laertes. Héroe de guerra, paladín como pocos y señor del norte. Según Regina, el día que partió al frente muchas personas fueron a despedirlo, llorando a mares, y tres de cada cuatro eran mujeres.

―¡Basta de palabrería! ―bramó Laertes, dando un golpe en la mesa―. Mi hermana murió por su causa. Ahora yo exijo tal castigo para ti, James. Y tú, como está mandado, deberás defenderte y hacer que yo lo sufra.

«Una locura. Una barbarie. Él jamás sería cómplice de tan abyecta tradición y ley».

―¿Y si me niego?

Laertes se levantó y cojeó hasta él.

―Responderás ante mí.

Un ojo lo tenía inyectado en sangre. La verdad es que daba asco verlo. Lo habían destrozado.

―Yo no respondo ante ti ―le dijo James, airado. Él también tenía su orgullo―. Y no participo en vuestras peleas bárbaras.

―Pero las causas ―intervino George―. Fuiste un hombre para robar el corazón y la pureza de Ofelia. Sé ahora un hombre para afrontar las consecuencias de tus actos.

―Y si no quieres luchar… ―Laertes dejó caer su bastón y le tendió la mano―. Besa mi anillo y pídeme perdón.

James lo miró: dorado, con la campanita de invierno grabada, el símbolo del norte. Podría besarlo y todo acabaría, pero no estaba dispuesto a dejarse pisar.

―¡Yo no me disculparé jamás por algo que no he hecho!

―¡Entonces, muchachos, que vuestras manos se presenten! ―ordenó el rey Leopold, yendo hasta ellos y haciendo que se las tomasen.

―¡Él no puede pelear así! ―protestó Horacio―. Ser Laertes está destrozado. No podrá ni agarrar el florete.

―Callad y dejadme vengar a mi hermana. Si ha de costarme la vida, que me cueste.

―Mas, querido Laertes, ciertamente… ―Leopold caviló―. Este muchacho tiene razón. Vos no estáis en condiciones. Apenas podéis manteneros en pie sin el bastón.

―Que Horacio ocupe vuestro lugar, joven Laertes ―dijo el rey George, sonriendo con malicia―. Es justo y noble. No dará ninguna ventaja a mi hijo.

James y su primo se miraron horrorizados. Laertes protestó; quería ser él quien matase al asesino de su hermana. Debía ser él, no otro.

―Laertes, me debes obediencia y yo ordeno que dejes a este joven ocupar tu lugar ―acabó diciendo el rey Leopold, magnánimo. A James le pareció un total patán. Incluso en ese momento tan amargo tenía una sonrisita divertida en los labios. Quizás estaba ante alguien aún más cínico que su padre.

No hubo más discusiones. Se adelantaron dos guardias y dieron un florete a cada contrincante.

―Que la afrenta sea fraternal ―dijo Horacio.

―No te arrastres ―respondió James.

¿Qué sentía por su primo? Desde luego, no amor; al menos no el que él esperaba. Le quería, por supuesto, y era su único amigo fiel, pero había cruzado demasiados límites.

Esgrimieron.

James atacó con un tajo relampagueante. Horacio lo esquivó con un giro.

El príncipe gruñó y lanzó un golpe mortal contra la cabeza de su primo, pero este también lo esquivó.

Parecían danzar a los ojos del resto.

Con un golpe rápido y mucho dolor, Horacio acertó a James en el vientre, pero sólo lo arañó.

James lanzó otra estocada y volvió a fallar.

Todo siguió igual durante lo que pareció toda la noche. James y Horacio daban vueltas alrededor del salón, en guardia. Ser Laertes se impacientaba, así como Regina, que tenía que disimular el placer que le daba todo aquello.

Horacio quiso embestir a James, pero este lo esquivó y lo rodeó.

James dio dos zancadas y volvió a dejar caer el florete sobre la cabeza de su primo, que se salvó por un pelo.

―¡Basta, James!

―¡No, basta, tú!

El príncipe cargó de frente, haciendo retroceder a Horacio en precipitados saltos. James no dejaba de asestarle estocadas contra el pecho, los brazos, la cabeza… Pero Horacio siempre las esquivaba.

―¡No quiero herirte! ―le dijo este, con la voz rota.

Y justo James aprovechó ese momento para agacharse y atravesarle la corva a su primo, que gritó, gritó muchísimo, y cayó al suelo de cara. James le ayudó a darse la vuelta; estaba llorando.

―Perdonadlo ―dijo Leopold―. Ha luchado con honor.

―Que muera ―pidió Ser Laertes―. Es lo justo.

James miró a su padre, pero sus ojos no le dijeron nada. Estaba ahí, tal cual, como si su hijo no hubiera ganado un duelo, como si sobrino no estuviese a punto de morir. ¡¿Pero qué demonios quería aquel insensible frígido?! ¡¿Qué expectativas tenía?! ¡Maldita fuera su estampa!

El muchacho gritó como un salvaje antes de clavar el florete, con todo el peso de su cuerpo detrás, en el pecho de Horacio; que lo miró y, ya muerto, siguió mirándole con esos grandes ojos que tenía y ese gran arrepentimiento que lo traspasaba.

Como si no le importara nada, James puso un pie en el vientre de su primo e hizo fuerza para volver a levantar el florete, alzándolo victorioso mientras la sangre le chorreaba hasta la mano.

―Yo gano ―dijo mirando a su padre―. Yo soy digno del triunfo.


Dos caballeros le abrieron las pesadas puertas de la capilla y lo franquearon dentro.

James, vestido de negro, con las manos a la espalda y la cabeza bien erguida, se dirigió despacio al altar, disfrutando del eco de sus pasos en medio del silencio de la multitud, de los cortesanos, que lo miraban sin mediar palabra.

La estancia estaba apenas iluminada por algunas antorchas. Era una noche oscura, sin luna, y fría como ninguna. Al contrario que cuando coronaron príncipe al rey George en su decimosexto cumpleaños, a James lo había ido a ver poca gente. Los escándalos de meses atrás sobre Ofelia y la muerte de su primo horrorizaron a muchos, pero eso a James ya no le importaba. Él tendría el poder y podría hacer que la gente creyese lo que a él le diese la real gana.

Su padre lo esperaba allí arriba junto al nuevo maestro de armas, al nuevo chico de juguete que sustituía a Horacio. Uno portaba la espada que lo armaría y otro la corona, regio símbolo de deber real y derecho civil.

Pero todo parecía tan triste… La oscuridad, el silencio… Ni música se había ordenado, ni cornetas ni trompetas. Nada. James quería austeridad. ¿Acaso no era un vil asesino? Los viles asesinos no merecen dispendios. Y con ese razonamiento en la mirada se dirigió a su padre, que pareció asentirle con la suya.

«En los ojos tenemos tanta fuerza y tanto poder» se maravillaba James.

James llegó al altar e hincó la rodilla ante su padre, que levantó su mandoble:

―¿Aceptáis, príncipe James, el espaldarazo de ser armado caballero?

―Acepto.

―¿Aceptas comportarte siempre como se requiere de un caballero de este reino?

―Acepto.

―Con orgullo en el corazón, yo, el rey George de Elsinor, te armo caballero.

Tocó sus hombros con la espada y luego le ayudó a ponerse en pie. Entonces le tocó a su padre inclinarse ante a él antes de ponerle la corona de príncipe:

―Queda coronado, el príncipe James de Elsinor ―anunció, cubriendo de plata los dorados cabellos del muchacho―. Caballero y protector del reino.

El público, que parecía despedir a un difunto, no aplaudió ni dio muestra alguna de alegría.

George, antes de coronar a su hijo, miró de hito en hito a la joya y a este, con algo de pesar, pero también de satisfacción.

Y James, una vez se supo victorioso, al igual que su gente, tampoco dio muestras de jolgorio. Se quedó ahí, mirando inexpresivo a la nada, quizás a las puertas, sin pensar tampoco en nada, forzándose para no bajar la mirada.

Pero alguien llamó la atención. Sí. Alguien que lo miraba a él, pero no como el resto, sino con rencor.

Laertes.

Estaba allí, aún con bastón y la cara marcada.

James no quiso mirarlo y se fijó en el fondo, en las puertas. Aquel mequetrefe no iba a hacer que se sintiese culpable de nada.

―¡La corona es suya, que lo sea por largo tiempo! ―arengó George.

Pero nadie lo secundó.

Ni siquiera James, pues él sabía que su igual más noble se encargaría de que no rigiese por largo tiempo.

―¡Por vosotros! ―gritó de pronto James, sonriendo con malicia a su corte―. ¡Por todos mis iguales!



*Nota: en una escena eliminada se ve que Regina mata a Ofelia siguiendo las órdenes de Rumpel. Era todo un plan para poner a James en el oficio de caballero, ya que nuestro Ser Oscuro vaticinó que moría en combate singular, cosa necesaria para que David ocupase su lugar.


Han intervenido: Connor Jessup como joven James, Robert Carlyle como Rumpelstiltskin, Lana Parrilla como reina Regina, Tony Pérez como Ser Henry, Bailee Madison como joven Blanca, Richard Schiff como rey Leopold, Lesley Nicol como Johanna, Alan Dale como rey George, David Cubitt como Robert, Tara Wilson como Ruth, Freddie Highmore como Ser Laertes, Grace Victoria Cox como Ofelia y Richard Harmon como Horacio.


NOTAS Y NORMAS:
1. Debes tener cuenta de google para poder comentar.
2. Respeta la netiqueta.
3. Puedes opinar lo que quieras (a favor o en contra de los episodios, personajes, guionistas, etc.) pero siempre respetando a los demás comentaristas.
4. Está prohibido poner enlaces en los comentarios.
5. Siempre que quieras comentar un spoiler indica SPOILER al comienzo de tu comentario
Gracias. 
Síguenos en Facebook y Twitter para estar al día de lo que publicamos en el blog.

27 comentarios:

  1. ¡Hola, Peter!

    Tras el fic de Cruella, transcurrido mayormente en los años 20, y una semana de parón, volvemos a una historia centrada en el Bosque Encantado.

    Me ha parecido muy bien cómo has combinado los personajes de la serie con los nuevos, ha quedado todo bastante bien casado y para nada forzado. Como no podía ser de otra manera, aquí también hemos tenido muerte. Los nuevos personajes nunca se libran de ir al Inframundo xD.

    Ha estado bien empezar con el nacimiento de David y James. Pese a no ser algo especialmente "nuevo", porque no deja de ser un parto de unos personajes que ya conocemos, ha sido una buena introducción. Al fin y al cabo, a pesar de que Regina también tenga bastante peso en la historia, el fic está centrado en James, y es lógico empezar con una escena suya.

    Hablando de Regina, me ha gustado la Regina de esta etapa. Aún no era la Evil Queen, pero tampoco era una Candy Candy, precisamente, sino que era retorcida como la que más xD. Y además, gracias a ti, que afirmas rotundamente que Leopold nunca tocó a Regina, desaparecerán para siempre los rumores de Leopold violador xD.

    Me ha gustado ver como al final el cambio de actitud de James ha sido propiciado por un plan de Rumplestiltskin y Regina, el primero con su peculiar visión del futuro, y la segunda con sus acciones y palabras hirientes.

    Sobre James, ha estado bien ver su cambio. Hemos pasado de un James que simplemente disfrutaba de la vida lujuriosa pero se negaba a luchar, a uno que no dejaba de pensar en lo que el hombrecillo escamoso le había soltado (uno se tiene que volver loco, sabiendo que más temprano que tarde morirá y será sustituido), y finalmente se vuelve el vil guerrero que conocemos a partir del asesinato de su primo.

    También ha estado muy bien ver ese tipo de paralelismo con Día del que ya avisaste. Mientras que uno se negó a sentenciar a un ladrón, el otro no tiene ningún problema a la hora de condenar a unos hombres a morir. Día fue llamado cobarde por la Blue, pero quien demuestra ser un verdadero cobarde es James, que solo por complacer a su padre decide tomar esa decisión.

    Y, por supuesto, la referencia a Gastón muy adecuada xD.

    Seguramente me olvide de algo, pero si me acuerdo, ya te lo diré jajaja. ¡Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu tocho, Charmed xD. Ains, estoy un poco espeso, creo que por el cansancio del día de ayer y porque Regina Rising me está sorbiendo el seso de una manera que deja a Hales a la altura del nobel de literatura xD.

      Siento de este episodio que vemos el EF profundo, con mucho comportamiento y pensamiento medieval (al estilo OUAT, claro). Esa era mi principal intención, porque "The De Vil Within" nos había llevado demasiado lejos en el tiempo jajaja. Además, hemos visto a Regina just Queen manipulando todo. No es mi Regina favorita, he de decir, porque puede ser un poco indomable al escribir. La EQ en cambio es transparente y la pre Queen puede ser complicada si uno no tiene muchas tablas en esto de las letras (Regina Rising... Poción del olvido, poción del olvido, poción del olvido...).

      Espero que estés en serio con eso de que se percibe bien el cambio de James. Entrar en la psique del personaje y plasmarla, siendo que debía ser un relato corto y en tercera persona, ha sido dificilísimo y, de hecho, no estoy nada contento con esta historia xD. Obviamente, debo fiarme de vuestra opinión (tp quedé contento al acabar la de Día o la de Cruella, pero os encantaron), a ver qué piensa el resto.
      Por cierto, por si te lo preguntas, esta historia ha sido un adaptación de Hamlet, con James como el propio Hamlet, Regina como Polonio (aunque a este se lo mencione) y Ofelia y Laertes. Este último iba a tener algo más de papel, pero los recortes lo dejaron en 2º plano (e inválido xD).

      Eliminar
    2. ¡Hola, Peter!

      Sí, coincido contigo en que la Regina de esta etapa es quizás la más complicada (pero nuestra amiga Wendy ya nos ha enseñado que ni siquiera capta a la Regina inocente, así que siéntete orgulloso de tu representación de la Regina pre-EQ), pero la he visto. Recuerda a la Regina de capítulos como el 5x13, que aún no era Evil Queen pero tenía esa mente retorcida.

      Y sí, digo enserio de lo James. Evidentemente, en un relato más extenso podrías profundizar más, pero para la extensión que tiene, consigue su propósito de ver ese cambio que sufrió James. Demasiadas cosas que asimilar y mucha exigencia por parte de su padre. Además, está en la edad del pavo, así que se entiende perfectamente su cambio de actitud xD.

      Y sí, aunque no he leído Hamlet (perdóneme, señor Peter) y no conozco la historia en detalle, había visto claro que su papel había sido tomado por James, aunque una confirmación siempre va bien :).

      ¡Saludos!

      Eliminar
  2. Wow! Sin palabras! Peter, eres increíble. Me ha tenido enganchada de principio a fin. Este fic se merecía ser un episodio real!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Te doy la razón 🙋😉💕!!

      Eliminar
    2. Muchas gracias, Riven ^^ Vuestras palabras son mi retribución jajaja.

      Eliminar
  3. Sssiiii Volvió justito para terminar este mes 👏👏💕😆!!!

    ARRIBA Peter eres lo máximo mi tesoro lindo
    Sigue así 😉😚!!!


    Saludos de parte de los tres 😍💕💞💕

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajajaja, Mary, estamos todos deseando "ver" a tus bebés. Vamos a tener que darte aritos de cebolla del DO xD. Que nooo, que es broma <3

      Eliminar
  4. Ahora hago mi pequeña review, Peter. Sólo adelantarte que me ha gustado, y eso teniendo en cuenta que James nunca me ha gustado especialmente.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me ha gustado que nos contases el parto de Ruth. Ha sido algo muy bonito.

      Ofelia me ha parecido muy interesante, y su conversación con Regina en los jardines también me ha gustado.

      El personaje de James ha tenido una evolución interesante y coherente. Ya podrían aprender los two de ti xD.

      Destaco también el "anteriormente en Érase una Vez"... :D :D :D

      En definitiva, que me ha gustado mucho. Buena historia, buenos personajes... y ahora a esperar "Dear Son" ;).

      Eliminar
    2. Ofelia era una mosquita muerta, Alice xD. Iba a lo que iba, aunque también le atraía James.
      Uhhh, a ver qué nos depara "Dear Son"/ "Blue View". Será un capítulo emotivo xD.

      Eliminar
  5. Me ha agradado bastante, sobre todo la parte de Rumple y Regina. La acción estaba bien narrada pero me ha recordado a Hamlet con Ofelia y demás. Luego he leído el comentario de que te habías inspirado en Hamlet y he dicho ¡Ya decía yo que se parecían!
    No obstante Peter, me he quedado un poco sorprendido cuando me he percatado de un par de detalles que, desde mi punto de vista, destrozan la historia. Es propio de los three idiots hacer este tipo de cosas pero, viniendo de ti, me he quedado estupefacto.
    Blanca no tiene ni puñetera idea de cómo se llama el príncipe de la carroza ni quiere saberlo. Sin embargo, en tu historia sí se conocen porque hubo una guerra entre los reinos y asesinaron a parte de la familia de Eva. La Blanca de las primeras jamás se habría enamorado de alguien como James. Ella no sabían que eran distintos y, por la manera en la que lo has descrito, la escena del castillo en el que va a buscarlo no habría pasado porque no se arriesgaría tanto por alguien que tuviera ese tipo de fama por Ofelia.
    La escena de la boñiga me ha parecido un poco insultante. Están en la Edad Media, tirar una boñiga al hijo del Rey se castiga con la vida o con algún punitivo severo, por lo que nadie se habría atrevido a tirársela, mucho menos por una muchacha que era de otro reino con el que estaban en guerra. Es como con la quema de las aldeas de Regina, ella es la Reina ¿Qué tenía que hacer? ¿no castigar a sus súbditos?
    Por otro lado, la escena de Rumple ha estado bien pero el peso que tiene, y las consecuencias que de ella se generan, rompe con lo mostrado de James. Un James acomplejado por la muerte jamás habría subido personalmente a las tierras de los gigantes ni se habría enfrentado con aquella mole para ganar la mano de Katherin.
    La parte de Horacio me ha encandilado. La de Leopold ha sido ofensiva para cualquier Evil Regal que se precie. Siempre he considerado que Leopold abusaba de Regina pero entre el abuso y la ignorancia(menosprecio, creer que Eva es mejor), prefiero el abuso, que por otra parte es lo que habría pasado de ser real. La parte en la que pasaba de Regina ya se ha demostrado muchas veces. No obstante, sí que abusaba de ella. Es una serie Disney pero no somos niños. Sabemos perfectamente lo que pasaba en estos casos. En la serie se han empeñado en poner a los padres de Blanca como buenos pero casar a una quinceañera con un cuarentón( voy a quitarle años) no es precisamente bueno. Leopold abusaba de ella, lo que se demuestra en el capítulo de Sidney/Genie of Agrabah/Magic Mirror. La encerró en sus aposentos y la privó de su libertad.
    Por lo demás, repito lo del principio, me ha encantado

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Martín, se nota que te has leído hasta la última coma del fic xD. ¡Me gusta!
      Así es, esta historia es una reinvención de Hamlet, igual que el fic de Cruella lo fue de "Otra Vuelta de Tuerca" o el de Aurora de "La Bella Durmiente".

      Bueno, James era un villano antes de mi fic, así que eso no cambiaría el hecho de que Blanca se casase con él o no. Igualmente, se deja claro que James pasa de todo lo que tenga que ver con regir el reino y no está metido en los temas de la guerra. De eso sólo es responsable George (incluso en una parte se dice que la pelea la tienen los nobles de la zona, no los reyes). Además, como ves, la guerra no impide que Regina vaya a ver a George o que el mismo Leopold también se presente en el palacio y tengan un trato cortés, propio de la cortesía de la época.
      James no hace castigar a nadie por lo de la boñiga, primero porque está asumiendo si se la merece o no (él considera que no) y segundo porque no ve quién se la tira, aunque esto no lo he dicho, claro. De todos modos, no sería tan rocambolesco que no castigase a nadie, dado que esta es la misma serie en la que Blanca, princesa, fue a luchar contra unos bandidos en lugar de mandarles a los guardias.
      Como se dice en otra parte, Ofelia y Laertes habían sido pupilos de George y vivido en el castillo, por lo que conocieron al pueblo y la gente les tomó cariño. Ofelia quería ganárselos porque quería ser la reina de James.
      La muerte de Horacio hace que James ya no le tema a la muerte porque piensa que, si ha sido capaz de matar a su primo, que lo quería y al que él veía como un hermano, podrá matar a cualquier "igual" que le quiera quitar el puesto. Esto está entre líneas en la última frase.

      Sobre Leopold el violador. Yo creo que pasaba tres pueblos de Regina, que sólo quería una madre para Blanca y una reina para el pueblo. Fin. Ni dormían juntos ni él se interesaba por ella (prueba es que Regina podía acudir sin problema a las clases de Rumpel). Si la encerró en el 1x11 es porque el hecho de que ella tuviese a otro hiere a su honor y a su hombría. Leopold era buena gente, pero un patán y un ignorante que dejó a Regina a un lado y no fue capaz de asumir de que la infelicidad de Regina era su culpa o de poner remedio a ella o de hablar las cosas. Eso es lo que yo creo. Que fuera lo normal del medievo no inclina la balanza a que "Leopold violador" sea más cierto, porque esta serie no tiene ningún contexto histórico (electricidad en la isla de los juegos, por poner un ejemplo, u homosexualidad tolerada o no racismo).

      Eliminar
  6. Peter,me ha gustado mucho el fanfic. Me ha gustado aun más que el de Sleeping Beauty,y eso ya es decir xD.

    El personaje de James,me ha dado pena,pero solo casi hasta el final del relato. Ya estaba mal James al principio, por su arrogancia y su pereza.
    Pero,después de que Rumple le dice que va a morir, cae en picado.
    Creo que has descrito muy bien esa especie de descenso a la locura que sufre James. Claro que,al final,ha cedido a la presión de su padre, se ha convertido en un bruto sadico, y ha matado a su propio primo (que lastima,pobre Horacio).

    El personaje de Regina me ha encantado. Refleja a la mas pura EQ,aunque en la época en la que aun se veia obligada a disimular ante su pueblo por el bien de sus planes para Snow.

    Por cierto,has tenido una buena idea al añadir la escena eliminada al final del relato. Yo ya estaba preguntándome porque Regina mata a Ofelia. Si era solo porque la chica no le caía bien,por crueldad y para perjudicar a James.... Y al ver la nota,he pensado enseguida "ah, claro,eso lo explica todo".

    En resumen,una historia con bastante acción,cosa que siempre me gusta,y muy bien hilada.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿En serio te ha gustado más que el de Aurora, Nova? :=O Me dejas de piedra.

      Me alegra que te haya gustado como se ha descrito la evolución de James. En la serie los personajes cada vez son más planos y cada vez tienen menos psicología.

      Eliminar
  7. hombre te la rifaste me facino,pudimos conocer esa etapa de regina y mas sobre james y el rey george. los nuevos personajes muy bien enlazados a ver cuando sacas una de alicia y cora en wonderland

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Luis M.
      Sobre Alicia no, pero sí sobre Cora y también sobre Anastasia y Will.

      Eliminar
  8. ¡PRECIOSO DE MI ALMA, QUÉ HERMOSO RELATO, ME ENCANTÓ CASI EN SU TOTALIDAD!

    Me pareció muy divertido y original lo de la Promo, ya para empezar. Me encantó eso. Después, es desgarrador el prólogo con el parto, me imagino que el que estaba naciendo era Orgasming y luego faltaba James, ¿no?

    También me encantó la segunda escena, en el castillo de Leopold. A Blancanieves a ratos la imaginaba con el vestido blanco y a veces con el multiculor de siempre, y Regina yo en todo el relato pasaba del 1x11 al 5x13, estaba entre esos dos vestidos. Ofelia, como casi todos tus castings, genial elegida, de hecho Ofelia se llama la novia plebeya del Príncipe en la primer temporada de The Royals (mi amado William Moseley). También a Freddie me lo imaginaba vestido de realeza/nobleza.

    Y el protagonista se hizo mucho de rogar pero apareció. De nuevo GRACIAS por lo dulce y atento que fuiste conmigo, los dos hicimos un gran trabajo con este casting. Connor Jessup es perfecto y muy parecido a Josh, me lo imaginé todo el relato. Qué honor para las prostitutas que se las coja nada menos que el Príncipe, y por el mismo precio que un plebeyo jejeje. Estuvo muy bien retractado todo el proceso gradual de James, cómo empieza sufriente e incómodo y la crueldad que su propio padre siempre le demuestra. Ese George era malo porque sí, y decían que era por dolor de perder un hijo.

    El momento con Ruperto, muy divertido y muy bien escrito. Nunca quedó bien claro, ni en la serie ni acá, para qué quería tanto la moneda, pero me gustó que le revelara a James lo de su muerte, porque claramente eso carcome a cualquiera, y fue lo que a Jimmy lo puso tan mal. Cuando sufre en la cama pensando en eso, me lo imaginé perfectamente, pobre. Claro que luego comete su primer mala acción y eso no lo justifica, que fue mandar guillonitar siete hombres. Un antes y un después.

    Cuando Regina, que en mi mente pasaba del azul al dorado, mata a Ofelia desde tan alto, también fue tremendo. La chica en definitiva fue una baja de la guerra, como quién dice. Por supuesto, todos lo culpan a James del suicidio y él se siente pésimo.

    Horacio, aaaaay, qué mala decisión, hizo justo lo que no hay que hacer, besarlo sabiendo que no le va a corresponder, pobrecito. Que sea gay no tiene nada de malo, lo malo es que sea con el primo, pero teniendo un primo tan hermoso, debe ser difícil. Y Sir Laertes, pobre, todo magullado como si Romero le hubiera pegado y exigiendo venganza, qué bien me imaginé todo. Eso sí, me dio risa que pusieras que tenía "feos arañazos". ¿Acaso hay arañazos lindos?

    Un poco tirado de los pelos que justo Horacio peleara por Sir Laertes en contra de su propio primo, no sé si se quiso vengar por ser rechazado. George no mueve un pelo por defender a ninguno, y James lo mata sin piedad, terminándose de condenar. Para cuando lo coronan, imagino que James ya hizo actos suficientes como para ganarse la antipatía de la gente, más allá de Ofelia y Horacio. Y Laertes estoy casi segura de que volveremos a verlo, que no quedará ahí.

    La única crítica del relato es que no parecía la última escena, sentí que le faltó algo. O quizás esperaba que ocurriera algo caliente con Regina, eso hubiera sido fenomenal, la muy robacunas como con 30 años y él con 16. Que por entonces no tenía ningún Graham para calmarla.

    Pero muy bien, en general, excelente. En definitiva, James tomó su decisión final pero siempre fue víctima de la crueldad de George y del manejo que hicieron Rumpel y Regina. Definitivamente Blanca se equivocó en el 2x13, la crianza de George fue lo que más lo afectó. Sabes que yo no suelo defender villanos, pero pienso que James merece salir del Worse Place. Quizás me influencian los hermosos actores que lo interpretan jeje, pero de verdad creo eso.

    Otra sugerencia: los comunicados mejor arriba de todo, como en una presentación, así uno ya investiga las caras de entrada.

    NOTA: 9. Si hubiera un Evil-James sería un 10.

    ¡Besotes hermoso mío!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Laura, dear! <3
      A ver, que siempre es un caos contestaros xD.
      ¿Quién nació primero y quién después? Eso lo dejo a vuestra imaginación. El primer bebé era débil, ¿y el segundo? Pues según si tu ves más débil a James o David, tendrás la respuesta.

      Yo a Blanca la imaginaba con el blanco todo el rato y con Regina me pasaba como a ti, a ratos el del 1x11 y a ratos el del 5x13; por eso opto por no describir mucho la ropa, para que cada uno se haga su imagen en la cabeza. Además, es un error de novato convertir una historia en un catálogo del Pull&Bear.

      Jajajaja, supongo que tú encantada de tener ahora una historia de David joven también con Connor Jessup, ¿no? Yo a George más que malvado lo veo como alguien ambicioso, que siempre quiere ganar cueste lo que cueste y al que sólo le importa su propia persona.

      Me alegro que te haya gustado el momento con Ruperto. Fue harto difícil de escribir, porque a Rumpel o lo escribes bien o no lo escribes, y es uno que nunca sabes por dónde te va a salir. No es como la EQ, que se escribe sola.

      En un principio, en vez de tirarla desde la torre, Regina la ahogaba, igual que hizo Jafar con su padre en Wonderland, pero preferí que la tirara al vacío xD. Por si te interesa, esta historia se situaría tras el 5x13.

      Me ha hecho mucha gracia eso de Laertes todo magullado como si Romero le hubiera pegado xD. No he caído en que Freddie es Norman y que justo en el final de BM estaba hecho un Cristo xD. Lo de "feos arañazos" es una forma de señalar que las heridas eran graves y sucias. ¿Acaso existen abrazos "deliciosos" o besos "de fresa"? xD.

      En un principio era Laertes magullado el que luchaba, pero lo cambié y sacrifiqué a Horacio por si, en el futuro, podría usar a Laertes. Es un personaje al que le podría sacar algo de jugo, ya que aquí ha salido muy poco. Pero no sé.

      ¿En serio la última escena no parece la última? Mira que lo más difícil de escribir de todas las historias son los comienzos y los finales, y justo con esta vi muy claro el final. ¿Evi-James? Maybe yes or maybe not. Who knows xD. Tú sabes que me gusta complacerte, pero soy fiel al sentido y a lo que quiero hacer. Esta no era la historia donde eso tenía que pasar. ¿Habrá alguna donde sí? #NoSpoilers.

      Me hace gracia tu conclusión, porque es como si te tomaras la historia como un episodio canon de la serie xD. Y no, yo creo que a James le faltó mucho desarrollo y que no merecía el WP.

      Una pregunta, anoche estuve pensando con Charmed los openings que habríamos visto si esto fueran capítulos de la serie, por ver si se te ocurre otro o qué te parecen:

      -Tink: Estatua de Cupido.
      -Aurora: Las 3 hadas así como las hemos visto en el opening del 6x19.
      -Cruella: Aquí no tenemos mucha idea. ¿El coche de Cruella? ¿Miles?
      -James: Estandartes colgando de los árboles del bosque o el castillo de George.

      Eliminar
    2. Claro que son canon, precioso. Ya hasta en los comentarios de las reviews estoy dando a entender eso. A mí cualquier cosa que tenga que ver con los Orgasming me viene bien, creo que solamente me vino mal el destrozo del 6x17, y aún así me encantó su actuación.

      En lo de Tink y Aurora estoy de acuerdo. En el de Cruella el coche sin duda, y en éste yo voto por Ofelia cayéndose de la torre.

      ¡Muchos besotes!

      Eliminar
  9. ¡Me encantó, boludo, está buenísimo! Lo iba leyendo mientras contestaba en la otra línea, por eso tardé tanto. Nah muy bueno enserio, casi tanto como el del final. Mucho Game of Thrones veo por acá, empezando por el título que está sacado del capítulo 2 de la cuarta temporada jaja, pero me encantó igual. De hecho el capítulo en el que David mata al dragón tiene mucho de esa serie.

    Un dramón medio culebronero pero acorde a la historia y la época. Ofelia claramente me dio pena, y ni hablar el pobre Horacio, ese sí que la pasó mal. Estuvo bien elegido el pibe de Bates Motel para Laertes, aunque esa serie la dejé porque me parecía muy lenta. Y tenías razón, hay un montón de combates acá.

    Regina qué HDP, dice Lau que casi todo el público le tenía lástima cuando era mala, y yo no lo puedo creer. Osea, a mí en su momento no me quedo claro si se acostaba con Leopoldo o no, porque si se hubiera ido tantos años a la cama con ese tipo, entendería un poco que fuera tan mala. El tema es que, si nunca la tocó, como vos señalás, no entiendo por qué el tipo le lee el diario íntimo o se enoja con la sospecha de que esté con otro hombre.

    George ese sí que es un tremendo conchudo, y James la verdad no sé si me da lástima o bronca, cada quién sacará sus conclusiones.

    Eso sí, yo antes de la tercer temporada llegué a pensar que quizás la serie se enfocaría en un estilo Game of Thrones, así de guerra y más épica. Al final se torcieron más hacia Disney, y no es que me haya molestado pero hubiera preferido lo otro. Lo que sí me pareció una cagada fue hacer Frozen exacta e igual siendo que todas, hasta Valiente, tuvieron versión más o menos propia. A mí me gustó Frozen en el cine pero, si no se le daba un giro, no pegaba con lo que era la serie en su momento.

    Bueno nada, te re felicito, un abrazo grande.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola, Maxi! Perdona que no te contestase ayer, pero estaba ocupado y no podía pararme a responderte como está mandado. Y descuida, que sé que se vienen fechas importantes hoy y mañana, no te veas obligado a contestar corriendo ;)

      Síp, el título es igual que el del 4x02 (¿era el que moría nuestro adorado rey león, no? Ni te imaginas lo que disfruté esa escena jajaja), pero no tomé prestado el nombre a lo loco, en la propia serie se ve que el emblema de George (y luego los Charmings) es un león y siete rosas. Y espero que lo de "mucho Juego de Tronos veo acá" sea por el estilo, jajaja.

      Tú al menos has leído esto tras el fic-nal que escribí y sabes que Horacio tiene un final feliz... Tarda años y está muerto, pero feliz en el Olimpo. Igual sí, creo que me pasé. Pero esta historia debía ser del estilo de las tragedias de Shakespeare. Y créelo, Maxi, créelo. Incluso a día de hoy, a Regina le defienden muchísimas cosas, por no decir todo, de su etapa de reina malvada. Uno de los pretextos más gastados eh "era violada cada día por Leopold". En mi opinión, él jamás la tocó y ni se interesaba por ella. Claro queda cuando ella le dice a Campanilla que su matrimonio es una farsa y viendo toda la libertad que tenía Regina, que podía irse tranquilamente a ver al Ser Oscuro para seguir aprendiendo magia o escaparse un par de días para ver a Maléfica. Si Leopold se molestó con lo del presunto amante fue porque era su reina, su objeto y una imagen pública y eso lo humillaba de cara al pueblo, mostrando su fracaso como marido. Todo eso lo mostraré bien en un futuro fic, espero.

      Para mí que George, a sus ojos, no se ve malvado (obviamente, nadie se ve como malo), seguramente fue siempre igual y empeoró cuando perdió a su esposa.

      Yo a la serie no le pedía un estilo GoT, pero sí desarrollar más todo lo que era el EF. Pero, en fin, ¿para qué seguir haciendo leña del árbol caído a estas alturas? El gordo y el flaco han demostrado ya ser dos pésimos e idiotas escribiendo, nos queda intentar enmendar sus errores y pensar que algún día se arruinarán (qué mala gente somos jajaja).

      Muchas gracias y abrazo de mundial para ti! XD

      Eliminar
    2. Me meto en el medio para decir un par de cosas.

      Ahora que los dos sacaron a la luz los comentarios sobre Regina, yo aún no puedo creer que quiénes más atacaban a Hook eran super fans de ella y Ruperto. Porque como digo siempre, atacarlo por ser un pesado insoportable chupacámaras está perfecto. Pero por malo malísimo siendo fan de ellos, es absurdo.

      Y lo otro, ya que están hablando de escribir, modos de enfocar la serie y demás, me reafirmo en que Peter y yo somos Charming y los Two Rumpel 2x04:

      "Estoy muy ocupado limpiando el desastre que TÚ hiciste".

      Eliminar
    3. Jaja no capo no te preocupes, un ratito tengo ahora. Pero sí, hoy y el jueves que viene son días muy importantes para nosotros.
      Seee fue un capítulazo ese que vos decís, y honestamente no me acordaba de lo de Horacio pero joya si es así.
      Lo que te iba a decir de Regina ya se adelantó la princesa y lo dijo antes, yo ya estaba al tanto. Dice que además de defenderla siendo mala la atacaban siendo buena. No sé, todo muy loco. No me acordaba eso de que ella tuviera tanta libertad estando el marido vivo, ahora lo que vos decís tiene mucho más sentido. Medio feo eso de “como sos una reina y te doy todos los gustos, te pido a cambio castidad” pero bueno, de eso a que la viole hay un abismo enorme.

      Y bueno, a mí normalmente no me gustan las burlas a los gordos. Trabajo con ellos todos los días y sé lo que sufren. Pero entiendo que acá la burla es más para lo mal que escribe y las cagadas que se manda, que la gordura en sí. Que eso es más para identificarlo.

      ¡Abrazo, y con todo respeto a España, ojalá ganemos el próximo Mundial! ¡Mi casamiento y una copa en el mismo año jaja!

      Eliminar
    4. Jajajaja, por mí que ganéis todos los mundiales (ala, mira que antipatriótico yo). No tengo idea cómo será en Argentina, pero aquí se le da demasiada importancia al fútbol. No es mi deporte favorito, la verdad, y no me gusta mucho ver los juegos televisados. Yo o juego o nada jajaja.

      Es cierto eso que dice Laura, fans de Regina y Rumpel se hartan de atacar a Garfio por su pasado, incluso afirmando que era también un violador (en el caso de Garfio sí que creo que algún desmán debió cometer con mujeres, por su actitud en la 2ª temporada y... bueno, sólo escuchemos su canción del musical). Lo peor es que si a esos fans les dices las cosas que estamos diciendo aquí, se te echan a la yugular. Recuerdo que para el capítulo de Ariel y Jasmine yo comenté algo como "otra escena de Garfio gritando porque no está con Emma" y me contestaron diciendo maldades de Regina y diciéndome que me jodiera porque SwanQueen nunca iba a ser canon; yo no entendía a qué venía eso jajaja... Lo gracioso es que al rato, después de ampliar yo la lista de pecados de Regina, me contestó otro poniendo a parir a Garfio y riéndose de mí por seguir a una pareja "tóxica" como CS... Y yo en plan "si no soy ni CS ni SQ, sólo estoy señalando los hechos con neutralidad". Pero el fandom de esta serie está muy loco (no todo, claro) y no atiende a razones.

      A mí tampoco me gustan las burlas por el aspecto físico en general. La primera vez que le dije "gordo" a Adam me sentí mal... Pero es tan capullo que la pena me va y me viene jajaja.

      Eliminar

Queremos saber tu opinión, ¡deja tu comentario!
Notas y normas:
1. Debes tener CUENTA DE GOOGLE para poder comentar.
2. Respeta la netiqueta.
3.Puedes opinar lo que quieras (a favor o en contra de los episodios, personajes, guionistas, etc.) pero SIEMPRE respetando a los demás comentaristas.
4. Está PROHIBIDO PONER ENLACES en los comentarios.
5. Siempre que quieras comentar un spoiler en alguna entrada donde el tema no sea de Spoiler (por ej. en Curiosidades) indica SPOILER al comienzo de tu comentario.
Gracias.